PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

 

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Vuelve el Criollo a la zona pampeana

Dr. Sol L. Rabasa. 2000. Nuestro Boletín, Criadores de Ganado Bovino Criollo, Jesús María, Cba., 8:11-16.

 

Sí, vuelve el Criollo a la zona pampeana, al corazón de la ganadería argentina, a Tandil, 9 de Julio, Gral.  Alvear, Saladillo, Gral. Villegas; vuelve lentamente a estar donde estaba:

¿Por qué se fue?; ¿por qué vuelve?

En realidad no se fue, se mestizó, se cruzó con los toros británicos que ingresaron a partir de la segunda mitad del siglo XIX, dando origen a rodeos puros por cruza, cuyas muy buenas cualidades se atribuyeron a las bondades de la hacienda "mejorada", cuando lo que en realidad se manifestaba era el vigor híbrido de la cruza.

Ese proceso de mestización tenía un justificativo muy propio de la época, que era la búsqueda de animales con mayor capacidad de deposición de grasa; por hábitos de consumo de la población y por ventajas en la conservación de la carne.

Retornemos al interrogante inicial, ¿por qué vuelve el Criollo?  Hay muchas razones, quizás la principal sea el crecimiento de los conocimientos en producción animal, hoy se mide, se cuantifica, se han superado en buena medida los prejuicios de los animales "lindos y feos".

Un toro tiene que responder como reproductor a campo, más que a la pista de la exposición y en ese cambio el toro Criollo sale favorecido porque es óptimo su comportamiento en la pruebas de capacidad de servicio y además se lo puede recomendar para servicio de vaquillonas de 15 meses.

La buena vaca, en la zona pampeana, es la que comienza con su primer servicio a los 15 meses, tiene facilidad de parto, es buena madre, no pierde el ternero y desteta el 45 % o más de su peso, pare todos los años, y se mantiene en producción después de los 10 años. La raza Criolla puede aportar mucho para lograr este tipo de animal. En cuanto a la calidad de carne, se perdió el interés por la grasa, hoy se busca la carne magra, ¿qué mejor que el Criollo?  Pero además, las corrientes ecologistas que prosperan en Europa y el mundo, quieren animales criados al sol, alimentados a pasto, sin agregados artificiales y con un uso mínimo de compuestos químicos.

El ganado Criollo sin mas selección que la natural se presenta en inmejorables condiciones para satisfacer esta demanda.  Cuando veamos vacas Criollas en Palermo, dediquémosle nuestra atención: estaremos viendo el futuro.

AQUÍ LA CRIOLLA

La vaca Criolla está cumpliendo como nosotros, los hispánicos de América, cinco siglos en nuestras tierras. También como nosotros no puede negar su ascendencia hispana, pero es distinta de sus antecesores de allende los mares. No en vano pasaron cinco siglos y casi toda la geografía americana por su experiencia genética, en la cual quedaron grabados. Esto le da adaptación e incluso algo más: plasticidad. Se adapta con facilidad a los muy diversos ambientes americanos. Primero fue el bosque luminoso tropical del Caribe y de Panamá y después de ese breve ensayo, que duró unos veinte años, el desafío total. La cordillera de los Andes, el extenso árido americano, la puna, el monte y la nieve de la Patagonia y el sur de EE.UU. fueron y son su escenario.

Reduce su tamaño en las zonas pobres, pero lo recupera sin cambiar sus genes en las áreas mejores. Su pelaje cambió. Vino con el aire recatado y sobrio de la España original de los Reyes Católicos, pero el Caribe la vistió de fiesta con mil colores. Le gustaron y ya no los dejó. Hoy lleva esa alegría visual a toda América.

Sociable y mansa, pero dura ante el peligro: el tigre o el león no le quitan el ternero. Aguantadora para caminar la distancia entre Asunción y Buenos Aires en la segunda Fundación, que fue casi el nacimiento de nuestra Patria.

Hoy la verá Ud. bella y lozana, aunque modesta a pesar de su larga y trascendente historia. La modestia parece propia de nuestro estilo "nunca escapa el cimarrón / si dispara por la loma".

Sin embargo nuestra vaca no vuelve por sus méritos históricos.

