PRODUCCIÓN ANIMAL
Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
Iván Gángara. 2005. Periodístico.
La
Nación, Sec. 5ª Campo, 09.07.05.
Los primeros
en combatir a la liebre fueron los productores, pero cuando Europa comenzó a
demandar esta carne los cazadores comerciales y los frigoríficos exportadores
se multiplicaron
La cacería comercial de la liebre en la Argentina empezó en 1930. Los
productores empezaron a combatirla como plaga, pero aprovechaban el alto valor
de las pieles y se las vendían a las textiles o las fábricas de sombreros, que
utilizaban el pelo.
En 1950, Europa empezó a demandar esta carne. Las liebres argentinas se
exportaban congeladas pero enteras, sin faenar, hasta que en 1973 Alemania -el
principal comprador- prohibió el ingreso de animales sin procesar. Al año
siguiente, la Argentina exportó 12.000 toneladas de carne de liebre congelada.
Así fue como al mismo tiempo que crecía este negocio empezaba a constituirse
un nuevo oficio: el de cazador de liebres. Por las noches, los caminos rurales
comenzaron a ser iluminados por centenares de reflectores y por las luces de
los vehículos que circulaban en busca de las preciadas piezas.
Hoy, se calcula que existen unos 2000 equipos de cazadores de liebres en
todo el país que entregan piezas durante la temporada a doce plantas
frigoríficas habilitadas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad
Agroalimentaria (Senasa) para la faena y exportación de carne de estos animales
-el resto del año faenan conejos-.
Por lo general, los cazadores tienen otro trabajo, pero en la temporada de
caza aprovechan para agregar un dinero extra a sus bolsillos. Uno de esos casos
es el de José Mujica, que trabaja con siete personas. Los ocho son albañiles en
la ciudad de Azul, pero durante dos o tres meses del invierno cambian de
oficio: desde el primer día que se levanta la veda de caza de la liebre dejan
la cuchara y el fratacho para salir a cazar.
Todas las tardes a las cinco -si no llueve- él y sus compañeros cargan en
dos viejas F-100, el reflector, la carabina, un poco de leña fina, la pava, el
mate, el disco para bifes y algo de carne y pan. Luego, en la estación de
servicio, llenan el tanque de combustible y cada camioneta toma su rumbo:
tienen que recorrer más de

La coordinación de este trabajo debe ser perfecta para poder entregarle al
frigorífico un número de piezas que justifique el gasto y el sacrificio; entre
70 y 130 por día. De los cuatro que van en cada vehículo, uno alumbra con el
reflector, otro, además de manejar la camioneta, dispara el arma y los
restantes buscan las piezas.
El trabajo es duro, las noches son largas y heladas, pero se calcula que
cada cazador -que generalmente es el propietario de la camioneta- gana unos
diez o doce mil pesos por temporada, descontando los jornales de los empleados,
el combustible y la comida. Las balas las provee el frigorífico (tres por pieza
entregada).
"Al principio de la temporada, traemos más de ciento treinta liebres
por noche, pero después la «cosecha» merma a unas sesenta piezas porque, como
es lógico se van terminando", comentó Mujica. Y agregó: "En la
provincia de Buenos Aires cada vez hay menos liebres, hace unos diez años
capturábamos más de 8000 por temporada, ahora no más de 2000. Lo que pasa es
que se fueron corriendo hacia el Sur y el Oeste a medida que avanzó la
agricultura. Este año fuimos unos días a cazar a Mendoza y en tres kilómetros
vimos 122 liebres, mientras que en la provincia de Buenos Aires vemos 90 en
El promedio de exportación de carne de liebre durante los últimos treinta años fue de 8000 toneladas anuales. En la década del 80 la empresa Eubal llegó a exportar anualmente 20.000 liebres vivas a Italia, para cotos de caza. Cada liebre se pagaba sesenta dólares al que la capturaba y en Italia se cobraba 120 dólares por cazarlas. De cada cuatro animales vivos que se capturaban en la Argentina, sólo uno llegaba vivo a Italia. Pero ese negocio no prosperó y la modalidad que se impuso fue la de exportación de la carne faenada y procesada en frigoríficos argentinos.
