PRODUCCIÓN ANIMAL
Director: Guillermo Alejandro Bavera,
Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto,
Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
Volver a: Uso del fuego e incendios rurales
Eduardo Martínez Carretero*. 1995. Multequina, Mendoza,
4:105-114.
*Botánica y Fitosociología, IADIZA, Mendoza, Argentina.
La incidencia de los fuegos sobre los diferentes tipos de vegetación de la Argentina datan de muy antiguo, ya en 1520 cuando Magallanes buscaba un paso entre el Atlántico y el Pacífico al pasar frente al extremo austral del continente denomino Tierra del Fuego a esa porción del territorio por los innumerables focos de fuego practicados por los aborígenes Onas. Algo similar ocurrió en el NE, en el Parque Chaqueño. Aquí los aborígenes quemaban sectores del bosque abierto de Prosopis y Schinopsis para espantar a los animales y cazarlos en la periferia del incendio; luego en esas "abras" se desarrollaba un pastizal denso donde se reunían los animales a pastar y eran fácilmente cazados (Tortorelli, 1947). Posteriormente los colonos ocuparon esas abras para el cultivo del algodón, que crece mejor bajo la media sombra de los árboles; paulatinamente quemaban el rastrojo acumulado en la periferia del abra aumentando la superficie deforestada para más cultivo. Actualmente el bosque chaqueño está profundamente modificado, notándose los encadenamientos de áreas deforestadas, de diferente superficie, por lo general en sentido N-S, de dirección predominante de los vientos. Excepto algunas abra de origen edáfico, la mayoría responde a fuegos.
Si bien la información disponible es en
general muy escasa y dispersa, careciéndose en varias provincias de
registros fidedignos periódicos, se puede dar una semblanza bastante
buena de la realidad de la situación de los incendios en Argentina. Para
ello se puede dividir al país en regiones como:
-Andino-patagónica, -Árida-semiárida, -Noreste, -Parque
chaqueño, -Mesopotámica.
Para el período 1985-1992 se puede alcanzar
las siguientes conclusiones:
La región Andino-patagónica
(período 1986-88) presentó la mayor superficie de bosques
afectada; la región Árida-semiárida (1986) resultó
la mayor superficie del país afectada por incendios, acompañada
de una intensa sequía, correspondiendo a Mendoza
Las causas de los incendios pueden sintetizarse en
dos principales, atendiendo al uso del suelo:
1) quema de rastrojos en áreas de cultivos intensivos
y semiextensivos.
2) quema de material vegetal muerto en pastizales
seminaturales con distinto grado de alteración.
Chaco-Formosa:
por lo general se originan en quemas de limpieza
efectuadas por vialidad en las banquinas (antes también por el FFCC)
para eliminar rebrotes de especies leñosas invasoras (Prosopis,
Geffroea, Jodinia, etc.). Los ganaderos la practican no regularmente en
pastizales naturales (seminaturales).
Son comunes las quemas en los palmares de
Copernicia alba para eliminar el estrato herbáceo de Spartina
argentinenis (de hojas muy duras y punzantes), de Eringium y de Ellyonorus. Son
intencionales y se ven agravados por la importante acumulación de materia orgánica en superficie.
Santa Fe:
En esta provincia se quema (en menor medida) el
rastrojo de cereales.
Córdoba:
Aproximadamente el 30 % del área serrana se
quema anualmente. Los pastizales naturales rara vez son quemados. Es
común la quema de rastrojos de Sorgo granífero y soja.
La Pampa:
El fuego es una herramienta frecuente en el manejo de la vegetación
natural de esta provincia. Aproximadamente el 5 % de los pastizales naturales
(de Stipa tenuis la mayoría) se quema anualmente. El 25 % de los
pastizales seminaturales de Eragrostis curvula se quema anualmente, por lo
general en pastizales mal manejados y que por descontrol de la carga animal se
acumuló mucha materia orgánica al final de la temporada. Con
quemas controladas espaciadas 2-3 años se renueva el pastizal sin
afectar la productividad (de aprox.
