Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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sur de América
Alejandro León Stewart*. 2003. El agua en
Iberoamérica; Aspectos de la problemática de las tierras secas.
Edit. Alicia Fernández Cirelli y Elena Abraham.
Publ. por CYTED XVII. 65-72.
*Departamento de
Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables, Facultad
de Ciencias Agrícolas,
Universidad de Chile, La Pintana, Santiago de Chile, Chile.
Chile
presenta una gran diversidad de climas, y ello hace que el abastecimiento de
agua sea también variable: en la zona al norte de Santiago la situación se
prevée compleja. Entre la frontera con Perú hasta alrededor de las
inmediaciones de Santiago se encuentran las regiones hiperárida, árida y
semiárida de Chile, en las que existe en la actualidad un alto consumo de agua
por parte de la minería, la agricultura, y la población y un bajo nivel de precipitaciones.
Los escenarios futuros que plantean el crecimiento poblacional, el desarrollo económico
y el resguardo medioambiental generan importantes desafíos en términos de la formulación
de políticas para la creación tanto de las condiciones legales como de instrumentos
económicos que promuevan la conservación y el uso más eficaz de este recurso
escaso. Hay aquí también un gran desafío para la investigación científica.
Este artículo
muestra, en una apretada síntesis, la situación actual y futura en Chile en términos
de abastecimiento y usos del agua, el marco jurídico que regula las
transacciones en el mercado de derechos de agua, y los centros de investigación
relacionados al tema.
Palabras
clave: fuentes y usos de agua,
zonas áridas, crecimiento demográfico y económico, investigación.
La
conservación del agua en las zonas hiperáridas, áridas, y semiáridas representa
un gran desafío para los formuladores de políticas, los investigadores
científicos, y a la sociedad en su conjunto. En el caso chileno, los escenarios
futuros indican que la situación tenderá a hacerse más restrictiva dados el
cambio climático que parece avanzar en la dirección de una menor precipitación
en estas áreas, el crecimiento poblacional, el desarrollo económico y la necesidad
de preservar el medioambiente. Estos factores incrementarán las posibilidades
de conflictos futuros en torno al agua entre actores que competirán por su propiedad
y uso. Por ello, el desafío para los investigadores científicos es importante,
no solamente desde el punto de vista de las ciencias biofísicas sino también
desde las sociales, incluyendo el derecho y la economía.
Este artículo
constituye una apretada síntesis de la situación actual y futura del agua en Chile.
En su elaboración se consultaron fuentes bibliográficas que analizan los
pormenores de la situación chilena desde el punto de vista de las fuentes y
usos del agua, como también aquellas que describen la situación legal,
especialmente en términos del calendario esperable para lograr algunas
modificaciones al código de aguas de 1981 por parte del Congreso Nacional.
La
distribución espacial y temporal del recurso hídrico en Chile es muy variada ya
que, por ejemplo, la Región I con más precipitaciones anuales (
Figura 1.
Distribución espacial de la precipitación anual media según latitud.
Fuente: Balance
hídrico de Chile. Dirección General de Aguas, 1987.

En cuanto a
la variabilidad temporal, en la zona del Altiplano (Regiones I y II) las precipitaciones
se producen durante el periodo diciembre-abril, mientras que la zona central (Regiones
III a VIII) el clima es mediterráneo, con precipitaciones durante el otoño e invierno
(abril-septiembre) y la zona sur y austral (Regiones IX a XII) reciben precipitaciones
que se distribuyen durante todo el año.
A pesar de
que exista tan alta pluviometría anual en las zonas sur y austral de Chile, la disponibilidad
de agua en otras áreas del país es limitada, ya que actualmente la demanda (consuntiva
y no consuntiva) supera a la oferta en toda la zona comprendida entre la frontera
norte con Perú y la Región Metropolitana (que corresponde a la zona hiperárida,
árida y semiárida). Así, la situación actual se caracteriza porque la disponibilidad
de agua por habitante es muy diferente entre las regiones ubicadas de Santiago
al norte, y aquellas ubicadas desde Santiago al sur; entre ambas macrozonas hay
diferencias en la disponibilidad de agua per capita del orden de 800:1 (Figura
2).