La carne de
liebre es una especialidad en los supermercados más exclusivos de Europa, que
son abastecidos casi exclusivamente por la Argentina, con una participación muy
inferior de Uruguay y Chile, que anualmente exportan doscientas y cien
toneladas, respectivamente. Entre cazadores, acopios y frigoríficos, se calcula
que trabajan unas 10.000 personas durante la temporada de caza de liebres.
Los
cazadores entregan las piezas enteras a un acopiador que, sin faenarlas, las
almacena en cámaras frigoríficas a

Por cada
pieza entregada, el cazador recibe un promedio de $ 12 más tres balas calibre
La carne de
liebre se exporta en distintos cortes como filet de lomo, lomo con hueso,
cuartos traseros con o sin hueso y cuartos delanteros. Los cortes se envasan al
vacío en bandejas recubiertas con polietileno y se transportan a
En la
provincia de Buenos Aires, este año, la temporada durará un mes más que el año
pasado que fue desde el 15 de mayo al 15 de julio.
Según
informaciones del Senasa, la certificación de exportaciones de carnes frescas
de liebre, durante enero-octubre de 2004, sumaron 3350 toneladas por 15.667.950
dólares, superando en divisas a los envíos registrados en todo 2003, donde
alcanzaron las 3731 toneladas por 12.215.000 dólares.
Los principales destinos para la carne fresca de liebre fueron Holanda (1203 toneladas por 6.156.000 dólares), Alemania (1318 toneladas por 5.827.000 dólares), Bélgica (341 toneladas por 1.560.000 dólares), Francia (228 toneladas por 853.000 dólares), Italia (218 toneladas por 933.000 dólares) y Suiza (46 toneladas por 359.000 dólares).
Para este tipo de producto, los cortes se envasan en recipientes primarios de polietileno y en unidades de cartón identificadas con el logo del Senasa y el de la Unión Europea. Todos estos estrictos requisitos se enmarcan en la norma Comunitaria 92/45/CEE, que estipulan los países importadores del bloque para estas carnes.
Es una
actividad que genera millones de dólares gracias a la exportación del total de
la producción, pero se realiza en forma casi clandestina
Todos los años, los
países más ricos de Europa consumen entre 3000 y 3500 toneladas de carne de
liebre procedentes de frigoríficos argentinos. Un alimento que en las góndolas
del Viejo Mundo cuesta quince euros por kilo o más, porque en Europa esa carne
es una delikatessen.
Es por eso que los importadores pagaron el año pasado a razón de US$ 4677 la
tonelada, que para la Argentina representaron ingresos por 15.667.950 dólares.
Pero en las pampas bonaerenses, donde se obtiene el 73% del total de
liebres que se capturan en el país, la realidad no es tan florida. Los
cazadores, que son el primer eslabón de este negocio, provocan las quejas de
los productores, ya que circulan a la noche en los caminos vecinales para
capturar las piezas y eso genera mucho temor en estos tiempos de inseguridad
rural.
La realidad es que quienes cazan liebres no tienen la ley de su lado. El
artículo 273 del Código Rural Bonaerense, que permite sólo la caza deportiva,
prohíbe la captura nocturna con luz artificial. Si esto se cumpliera a
rajatabla el negocio de la exportación de esta carne sería imposible, no se
conseguirían liebres porque la especie es de hábitos nocturnos y es muy difícil
verla durante el día. Igualmente, los cazadores se las arreglan para
"blanquear" su situación y poder trabajar con cierta tranquilidad.
José Mujica es uno de ellos. Vive en Azul y ya lleva diecisiete años en
este trabajo. "Lo que hacemos es hablar con la policía y presentar un
certificado en la Municipalidad para registrar las armas y para que nos dejen
transportar las liebres, y aunque muchas veces tenemos permisos de propietarios
de campos que están en otros partidos, cuando volvemos por la ruta, la caminera
nos para y nos confisca todo. Nos dicen que tienen que cumplir la ley."
