Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de
Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional
de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba,
República Argentina
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Dr. Marcos Giménez Zapiola.
La nueva ganadería se ve a veces obligada a pasar por el cuello de botella de las viejas instalaciones de trabajo, que ya no se ajustan a los requerimientos de planteos ganaderos eficientes. En muchos casos el costo del rediseño está más que compensado por los beneficios de un manejo más racional de la hacienda, y por los menores daños consecuentes del maltrato animal.
Casi siempre el campo ya tiene corrales, y se
analiza la conveniencia reconstruirlos o remozarlos. ¿Hay que usar el
lugar viejo o pensar en uno nuevo? La estancia vieja tenía razones para
ubicar los corrales y la manga en determinado lugar, pero esas razones pueden
no ser ya valederas (subdivisión, cambio de actividades y de
localización de las mismas).
En un campo de cría, la mejor
ubicación es la central, porque reduce las distancias de traslado de las
vacas con cría. No siempre esta ubicación es la más
adecuada desde otros puntos de vista (lejanía del casco,
circulación, topografía).
En un campo de invernada, la mejor
localización es cerca de la entrada y salida, y dentro de lo posible,
deben contar con báscula y embarcadero. Si los corrales de trabajo
quedan muy lejos del lugar de recepción y embarque, es conveniente
construir un segundo juego de corrales, aunque sean más pequeños,
junto al embarcadero, para no demorar el tratamiento de los terneros que
ingresan. Estos corrales secundarios también sirven para apartar
animales terminados previo al embarque. De esta forma, se evitan los arreos de
terneros de destete recién llegados o de hacienda gorda a punto de ser
vendida.
En los campos mixtos, hay que tener presente que el
uso del suelo tiende a estabilizarse. En otras palabras, los potreros
agrícolas tienden a una agricultura prolongada, sino permanente, y los
potreros ganaderos, a salir de la rotación con cultivos mediante el
rejuvenecimiento, la fertilización, la resiembra directa, la
promoción de raigrás o incluso los verdeos de siembra directa.
Muchos corrales antiguos quedan en medio de las zonas agrícolas del
campo, y hay que atravesar potreros bajo cultivo para llegar a ellos, lo que
requiere de un buen sistema de circulación del ganado.
La nueva ganadería conlleva un aumento en el
tamaño de los lotes y en la frecuencia de trabajo. Esto es muy marcado
en invernada, pero también sucede en cría. Es preciso que la
capacidad de acopio sea igual a la capacidad de aparte, es decir, tiene que
haber tanto espacio a la salida de la manga como antes de entrar a ella. Es
mucho más fácil aumentar la capacidad de encierre que la
capacidad de aparte o de salida, pues se puede adosar a los corrales un piquete
para juntar centenares de animales, pero no siempre se cuenta con el espacio
suficiente para repartirlos a medida que van saliendo de la manga.
La intensificación ganadera suele aumentar
la necesidad de apartes. Cada vez hay más categorías a manejar, y
el manejo se hace más afinado. Un rodeo de cría requiere cinco
corrales de aparte: vaca preñada, vaca vacía, ternero macho,
ternera de reposición y ternera de refugo. En invernada, los grandes
lotes de recría de varios centenares de cabezas tienden a fraccionarse a
medida que entran en terminación. Incluso la hacienda terminada tiene
mercados cada vez más específicos, y es necesario apartar
distintas categorías de gordo según los requerimientos de
supermercados, matarifes o exportadores, por ejemplo.
Conviene que la balanza esté en línea
con la manga, para poder apartar a la salida de ésta los animales
terminados según peso, además de los animales no terminados. Dos
corrales pueden ser insuficientes, y obligar a nuevas pasadas por todo el
proceso (encierro, toril, manga, balanza). Los corrales de salida de la balanza
deben ser suficientemente holgados para que el animal, que suele estar
estresado, no busque saltar el cerco o la tranquera en su afán de salir
del encierro.
Si los corrales son también para embarque y
desembarque, conviene contar con una balanza colectiva previa a la rampa, que
permita pesar rápidamente la hacienda que entra y que sale del campo.
Así como aparecen nuevas necesidades, hay
otras que caen en desuso, como los baños, que van perdiendo
funcionalidad. A veces, son un estorbo, pues obligan a apartar hacia corrales
laterales en vez de hacerlo al final del pasillo.
Es un tema fundamental, que a veces se complica por
seguir criterios de alambrador y no de ganadero. Una manga mal orientada va a dar
trabajo toda la vida.
Numerosas mangas están orientadas hacia el
norte, pues eso aumenta su exposición a los rayos solares y prolonga su
vida útil. Es un buen criterio para la madera, pero no para la hacienda,
y por ende, para el trabajo, por una razón muy sencilla: el ganado se
resiste a avanzar a contraluz. Si la manga mira hacia el norte, se
trabajará mucho a contraluz. Si se quiere aprovechar el efecto del sol
en el secado de la manga, se la puede orientar de norte a sur.