San Luis:
Entre 60-
La Rioja:
En esta provincia los incendios,
esporádicos, en general cada 3-4 años y accidentales, ocurren en
el sector E en la región de Los Llanos.
Mendoza:
La provincia presenta dos situaciones
climáticas: al sur con influencia Pacífica y con mayor
número de tormentas eléctricas y el resto con influencia
Atlántica (sin tormentas eléctricas de importancia). En el sur la
quema intencional y por causas desconocidas alcanza al 60 % de los hechos, el
40 % restante se atribuye a rayos. En 1993/94
Corrientes: Es sin
dudas la provincia con mayor incidencia de los incendios. Es normal su empleo.
Se estima que anualmente se queman aproximadamente
Entre Ríos:
La quema anual se restringe a rastrojos de Lino y
Trigo.
Buenos Aires:
Ídem
a la anterior, se quema aproximadamente el
3 % de los pastizales seminaturales.
De la información disponible para el
período 1985-92 (Irigoin, 93), y teniendo en cuenta superficie quemada,
número de focos registrados, época de ocurrencia y superficie por
foco, se obtiene:
Durante la sequía 1986-87 los incendios
afectaron los bosques de Nothofagus de Río Negro, Neuquén y
Chubut (aproximadamente
En general los incendios ocurren en superficies
pequeñas, parcelas de hasta
Es el área más afectada por incendios de la Argentina debido al empleo generalizado del fuego en el manejo de la vegetación natural. El combustible fino propio de esta unidad de vegetación favorece la rápida propagación del fuego.
Las quemas se centran en el sector occidental mas seco, con vegetación xerófila y donde se ubica la frontera agropecuaria del país.
En el período 1985-92 se registró la siguiente superficie afectada: en 1985:
Considerando las grandes unidades en que se puede
sintetizar la vegetación: pastizal-matorral, bosque nativo y bosque
cultivado, la incidencia resulta:
|
|
1985 |
1986 |
1992 |
|
Pastizal -matorral |
1.106.000 |
2.140.000 |
189.000 |
|
Bosque nativo |
800 |
1.880 |
17.500 |
|
Bosque cultivado |
2.700 |
6.170 |
- |
La distribución estacional de estas quemas
para todo el período resultó:
|
Según superficie total quemada |
verano: |
|
|
invierno: |
|
|
|
primavera: |
|
|
|
otoño: |
|
|
|
Total de focos 2508, distribuidos |
verano: |
976 |
|
invierno: |
88 |
|
|
primavera: |
1413 |
|
|
otoño: |
33 |
Nuevamente surge la escasez de información y
de estudios sobre esta temática a nivel nacional; la información
disponible es muy puntual y dispersa.
Se
realizó un estudio en La Pampa, donde se analizaron cuatro unidades
topográficas: terraza aluvial, ladera alta, ladera media y baja y fondo
de depresión, entre 0-
En general
hubo un leve incremento del P total (515®517 ppm, 347®350 ppm, etc. según diferentes
muestras) proveniente del material vegetal y de los residuos orgánicos superficiales,
leve disminución del P orgánico por calcinación (29®28 ppm, l8®17 ppm), no resultaron significativas las
variaciones del P disponible.
El K
incremento levemente su actividad iónica luego del rozado (aumento del
potencial PK-0,5PCa) (Lucero, Grossi y Reyzabal, 1.975).
Se
trabajó en dos zonas -abierta bajo Stipa tenuis y -cubierta bajo
Prosopis caldenia, en dos áreas: testigo y quemado, en idéntica
posición topográfica: ladera media, se obtuvieron muestras en 3/4
horizontes entre 0-
Se evaluó durante un año la
incidencia de la quema del matorral natural sobre la erosión del suelo,
se trabajo en laderas y fondos de depresión. Pare ello se armaron
parcelas de
Entre 1984-86 ocurrieron repetidas quemas en el
matorral pedemontano de Larrea divaricata, que derivaron en pastizales
secundarios de Stipa eriostachya. El objetivo de estas quemas repetidas es
modificar el matorral y llevarlo a un pastizal con fines de pastoreo caprino.
