Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río
Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Lic. Econ. Agrop. Martín
Ficco, Univ. de
Belgrano, Bs. As.; miembro del Crea Alejandro-Chaján (Cba.). 2000.
Muchas veces hemos escuchado definir al riesgo empresario como la probabilidad de perder dinero en un negocio o inversión determinada; por lo tanto una actividad riesgosa -según este concepto- seria aquella en la que tenemos una alta probabilidad de perder parte del capital invertido. Esto no es necesariamente así; un negocio en el que tenemos altas probabilidades de perder dinero, mas que un negocio riesgoso es un mal negocio.
Una
actividad o negocio de riesgo, es aquel
cuyo resultado es incierto. Es decir
que mientras mayor sea la incertidumbre sobre los posibles resultados, mayor será el riesgo que estamos asumiendo
al emprender dicha actividad y viceversa.
Si por ejemplo comparamos el riesgo de dos actividades dentro del sector
como son la ganadería y la agricultura (figura 1) y tomamos datos históricos de
varias explotaciones mixtas, veremos
que la variabilidad de los resultados agrícolas es mayor que la de los
resultados ganaderos (las flechas se dispersan mas), por ende podemos inferir
que el riesgo agrícola es mayor que el ganadero.

Este riesgo puede ser medido con bastante precisión utilizando distintos
métodos estadísticos, ya sean estos basados
en datos históricos o en estimaciones subjetivas realizadas por el
analista. El indicador utilizado
frecuentemente para expresar la magnitud del riesgo de una actividad es el
denominado Coeficiente de Variación (CV),
que estima porcentualmente el
grado de dispersión promedio de los resultados con respecto a la media; de esta manera podemos concluir que una actividad
que tiene un CV del 50% es más riesgosa (su resultado es mas incierto) que otra
que tiene un CV del 25%.
Ahora
sabemos que riesgo es incertidumbre y que mientras más incierto es el resultado
de una actividad mayor es el riesgo que asumimos al emprenderla. Sin embargo entendemos también que ningún
empresario estaría dispuesto a asumir mas riesgo si no tuviese la expectativa
de obtener de esta forma una mayor rentabilidad. (figura 2).