El fiscal general de Azul, Eduardo Serradel, ordena a la policía detener a
los cazadores infractores dentro su circunscripción. Pero al mismo tiempo
sostiene que hay que reglamentar lo que hoy está prohibido. "La caza
comercial debe regularse para que esta gente pueda trabajar dentro un marco
legal. Ahora, tal como están dadas las normas, es mi obligación hacerlas
cumplir. Cuando la policía detiene a un cazador, debe penalizarlo", dice.
Además de las reglas impuestas en el Código Rural, desde la temporada
pasada los cazadores se encontraron con otro inconveniente: el nuevo artículo
189 bis del Código Penal -introducido mediante la ley 25.886, en mayo de 2004-,
que prohíbe portar armas sin autorización en la vía pública. Esto agrava aún
más la situación de los cazadores, puesto que no sólo es indispensable el uso
de armas para el desempeño de su actividad, sino que también deben moverse en
grupos, con lo que se convierten en lo que para la ley es "una banda
armada".
En el partido
de Benito Juárez, en 1999, el entonces intendente Rafael Magnanini instauró un
método para que dentro del municipio se pudiera cazar comercialmente.
Reunió a los
cazadores, a la policía local y a los propietarios de los campos. Todos
acordaron que cada cazador y sus colaboradores debería reunir los siguientes
requisitos: registrarse en la Municipalidad antes del comienzo de la temporada,
estar domiciliados en el partido con más de dos años de antigüedad, presentar
un certificado de buena conducta, registrar el vehículo a utilizar, pegar en la
puerta un número identificatorio provisto por el municipio y llevar un teléfono
celular para ser localizado en cualquier momento por la policía o avisar ellos
a la comisaría sobre cualquier movimiento extraño en los caminos vecinales del
partido. A todo esto se sumó el pago de un canon de alrededor de $ 75 por
temporada por cada camioneta.
Los partidos
de Laprida, Gonzáles Chávez y Tres Arroyos también aplicaron esta metodología
que, de todos modos, acarrea problemas con cazadores de otros municipios.
El año
pasado, el Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires (MAA)
convocó a una de las Mesas de Concertación de Caza, a fin de llegar a una
solución para esta temporada, mediante la modificación del Código Rural. Pero
no se pudo cumplir con ese objetivo, por la férrea oposición de las entidades
representativas de los productores rurales que adujeron el peligro que
representa la caza nocturna para la seguridad rural. "Nosotros queríamos
modificar el Código Rural para que se permitiera la caza nocturna, pero con
seguridad para los productores y para los cazadores. Eso hubiera sido mejor que
lo que pasa hoy, porque cazar se caza igual. Y se va a seguir cazando siempre,
porque de lo contrario la liebre se multiplica y hace estragos", explicó
Mariano Labriola, ex director provincial de Ganadería, que reconoció que hubo
municipios en los que se produjeron delitos rurales, pero porque "se
dejaba cazar a cualquiera sin un control estricto".
Según
Labriola lo que ocurre es que hay una caza "enmascarada", porque se
dice que es diurna, cuando en realidad es nocturna. "Si se quieren evitar
irregularidades, hay que reglamentar bien la actividad, pero para hacerlo hay
que modificar la ley actual".
Por su parte,
Pedro Apaolaza, productor agropecuario y secretario de la Confederación de
Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), no está muy conforme
con que se le otorgue una autorización a los cazadores. "En Juárez se caza
igual por autorización del intendente, porque se aduce que es un beneficio para
personas de bajos recursos que no tienen otro trabajo. Pero eso trae problemas
porque cuando la policía encuentra a algún cazador no le queda otro remedio que
detenerlo y hacerle una contravención. Ahí se producen enfrentamientos con el
intendente y se crea confusión".
Para Norberto
Rivada, miembro de la Sociedad Rural de Necochea, "hay que diferenciar
entre los cazadores chicos, que cazan por necesidad, y los grandes".