De esta modificación resulta una
pérdida importante de especies, cambio en la estructura y
composición florística de la comunidad y en la capacidad de
sustento del sistema natural.
El matorral original ofrecía sólo a
través de sus especies más conspicuas 38,92gr%gr de N mientras
que el pastizal derivado solo 12,92 gr%gr de N (Martínez C., 1987).
Aquí se mencionarán sólo algunos ejemplos para la región Andino-patagónica, Árida-semiárida y Mesopotámica.
Frangi et al. (1980) estudió la incidencia de un incendio en el pajonal de Stipa caudata en Sa. de la Ventana (Bs.As.) ocurrido en Enero de 1976. Florísticamente se incrementan las dicotiledóneas y decrecen las monocotiledóneas perennes, principalmente por invasión desde campos agrícolas vecinos; por otra parte las heladas tienen mayor incidencia sobre las áreas quemadas donde las plantas más sensibles, como Salpichroa organifolia, quedan expuestas. La biomasa verde pico fue prácticamente el doble en 1976 (postquema) a la de 1975 (prequema), con un incremento del 33,6 % del material verde total, de las hierbas de hoja ancha. La productividad primaria anual neta se incrementó 6,2 veces en el período estudiado.
En los bosques andino-patagónicos Roig, Dollenz y Méndez ( 1983 ) y Roig (1985) propusieron los siguientes dinamismos a partir de las quemas ocurridas, en los bosques y tundra magallánica, en la Cordillera de Sarmiento al sur de Chile.
El dinamismo natural es en muchos sectores alterado por la acción antrópica, principalmente la quema del bosque, determinando el dominio de un dinamismo antropogénico. En la vertiente oriental de los Andes (seno de Ultima Esperanza) ocurren los siguientes dinamismos:
Al quemarse el bosque de «Coihue» Nothofagus
betuloides (práctica muy antigua), las etapas siguientes dependen
del tipo de suelo: sobre suelo normal (arcillo-arenoso profundo) se instala una
etapa de Pernettya mucronata que deviene en un latizal denso de Nothofagus
betuloides favorecido por la luz, luego una etapa de fustal de Notofagus
de 20-
etapa de latizal abierto de Nothofagus.
Otros dinamismos ocurren en los rodales en turbera de Pilgerodendron uviferum que al ser quemados dan lugar a la instalación de un matorral de Baccharis magallanica.
Otro ejemplo muy interesante lo constituye las
praderas de pastos tiernos dominadas por especies características de los
Molinio-Arrhenatheretea (Roig, 1985, Martínez C., 1992). Cuando
el bosque de Nothofagus antarctica o de N. betuloides es
violentamente arrasado por incendios, favorecida por una alta luminosidad se
instala una pradera de pastos tiernos dominada, según el suelo, por
Arrhenatherium elatius,
Daxctylis glomerata, Holcus lanatus. Poa pratensis, Leucanthemum vulgare,
Agrostis tenuis, Trifolium repens, etc. acompañadas por elementos
propios como Trisetum lechleri y Geranium patagonicum. Faggi y Cagnoni
(1996) estudiaron la incidencia de los fuegos sobre la composición,
cobertura y formas de vida de diferentes bosques mixtos en el Parque Nacional
Lago Puelo (Chubut) y concluyeron que el fuego ha privilegiado a especies de
relativa intolerancia a la sombra como el Nothofagus dombeyii, Embothrium
coccineum,
Rosa rubiginosa, etc.
