Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
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pastoril o a campo
Med.
Vet. Juan M. Baeck. 2000. Oeste Ganadero,
2(7):2-11.
La
región centro-oeste de nuestro país, comprendida en gran parte dentro de la
zona semiárida, ha venido sufriendo un paulatino pero consistente crecimiento
en los planteos de invernada. Campos que
antes eran de cría, hoy muestran eficientes planteos de invernada, sobre la
base de una sólida cadena forrajera, basada principalmente en pasturas y
verdeos. La creciente necesidad de
alcanzar planteos de invernada corta, que permitan la venta de los animales
antes del ingreso al segundo invierno, ha hecho necesario comenzar a prestar
atención a los engordes en cada una de las etapas de la cadena de
producción. Cada estación se presenta
con sus características climáticas propias, que influyen tanto en forma directa
sobre el animal en pastoreo como en forma indirecta a través de su influencia
en la composición de las pasturas y verdeos, y en las condiciones de
suelo. Si bien el problema de la baja
eficiencia en los engordes de otoño se presenta como patrimonio de la Pampa
Húmeda, es bastante habitual encontrarnos en esta zona semiárida con que los
animales no avanzan, en esta época, como se esperaba de acuerdo a la
disponibilidad de pasturas y verdeos, tanto en calidad como en cantidad. A igual oferta de pasto las ganancias de
otoño son sensiblemente inferiores a las que hubieran alcanzado con la misma
pastura en primavera. Esto es evidente
en muchos establecimientos que utilizan planteos pastoriles sobre recursos
forrajeros de alta calidad, y donde el manejo y la sanidad están controlados. Hasta hace pocos años, pocos establecimientos
se ocupaban de hacer pesadas de control de evolución de peso de sus tropas de
animales. Generalmente se hacían y
todavía se hacen pesadas con largos períodos de intervalos, o a veces solamente
para medir inventarios para cierres de ejercicio. De esta manera se evalúan ganancias de peso de
períodos prolongados que muchas veces no permiten cuantificar estas menores
ganancias otoñales, que luego se enmascaran en las limitadas ganancias
invernales.
Esto
es sumamente importante tenerlo claro, pues es sabido que durante el invierno
no será fácil mantener altas ganancias debido a la limitante en el crecimiento
de las pasturas y verdeos. Por lo tanto,
la eficientización de los engordes otoñales será de alto impacto en el sistema
ganadero global. En verano generalmente
la combinación de calor y sequías de corta duración va a afectar no sólo la
producción sino también la calidad de los forrajes, amén de los efectos
negativos que el calor y los insectos tienen sobre el confort del animal, con
lo cual también se deprimen las ganancias de peso. Queda la primavera, donde por una combinación
favorable de clima, calidad y cantidad de forraje, y confort del animal, las
ganancias de peso se manifiestan en todo su esplendor. La salida del verano y principios de otoño
suelen ser una época de buenas precipitaciones y donde la producción de las
pasturas nos entrega el último pico de oferta forrajera de calidad. El otoño termina siendo la etapa crítica en
la cadena de invernada pues es la estación donde se produce la entrada de los
terneros jóvenes, quienes están en condiciones de poder lograr altas
eficiencias de ganancias de peso debido a su alta capacidad para deponer
tejidos (músculo y hueso), y que necesitan alcanzar altas tasas de ganancias de
peso que garanticen la potencial terminación antes del segundo invierno. Por otro lado en otoño nos encontramos con el
grueso de novillos en terminación, que deben alcanzar peso y estado para poder
ser comercializados antes de la entrada a los verdeos de invierno. Por lo tanto esta época del año pasa a ser
crítica, y aquí la eficiencia que se logre con los engordes será determinante
en el éxito del logro de los objetivos ya que aquí se ponen en juego la
eficiencia en las dos puntas de la cadena de engorde.
Por
otro lado, un buen crecimiento inicial de los terneros hasta su primer año de
vida será determinante en el tiempo total que dichos animales estarán en el
sistema. Esto es debido a que la tasa de
crecimiento del tejido muscular luego de esa edad comienza a disminuir y se
hace más caro, desde el punto de vista energético, el reemplazo de kilos de
proteína no ganados por kilos de grasa necesarios para alcanzar el estado y
peso de faena. Esto se traduce en un
mayor tiempo en alcanzar la terminación.
Es
común observar en esta época en la zona centro oeste, y especialmente en los
años húmedos como el actual un "endurecimiento" en la terminación de
los novillos punta, así como un "purgamiento" de los terneros
ingresados, que se "lavan" rápidamente de la grasa que traían del pie
de la madre. Esto es manifiesto en la
Pampa Húmeda, y no todos los años en la zona semiárida. Es obvio que la cantidad de días nublados,
con lluvias o lloviznas, y con alto rocío, son superiores en la primer región,
factores que inciden tremendamente a la hora de transformarse el pasto en
carne. Sin duda que el clima es el
determinante de estas variaciones entre años.
