Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
Sergio
Marcantonio. 1998. Romage S.A., 4-11.
A
diferencia del toro, la hembra bovina se caracteriza por tener una actividad
sexual cíclica. Es decir, en ella se
produce una serie de cambios morfológicos, funcionales y de comportamiento a
nivel sexual, que se repiten a partir de la pubertad durante toda su vida,
interrumpiéndose, en condiciones normales, solamente durante la gestación y
parte del puerperio. Estos cambios
secuenciales constituyen un "ciclo", denominado ciclo estral. En cada ciclo
estral, la hembra tiene la oportunidad de quedar preñada.
Para
comprender mejor el concepto de "ciclicidad", no hay que olvidar que
la hembra participa en todas las etapas del proceso reproductivo. Interviene no sólo durante el apareamiento,
sino también en la concepción y gestación.
Es fácil comprender entonces la necesidad que tiene de “modificar” su
aparato genital y comportamiento en forma cíclica, para poder llevar a cabo
eficazmente la función reproductiva.
Estos
cambios ocurren en todo el aparato genital, produciéndose ciclos ováricos,
uterinos y vaginales que acompañan al ciclo estral. Asimismo hay modificaciones más allá de la esfera genital, como
las que experimentan los sistemas nervioso y endocrino. Es decir, el organismo todo se prepara en
cada ciclo para llevar a cabo una gestación.
El
momento culminante del cielo estral durante el cual la hembra es receptiva
sexualmente se denomina celo o
estro. En esta etapa la hembra
presenta un conjunto de manifestaciones y signos físicos característicos que
denotan su receptividad. En el caso del
bovino este período ocurre en la etapa preovulatoria. Solamente durante el celo la hembra presenta el reflejo de
pasividad a la monta, es decir, permanece quieta al ser montada por el toro o
una compañera del rodeo. Esto es
fundamental, porque sólo durante esta etapa la hembra tiene naturalmente la
posibilidad de quedar preñada.
En
otro orden, el estro es el evento objetivo utilizado para definir el inicio del
ciclo, razón por la cual éste recibe el nombre de ciclo estral. Expresado de otra manera, el ciclo estral es
el conjunto de cambios a nivel sexual, en toda su extensión, que ocurre entre
dos celos consecutivos. En el caso de
la hembra bovina, el ciclo tiene una duración de 21 ± 4 días, pudiendo
presentarse a lo largo de todo el año, por lo cual esta especie es considerada
poliéstrica anual.
Mecanismos fisiológicos
que regulan el celo
La
presentación del celo se produce debido a un complejo y preciso mecanismo
neurohormonal. En este control están
involucradas diferentes estructuras de los sistemas nervioso y endocrino. En lo que se refiere al sistema nervioso, la
función reproductiva está gobernada por una región del cerebro denominada
hipotálamo. El control endocrino lo
ejerce primariamente la hipófisis, que está conectada con el sistema nervioso
central. A través de sus secreciones,
la hipófisis se relaciona con otras glándulas que regulan la reproducción. En esencia, se trata de un control dado por
el eje hipotálamo-hipófiso-ovárico-uterino
(Figura l).
En
forma simplificada, los estímulos recibidos por el hipotálamo causan la
liberación o inhibición de las hormonas hipofisiarias que controlan la
producción de hormonas sexuales.
Algunas
horas antes del celo, por acción de las hormonas hipofisiarias FSH y LH, el
folículo ovulatorio secreta grandes cantidades de estrógenos, principalmente
estradiol. El inicio del comportamiento
de celo es desencadenado por este pico estrogénico. El aumento de estrógenos también lleva al pico de LH, el cual se
produce unas 3 a 6 hs luego de comenzado el celo. El pico de LH provoca la ovulación 15 a 22 hs más tarde (Figura
2).
Los
estrógenos influyen sobre todo el aparato reproductivo, preparándolo para la
cópula y transporte de espermatozoides hacia el sitio de la fertilización. Por otra parte inducen el comportamiento de
celo, actuando sobre el cerebro e hipotálamo, en coincidencia con niveles
basales de progesterona.
Esta
acción de los estrógenos induciendo el comportamiento estral parece ser del
“todo o nada”. Es decir, una vez
alcanzado un mínimo necesario, la concentración de estradiol no influiría sobre
la expresión del celo.
Las
concentraciones de progesterona durante el celo son basales como consecuencia
de que el cuerpo lúteo fue previamente destruido por acción de la
prostaglandina F2alfa endometrial.
Características del celo en el bovino
Una
hembra en celo presenta un conjunto de características de comportamiento y
signos físicos que pueden verse directamente en el animal.
- Características de
comportamiento
a)
Característica primaria
v Pasividad a la monta
Constituye
el único indicador de que una hembra está en celo. Esta característica es propia o específica del celo, es decir se
presenta solamente durante este período.
Consiste en la inmovilidad de la hembra durante 5 a 7 segundos al ser
montada por el toro o una compañera del rodeo (Fotos 1 y 2).
b)
Características secundarias
Existe
una serie de características de comportamiento que no son propias o específicas
del celo y que llevan a que algunos animales del rodeo interactúen, conformando
el denominado grupo sexualmente activo (GSA).
Estas
características secundarias las manifiestan las hembras durante el celo, pero
también algunas horas antes o después de finalizado el mismo.