Algo más de veinte años de rigurosa investigación genética, realizada básicamente en INTA, ha revelado que constituye un recurso interesante para nuestra ganadería por su adaptación, su rusticidad, su productividad y porque en cruzamientos con las británicas resuelve problemas, la distocia de la vaquillona de primera parición, por ejemplo.  No le quita calidad de res a la media sangre y ésta hereda además, casi en el nivel de un Criollo puro, la resistencia a numerosas patologías.

La Criolla no viene para sustituir a ninguna raza. Viene para resolver diversos problemas, ambientales sobre todo, o para moderar algunos caracteres que en otras razas, quizás demasiado manipuladas, pueden haberse exagerado negativamente.

El mejor ejemplo es quizás, nuevamente, la distocia.

Lindo que haya vuelto por este motivo y no por sólo nostalgia! ¿No será que lo nuestro vale?

CONOZCAMOS AL CRIOLLO

Los antepasados de las vacas criollas hicieron pie en tierra firme americana en La Española (República Dominicana) en 1493. A partir de ese momento se expandieron por casi toda América. Durante varios siglos (tres o más) fue casi el único bovino existente. En nuestro país la mestización de la Criolla con razas británicas (Shorthorn, Hereford y Aberdeen Angus) se inició en el siglo XIX y recién a fines del mismo el Criollo se mantuvo en zonas más difíciles que es donde se conserva hasta el presente.

La mestización con razas británicas se consideró un gran progreso y su impacto se comparó a la solución del conflicto con el indio, el tendido de los alambradas, los ferrocarriles, etc.  Es preciso aclarar, sin embargo, que esta opinión no respondía a ninguna investigación científica y un personaje insigne como "José Hernández" en su libro "Instrucción del Estanciero" publicado hacia 1880, consideraba que, en nuestras condiciones, la Criolla era una raza insuperable por su adaptación, rusticidad, mansedumbre y la calidad de su carne. No es necesario aclarar que no fue escuchado y el destino del Criollo fue una marginación creciente. Su futuro lógico parecía ser una extinción irreparable.

Sucedió algo, sin embargo, que cambió las cosas.  Las razas británicas se fueron adaptando, con bastantes dificultades, a lo mejor de la zona pampeana, pero se toparon con problemas mucho más difíciles de superar cuando accedieron a áreas menos aptas ya sea por sus escasas precipitaciones, por el monte, el calor excesivo, la garrapata, etc.

Todo intento de mestizar el Criollo con los británicos en esas zonas daba pocos resultados y las cruzas respectivas, cuya poca calidad era notoria, se consideraban debidas al Criollo más que a las razas exóticas, con las que se habían cruzado.

Este error de interpretación contribuyó a desprestigiar aun más al Criollo injustamente y aunque no faltó quien advirtiera esta confusión, había tal consenso opuesto a este enfoque que no se pudo evitar la decadencia de esta raza.

En realidad la poca calidad de la cruza se debía a la desadaptación que transferían las británicas. Hoy sabemos que es así porque hemos hecho el experimento opuesto, llegado a ese punto, fue manifiesto que la ganadería no funcionaba en esas áreas de esa manera y alrededor de la década del 60, o quizás un poco antes, se introdujo el cebú desde Brasil.  Como es lógico, ingresó por Corrientes y el resultado fue brillante porque esas vacas británicas puras por cruza, con degeneración tropical cruzadas con Cebú dieron una media sangre adaptada al calor.  Los estancieros de la zona decían que empezaron a ganar dinero desde que pusieron toros Cebú en sus planteles.

Esta euforia de los productores, afortunadamente, no fue compartida por los profesionales que los asesoraban y con gran visión estaban preocupados por el futuro; pensaban que si seguían con el Cebú iban a blanquear excesivamente las haciendas y en definitiva se iba a reducir la producción y sobre todo la calidad de la carne.

En aquellos tiempos dí una conferencia sobre selección en Resistencia. Los Ingenieros Agrónomos presentes me plantearon el problema, pero no se lo pude resolver. Un criss cross, por ejemplo, era casi imposible porque un toro británico no podía seguir a las vacas media sangre Cebú en ese clima.

Después de formular muchas preguntas que no daban en la tecla, pensé en el Criollo.  Curiosamente, ninguno de los presentes lo conocía y no se atrevían a opinar. Me propuse conocerlo, pero me resultó más difícil de lo que me imaginé. Por fin se me presentó la oportunidad cuando me invitaron a hablar en una reunión de CREA, en una estancia de Bovril y ahí lo conocí al Mayordomo General, un Sr. Moffat. Este escocés (acriollado) sí conocía el Criollo y me lo elogió con entusiasmo. De ahí me interesó aun más conocerlo bien.