Figura 2.
Disponibilidad de agua por habitante (I a X Región).
Fuente:
Dirección General de Aguas, 1999.

Por esta
razón, se prevé que los conflictos se incrementarán producto del crecimiento de
la población, del crecimiento económico y de las mayores demandas por la
conservación del ambiente. La Dirección General de Aguas estima que durante el
período 1992-2017 las demandas domésticas, industriales y mineras se
duplicarán, mientras que en el sector agrícola el aumento será del veinte por
ciento (El Mercurio, 2003). Este escenario hace que la investigación
relacionada a temas de agua en Chile sea de la mayor relevancia.
En el país la
disponibilidad promedio alcanzaba -en el año 1992- a los 5.475 m3/hab/año, no obstante que hacia el norte de Santiago la disponibilidad es
menor a 1.000 m3/hab/año. Más aún, en algunos lugares del área
nortina se dispone solamente de 500 m3/hab/año,
que es un umbral considerado internacionalmente muy restrictivo para el
desarrollo económico (Universidad de Chile, 2000). Además, dado el aumento en
el consumo de agua por diferentes sectores productivos es fácil predecir
fuertes presiones sobre este recurso en algunas regiones, lo que sólo podrá ser
compensado por mejoramientos en la gestión y por la aplicación de instrumentos
orientados a mejorar la asignación del recurso entre sus diferentes usos.
Analicemos a continuación algunos sectores desde el punto de vista del consumo
del recurso.
El uso del
agua en el país al año 1999 alcanzaba a un valor aproximado a los 2000 m3/s de caudal continuo, de los cuales el 67,8 % corresponde a usos hidroeléctricos,
es decir a usos no consuntivos, mientras que el 32,2 % corresponde a usos
consuntivos. Entre los usos consuntivos el riego presenta el 84,5 % con un
caudal medio de 546 m3/s. El uso doméstico equivale
al 4,4 % de los usos consuntivos, con unos 35 m3/s,
y es utilizado para dar abastecimiento al 98 % de la población urbana y
aproximadamente al 80 % de la población rural concentrada. Los usos mineros e
industriales representan el 11 % del uso consuntivo total. En relación con la
industria, algunas estimaciones indican que en la actualidad se usan alrededor
de 30m3/s (caudal medio anual) en la industria y la
minería, lo que implica un caudal de captación de 67 m3/hab/año. En Estados Unidos esta cifra es de
153 m3/hab/año (Brown, 1997; citado por Universidad
de Chile, 2000), lo que indica que si el crecimiento industrial futuro en Chile
fuese importante, el consumo del sector podría llegar a duplicarse (Universidad
de Chile).
Por regiones,
el riego es el mayor destino consuntivo entre las regiones IV y X, mientras que
en las regiones extremas (II, III, XI y XII), la minería es la principal
actividad consumidora de agua. En cuanto al primer uso, el riego, existen unos
2 millones de hectáreas económicamente regables entre las Regiones I y la XI.
De ellas, sólo 1,2 millones cuentan con riego permanente, mientras que 600 mil
tienen riego eventual. La habilitación de embalses, canales de regadío y otras
obras han permitido aumentar la superficie regada.
A partir de
la década de los 90 una gran cantidad de obras de infraestructura de riego ha aumentado
la seguridad en el riego e incorporado nuevas hectáreas a la producción.
Existen proyectos de inversión que aumentarán la superficie regada durante la
primera década del siglo XXI (MIDEPLAN, 1998). No obstante la mayor inversión
en obras de riego, pueden producirse algunas externalidades negativas en el
medio ambiente. El riego puede efectivamente producir aumentos en la
concentración de sales en las capas superficiales del suelo e incorporar
diversos agroquímicos al ciclo hidrológico, derivados del uso masivo de fertilizantes
y pesticidas, además de que prácticas no adecuadas de riego producen erosión.
Estos son
aspectos relevantes que también deben ser abordados por la investigación científica
ya que no han sido suficientemente desarrollados.