Para esta
temporada, que comenzó el 15 de mayo y se extenderá hasta el 15 de agosto, la
Dirección de Recursos Naturales del MAA ha dictaminado un régimen similar al
que se instrumentó en Juárez, con un sistema de identificación de cazadores,
vehículos y armas. Pero tampoco está claro cuántos son los distritos que hacen
cumplir estas normas.
Rivada admite
que se ha ordenado un poco la actividad, al menos en su partido. "En
Necochea hay menos cazadores que en otros años y creo que eso se debe a que el
MAA estableció ciertos requisitos obligatorios, como el permiso del dueño del
campo, el registro del arma, un tope máximo de piezas a cazar y el control de venta
de balas en las armerías".
Pero aunque
este estado de cosas le da mayor tranquilidad a los propietarios, "porque
ya no existe el peligro de que se metan sin permiso tres o cuatro personas con
armas en los campos", por el lado de los cazadores el panorama es
distinto. Si bien prefieren no hacer pública su opinión, la mayoría de ellos
considera que de esta forma se destruye su fuente de trabajo.
Tal como
expresó Labriola, algunos se arriesgan a cazar igual, aún incumpliendo las
actuales exigencias y corriendo el riesgo de que los detengan (luego de la
reforma del artículo 189 del Código Penal, las penas son más duras). "Ya
hubo problemas porque se encontró gente cazando con vehículos no habilitados y
con armas sin registrar", comentó Apaolaza.
Por su parte,
Iñaki Urruti, otro productor agropecuario de Juárez, tiene una postura más
flexible: propone que la caza sea considerada "una producción alternativa
y que se les reconozca un canon a los dueños de campo, que de este modo
obtendrían cierta participación en las ganancias".
Otros de los
interesados en la resolución de esta cuestión son los dueños de los
frigoríficos habilitados para el procesamiento y exportación de esta carne,
puesto que paradójicamente realizan una actividad legal, que se nutre de lo
producido por una modalidad ilegal.
"En los
frigoríficos está todo encuadrado dentro de la ley, ya que están debidamente
habilitados por los organismos oficiales nacionales e internacionales, mientras
que afuera el que caza liebres es considerado un delincuente", concluyó
Pedro Salenave, acopiador de liebres con más de veinte años en la actividad.
Estos
establecimientos invierten mucho dinero en un negocio que se vuelve riesgoso
por la condición de clandestinidad en la que deben trabajar sus principales
proveedores.
Eduardo
González Ruiz, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Frigoríficos de
Liebres, opinó: "Las autoridades no quieren hacer nada que vaya en contra
de las entidades agropecuarias y éstas se han aferrado al Código Rural para
terminar con los cazadores. Pero estas restricciones, van a terminar por
eliminar a la industria frigorífica de liebres".
Según explicó
el directivo, Buenos Aires es la única provincia que prohíbe la caza nocturna,
porque el Código Rural fue redactado sobre la base del Código de Ética de la
caza deportiva. "La solución sería un acuerdo razonable entre la
provincia, las entidades agropecuarias y la industria frigorífica. Se debe
modificar el Código Rural y reglamentar claramente la caza de liebres para
dejar tranquilos a los productores agropecuarios, que son los que mayores
reparos ponen", observó González Ruiz, que agregó que lo curioso es que si
se terminara con la caza comercial, serían los mismos productores los que
tendrían que matar liebres para poder explotar sus campos.
Aunque hay
atisbos de algunos intentos de solución, el corazón del problema sigue sin
resolverse y amenaza con reavivarse cada invierno, cuando se reabre la
temporada de caza y un negocio de millones de dólares se pone en funcionamiento.
La
coordinación de esta tarea debe ser perfecta para poder entregarle al
frigorífico un número de piezas que justifique el gasto y el sacrificio.
Generalmente, se comienza cuando cae la tarde y se regresa al despuntar el sol.
El trabajo es duro y las noches son heladas, pero para muchos es la única forma
de ganarse la vida.
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