Informado de que INTA tenía Criollo en una Estación Experimental en Leales, Tucumán, me propuse visitarla. Allí tenían Hereford, Aberdeen Angus, Pardo Suizo, Criollo y Cebú Nelore. Las razas europeas eran bastante pobres en ese ambiente, pero su cruzamiento con Nelore era muy bueno.  Mi sorpresa fue que el novillo Criollo puro era tan bueno como la cruza antes mencionada y muy superior a los europeos puros.

Me bastó un día para convencerme de que era imperioso investigar el Criollo; afortunadamente los jóvenes que trabajaban ahí a los que se sumó más adelante Alicia Sal Paz, iniciaron, junto con otros técnicos y productores, el estudio que llevó al Criollo a su recuperación y revalorización actuales.

Debo confesar que el primer sorprendido de los méritos del Criollo fui yo, pero como tengo buenos reflejos, reaccioné tan pronto que casi todos se imaginaron que yo había anticipado estos resultados lo cual no es verdad en absoluto. Yo era tan ignorante como cualquier otro.

Así se inició una investigación científica particularmente valiosa en genética de bovinos, realizada por un número importante de personas de distintas extracciones y de muy diversas áreas geográficas de nuestro país.

Debo confesar que al estudiar el Criollo conocí lo que es una vaca normal; no un animal disminuido en sus aptitudes naturales por un manoseo genético carente de lógica, impulsado por suposiciones no comprobadas por la realidad de los hechos y que trajo como consecuencia un desequilibrio en sus funciones de fertilidad, aptitud materna, rusticidad, facilidad de parto, longevidad, etc.  Ahí se me ocurrió una frase que proponía bromear pero que tenía bastante realidad, exagerando la nota por supuesto.  "La vaca es la Criolla, el resto es patología".

Como la producción depende esencialmente de la aptitud, cualquier selección direccional que limite la aptitud reduce la producción.

Como ejemplo basta pensar que una vaca de tambo que tenga un ternero cada dos años produce la mitad de la leche que una vaca con la misma capacidad lechera pero con un ternero por año.

Hasta ahora los mejoradores casi no alcanzan a concebir que la realidad es la complejidad y los caracteres singulares tendrán el valor que surge de su interacción con todos los demás.

Una población con alta proporción de distocia, por ejemplo, tendrá una fertilidad real disminuida por la mortalidad respectiva y será inútil la fertilidad genética de esas vacas si pierden los terneros por ese motivo. Descubrir estos hechos contribuyó a valorizar el Criollo porque se caracteriza por no tener caracteres singulares extraordinarios, pero en conjunto supera a todos los demás. No tiene distocia, tiene buena fertilidad, cuida su cría, y tiene muy baja mortalidad predestete; la vaca es longeva, por lo tanto tiene baja reposición de vaquillonas, es mansa, sana y fácil de manejar. Tiene un tamaño óptimo, 400-450 kg. y el toro unos 600 y puede alcanzar los 800. Su facilidad de parto es tan excepcional que no depende sólo del canal de parto de la vaca, que indudablemente es muy favorable, sino que a eso se suma la conformación del ternero que es longilíneo y angosto al nacer. Esta conformación la transmite también el toro al cruzarlo con vacas británicas y la distocia propia de esas vaquillonas de primer servicio, que es de un 10 % aproximadamente, se reduce a casi cero. La experiencia actual al respecto es muy importante y es una de las causas, no la única, de la notable expansión del Criollo en lo mejor de la pampa Húmeda.

Si es difícil conocer bien la complejidad de la realidad del presente, que lo es, muchísimo más difícil resulta pronosticar la realidad del futuro.

En el caso de la Criolla creo que nos habíamos equivocado todos, o casi todos. Me incluyo. Pero la crisis creada por la introducción de otras razas nos forzó a buscar la solución.

El mérito de los que hemos participado en esta notable gesta ha sido el afán de resolver este problema sin proponemos lucrar con ello y sin prejuicios, y como el pensamiento prejuicioso fue el responsable de la marginación del Criollo, que no se hizo porque se investigó y se demostró que no servía sino por el prestigio cultural, económico y político de los países que nos enviaban esas razas, al investigarlo en serio en un lapso de unos veinte años, más los resultados logrados, pusieron en evidencia las inmejorables y útiles cualidades ganaderas del bovino Criollo.