Existe entonces una alta correlación entre riesgo y rentabilidad. Dicho esto de otra forma, seria irracional para un empresario asumir
mas riesgo si no tuviese expectativas de obtener un premio por esto (mayor
rentabilidad). Para explicarlo
utilizando las figuras 1 y 2, una
actividad de mayor riesgo seria aquella en la que nos resulta más difícil hacer
centro en el blanco y nuestras flechas se desvían con mas facilidad, pero que cada vez que acertamos obtendremos un puntaje mayor (mayores
utilidades).
Sabiendo
entonces que riesgo es incertidumbre, y
que a mayor riesgo mayor rentabilidad y viceversa, nos corresponde como empresarios decidir cuanto riesgo estamos
dispuestos a correr.
Existen
en el sector un gran numero de herramientas para acotar la variabilidad de los
resultados (disminuir riesgo), entre
ellas tenemos herramientas técnico productivas como la siembra directa, la
confección de reservas forrajeras, la selección de cultivos y variedades, la
diversificación de actividades basada en la teoría de portafolio de
inversiones, etc.; herramientas
comerciales como los seguros de precios tanto agrícolas como ganaderos (mercado
de futuros y opciones), contratos de ventas a supermercados y
exportadores, contratos de compras entre
criadores e invernadores , y otras mas
como seguros multiriesgos climáticos, asociaciones con proveedores de insumos y
otras tantas que se desarrollan día a día y que constituyen una lista mucho más
extensa. En síntesis, todas estas herramientas nos permiten
decidir (administrar) cuanto riesgo vamos a asumir como empresarios, transfiriendo muchas veces parte del mismo a
otros actores de la economía. De esta
forma sabemos que no estamos obligados a asumir todas las contingencias del
negocio y que las podemos administrar en función de nuestra mayor o menor
aversión al riesgo, de las
características de nuestra empresa, de nuestra capacidad financiera y de
nuestros objetivos de crecimiento,
teniendo en claro que cada vez que optemos por disminuir la
incertidumbre de los resultados (bajar el riesgo) estaremos también resignando
(compartiendo) parte de nuestra rentabilidad.
Últimamente se ha insistido mucho en la necesidad por parte del empresario agropecuario de hacer uso de estas herramientas para no dejar totalmente librado al azar el resultado de su actividad. Esto sin dudas debiera ser así, sin embargo las herramientas a utilizar no necesariamente han de ser las mismas para todas las empresas. Por ejemplo, es probable que para un pequeño productor inmovilizar durante un determinado periodo de tiempo importantes sumas de dinero en concepto márgenes de garantía para operar con contratos de futuros, o hacerse cargo de depositar las diferencias diarias que se puedan ocasionar por su uso, le generen mas problemas financieros que sus posibles beneficios. Del mismo modo, es posible que el nivel de información necesario para utilizar eficientemente dicha herramienta no este hoy a su alcance. También pueden existir empresas que quieran acotar sus riesgos, pero que económicamente no estén en condiciones de compartir el negocio transfiriendo el riesgo a terceros, porque necesitan obtener niveles de rentabilidad superiores al promedio para hacer frente cada año a sus obligaciones.(amortización de pasivos, retiros empresarios, etc)
Por
lo antedicho, para cada empresa y para cada empresario en particular existe una
estrategia determinada para transferir riesgo,
es entonces el empresario en función de su mayor o menor aversión al
mismo y teniendo en cuenta las características productivas, económicas y
financieras de su empresa, quien debe
determinar como y cuanto riesgo debe asumir;
dicho en otras palabras es el empresario quien debe decidir como
administrarlo.
Habitualmente
la discusión en el sector agropecuario se ha centrado principalmente en
aspectos productivos y en como mejorar dicha eficiencia; y últimamente en
aspectos comerciales y como se menciono anteriormente en el uso de herramientas
para disminuir el riesgo. La pregunta
es si considerar únicamente estos aspectos es condición suficiente para que las
empresas crezcan y sean sustentables (viables) en el tiempo. Veamos un ejemplo: Supongamos que estamos comparando dos productores que son vecinos, tienen la misma
superficie, desarrollan exactamente el
mismo sistema productivo, obtienen los mismos niveles de producción, aplican la
misma tecnología y los mismos insumos,
son igualmente eficientes comercializando y administrando el riesgo de
sus empresas, y sin embargo cuando a
fin de ejercicio analizamos el crecimiento de ambas empresas, este es
diferente. A que se puede atribuir esta
diferencia? Es probable que
fundamentalmente se deba a que la flexibilidad de las dos empresas es distinta.
Flexibilidad se podría definir como la capacidad de la empresa para hacer frente a situaciones adversas (años de bajas producciones y/o bajos precios) o para capitalizar situaciones favorables.(periodos de buenas producciones y/o altos precios). Podemos decir entonces que una empresa flexible es aquella capaz de tolerar periodos de baja rentabilidad del sector sin decrecer, mientras otras sufren procesos de descapitalización ante el mismo escenario. Del mismo modo se puede inferir que las empresas flexibles obtienen tasas de crecimiento superiores al promedio del sector cuando el escenario es favorable.
Una de las formas mas sencilla de mejorar la flexibilidad de la empresa es reduciendo el nivel de gastos indirectos y retiros empresarios. Volviendo al ejemplo anterior de los dos productores, asumamos que tanto el productor A como el productor B obtuvieron en este caso un margen bruto promedio de 150 $/ha; sin embargo el productor A necesito para hacer frente a sus compromisos en concepto de gastos de administración, estructura, impuestos, amortizaciones, intereses de su pasivo y retiros empresarios un total de 130 $/ha, quedándole entonces un saldo de $20 para crecer; mientras que el productor B bajo los mismos conceptos necesita 90 $/ha, obteniendo un saldo de 60$/ha para destinar al crecimiento. (ver figura 3).

Si estos mismos empresarios tuvieran que atravesar por un año adverso en el que por diversos motivos (bajos rindes, malos precios, etc.), el margen bruto promedio de sus actividades disminuyera a 100 $/ha (ver figura 4), el productor A se descapitalizaría en 30 $/ha como consecuencia de tener mayores niveles de gastos indirectos y retiros, mientras que el productor B ante el mismo escenario adverso crecería a razón de 10 $/ha; es decir que la mayor flexibilidad de la empresa B, le permitiría sortear con éxito un periodo de crisis, mientras su vecino con los mismos niveles de producción, de precios, y con la misma estrategia de administración del riesgo, se descapitalizaría.