El comienzo del otoño, estación que no siempre coincide con el
calendario y generalmente resulta difícil poder determinar su duración e
intensidad, y más aún los cambios que este produce en el forraje y en el
animal, que se manifiestan en menores ganancias de otoño con respecto a la
primavera. Además muchas veces el
problema de los engordes otoñales se confunde con la escasez de forraje del
invierno, especialmente cuando los intervalos entre pesada de animales son muy
largos (60 días). Así no siempre es
fácil determinar si los resultados obtenidos corresponden a la falta de calidad
nutricional de las pasturas/verdeos de otoño, o a la caída de oferta forrajera
de invierno, debido a la falta de humedad en el suelo y al frío. De esta manera es común observar variaciones
en la composición nutricional de las pasturas, que se reflejan en el aspecto de
la bosta, en el aspecto del animal, y en la balanza, situación que puede
iniciarse tan tempranamente como febrero-marzo, dependiendo de la cantidad de
días nublados, lluvias, humedad ambiente, y temperaturas. Los aumentos de peso otoñales obtenidos en un
mismo establecimiento y sin una disminución marcada en la oferta de forraje en
distintos años pueden ser tan variables como
No
hay mucho que agregar con respecto al impacto de la tasa de crecimiento de los
terneros en la duración del período total de engorde. Todos sabemos que llegar a la primavera, que
coincide en promedio con el año de edad de los terneros, con 20-
Los
problemas de engordes en otoño son más acentuados cuanto mayor sea la calidad
de las pasturas/verdeos utilizados. Es
común la manifestación sobre pasturas de alfalfa de alta calidad en los meses de
marzo-abril, especialmente en años de otoños lluviosos, y en los verdeos de
invierno tempranos, que aún no se sazonan por efecto de las heladas.
Ante
consumos y calidades similares de forrajes de otoño y primavera, el de otoño
producirá una menor retención de tejidos en el animal. Esta situación obviamente se agrava si en el
otoño no se alcanza el consumo potencial del animal.
Muchos
son los factores que afectan las ganancias de peso en otoño, a saber:
1) Factores
climáticos que afectan la calidad de la oferta forrajera (causas
nutricionales):
Lluvias.
Días nublados.
Acortamiento de días (fotoperiodo).
Disminución de la temperatura.
2) Factores
climáticos que afectan el metabolismo del animal:
Variaciones de temperatura
Fotoperíodo
3) Factores
sanitarios que afectan al animal:
Parasitosis
Estrés destete
En
este artículo trataremos de desarrollar en forma rápida las causas
nutricionales y los cambios inducidos en el metabolismo animal, que explican
desde estos enfoques los problemas de las bajas ganancias de peso otoñales.
1)
Causas nutricionales:
Uno
de los factores nutricionales que influyen sobre la ganancia de peso es la
composición química del forraje. Resulta
importante destacar que los análisis químicos que usualmente se hacen de las
pasturas y/o verdeos de invierno (digestibilidad, energía, proteína bruta,
fibra), no permiten encontrar grandes diferencias entre forrajes de otoño y
forrajes de primavera. Esto podría
llevar a errores en la predicción de ganancias si nos guiáramos sólo por los mismos,
ya que el uso de unos y otros resulta en diferencias sustanciales de eficiencia
de transformación en carne. Análisis más
completos de la composición química permiten arribar a conclusiones que
explican parte de la diferencia del uso de unos y otros (fig. 1 y cuadro 2).
Gráfico 1.- Relación
entre contenido de MS del forraje y el consumo (Vèrité
y Journet, 1970).

Cuadro 2.-
Composición química del forraje de avena en distintas épocas del año.

Dentro
de las características más marcadas de la composición de los forrajes otoñales
podemos citar como más importantes, sin precisar orden:
a)
Bajo nivel de materia seca (MS):
Aunque
no existan restricciones en la disponibilidad de forraje, existirían otras causas
que podrían disminuir la cantidad consumida por el animal. Una de ellas es el bajo % de MS que estos
forrajes tienen en esta época, a lo cual se le suma el alto nivel de rocío
(agua externa) que caracteriza esta época (gráfico 1). Esta disminución de consumo puede deberse a
una disminución de la palatabilidad y de la aceptabilidad del forraje producida
por el alto nivel de humedad, a través de una disminución del tamaño del
bocado, o por una disminución en el tiempo total de consumo. A esto se suma una restricción en el espacio
físico (efecto llenado) por la mayor cantidad de agua intracelular, que ocupa
espacio ruminal al menos hasta que se produce la ruptura celular. Los bajos consumos de materia seca obtenido
con forrajes aguachentos son los responsables del aporte limitado de nutrientes
que recibe el animal. El exceso de
humedad del forraje otoñal es responsable también de la disminución de
secreción de saliva que se produce con el consumo del mismo. Esto a su vez
puede modificar el aporte de buffers ruminales y el tiempo de rumia, lo cual
modifica el entorno ruminal, afectando la tasa de digestión de los alimentos.