Si los Criollos humanos que somos nosotros, pudimos cambiar en forma exactamente opuesta una tendencia que parecía imposible revertir, qué no podremos hacer en el futuro si ponemos en juego la misma actitud, generosidad y espíritu de servicio que nos haga dignos herederos vivientes de muchos de nuestros gloriosos antepasados.

EL FUTURO DE LA VACA CRIOLLA

El éxito de la conquista y colonización españolas se debió a la calidad humana de los hombres que las protagonizaron, no obstante sus defectos, y a la cooperación que a pesar de los enfrentamientos establecieron con los pobladores anteriores con quienes mezclaron su sangre y su cultura. Españoles y nativos ganaron con el encuentro que, aunque a veces doloroso, enriqueció a ambas culturas y dio nacimiento a la nuestra, la actual de América española.

Los españoles recibieron de América muchas cosas, entre las más perdurables la papa, el maíz, el maní, los porotos, etc., etc. y los convirtieron en ingredientes fundamentales de su dieta, pero hicieron también importantes aportes: entre otros trajeron los caballos y las vacas. ¿Qué duda cabe que España no hubiese podido conquistar América sin caballos? Claro que se trataba de los antepasados de los actuales caballos Criollos, para los cuales no hubo obstáculos insalvables: pampas, selvas, la cordillera, la puna.  Nada los paró, Pero también trajeron las vacas y a éstas tampoco nada las paró: pampas, selvas, la cordillera, la puna. De ellas vienen los genes de las actuales vacas Criollas.

Durante tres largos siglos las Criollas dieron leche, carne y trabajo a casi todo el continente. Después fueron desplazadas por otras razas europeas, no obstante que en ningún momento se realizaron ensayos que demostrasen la ventaja de la sustitución.  Notoriamente, ese hecho constituye uno de los signos más característicos de la penosa transculturización que hemos sufrido. Así, en constante retirada, llegamos a épocas ya muy recientes, aproximadamente comienzos de la década del sesenta, cuando se inician los trabajos de conservación y evaluación de la vaca Criolla, obra en la que cooperaron distinguidos particulares e INTA.

Para ese entonces las razas que la habían sustituido estaban en crisis, principalmente en las zonas marginales y las soluciones que se arbitraron originaban casi tantos problemas como los que resolvían.

Con ese clima, los primeros frutos de la investigación realizada resultaron sorprendentes: la marginada vaca Criolla surgió imbatible como raza pura en producción de carne por hectárea. Se pensó entonces que quizá le faltaba calidad de res.  Completada la investigación pertinente se comprobó que era mejor que las de las razas o cruzas en las cuales se comparó: la cruza Hereford-Nelore (5/8 y 3/8 respectivamente) y Aberdeen Angus puro. ¿La razón?: mejor proporción músculo-grasa (menor proporción de grasa) y mayor terneza.  Surgió otra duda: ¿sería igualmente eficiente en la conversión de alimentos en carne?  Las pruebas realizadas mostraron que superaba al 5/8 Hereford 3/8 Nelore, la mejor cruza en Leales (INTA).  Además curiosamente reveló poseer un potencial superior para aprovechar los mejores ambientes.

Esto no termina aquí.  En Turrialba (Costa Rica) se seleccionó la aptitud lechera de la vaca Criolla de la región y actualmente esa estación experimental produce con vacas Criollas 360 kg de grasa butirométrica por hectárea año, a campo el año redondo y en pleno trópico.  Si a todo esto se suma su excepcional mansedumbre se configura una situación de sorprendente ventaja frente a otras razas: donde otras no pueden vivir ésta vive, y donde otras viven ésta las supera.

En este último sentido quizá lo que más sorprende es su capacidad para aprovechar buenos ambientes estando adaptada a medios mucho más pobres.  Por si todo esto fuera poco su notable variedad de pelajes, signo visible de su excepcional riqueza genética, le confiere además una belleza no superada por otras razas.

Amigo lector, queda mucho por decir, pero ya basta como muestra.  Le he contado un poco del pasado y del presente.  De Ud. depende el futuro.

 

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