Si los corrales previos a la manga y al toril
apuntan hacia el oeste, también habrá un efecto de
encandilamiento que será muy prolongado en los meses de verano. Estos
efectos no se resuelven con árboles, porque éstos crean un
contraste de luces y sombras que también induce a los animales a
recular. Por ello, es importante orientar los corrales de modo que los animales
no tengan problemas con las luces y sombras. Lo mismo vale para las balanzas y
los embarcaderos.
Es bueno diseñar los corrales de manera que
tengan buena circulación en más de un sentido. Si no es
así, a veces ocurre que un animal mal apartado o pasado obliga a dar una
gran vuelta a través de todos los corrales. Si es un animal cruza, es
probable que trate de saltar hacia afuera en algún momento de la
travesía. Es bueno que cada corral tenga salidas hacia adelante y hacia
atrás del proceso o flujo.
Lo mismo vale para el repaso de cualquier lote, por
ejemplo, para hacer un segundo aparte. De cualquier corral de aparte, se debe
poder volver a la manga sin tener que hacer grandes rodeos, ni menos aún
salir de los corrales.
Esta flexibilidad en la circulación permite
aprovechar un impulso natural de los animales a volver atrás. Si se
diseñan bien los corrales, se puede generar este "efecto
retorno" que hará que los animales entren al toril creyendo que van
a salir de vuelta para el potrero.
Debe haber una sucesión escalonada de
corrales, de modo que no haya que pasar del corral más grande al
más pequeño sin pasos intermedios. El ideal es ir cortando el
lote en varios lotes más chicos, y trabajar solamente a los animales del
lote de adelante. Una vez que se vacía el corral delantero, se deja
entrar al lote siguiente. Los animales captan rápidamente que la salida
va por allí, pues ven a sus congéneres ir saliendo, y salvo que
el plantel de trabajo se dedique a maltratar a los animales en la manga, los
siguientes aceptarán de buen grado avanzar en la sucesión de
encierros.
El toril no debería tener más tamaño que el necesario para llenar dos mangas, a lo sumo tres, y siempre trabajando con un 50 % de espacio libre, es decir, sin hacinar a los animales.

Es importante que los corrales no tengan bolsones,
pues donde haya un lugar para arrinconarse, los animales lo
aprovecharán.
No convienen los ángulos menores de 90º.
Incluso las curvas de ángulo recto deben ser aligeradas, o al menos, no
estar ubicadas en lugares críticos (por ejemplo, donde el ganado tenga
que doblar y enseguida entrar a un lugar más chico).
Para
moderar la tendencia de los animales a darse vuelta frente a ángulos
rectos, se pueden poner peines o embudos que limiten sus posibilidades de virar
y volver hacia atrás.
Cuando se trabaja con corrales rectos, es mejor que
sean rectangulares antes que cuadrados, siempre que se aproveche el
alargamiento para inducir el movimiento, es decir, poniendo las puertas de
entrada y salida sobre los lados cortos y no en los largos. Un corral
rectangular deja al ganado sólo dos lados hacia donde volcarse, y con
dejar la puerta abierta en uno de ellos, terminará por salir por
allí.
De todos modos, los corrales rectangulares no deben
ser tan estrechos que se conviertan en callejones. Si se quiere encerrar
hacienda, se necesitan corrales. Si se trata de circularlos, se necesitan
callejones. Pero no hay que usar los callejones para encerrar animales, pues
tienden a amontonarse, atropellarse, estresarse y lastimarse.

La forma triangular sólo es útil en el toril, huevo o corral de encierre previo a la manga. Es fundamental que uno de los lados del toril esté alineado con una pared de la manga, y que el ángulo del embudo se abra sobre la otra pared. De esta forma, los animales enfilarán sin problemas hacia la manga. El embudo tiene que tener un ángulo de alrededor de 30º, pues si es mayor, los animales tendrán espacio para frenarse y darse vuelta a la entrada de la manga, y si es menor, los animales pueden atorarse con más facilidad.

El toril o huevo no debe ser cuadrado, porque esa forma brinda al animal tres rincones para elegir, en vez de entrar a la manga por el cuarto rincón. Puede ser rectangular, con lo cual las opciones del animal se reducen a dos, pero esto exige que el personal esté capacitado para trabajar el ganado aprovechando su instinto de fuga.