b)
Exceso proteína bruta:
de
alta degradabilidad ruminal (80-90%) y alto nivel de NNP (bajo nivel de
proteína verdadera) (cuadro Nº 2). El
producto final de la digestión ruminal de la proteína es el nitrógeno amoniacal
(N-NH3), el cual es captado por las bacterias ruminales y transformado en
proteína bacteriana. Para ello es
necesario el aporte de energía disponible a nivel del rumen. El exceso de N-NH3 se difunde a través de las
paredes del rumen y es transportado al hígado por la circulación portal, donde
se metaboliza a urea que es excretada por orina, o reciclada al rumen vía
saliva. Es importante destacar que el
amoníaco es tóxico para el animal, por lo que la metabolización hepática a urea
actúa como un mecanismo de detoxificación, que tiene un alto requerimiento
energético. Por lo tanto este proceso consume energía que no se destina así a
deposición de tejido, lo que incrementa sensiblemente el costo energético de
mantenimiento del animal. Los altos
niveles de proteína en los forrajes de otoño, así como la alta degradabilidad
de dicha proteína determinan una extensiva digestión en el rumen, provocando
elevadas concentraciones de N-NH3, pudiendo exceder en el caso de las
leguminosas los 40 mg/100 ml de líquido ruminal (Rearte et al, 1989). El límite de N-NH3 en líquido ruminal, por
encima del cual no aumenta la síntesis bacteriana, es de 5 mg/100 ml. Si la producción de amoníaco ruminal supera
la capacidad de detoxificación hepática el resultado es un cuadro de
intoxicación subclínica o incluso clínica.
Las pérdidas de N2 en rumen significan un menor aporte de proteína en el
duodeno, lo cual reduce la disponibilidad de aminoácidos en relación a la
cantidad de proteína consumida. Esto
genera un déficit de proteína para el animal, especialmente en categorías de
elevados requerimientos como terneros de destete y novillitos de hasta 14-16
meses de edad, que están en plena etapa de crecimiento . Debido al elevado
contenido de proteína de los forrajes de otoño y a su elevada digestibilidad,
el consumo de proteína en este período es superior (casi el doble) al que se
consigue con forrajes de primavera. Pero
debido a la ineficiencia con que esta proteína es digerida en el rumen, en el
período otoñal, la cantidad absorbida por el animal (proteína verdadera que
llega a intestino) es similar a la absorbida, con la misma pastura, en
primavera (gráfico Nº 3).
Gráfico 3.- Proteína
Bruta Consumida, Proteína Bruta Absorbida y relación entre ambas
en animales
consumiendo avena en distintas épocas.

La
mayor pérdida de proteína en otoño es coincidente con la mayor concentración de
N-NH3 en esta época. Estos excesos
amoniacales son importantes pues deprimen metabólicamente la eficiencia
productiva del animal. Los resultados
obtenidos en INTA EEA Balcarce indican que cuando el nivel de proteína bruta en
el forraje consumido supera el 14-15% , la concentración de amoníaco comienza a
elevarse en forma sustancial (Elizalde y Santini, 1992). La fertilización nitrogenada de verdeos de
invierno en suelos con bajo nivel de materia orgánica, produce una importante
respuesta en producción de forraje, con una mejora en los niveles de proteína y
de NNP (rápida captación de N2), y una disminución marcada de los niveles de
hidratos de carbono solubles. Esta
respuesta dependerá de los niveles de fertilización utilizada. A mayor nivel de fertilización nitrogenada,
la cantidad de NNP en el contenido total de proteína bruta del forraje es
mayor, con lo que tenderá a agravarse el desbalance ruminal entre PB:CHS. Si este desbalance es alto, el exceso de
amoníaco será importante. Por lo tanto
en situaciones extremas los animales pueden incluso perder peso debido a
movilización de tejido graso de reserva.