Un dato
relevante para la zona árida a semiárida de Chile lo constituye la relación
oferta versus demanda. De la Región Metropolitana al norte la demanda supera al
caudal disponible; se logra cubrir la demanda a través del uso reiterado que se
hace del recurso (ver recuadro en Figura 3), que en esta zona se estima que
llega a cuatro veces. Lo contrario sucede en las regiones del sur de Santiago
en donde las demandas son en general satisfechas por la oferta y por lo tanto
el agua puede ser utilizada en una ocasión.
Figura 3.
Disponibilidad y demanda de agua por Región (1993).
Fuente:
Dirección General de Aguas, 1999.

El marco
jurídico que regula la gestión del agua está definido por el Código de Aguas de
1981 más algunos otros textos legales que regulan los vertidos, el fomento al
riego, y la generación de energía, entre otros. La dimensión ambiental, tal
como la mantención de un caudal mínimo ecológico, se incorpora mediante la
promulgación de la Ley de Bases del Medio Ambiente de 1994.
Algunos de
los conceptos básicos que define el Código de Aguas y que determinan la forma
cómo se administran los recursos hídricos son los siguientes:
¨
El agua es
un bien nacional de uso público: su dominio pertenece a la nación.
¨
Es posible
conceder derechos de aprovechamiento de agua a los particulares; el titular de un
derecho de aprovechamiento puede usar, gozar, y disponer de él y, así como con cualquier
bien susceptible de apropiación privada, tiene protección jurídica. Es decir,
es un derecho real.
¨
Este
derecho es un bien principal, no accesorio a la tierra o industria para la que
pudiese haber estado destinado. En consecuencia, se puede transar libremente,
lo que enfatiza la dimensión económica del recurso.
¨
El Estado
desempeña un rol subsidiario, orientando su acción a las tareas normativas y reguladoras,
promoviendo la equidad social, y fomentando y desarrollando aquellas áreas que
los privados no pueden asumir.
Una de las
limitaciones del sistema actual es que la casi totalidad de los derechos se encuentran
completamente asignados a los actuales usuarios. Una medida que persigue un mejoramiento
de la situación actual es la modificación al Código de Aguas (una iniciativa que
está en el Parlamento desde hace diez años). El principal objetivo de la
modificación es lograr que las aguas se destinen a proyectos productivos y
asegurar que los caudales solicitados sean los que efectivamente se necesitan
por los particulares. El principal cambio apunta al cobro de una patente a
quienes no utilicen sus derechos de agua. Hoy, los propietarios no tienen
obligación de utilizarla, lo que implica que otros usuarios tampoco pueden
aprovecharlos. Ello se traduce en una gran cantidad de caudales no utilizados.
Se estima que el 80% de los derechos no consuntivos no se usan. Esta situación
se da especialmente en la agricultura de la Región VIII hacia el sur, ya que en
zonas de más al norte sí se utilizan (El Mercurio, 2003). El valor de la
patente por no uso será diferenciado según usos consuntivos y no consuntivos,
como también de acuerdo a la ubicación geográfica.
El segundo
cambio importante se refiere al uso del agua que podrán ser solicitados en el futuro.
Hoy, el Estado debe otorgarlos a quien los pida, sin importar el uso. Se
pretende constituir derechos por caudales para los cuales exista justificación,
y la autoridad estará facultada para denegar solicitudes de caudales no
fundamentados. Se pretende incorporar consideraciones ambientales, como el
caudal mínimo ecológico, y otorgar personalidad jurídica a las comunidades de
agua (El Mercurio, 2003).
