Director: Guillermo Alejandro Bavera,
Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto,
Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
Volver a: Principal > Cría: Destete
R. L. Piccinali* y A. R. Monje*. 2000. Veterinaria Argentina, 17(164):257-261.
*Técnicos de la E.E.A. INTA Concepción del Uruguay, Entre
Ríos, Argentina.
Con el propósito de comprobar si la
presentación de celo posterior al destete y la fertilidad del mismo eran
influenciadas por el tiempo transcurrido entre el parto y el destete precoz, se
diseñó una experiencia sobre dos lotes de hembras
multíparas de raza Hereford. El L1 (n=21) fue destetado a los 60
días de lactancia, mientras que el L2 (n= 15), lo fue a los 30
días. Ambos tratamientos recibieron servicio natural con toros provistos
de bozales marcadores durante 60 días a partir del destete y a la
totalidad de las vacas se les extrajo sangre dos veces por semana durante el
período experimental para evaluar la actividad ovárica mediante
dosaje de progesterona. Las hembras de L1 recibieron servicio en los primeros
13,5 ± 5,91 días mientras que las de L2 lo hicieron en 11,3
± 7 días (P>0,05). Cinco hembras de Ll y 9 de L2 (P<0,05)
volvieron a recibir por lo menos un servicio durante los primeros 53
días. Las determinaciones de progesterona mostraron que 2 de las 5
repetidoras de Ll y 4 de las 9 de L2 (P>0,05) habían presentado
ciclos estrales cortos. Ambos lotes perdieron peso durante la experiencia (Ll =
20,6 ±
Palabras clave: Celo; posterior a destete; fertilidad; ciclos estrales.
Se han publicado varios
trabajos sobre las ventajas que se producen al destetar terneros precozmente,
en cuanto a lo que representa dicha técnica en la performance de
terneros comparada en términos de eficiencia de conversión de
alimento con destetes a los 4 ó 7 meses de edad (Hofer et al. 1984 y 1991 Hofer y Galli, 1991; Monje et
al,
La mayoría de los
trabajos citados, hacen referencia a aspectos productivos del manejo de los
terneros en condiciones de destete precoz, mientras que sólo alguno
evalúa la eficiencia reproductiva del vientre bajo estas condiciones, si
bien ha quedado establecido la ventaja que representa en términos de
porcentaje de preñez realizar el servicio sin ternero al pie (Galli,
1995), pese a lo cual, son pocos los trabajos que evalúan el tema del
comportamiento reproductivo de las vacas destetadas precozmente.
En categorías
particulares (vaquillas) es reconocido el mayor período de días
abiertos con respecto a las hembras adultas, sin embargo, en condiciones
fisiológicas, es esperable que una vaca sana reinicie sus ciclos
reproductivos post puerperales dentro de los 45 días post parto (Hafez,
1962) de tal forma que en las condiciones citadas una hembra debería
reiniciar sus celos fértiles y quedar preñada poco tiempo
después del destete de 60 días de edad, ya que no
existirían circunstancias de índole alimentaría ni efecto
ternero que lo condicionen.
El objetivo del presente
trabajo, fue evaluar el comportamiento reproductivo de las hembras sometidas a
dos tratamientos de destete precoz.
El trabajo se desarrolló en el E.E.A INTA
Concepción de¡ Uruguay, sobre un lote (n=21) de hembras Hereford,
destetadas precozmente a los 60 días post parto (L1) y sobre otro lote
similar (n= 15) destetadas en promedio a los 30 días del parto (L2). El
experimento dio comienzo inmediatamente después del destete. L1 fue
destetado el 3 de abril de 1997, mientras
que L2 recibió tratamiento similar el 22 del mismo mes.
Después del destete, ambos grupos
permanecieron en condiciones de campo natural, con similar disponibilidad
forrajera. Se colocaron dos toros sanos y sexualmente aptos, provistos de
bozales marcadores, durante 60 días en cada lote.
Dos veces a la semana (martes y viernes) durante el
citado período se juntaron los vientres, se observaron las marcas
eventualmente atribuibles al servicio y se obtuvieron muestras de sangre con
heparina por punción de la vena yugular para determinaciones de progesterona
(P4), considerándose como animal en celo, aquel que presentara
concentraciones de P4 inferiores a 0,5 ng/ml (Taylor y Rajamenhedran, 1991). Se
registró el peso de los vientres de manera semanal. Las muestras de
sangre fueron centrifugadas a
Se compararon los hallazgos de las marcas entre
lotes de vacas mediante una tabla de contingencias para variables
categóricas, mientras que las determinaciones hormonales, los pesos de
los animales, la variación de los mismos y los períodos en
días que mediaron entre los eventos evaluados (parto, destete, momento
del celo y fecha de parto posterior a la experiencia) se evaluaron mediante un
test T de comparación de medias (Daniel, 1987).
La totalidad de las hembras recibió servicio
(identificado por marcas de los bozales de los toros) durante los primeros 57
días del experimento. Cinco de los 21 animales del L1 (23,8 %) fueron
identificados en celo por los toros en más de una oportunidad durante el
período. En las mismas circunstancias fueron remarcadas 9 de los 15
animales del L2 (60 %). Dichas diferencias resultaron ser estadísticamente
significativas (P<0,05).