c)
Bajo nivel de H. de C. Solubles (CHS):
La
importancia de los carbohidratos solubles radica en los efectos que estos
producen sobre el proceso de fermentación en el rumen. En estos procesos de fermentación es donde el
rumiante obtiene más del 70 %
de la energía digestible para el mantenimiento y la producción , y del 70 al 80 % de la proteína que arriba
al intestino en condiciones normales de alimentación. Los H de C tanto estructurales (hemicelulosa,
celulosa, pectinas) como no estructurales (carbohidratos solubles del forraje
(ej. glucosa, fructosa, sucrosa, oligosacáridos y pentosanos, almidones) se
degradan en el rumen produciendo energía (utilizada por las bacterias para su
propio crecimiento) y ácidos grasos volátiles (acético, propiónico y butírico),
que luego de absorbidos por la pared ruminal son utilizados en el metabolismo
animal. El ácido acético es utilizado
como fuente de energía para la síntesis de grasa corporal. El ácido propiónico
es utilizado para producir glucosa en el hígado, la cual se destina
posteriormente a energía o a la síntesis de grasa corporal. Un mayor consumo de H de C solubles está
asociado con una mayor producción y concentración de propiónico en el rumen y
por ende una mayor provisión de glucosa para el animal. Según Orskov, para lograr la mayor eficiencia
en la ganancia de peso, la relación acético:propiónico en el rumen debe ser = o
menor que 3:1. Con un bajo nivel de H de
C Solubles (CHS) existiría un aumento de ac. acético absorbido en relación al
propiónico (alta rel. Ac:Pr), lo cual
tiene un efecto directo sobre los procesos de síntesis de tejido en el animal
(cuadros Nº 4 y 5).
Cuadro 4.-
Proporciones de ácidos grasos volátiles, relación acético:propiónico (Ac:Pr) y
concentración de amoníaco
(N-NH3) en el rumen
de animales alimentados con forraje fresco de avena en distintas épocas del año

Cuadro 5.- Producción
de ácidos grasos volátiles en rumen con forraje de otoño y de primavera
y eficiencia de
conversión de la energía dirigida.

Una
disminución en la absorción de ac. propiónico disminuye la cantidad de grasa y
de proteínas retenidas, o sea disminuye la deposición de carne. Este efecto se debe tanto a una reducción del
aporte de glucosa como a un cambio en el balance hormonal, principalmente una
disminución en la concentración de insulina.
El
nivel de H de C solubles en el forraje varía entre 2-50 % de la materia seca de
acuerdo a la Sp. y condiciones de clima y suelo.
Durante
el otoño, debido a una disminución en las horas de luz del día (fotoperíodo
negativo), el nivel de CHS de las plantas disminuye marcadamente. Esto produce una alteración en los parámetros
de producción y absorción de propiónico que, al ser precursor de la grasa
corporal y de la retención proteica, hace que tanto la terminación de animales
(engrasamiento), como el crecimiento de terneros, se vea demorado. Esta menor absorción de propiónico, sumado a
las mayores pérdidas de N2, y a las alteraciones hormonales que esto genera,
son las causas de una menor eficiencia en el aprovechamiento de los forrajes de
otoño.
En
el forraje de primavera el nivel de H de C solubles es 4-5 veces más alto que
en otoño (gráfico Nº 6).
Gráfico 6.- Consumo
de carbohidratos y proteínas solubles en animales
que consumieron avena
en distintas épocas del año

Un
mayor contenido de CHS y una relación PB:CHS más estrecha genera una mayor
eficiencia de fermentación ruminal, con mayor producción de AGV y una relación
acético:propiónico más favorable para la deposición de tejidos. Por lo tanto, el nivel de CHS es de alto
valor en la predicción de la eficiencia de transformación de forraje en
ganancia de peso. En primavera el mayor
consumo de HCS genera una mayor proporción de ácido propiónico. Por lo tanto, la relación acético:propiónico
es más favorable para la ganancia de peso en la primavera respecto del otoño.
d)
Bajos niveles de fibra:
que
además de generar patrones diferenciados de fermentación ruminal influye sobre
el tiempo total de rumia, la cantidad de saliva producida, y finalmente en el
desarrollo de un pH ruminal más ácido, que atenta contra la digestión de la
fibra.