Gobbi ( 1991 ) estudió la regeneración de los estratos arbustivo y herbáceo en bosques puros de Austrocedrus chilensis, en los primeros quince años después de los incendios; evaluando el porcentaje de especies exóticas, de suelo descubierto y proporción de formas de vida y diversidad. Encontraron que no hay substitución secuencial de un grupo de especies por otro, no aumentando significativamente las exóticas y la variación de la diversidad. Por otra parte las nanofanerófitas y hemicriptófitas se modifican en mayor proporción, aunque con tendencias opuestas según antigüedad del incendio.
En la región semiárida, en el
caldenal, Boo et al. (1995) estudian el efecto de distintas frecuencias
de fuego (cada tres y seis años) sobre seis especies de gramíneas
y cinco leñosas. Los porcentajes de mortalidad en gramíneas
densamente cespitosas
son mayores al acumular mayor cantidad de material senescente, igualmente la
incidencia sobre leñosas es menor que en las gramíneas,
probablemente por la mayor capacidad de rebrotar de las leñosas. Boo
(1991 ) y Boo el al. (1991) ofrece datos sobre la mortalidad producida por el
fuego en seis especies de gramíneas en el sudeste de La Pampa; y Busso
el al. (1991) analizan los efectos del fuego en la viabilidad de las yemas
axilares de Stipa tenuis.
En otro ensayo Lázzari el al. (1995), en el norte de La Pampa, esta evaluando la incidencia de uno y dos fuegos controlados sobre las propiedades del suelo: materia orgánica y disponibilidad de nutrientes, dinámica del nitrógeno (formas hidrolizables) y propiedades de las bacterias oligotróficas aisladas del suelo superficial.
En las estepas de altura, en las Sierras Chicas de
Córdoba, Herrera et al. (1978) analizaron la incidencia de los incendios
sobre la dinámica de los matorrales serranos y de la estepa serrana,
concluyendo que el fuego no afecta significativamente la supervivencia de
Festuca hironymi y que el disturbio producido a la comunidad
permanece en un estado de equilibrio cíclico debido a la ocurrencia
periódica de incendios.
En las Sierras de Comechingones, Córdoba, Beguet el al. (1989) estudian la evolución del pastizal natural en respuesta a la acción del fuego efectuado en Diciembre. A través de tres mediciones anuales, en transecta fija, se obtuvo datos sobre abundancia, frecuencia y cobertura específica y concluyen que las forrajeras invernales se favorecieron por el fuego, mientras que las estivales fueron perjudicadas; además se detuvo el avance de Festuca hiyeronimii y a medida que transcurre el tiempo ambas áreas se van haciendo florísticamente más disímiles.
En San Luis Orionte y Anderson ( 1978) estudiaron
los efectos de un incendio accidental sobre la producción de materia
seca acumulada y la evolución de los componentes del pastizal de
Sorghastrum pellitum. La producción de materia seca (kg/ha)
resultó significativamente distinta entre área no quemada
(testigo)
Stipa eriostachia es una especie invasora de los pastizales naturales de San Luis disminuyendo la productividad. Ocampo el al. (1989) siguieron la evolución de un pastizal, quemado en Abril de 1983, mediante análisis de la vegetación por cobertura de follaje y observaron recuperación del pastizal natural y disminución de la población y de la cobertura foliar de S. eriostachia, además de la aparición de especies de buen valor forrajero.
Biurrum el al. (1983) estudió la incidencia de un incendio accidental en los Llanos de La Rioja, al que clasificó como incendio de fuerte intensidad (72 % de individuos con pérdida de ramas principales) con estabilización de la supervivencia a partir del segundo año, y donde la mayoría de las leñosas arbustivas (Ximenia americana, Acacia aromo, Prosopis torcuata, etc.) mostraron altos valores de supervivencia.