El Código de
Aguas se ha mostrado eficiente desde el punto de vista del fomento de la inversión
en proyectos productivos asociados a la explotación de recursos naturales, y se
observa la realización de muy significativas inversiones en algunos sectores
para mejorar la eficiencia de aprovechamiento y para explotar las aguas
subterráneas (Peña, citado por Dourojeanni y Jouravlev 1999). Sin embargo, ello
no ha redundado en una mayor eficiencia a nivel predial. En general, el
funcionamiento del mercado ha posibilitado el uso de aguas en actividades
económicamente más rentables. Un ejemplo es el de cuencas cuyo recurso hídrico
se destinaba a usos agrícolas, que se traspasan al uso de la minería o el del abastecimiento
de la población urbana (Vergara, citado por Dourojeanni y Jouravlev, 1999). Aún
cuando existen claras ventajas derivadas del funcionamiento del mercado de derechos
de agua, es necesario reconocer algunas de sus limitaciones. Un ejemplo es el
de la zona semiárida de la república, en donde muchas familias dependen de la
explotación caprina y del empleo (permanente y/o temporal) en la industria
frutícola. Estas familias vendieron sus derechos de agua en el pasado a fin de
mejorar su nivel de vida. A la larga, esto produjo la acumulación de derechos
en manos de aquellos con mayor capacidad financiera. Así, se ha configurado un
desigual acceso al agua que está regido por las fuerzas del mercado, que han
condenado a los menos afortunados a la dependencia económica.
Se ha
observado en el país, específicamente en la zona árida a semiárida, una disminución
sostenida de la precipitación anual desde fines del siglo XIX. Adicionalmente, los
modelos de circulación atmosférica predicen cambios en el nivel de
precipitaciones más intensos que los observados hasta ahora. Ello podría
significar, además, un aumento de eventos extremos (inundaciones y sequías)
interanuales, que aumentarían la vulnerabilidad de los sistemas productivos y
sociales.
La
investigación sobre temas relacionados al agua se ha realizado históricamente
en las universidades e institutos de investigación, con financiamiento nacional
e internacional. Ésta ha abarcado gran número de ámbitos, que van desde la
ingeniería civil, la ingeniería forestal y la agronomía, hasta la hidrobiología
y los estudios ambientales. Desgraciadamente, no existe una sistematización de
los trabajos desarrollados, lo cual determina que no se cuente con grandes
líneas referenciales acerca de las investigaciones ejecutadas.
Actualmente
existe un grupo de estudio que está formado por investigadores del Departamento
de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Universidad de
Chile, en materias referidas a agricultura, e impactos de la variabilidad y el
cambio climático. Más específicamente, este grupo ha desarrollado diversos
proyectos de investigación en la región semiárida de Chile que se relaciona con
los impactos sociales y económicos de la sequía en sistemas agrícolas
comunitarios, y con el desarrollo de una metodología que permita medir la
vulnerabilidad social a la sequía. También se ha investigado sobre la capacidad
de respuesta de las instituciones públicas para incorporar al proceso de toma
de decisiones la información científica derivada de los pronósticos estacionales
de clima. Estos últimos se prevén como una herramienta eficaz para mejorar la
capacidad de respuesta del sector público y así disminuir la vulnerabilidad de
los agricultores a la sequía, un fenómeno recurrente en esta zona. Además, se
ha investigado el impacto (evaluado a través del uso de series temporales de
imágenes satelitales) que sobre la cobertura vegetal han tenido los regímenes
privado y comunitario de tenencia de la tierra. Otras unidades de esta
Universidad, tal como el Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias
Físicas y Matemáticas, han desarrollado investigación en climatología, física
de nubes, caudales ecológicos, entre otros temas.
En la Universidad
de Talca existen estudios en hidrología de superficie, hidrología forestal y
regadíos. En la Universidad Católica de Chile destacan grupos de investigadores
ligados a la hidráulica fluvial y la hidrología estadística y estocástica. En
la Universidad Austral de Chile, se posee una importante experiencia en
limnología. El Centro EULA - Chile, dependiente de la Universidad de
Concepción, ha realizado una serie de estudios relacionados principalmente con
la VIII Región del país, como también sobre el impacto ambiental de los canales
de riego sobre la fauna de peces de sistemas fluviales, sobre biodiversidad
fitoplanctónica en el sistema de lagos del sur de Chile, etc.
Recientemente
se han formado dos centros regionales de investigación que tienen que ver con
las zonas áridas. Estos centros son financiados por el CONICYT, el respectivo Gobierno
Regional y, al menos en uno de los casos, por las Universidades involucradas (CONICYT,
2003). Efectivamente, se han involucrado universidades como también otras organizaciones
locales (tales como el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA). Uno de
ellos es el “Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto: Integrando
pasado y presente,” que involucra a las Universidades de Tarapacá y Arturo
Prat, y se ubica en la Región I. En este grupo hay una fuerte presencia de
investigadores de las Ciencias Sociales.