e) Desequilibrio en la composición
mineral:
Esto
es altos niveles de potasio. El potasio
en exceso bloquea la absorción de Cobre y de Magnesio, aumenta los
requerimientos de hierro (por disminución de la enzima glutatión peroxidasa),
afecta la concentración celular de sodio, y disminuye la disponibilidad de
manganeso. Además de los desequilibrios
minerales propios del forraje de otoño, se suman las alteraciones en la
absorción de algunos de ellos, producto de las interacciones de los mismos con
los excesos amoniacales. Estos
precipitan y disminuyen la biodisponibilidad principalmente de cationes como el
magnesio, cobre y zinc. Es importante
destacar la predisposición de los forrajes otoñales, especialmente las
gramíneas, a generar cuadros de hipomagnesemias. Esto es producto de los bajos tenores de
magnesio en su composición, de los bajos niveles de energía de que dispone el
animal, de los efectos antagónicos en su absorción, dados por el exceso de
potasio y los excesos de NNP, y dados también por la presencia de compuestos
antagónicos específicos de algunas especies como por ej. el agropiro (ácido
transaconítico). Estos factores
hipomagnesémicos actúan combinándose con los factores climáticos directos sobre
el animal (stress térmicos), de manejo (arreos, encierres prolongados), para
desencadenar cuadros de carencia subclínicas o clínicas que afectan la producción
e incluso la vida de los animales.
A
modo de complemento a lo anteriormente citado podemos agregar también, que los
forrajes de otoño tienen un rendimiento en PB y AA digestibles totales 45-65 %
más alto que los de primavera, con un nivel de H. de C. Solubles 50-70 %
inferior a los de primavera. Los
forrajes de primavera permiten una ganancia neta de AA mayor que los de otoño
debido al menor contenido de N2 soluble de la proteína de estos pastos, lo que
se transforma en menor consumo de NNR. Esto conforma una mejor relación N2
soluble: proteína verdadera, que en primavera es de 1,4 vs. 0,9 en otoño
(cuadro Nº 7).
Cuadro 7.- CHS, PB y
relación PB:CHS del forraje producido en primavera (P) y otoño (O).

Además
el mayor nivel de proteína verdadera del forraje primaveral permite que una
mayor cantidad de proteína verdadera escape a la degradación ruminal y llegue
al intestino para su digestión. Si a
esto le agregamos el marcado nivel superior de H. de C. solubles en forrajes de
primavera, que permite por un lado una mayor eficiencia de formación de
proteína bacteriana, y por otro un buen nivel de formación de ácido propiónico
(precursor de glucosa y posteriormente grasa corporal), será fácil entender la
diferencia de eficiencia de transformación en carne alcanzada por las pasturas
de una y otra estación. La principal
diferencia entre ambos forrajes es la eficiencia de utilización de la EM de los
forrajes de otoño. La eficiencia de
utilización de la energía obtenida con heno de gramíneas otoñales en ovinos fue
de 45 % vs. 57 % de eficiencia con heno de gramínea primaveral. Esta diferencia
se atribuyó principalmente a la falta de precursores glugénicos dado por el
desbalance en la producción de acetato, propionato y el flujo de aminoácidos a
intestino.
Desde
el punto de vista de la ecología ruminal, la característica de la composición
de los verdeos y/o pasturas de otoño determina la disminución de pH ruminal
(bajo nivel de fibra con la consiguiente baja producción de saliva). Esto hace que parte del amoníaco se
transforme a ion amonio (NH4+), que no se absorbe por la pared ruminal. Esto explicaría el porqué no habría mayores
problemas de intoxicaciones clínicas con forrajes en esta época. Además con bajos pH ruminales disminuye la
actividad de la flora celulolítica, disminuyendo así la digestión de la
fibra. Esto genera una disminución en la
tasa de pasaje ruminal del forraje, con la consecuente caída en la tasa de
consumo.
Resumiendo,
podemos decir que estas diferencias entre el forraje otoñal y el primaveral
produce un desbalance de nutrientes a nivel ruminal (exceso de N2, déficit H.
de C. no estructurales, exceso de agua, etc.) que afectan el tipo y la cantidad
de metabolitos disponibles para el rumiante, y el balance hormonal del animal. De todas estas características en la
composición química del forraje otoñal, puede desprenderse parte de la
explicación de la caída de eficiencia obtenida con el uso de forrajes en otoño
vs. la primavera.
Como
comentario final debemos agregar que la alteración en el metabolismo proteico,
que afecta la síntesis proteica, sumado a la intoxicación metabólica producto
de los excesos amoniacales y las consecuencias metabólicas que ello genera, más
las limitaciones en la absorción de minerales claves como el cobre y el zinc,
producen una disminución marcada de la capacidad de respuesta inmune del
animal. Esto provoca una caída
importante de la resistencia a enfermedades infecciosas, que es bastante
característico en esta época, especialmente en terneros destetados recientemente,
que se manifiesta en cuadros de queratoconjuntivitis o en cuadros
respiratorios. Las parasitosis no hacen
más que complicar esta situación de debilidad inmunitaria.
2)
Factores climáticos que afectan el metabolismo del animal.