Hay toriles de paredes curvas, que suelen ir
acompañados de la puerta giratoria o reloj. Esta puede facilitar el
trabajo, pero tiene el inconveniente de que alienta al personal a apretar,
apretar y apretar a la hacienda. Y esto cuesta dinero, dinero y dinero. Los
animales deben entrar a la manga sin necesidad de ejercer la violencia. Si se
los entra apretándolos, no importa mucho que la presión venga de
un caballo o de un portón. Con todo, hay diseños de puerta-reloj
que funcionan mejor que otros.

Con esta salvedad, los toriles de paredes curvas
(no redondos, sino arriñonados y terminados en ángulo de 30º
a la entrada de la manga) pueden ser muy fáciles de operar, sobre todo
si se les agrega una plataforma externa que permita trabajar desde afuera.
Si el toril tiene piso de material, es fundamental
que éste no sea resbaloso para que los animales no se lastimen ni se
asusten inútilmente.
Conviene que las mangas tengan plataforma,
planchada o andén de ambos lados, para facilitar el llenado y el trabajo.
Hay muchas tareas que pueden hacerse desde el lado del lazo sin necesidad de
ser zurdo (piojicidas, caravaneadas, pour-on).
Las plataformas no deben ser demasiado altas, para
que el personal pueda trabajar sin necesidad de estar permanentemente agachado
o colgado sobre el borde de la manga. Las mangas más cómodas para
trabajar tienen las plataformas casi a ras del suelo, lo que facilita el
movimiento y reduce el riesgo de accidentes.
Hay innovaciones de nuestros competidores de
América del Norte y Oceanía que vale la pena considerar:
♦
Manga
para terneros: se puede construir una manga para terneros paralela a la de
animales adultos, de modo que se puedan pasar las vacas separadas de los
terneros. Esta manga puede salir del mismo toril que alimenta a la manga
grande, y hay que apartar previamente a las madres de los hijos. Con este
aparte previo se evitan los terneros pisoteados, y la manga chica facilita
los tratamientos veterinarios, la marca, señalada y castración,
porque el trabajador no se ve obligado a colgarse de la manga para llegar a
ellos.
♦
Corrales
para destete: el destete a corral, ya sea precoz o en término, es
una práctica cada vez más aceptada. Conviene tener un buen
corral, de fácil acceso para el reparto de rollos o ración, agua,
y construcción adecuada para que los terneros no se escapen. Si las
madres van a quedar cerca, conviene que tenga un frente lo suficientemente
amplio como para que todas las madres e hijos entren en contacto. Si las madres
van a ir lejos, sólo hay que ocuparse de que la forma del corral sea
adecuada. Estos corrales pueden usarse también para destete temporario a
fin de estimular el estro.
Las mejoras en el manejo, en particular, el
amansamiento que se logra con el alambrado eléctrico y los cambios
frecuentes de parcela, permiten reemplazar materia dura por materia gris, es
decir, materiales por manejo.
Si se mejora la calidad del trabajo, no se
necesitan corrales a prueba de estampidas, y sólo hace falta reforzar
los puntos que sufren más presión (manga, toril y corrales de
encierro).
Se puede usar más madera en esos puntos,
pero también se puede controlar la presión del ganado mediante el
bloqueo visual. El bovino no atropella un cerco "ciego", y su
visión, que es imprecisa, no le permite distinguir si la pared que tiene
enfrente es de lapacho o de chapa acanalada en desuso; mientras parezca
sólida, la evitará y buscará la salida por otra parte. Si
se aprovechan estas limitaciones del ganado y se trabaja con inteligencia y no
a la fuerza, no hace falta tener paredes ni puertas macizas.
El maltrato y el sufrimiento de los animales, tanto
en la manga como en el toril, disminuye drásticamente si se los trabaja
con banderas. El tamaño más práctico es el de una bolsa de
polipropileno común, atada con alambre de enfardar en el extremo de una
vara o rama de no más de
El mismo sistema se puede usar para entrar animales
a la manga sin necesidad de meterse en el toril, aunque según las
medidas de éste se puede necesitar palos más largos. Conviene que
las varas sean de ramas no muy duras, al menos mientras el personal se
habitúe a trabajar con las banderas sin usarlas como garrotes o picanas.
Para esto, es bueno que el toril tenga plataformas.
Si el toril es demasiado grande, será más sencillo trabajar
dentro del mismo de a pie, también con la ayuda de estas banderas. En
ese caso, las paredes deben dar al trabajador la posibilidad de trepar en caso
de necesidad, es decir, no deben ser macizas y lisas.
La tan mentada economía del conocimiento, en
la que las ideas sustituyen a los recursos materiales, no se aplica solamente a
la informática. También vale para los corrales ganaderos.
Las mejoras en el diseño y en el uso de las instalaciones ahorran dinero porque reducen no sólo la cantidad de materiales y de trabajo, sino también las pérdidas ocasionadas por el maltrato al ganado.
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