En la región Árida una zona muy extensa está ocupada por los piedemontes precordilleranos, desde Mendoza hacia el norte. Por lo general al pie de esta unidad geomorfológica se ubican los centros poblados de los oasis por lo que la presión humana sobre ellos es importante y en partes muy elevada. A su vez una importante población rural, dispersa, generalmente de actividad ganadera caprina ocupa esos mismos piedemontes. Anualmente hacia fines de invierno, principio de primavera ocurren incendios de matorrales de Larrea divaricata, entre 1300-1800 msm o de Colliguaja integerrima entre 1800-2500 msm, para eliminar los arbustos y obtener pastizales secundarios de Stipa eriostachia o de Stipa tenuissima respectivamente (Martínez C., 1984).
En la región Mesopotámica, el ejemplo más notable de destrucción del bosque nativo por incendios lo constituye la clase de vegetación Elyonuretea mutici (Eskuche, 1992). Esta clase se extiende desde el sur de Misiones, centro del Chaco, suroeste de Santiago del Estero, noreste de Formosa, noroeste de Santa Fe y centro-norte de Corrientes, dominada por la gramínea Eleonorus muticus. En Misiones deviene por la deforestación por fuegos de los bosques de Astronium urundeuva y Curupai, en Corrientes de los bosques de Schinopsis balansae y Astronium y en Santiago del Estero de los bosques de Schinopsis balansae, Sch. quebracho colorado y Aspidosperina quebracho-blanco. Se estima que la incidencia sobre estos bosques tendría una antigüedad próxima a los 4000 años.
Al igual que con respecto a la vegetación y suelos, la información obtenida es muy escasa.
Roig (1989) indica la retracción de las áreas de distribución de varios taxa de mamíferos en América del Sur, especialmente de Argentina, asociadas a la pérdida de los bosques (tala y fuego principalmente). Resulta interesante que especies como al tatú poyú (Euphractus sexcintus), ampliamente distribuido en el bosque chaqueño hasta principios de siglo, por deforestación hoy prácticamente no existe en Argentina; o la comadreja colorada (Luteolina crassicaudata) a principios del siglo ocupaba una amplia distribución en el NE de Argentina, Paraguay, Uruguay y sur de Brasil, actualmente queda reducida a una pequeña franja en la región pampeana argentina.
En los matorrales áridos, principalmente en la reserva biosfera MAB de Ñacuñan, en Mendoza, se efectuaron dos estudios sobre la incidencia de incendios sobre la fauna, uno de roedores y otro de aves:
Ojeda (1989) estudio la respuesta de pequeños roedores a la quema de los matorrales de Larrea divaricata. De las cinco especies estudiadas cuatro disminuyeron significativamente su abundancia relativa en el área quemada, sólo una de ellas (Eligmodontia) la incrementa significativamente. Esta especie prefiere habitats abiertos (normalmente ocupa los parches más abiertos del matorral) por lo que su frecuencia de capturas varió de 1-4 individuos en área no quemadas a 7-12 en áreas quemadas.
Respecto de las aves Marone (1990) estudio en la misma reserva la incidencia de las quemas sobre la diversidad local y regional de aves. Estableció seis gremios de aves -granívoras terrícolas, -herbívoras terrícolas, -herbívoras arborícolas, -insectívoras arborícolas, -insectívoras terrícolas, -insectívoras aéreas, -aves de presa. Las insectívoras terrícolas fueron significativamente más abundantes en las áreas no quemadas, lo mismo que las insectívoras y herbívoras arborícolas (el abandono del área quemada se debió a la disminución del estrato arbóreo y arbustivo leñoso -0,4% en quemado y 11,5 % en no quemado- donde ocurrió el 80 % de los registros); las granívoras terrícolas no muestran preferencias por un ambiente en particular, y las insectívoras aéreas siempre fueron significativamente más abundantes en el área quemadas (por aumento en la visibilidad y la disponibilidad de atalayas de observación).
La diversidad local por lo tanto disminuyó por las quemas (los gremios más ricos en especies las evitaron); pero al considerar las combinaciones sitios quemados-no quemados la diversidad regional aumento por la presencia de especies de otros gremios que entraron, no reemplazando, a las áreas quemadas.
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