Los
cambios cismáticos y en la duración del día que se producen a medida que
termina el verano y se avanza hacia el otoño invierno, no sólo afectan la
composición de los pastos sino que inciden directamente sobre el animal,
modificando su metabolismo.
La
disminución del fotoperíodo y la alternancia de frío y calor moderado propio de
esta época, actúan como estímulos indicadores para los cambios hormonales que
regulan el metabolismo y la eficiencia de conversión del alimento en carne. El animal va ajustando los mecanismos de
adaptación al frío que se aproxima. La
exposición del animal al frío moderado (5º C) provoca como respuesta una
disminución en la concentración de insulina y a veces también de la hormona de
crecimiento (STH), un aumento en la concentración de glucagón, un aumento en la
concentración de glucocorticoides y un aumento de la hormona tiroidea. Todo esto genera importantes cambios en el
metabolismo animal con un importante aumento del consumo de oxígeno, y un
aumento de oxidación de glucosa en músculo.
Esto implica un aumento en los requerimientos energéticos, una mayor
demanda de H. de C. solubles y de Proteína by-pass.
La
disminución del fotoperíodo provoca una disminución en la secreción de
prolactina y un aumento en secreción de melatonina. La consecuencia de la primera es una
disminución del 10-15% en la ganancia de peso vivo. La consecuencia de lo segundo es el aumento
de retención de tejido graso, principalmente en el subcutáneo. Estos mecanismos no hacen otra cosa que
mejorar la aislación térmica y aumentar las reservas energéticas para el
invierno. Todo esto funciona como un
mecanismo de ajuste metabólico, donde se incrementa el catabolismo proteico y
del tejido graso, lo cual aumenta el sustrato para la termogénesis. El frío crónico produce un aumento de la tasa
metabólica, lo cual trae como consecuencia un aumento en el costo energético de
mantenimiento, que es del orden del 25-70 %, y una disminución en la eficiencia
de conversión de alimento en tejidos, que es del orden del 14 al 20
%. Como respuesta a esto, se produce un aumento de consumo de
alimentos. La consecuencia visible de
todos estos cambios es un engrosamiento del cuero, más pelo, y mayor nivel de
grasa subcutánea. Todo esto mejora el
aislamiento y permite una mejor regulación de la temperatura corporal.
No
es fácil cuantificar las pérdidas por frío, aunque la bibliografía existente
coloca a las mismas en valores de hasta 27% de la ganancia de peso y de 40 % en
la eficiencia de conversión.
Todos
estos cambios de clima y de duración de los días impactan sobre el animal en
pastoreo en forma directa, y en forma indirecta a través de las variaciones en
la composición del forraje que consume.
El ajuste metabólico para adaptarse a menos hs luz y menos Tº, con su
efecto sobre la ganancia de peso, comienza en otoño, y provoca cambios
hormonales que provocan movilización de tejidos y un incremento en la tasa
metabólica con mayor oxidación de glucosa.
La consecuencia de esto se resume en una mayor generación de calor
corporal (termogénesis), una menor retención de tejidos (menor ganancia de
peso), un mayor costo de mantenimiento, un mayor requerimiento de proteína
by-pass y un mayor requerimiento de H. de C. solubles.
El
fotoperíodo también incide directamente sobre el comportamiento del animal,
afectando el patrón de consumo de alimentos.
A medida que el fotoperíodo va disminuyendo en otoño, el animal va
difiriendo horas de pastoreo para la noche, producto quizás que las horas
diurnas no son suficientes para completar su consumo durante el día, teniendo
en cuenta que también realiza otras actividades durante este período de
luz. También se demostró que el
acortamiento en horas de luz deprimía el consumo global de alimentos, como
mecanismo secundario a una disminución de la tasa de deposición de tejido
(Peters, 1978).
¿Cómo corregimos o al menos atenuamos estos problemas nutricionales propios del otoño?
Planteamos
la problemática, sus causas y consecuencias.
El sentido de profundizar sobre los mismos y los efectos metabólicos que
se generan tiene como objetivo profundizar el entendimiento de este complejo
fenómeno, a fin de poder instrumentar las medidas correctivas adecuadas.
Es
importante aclarar cuáles son las herramientas con que contamos para poder
inferir el cambio en la composición nutricional de las pasturas, o sea cómo nos
damos cuenta que estamos sufriendo el problema antes de que lleguemos tarde en
el acuse de la balanza.