El segundo
caso es el del “Centro de Estudios Avanzados de Zonas Áridas” (CEAZA), conformado
por las Universidades de La Serena, Católica del Norte y el INIA. Uno de los objetivos
de corto plazo de este centro es estudiar el ciclo hidrológico en el semiárido.
Ambos centros han sido creados en el transcurso del 2003, de manera que se
espera que produzcan resultados científicos en el futuro inmediato.
Durante el
2002 se creó también en Chile el Centro Internacional del Agua para las Zonas Áridas
y Semiáridas de América Latina y el Caribe (CAZALAC). Este es uno de los cinco centros
existentes en el ámbito internacional destinado a investigar y promover acciones
en materia de recursos hídricos en estas zonas geográficas. Este centro tiene
su sede en la ciudad de La Serena, y cuenta con el financiamiento del
International Hydrological Program (PHI) de UNESCO y el Gobierno de Flandes.
Una de sus actividades ha sido, por ejemplo, organizar talleres que involucran
la participación de expertos internacionales para promover el uso racional del
agua (UNESCO, 2003).
Desde el
punto de vista de las agencias gubernamentales, el organismo que ha desarrollado
investigaciones en el plano de los recursos hídricos ha sido la Dirección
General de Aguas. Asimismo, la fuente de financiamiento de investigación
científica, Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, sólo en el
año 1999 incorporó la disciplina de hidrología al sistema de Concursos
Nacionales de Proyectos, lo cual demuestra que no ha existido una política de
investigación en el caso de los recursos hídricos.
El aumento
poblacional y el crecimiento económico de los sectores minero, industrial y agrícola
asociados al problema del cambio climático expresado en menores precipitaciones
en ciertas latitudes generarán una mayor demanda por agua. Este escenario hará
que el agua aparezca como un tema prioritario en la agenda de la investigación
científica en Chile durante gran parte del siglo XXI.
Afortunadamente
en el año 2003 han comenzado a aparecer algunas iniciativas orientadas hacia la
investigación interdisciplinaria de este complejo tema. Y sin duda esta es una
orientación correcta puesto que los problemas de acceso y uso adecuado de este recurso
no se solucionan solamente con medidas y diseños ingenieriles adecuados.
Estamos frente a un problema causado por el hombre y que afecta a la sociedad,
por lo que las soluciones han de venir desde la ciencia en su sentido más
amplio. De ahí que la colaboración internacional que se ha propuesto a través
del mecanismo de la CYTED constituye un esfuerzo encomiable para países en vías
de desarrollo.
1) Chile está dividido,
administrativamente, en trece regiones, numeradas de Norte a Sur, a excepción
de la número 13, que corresponde a la Región Metropolitana, que se ubica en el centro
de la República, y en donde se encuentra la capital, Santiago de Chile.
CONICYT,
2003. Centros Regionales. Información disponible en www.conicyt.cl/regionales. [Consulta
17 Agosto de 2003].
Dourojeanni,
A. y A. Jouravlev, 1999. El código de aguas de Chile: entre la ideología y la realidad.
Serie Recursos Naturales e Infraestructura – CEPAL.
El Mercurio,
2003. Chile: el agua dulce tiene un futuro salado. Edición impresa del 23/3/2003.
Mideplan,
1998. Cuencas Hidrográficas en Chile: diagnóstico y proyectos. IBSN 956-7463-33-6,
Inscripción Nº. 103.342. Impresiones Andros, Santiago de Chile.
UNESCO, 2003.
Newsletter. Información disponible en:
www.UNESCO.cl/newsletter_unesco_santiago/ingles/newsletter_february_2003.htm.
[Consulta 17 de Agosto de 2003]
Universidad
de Chile, 2000. Informe País: Estado del Medio Ambiente en Chile – 1999. Colección
Sociedad, Estado y Políticas Públicas. LOM Ediciones.
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