En promedio, el L1 recibió servicio
(marcaciones de los bozales) a los 13,5 + 5,91 días mientras que L2 lo
hizo en 11,3 ± 7 días (P>0,05).
El examen de no retorno al celo demostró que
el comportamiento de los dos lotes no fue diferente (P<0,05).
En el L1 de 5 vacas que repitieron servicio en
más de una ocasión durante los primeros 57 días de
servicio dos de ellas tuvieron una repetición, mientras que las tres
restantes lo hicieron en dos oportunidades. El perfil hormonal de las hembras
repetidoras indicó, que tres de ellas habían sido marcadas pese a
tener en el momento referido altos valores de P4 (es decir que no estaban en
celo) mientras que las otras dos presentaron celos verdaderos adecuadamente
identificados, pese a que el ciclo estral fuera más corto de lo normal
(14 y 18 días respectivamente).
En el L2 de las 9 vacas que fueron marcadas
más de una vez, 4 lo fueron dos veces, 4 lo fueron 3 veces mientras que
una fue marcada con pintura de bozales en cuatro oportunidades diferentes.
Cinco de estos animales demostraron no tener una baja concentración de
P4 en los días previos a la identificación (no estuvieron en
celo). De los 4 restantes, 3 presentaron uno o más ciclos estrales
cortos (entre 7 y 18 días) adecuadamente identificados por los toros,
mientras que el restante presentó un celo silencioso. En definitiva, los
toros identificaron adecuadamente 14 de los 15 celos de las hembras que
repitieron servicio (93 %); mientras que seis vientres recibieron marcas de
servicio en presencia de concentraciones de P4 inapropiadas para la
presentación de celo.
No pudieron establecerse asociaciones entre el
estado hormonal de las hembras repetidoras y su condición de tales: sin
embargo no existieron diferencias significativas entre las vacas que repitieron
servicio en el L1 y en el L2 hormonalmente hablando (P>0,05).
El L1 presentó un peso promedio de 461
±
Parieron 18 de las 21 hembras de L1 (85,7%),
mientras que lo hicieron 14 de las 15 (93.3) de L2 (P>0,05). El intervalo:
fecha de la 1ª marcación del toro fecha del parto, resultó
de 286,65 ± 5,76 días para L1 y 292 ± 13,62 días
para L2 (P>0,05). La totalidad de L1 y 11 hembras de L2 parieron dentro de
los primeros 30 días de la temporada de partos (P<0,05). El intervalo
inter-parto para L1 fue entonces de 357 ± 7,36 días mientras que
para L2 fue de 339 ± 18,8 (P<0,05).
El hecho de encontrar vacas repetidoras entre los
30 y 60 días posteriores al parto, constituye una circunstancia normal
dentro de la fisiología de la reproducción (Hafez, 1962) ya que
debe existir una onda folicular previa a la presentación de la primera
manifestación de celo, el cual puede no ser ovulatorio, o bien puede no
existir aún un adecuado ambiente uterino propicio para la
fecundación en los días posteriores a un parto fisiológico
circunstancia probada por Marion y Gier (1968) en ganado lechero.
Además, es dable esperar que el anestro puerperal pueda prolongarse
durante
La circunstancia de existir celos cortos en ambos
lotes coincide con las descripciones de Hafez (1962) quien menciona dicha
circunstancia durante el puerperio fisiológico y es coherente con los
hallazgos de Callahan et al (1971) y Mc Dugall el al (1995) quienes describen
hechos similares en ganado de leche.
La adecuada identificación del celo por
parte de los toros en 4 de los 5 animales que repitieron celo hormonal indica
que la mayoría (80 %) de las hembras presentaron celo manifiesto durante cada ovulación, mientras que
sólo una de ellas (del L2) presentó un verdadero celo silencioso.
Llama la atención la inadecuada identificación de vacas en calor
(por presentar altas concentraciones de P4) por parte de los machos; esta
circunstancia podría atribuirse a la activa conducta sexual de los
toros, quienes realizaban actividades de cortejo (que pueden manchar con
pintura) hacia hembras que no se encontraban en período receptivo.
La diferencia significativa en cuanto a
pérdida de peso en el L2, durante el período experimental,
constituye una circunstancia que debe ser revisada, ya que posiblemente haya
influenciado en el retorno de las hembras a servicio; en este sentido, Butler
et al (1981) hallaron que el balance energético post parto estaba
relacionado inversamente con las ovulaciones normales.
Mediante el presente trabajo quedó
establecido que hembras sometidas a destete precoz (entre 30 y 60 días
de edad del ternero) podían reiniciar sus ciclos estrales
fértiles a los pocos días del mismo, pese a perder hasta un 12,1 %
de su peso inicial.
La ausencia de diferencias significativas entre los
animales paridos en ambos lotes, así como en los períodos que
mediaron entre la primera marca realizada por los toros y la fecha del parto
subsiguiente, sugiere que la fertilidad de los celos de las hembras destetadas
a los 30 días del parto es equivalente a los de las desteladas con 60
días. Las diferencias encontradas en la cantidad de partos producidos
dentro de los primeros 30 días de la temporada en favor de las hembras
destetadas con 60 días de lactancia, se vería compensada en
función del menor intervalo parto-parto de las destetadas con 30
días.
En función de los hallazgos de la presente experiencia,
no constituiría una ventaja que las hembras amamanten a los productos
por períodos más prolongados de 30 días.
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