Generalmente
comienza a mortificarse la estructura y el color de la bosta, pasando de una
estructura tipo torta, de buena elasticidad, color verde claro (pasturas
equilibradas, con buena relación de proteína:CHS), hacia bostas más líquidas,
de menor estructura, en un rango que va desde la pérdida de contención de la
torta (se desplaza hacia la periferia aunque contenida) hasta la bosta líquida,
tipo charco, o chorreada tanto en el piso como en la cola de los animales. Esto debería hacer pensar también en
parasitosis si no se han hecho los tratamientos pertinentes. La otra característica distintiva es el color
y el olor. El primero se modifica hacia
el verde oscuro y luego hacia el negro, con gran cantidad de agua e incluso de
mucus dentro de la misma. El color
oscuro a negro está indicando el desbalance proteico con la presencia de
mayores niveles de nitratos en la misma. Junto con esto comienzan a aparecer
fermentaciones secundarias en la bosta (burbujitas), que está indicando un
serio disturbio digestivo. Todas estas
variaciones generalmente son paulatinas incluso dentro del mismo potrero a
medida que la composición química de la pastura va cambiando conforme a las
modificaciones climáticas propias de la estación. Es importante ir monitoreando estos cambios
de bosta pues a veces comienzan a manifestarse tempranamente a fines de febrero
o comienzos de marzo (febreros lluviosos, con gran cantidad de días nublados y
menores temperaturas), normalmente hacia fines de marzo principios de abril en
pasturas de alfalfa, o incluso hay años que estos cambios son poco
perceptibles. Esto nos da una idea del
momento en que tenemos que intervenir para corregir estos problemas, o incluso
no hacerlo, de no hacer falta. Todo esto
tendrá un gran impacto en el sistema de producción al maximizar las ganancias
de peso con el menor gasto posible.
Incluso si suplementamos, el monitoreo de la bosta nos dará un indicio
importante de la eficiencia con que el mismo se está llevando a cabo, pues
mostrará en qué medida el consumo del suplemento es efectivo, o si todos los
animales lo están recibiendo de acuerdo a lo planificado.
Obviamente
no está a nuestro alcance poder modificar todas las variables que intervienen
en este complejo. Lo que si está a
nuestro alcance es modificar la dieta que consumen los animales a través de
sustituir parte de forraje otoñal por otros recursos alimenticios y aportar los
minerales necesarios para corregir los desbalances propios de esta
estación. El tipo de recurso nutricional
a incorporar deberá balancear el forraje de la pastura y/o verdeo, de manera de
aumentar el consumo y la calidad de la ingesta.
Existen distintas alternativas para ello:
a)
Utilización, en esta época, de recursos forrajeros más equilibrados en cuanto a
la composición de sus especies (pasturas consociadas). Por ejemplo es esperable una mayor eficiencia
de ganancia de peso en recursos otoñales tales como agropiro o festuca, que en
alfalfas puras, o en gramíneas de mayor calidad (cebadilla, pasto ovillo, rye
grass).
b)
Pastoreos alternativos con recursos forrajeros que balanceen el forraje
base. Para ello se pueden utilizar
pastizales naturales diferidos, maíces diferidos, sorgo granífero diferido,
pasturas sazonadas descansadas en verano, etc.
c)
Pastoreos alternativos de rastrojos de maíz/sorgo, donde los animales
consumirán tanto grano como fibra.
d)
Suplementación: La suplementación apunta a aumentar principalmente el consumo
de energía, tanto en forma de H de C estructurales (fibra), que mejoren el
consumo y la ecofisiología del rumen, como en forma de H de C no estructurales
(solubles), que mejoren la energía y la relación acético:propiónico, con el
consiguiente impacto a nivel de respuesta metabólica. Dentro de los recursos a suplementar, los más
comunes son:
Henos
de gramíneas (avena, moha, mijo, etc.). Estos son los más adecuados para
utilizar en otoño.
Henos
de leguminosas (alfalfa principalmente).
Es importante destacar que lo ideal serían aquellos confeccionados en
primavera, cuya composición en cuanto a tipo de proteína y nivel de CHS, los
hace más adecuados para complementar la calidad de los forrajes otoñales.
El
nivel de suplementación de heno dependerá de la disponibilidad de forraje. A los fines de balancear la dieta es adecuado
un nivel, en kg de heno por cabeza y por día, de 0,5-0,7% del peso vivo del
animal. Esto significa aproximadamente
un 15-20% de la dieta total. Es
importante aclarar que este tipo de suplementación genera fenómenos de adición
y sustitución en la dieta, es decir que sustituye parte de la dieta y permite
aumentar el consumo total de la misma. Desde el punto de vista práctico, esta
suplementación con heno puede realizarse aportando 1 rollo cada 70-100 animales
según la categoría suplementada (destetes 1 c/100; terminación 1 c/60-70). Esto es importante para lograr disminuir la
competencia por el mismo y mejorar el consumo de toda la tropa. La frecuencia estará supeditada al tipo y
calidad de heno. Esto se relaciona con
la velocidad de pasaje del mismo por el rumen.
