Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria,
Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República
Argentina
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Maarten
Drost. 2000. Univ. de Florida, Gainsville, Florida. Hereford 64(622):57-59.
En el
momento del parto, el feto atraviesa cambios fisiológicos enormes luego de su
vida intrauterina relativamente pasiva. De su entorno acuático y protegido, con
una temperatura controlada, se lo fuerza a través de un angosto canal de parto
para salir a un ambiente hostil. Con el
objeto de asegurar su oxigenación continua, repentinamente debe comenzar a
respirar. Se producen profundas modificaciones
circulatorias y digestivas y el neonato debe afrontar una innumerable cantidad
de desafíos antigénicos.
El
veterinario que asiste un parto debe reducir al mínimo las influencias adversas
que amenazan al ternero e incrementar sus defensas.
El
pasaje demorado a través del canal de parto a la luz de una placenta que
presenta problemas compromete la oxigenación del ternero. Si bien el animal
puede respirar tan pronto como la nariz pasa a través de los labios, la
expansión del tórax se ve restringida por lo angosto del canal de parto. Esta situación se agrava enormemente cuando
se aplica tracción forzada continua. En
cuanto la cabeza atraviesa los labios de la vulva, se debe interrumpir la
extracción, eliminar las mucosidades de las fosas nasales y aplicar agua fría
en la cabeza del ternero.
Nuevamente,
cuando el ternero ha salido por completo, lo primero que debe hacerse es
concentrar la atención en dar inicio a la respiración. Deben eliminarse las mucosidades y los
fluidos fetales de la nariz y de la boca mediante presión externa de los
pulgares a lo largo del puente nasal y de los demás dedos en el espacio
intermandibular, deslizándolos desde los ojos hasta el hocico. Si el ternero no comienza a respirar por su
cuenta, se lo puede suspender tomándolo de las patas traseras con la cabeza
dirigida hacia el suelo. Luego, se debe
expulsar el exceso de mucosidad y de líquido amniótico de las vías
respiratorias aplicando una presión bilateral suave con las manos ubicadas en
el tórax, desde los arcos de las costillas hacia el cuello. Esto se hace una vez y con firmeza. Las vías respiratorias se limpian con mayor
efectividad por medio de aspiración.
La
respiración se estimula a partir de muchos factores, pero únicamente la ventilación
de los pulmones, el enfriamiento y determinadas drogas nos permiten asistir al
ternero de forma inmediata. El mejor
estímulo para la respiración es la ventilación de los pulmones. El enfriamiento es un estímulo respiratorio
importante que puede realizarse simplemente arrojando agua fría sobre la cabeza
del ternero. Si se frota con rapidez la
piel o si se limpia suavemente la mucosa nasal con ayuda de un trozo de paja,
también pueden obtenerse buenos resultados.
El nervio frénico puede estimularse con un golpe seco en el tórax
levemente dorsocaudal del lugar en el que pueden escucharse las palpitaciones
cardíacas.
Se
dispone de diversas drogas para estimular la respiración (clorhidrato de
doxapram, niquetamida, pentilenetetrazol).
La administración de estos productos por lo general hace que el ternero
realice varias respiraciones profundas.
Puesto que cada inspiración constituye un estímulo para la siguiente,
estos agentes pueden lograr un efecto favorable. No debe olvidarse que estos estimuladores de la respiración son
de corta actuación, con un efecto temporario de 5 a 10 minutos.
La
ventilación forzada conlleva el riesgo inherente de ocasionar neumotórax cuando
la fuerza del aire que se introduce en los pulmones es excesiva. La resistencia de los pulmones, que hasta el
momento han sido atelectásicos, es mucho mayor que la del abomaso, con el
consiguiente resultado de que la mayor parte del aire termina en el estómago. La intubación endotraqueal elimina este
problema, pero el emplazamiento de la intubación requiere cierto grado de
destreza. El empleo de mezclas de aire
rico en oxígeno puede, con frecuencia, servir de ayuda en el tratamiento, pero
no puede reemplazarlo.
El
ternero está ubicado en posición de inclinación lateral y la boca y las fosas
nasales se limpian de mucosidades. Un
ayudante le mantiene abierta la boca y extiende la lengua del animal para
permitir que el aire fluya libremente.