Lo que nos permite una empresa flexible en ultima instancia es aumentar la
probabilidad de crecer y por lo tanto de sobrevivir ante los más diversos
escenarios. (figura 5). Volvamos al
ejemplo anterior, en el que el
productor A y B tienen el mismo nivel de eficiencia productiva, por lo tanto los márgenes brutos promedio de
sus actividades fueron idénticos durante los últimos cinco ejercicios. En el caso del productor A cuyos gastos indirectos, intereses de
su pasivo y retiros empresarios suman 130
$/ha, solo un año de cinco (el 1er
año) logro crecer, es decir que si este mismo escenario se volviese a repetir
durante los próximos cinco ejercicios,
solo tendría un 20% de
probabilidades de crecer (1/5). Mientras
que el productor B cuyos gastos
indirectos, intereses y retiros ascienden a 90 $/ha, es decir que crece cuatro años de los cinco (1er, 2do, 4to
y 5to), para los próximos cinco
ejercicios tendría un 80% de
probabilidades de crecer (4/5).

Esta es una cuenta sencilla que como empresarios podemos estimar todos los años para ver que tan difícil nos va a resultar cumplir con nuestras obligaciones, necesidades de retiros y objetivos de crecimiento. Solo tenemos que sumar los gastos de administración, estructura, impuestos, amortizaciones, intereses y retiros de los próximos doce meses, y dividirlo por la superficie para luego comparar este numero con el que ha sido el margen bruto promedio de las actividades de la empresa de los últimos cinco años, o bien compararlo con lo que creemos va a ser el margen bruto promedio del próximo ejercicio. De esta manera podremos tener una primer impresión de que tan cerca o lejos estamos de lograr nuestros objetivos (que tan flexible es la empresa)
Si reflexionamos sobre los párrafos anteriores podemos inferir que aquellas empresas que poseen una mayor flexibilidad (mayor capacidad de hacer frente a escenarios desfavorables) podrían asumir un mayor riesgo (mayor variabilidad de los resultados) sin que las consecuencias de un mal año la afecten en demasía; sin embargo acotar el riesgo le permitiría estabilizar su crecimiento. Por otro lado, para las empresas que poseen poca flexibilidad destinar tiempo y recursos para administrar el riesgo es casi una necesidad imperiosa, debido a que un pequeño traspié significaría mas endeudamiento o mayor descapitalización (decrecer). En síntesis, mientras más flexible sea una empresa, mas preparada esta para absorber el impacto de los periodos desfavorables, por lo tanto mayor es el riesgo que puede asumir y mayor es la rentabilidad a la que puede aspirar.
El proceso de cambio de precios relativos experimentado por el sector durante la ultima década, ha generado una perdida de competitividad de las empresas agropecuarias en general. En este nuevo contexto los gastos indirectos, las cargas financieras y los retiros empresarios adquieren una relevancia en la determinación de la rentabilidad y el crecimiento de la empresa, que no tenían en décadas anteriores. Ante esta nueva realidad, la reacción de gran parte de las empresas ha sido la de incrementar la productividad y por ende su facturación, sin embargo esto no ha sido suficiente para paliar el incremento en términos relativos de los gastos indirectos y de los retiros; ocasionando un creciente proceso de descapitalización y endeudamiento, que ha erosionado la capacidad de generar ingresos, convirtiéndose esto en un circulo vicioso difícil de romper.
De igual manera, es posible observar también empresas que dentro de este marco han crecido patrimonialmente, gracias al incremento de sus niveles de eficiencia productiva, a un criterioso gerenciamiento, y a una inteligente administración del riesgo. Pero principalmente debido a que supieron interpretar lo que este nuevo contexto requería en términos de flexibilidad empresaria, adecuando sus estructuras y sus retiros a la nueva realidad, muchas veces –como es el caso de algunos pequeños productores- generando parte de sus ingresos en actividades no agropecuarias, o simplemente estableciendo criterios de austeridad en los gastos empresarios y personales.
Para concluir, en estos últimos diez años la carga que llevamos en la caja de nuestras pick-ups se ha incrementado; lo primero que intentamos fue aumentar la potencia del motor y lo logramos, sin embargo en algunos casos esto no es suficiente, llego la hora de bajar el exceso de carga, no es parte de las soluciones mágicas que siempre estamos esperando, requiere de un gran esfuerzo y sacrificio, probablemente también afecte al nivel de vida del empresario y de su familia, pero de esta forma no estaremos hipotecando el futuro. La viabilidad de las empresas no solo depende del virtuosismo de un sistema productivo, sino que principalmente se fundan en las virtudes de los empresarios.
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