El heno de gramíneas de alta calidad (por ej. avena en grano lechoso)
tendrá una velocidad de pasaje por el rumen superior a un heno de alfalfa
pasado (50% floración), o a un heno de baja relación hoja:tallo. Así en el primer caso podremos ofertar los
rollos cada 2-3 días, mientras que en el segundo caso podremos hacerlo cada 3-4
días o incluso 5 días. El heno
permanecerá en el rumen aún cuando se haya acabado la oferta del mismo en las
pasteras. De esta manera tendremos que
ofertar el nivel planteado por día (0,5-0,7% PV), multiplicado por los días
entre oferta. Esto simplifica los
trabajos de distribución en el campo, al no tener que hacerlo todos los días,
además de mejorar la accesibilidad a los mismos por parte de los animales
(menor número de animales por rollos).
Es importante dejar en claro la importancia de trabajar con henos de
calidad para no deprimir el consumo de alimentos totales y por ende complicar
aún más el panorama crítico de esta época del año.
Granos:
La suplementación con granos apunta a mejorar la oferta de energía y balancear
la relación acético:propiónico. De
acuerdo a lo planteado anteriormente en cuanto a la alta velocidad de
degradación de la proteína del forraje de otoño, es necesario contar con granos
que provoquen una rápida liberación de energía en el rumen de manera de lograr
un mejor acople entre el N2 liberado y la energía necesaria para la utilización
del mismo por parte de las bacterias ruminales.
La velocidad de degradación del almidón de los granos está afectada por
el tipo de grano y su procesamiento. Así,
la velocidad de disponibilidad del almidón será decreciente en el siguiente
orden: Trigo, cebada, avena, maíz, sorgo.
Asimismo el procesamiento altera dicha velocidad y el sitio de
digestión, puesto que no todos los granos tienen la misma estructura
físico-química. Así, tanto el trigo como la cebada deberán ser aplastadas
(ruptura de la envoltura) para ser digeridas adecuadamente, así como el sorgo,
cuya estructura envoltura y estructura interna proteica hace muy poco
utilizable su almidón si no se procesa.
Es importante aclarar que el aprovechamiento del maíz entero dependerá principalmente
de la edad y el nivel de utilización.
Los animales jóvenes (menos de
El
nivel de suplementación de los granos dependerá de las categorías a
suplementar, el tipo de grano, su procesamiento, el objetivo planteado en la
estrategia de suplementación, etc. Para
eficientizar el uso de los recursos forrajeros de otoño en categorías en
crecimiento (destetes), son suficientes niveles del 0,5-0,7 % del peso
vivo. En cuanto a la frecuencia de distribución, estos deberán ofertarse
diariamente pues su velocidad de pasaje es superior al del forraje, y por lo
tanto la distribución diaria se hace necesaria para su presencia permanente en
el rumen. En estos niveles de oferta
planteados, su oferta se puede hacer una vez al día. Por encima de estos niveles conviene dividir
la oferta diaria en 2 comidas diarias para disminuir los efectos de la caída de
pH ruminal. Recordar que los recursos
forrajeros otoñales de por sí tienden a generar pH bajos a nivel ruminal.
Existen
también alternativas de combinar recursos tales como henos y granos, o henos y
rastrojos, etc. de manera que es
importante lograr una buena comprensión del problema para poder razonar y
elegir las mejores alternativas disponibles que permitan atenuar o corregir los
desbalances nutricionales provocados en esta época.
Hemos
intentado clarificar las causas de este problema que no siempre es tenido en
cuenta por los ganaderos de esta región.
Quizás la idea de que esto es patrimonio de otras áreas más húmedas, o
su desconocimiento como problema, sean los responsables de que no se le preste
la adecuada atención. Sin duda no tiene
el mismo impacto que en la Pampa húmeda, pero la fragilidad climática de
nuestra área, así como el incremento en precipitaciones que se viene
registrando en forma lenta pero permanente, hace importante comenzar a pensar
que el otoño es quizás la etapa más crítica del año. Es aquí donde, en los sistemas pastoriles,
podemos modificar respuestas que en otras estaciones no son tan fáciles de resolver,
tal el caso del invierno donde el clima es sin duda una limitante importante en
la producción de forraje. Hemos dado un
pequeño pantallazo de los medios existentes para corregir estos desbalances,
especialmente en lo que a suplementación se refiere, sin ánimo de agotar el
tema, que será abordado nuevamente en otros artículos.
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