Doce
a dieciocho horas antes de comenzado el
celo estas características aumentan su
intensidad gradualmente, alcanzan su punto culminante durante el celo,
disminuyendo durante las doce a dieciocho horas posteriores a su finalización.
Estas
características secundarias son:
v Actividad de monta
La
característica secundaria de comportamiento más constante del celo es la
actitud de montar. El 95% de las
hembras en celo monta a otras integrantes del GSA, pero solamente el 30-40% de
las hembras que montan está en celo. De
allí que, si bien es una manifestación muy frecuente de estro, no debe ser
tomada como indicador por cuanto la probabilidad de error es alta.
Las
montas pueden ser craneales o "desorientadas". Esto se produce cuando las hembras montan
por la cabeza (Foto 3). Si bien algunos
autores han relacionado este comportamiento con celo, existe información
contraria.
La
recomendación por lo tanto es no utilizarla como indicador, sino esperar a que
esa hembra sea montada y manifieste pasividad.
v Inquietud
Las
hembras en celo se encuentran inquietas, caminan más y mugen con frecuencia,
mientras el resto del rodeo está en sus actividades diarias (pastoreo, rumia o
descanso).
v Rozamiento de cabeza y cuello
Las
integrantes del GSA rozan frecuentemente su cabeza y cuello entre sí, buscando
contacto corporal. Asimismo realizan el
reflejo de papada para comprobar la pasividad (Fotos 4 y 5).
v Olfateo y lamido de genitales
Durante
el periestro, las hembras olfatean y lamen los genitales de otras integrantes
del grupo.
v Encuentros cabeza-cabeza
Presentan
las clásicas "topadas". El
componente agresivo de comportamiento se explicaría por la conformación de un
nuevo grupo dentro del rodeo, el GSA, lo que llevaría a peleas por el
establecimiento de un nuevo orden social.
v Disminución del consumo
Las
hembras en celo pasan más horas del día interactuando con el GSA, restando
tiempo al consumo. Este hecho, sumado a
la mayor actividad física, lleva a una disminución en la producción.
Signos físicos
Las
hembras en celo presentan una serie de signos que pueden ser evidenciados sin
necesidad de que interactúen con el GSA.
Los mismos complementan la sintomatología del celo pero no deben ser
tomados como indicadores.
v Descarga vulvar mucosa
Es
el signo más constante de celo. Consiste en la presencia de una descarga de
mucus cervical a través de la vulva, generalmente más evidente en vaquillonas
que en vacas. Esta descarga de origen
cervical tiene un aspecto límpido y transparente, muy similar a la clara del
huevo. Se hace más notorio en el
momento que la vaca monta a otra. Esta
descarga también puede quedar pegada en la parte interna de la cola o en los
muslos.
v Pelos de la grupa
despeinados
Por
efecto de las sucesivas montas se desorientan los pelos.
v Peladuras en la grupa
Pueden
observarse peladuras con relación a las saliencias óseas por efecto de las
continuas montas que reciben (Foto 6).
v Edematización vulvar
Producto
de la acción de los estrógenos, que incrementan la irrigación del aparato
genital, se produce una edematización de la vulva.
v Aumento de la temperatura
corporal
La
hembra en celo aumenta su temperatura corporal en 0,3 a 1, 1 ºC. Este cambio es
muy variable y de corta duración. El
aumento también se ve reflejado en la temperatura la leche (aumento de 0,2 a
0,4 ºC).
Duración del celo
El
celo es proporcionalmente corto. Los diferentes autores ubican la se duración
promedio entre 10 y 16 hs, con un rango de 3 a 28 hs. Existe una gran variabilidad en función de la raza, edad,
factores ambientales, sociales, individuales, etc. Las razas índicas presentan celos más cortos que las europeas;
las vaquillonas tienen generalmente celos de menor duración que las vacas; el
primer celo pospuberal o pospartal es más breve; en condiciones de estrés el
celo dura menos, etc.
Asimismo
vale la pena remarcar que un 25 a 30% de los celos dura menos de 8 horas. Por otra parte, algunos celos son
"interrumpidos". Es decir que
el período de receptividad está interrumpido por unas horas en que la hembra no
acepta la monta. Esto parece obedecer a
un descanso que se toma el animal, apartándose del GSA.
Intensidad del celo
Existe
también una gran variabilidad en la intensidad de expresión del celo. Esta se mide objetivamente por la cantidad
de montas que una hembra acepta durante el mismo.
Diferentes
autores informan un rango de 3 a 225 aceptaciones a la monta. Esslemont reportó que el 55% de las vacas se
deja montar más de 50 veces, en tanto que el 25% menos de 30 veces.
La
intensidad del celo depende de factores genéticos, fisiológicos y ambientales. Estos dos últimos son los que le dan a esta
característica muy baja repetibilidad.
Hay
marcadas diferencias de intensidad en función de la edad, momento del posparto,
nivel nutricional, número de animales en celo simultáneamente, presencia o no
del macho, ocurrencia de lluvias y tormentas, etc.
¿Cómo se distribuye el celo a lo largo del día?
Las
actividades de monta/pasividad se producen más frecuente e intensamente entre
las 18 y las 6 hs (Figura 3).
Esta
mayor actividad en las horas de la noche no parece obedecer a una razón
vinculada a la fisiología reproductiva, sino más bien a cuestiones de
manejo. Las rutinas durante el día
incrementan las manifestaciones durante la noche.
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