Estando arrodillado detrás del ternero, el veterinario emplea una mano
para asir el húmero del miembro inferior y la otra mano la ubica ejerciendo una
leve presión por debajo de la última costilla.
Luego, se eleva la pared del tórax levantando la pata delantera y el
arco de las costillas hasta que el ternero se encuentre prácticamente
suspendido en el aire. Esto permite
expandir el tórax. Durante un breve
período, se les da a los pulmones la oportunidad de expandirse. La primera expansión es lenta porque los
pulmones aún están atelectásicos.
Luego, se comprimen las paredes torácicas con las palmas de las
manos. Estos movimientos se repiten
aproximadamente cada cinco segundos, colocando el énfasis en la inspiración.
Como
regla general, no se escuchará ningún sonido respiratorio hasta haber realizado
varios movimientos de resucitación. Al
comienzo, a medida que los pulmones comienzan a expandirse, el ternero aspirará
muy poco aire. Este tratamiento debe
realizarse durante 15 minutos, a la vez que se utilizan otros métodos para
estimular la respiración, tales como agua fría o drogas. Cuando, luego de algunos minutos, se
producen los movimientos respiratorios espontáneos, se les brinda apoyo de
inmediato, luego de lo cual se continua con el ritmo de la respiración
artificial.
La
principal ventaja de esta intervención rápida consiste en que a los pulmones se
les suministra oxígeno de inmediato.
Además, se masajea el corazón y se ejerce una acción de bombeo en las
grandes arterias del corazón, estimulando así la circulación.
Luego
de que la frecuencia y la profundidad de la respiración espontánea hayan
alcanzado un nivel adecuado, se seca al ternero, frotándolo con rapidez. Se coloca al animal boca abajo con las patas
delanteras extendidas y separadas y con las patas traseras en posición de perro
sentado, extendidas a lo largo del cuerpo.
Esto facilita la expansión del tórax.
Se puede colocar un puñado de paja en ambas axilas para evitar que el
ternero, si es débil, se caiga.
La
asfixia neonatal es la consecuencia de un intercambio inadecuado de gases entre
la circulación materna y fetal durante el parto, ocasionado por desprendimiento
de la placenta. La captación de oxígeno
y la liberación de dióxido de carbono son insuficientes y conducen a una
acidosis respiratoria. Gradualmente,
también se desarrolla una acidosis metabólica, como resultado de la acumulación
de productos ácidos del metabolismo originados en la conversión anaeróbica de
grasa. Una acidosis grave genera
depresión central y contracción de las arteriolas, que, a su vez, ocasionan un
abrupto descenso de la circulación pulmonar.
Según
cual sea el grado de la hipoxia que se presente inmediatamente después del
parto, habrá presencia de disnea, por lo que el ritmo respiratorio será muy
lento o estará ausente por completo, el tono muscular será flácido, los
reflejos se verán disminuidos o estarán ausentes y el pulso podrá llegar a ser
inferior a 100 pulsaciones por minuto.
El pronóstico empeora ante la ausencia progresiva de reflejos en el
reflejo pedal del miembro trasero, en el reflejo pedal del miembro delantero,
en el reflejo de deglución y en el reflejo corneal.
La
presencia de una cabeza edematosa y de una lengua hinchada y cianótica puede
deberse al encaje de la cabeza en el canal de parto, de naturaleza local. El tratamiento debe dirigirse a establecer
la ventilación, corregir la acidosis y mejorar la circulación.
Una
acidosis aguda mejora rápidamente por medio de una ventilación adecuada. La acidosis metabólica puede corregirse con
una inyección intravenosa lenta de 4 a 5 gramos de solución de bicarbonato de
sodio en 50 ml de agua esterilizada o con un 5% de solución de dextrosa.
Una vez
iniciada la respiración, se desinfecta el cordón umbilical y se lo seca por inmersión
en una taza con tintura de yodo. Se
examina al ternero en busca de fisuras en el paladar, tendones contraídos u
otros defectos congénitos.
Se debe
mantener al ternero recién nacido en un entorno libre de corrientes a una
temperatura de 15º C y con un nivel de humedad del 70%. Es importante que el ternero reciba dos
litros (el 5% de su peso corporal) de calostro de su madre inmediatamente
después de su nacimiento.
Ver también: Cría > 21 Parto y ayuda en el parto
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