Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto,
Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Rodero, E. y M. Herrera.
2000. Arch. Zootec. 49: 5-16.
Unidad de Etnología. Depto.
de Producción Animal.
Universidad de Córdoba.
Realizamos una aproximación al conocimiento de la noción de raza, revisando
su causalidad y los aspectos que afectan a su conceptualización. Para ello, se
estudia la posición taxonómica de la raza y su relación con los otros niveles,
se analizan los principales mecanismos antropógenos y naturales que, desde los
substratos primitivos salvajes, generaron a las razas domésticas tal como hoy
día se entienden. Por último, ante la observación de los procesos que llevaron
a la formación y al reconocimiento de las mismas y ante las definiciones que
los diferentes autores han dado, se considera como la definición más adecuada
la siguiente:
Las razas son poblaciones que se distinguen por un conjunto de caracteres
visibles exteriormente, que están determinados genéticamente y que se han
diferenciado de otras de la misma especie a lo largo de proceso histórico, teniendo
en cuenta que se han originado y localizado en un área determinada con un
ambiente común.
Palabras clave adicionales: Selección. Domesticación. Subespecie.
Causalidad.
La Etnología al contemplar el estudio de una raza no sólo lo hace desde lo que
la caracteriza en el instante actual, con lo que adoptaría una faceta de ciencia
nomostética al inferir leyes o propiedades, sino que tiene un fundamental componente
de ciencia histórica y por lo tanto ha de entrar en el estudio del proceso de
formación de las razas. Es desde esta perspectiva histórica aplicada de manera
genérica al propio concepto de raza y a la raza misma como sujeto biológico,
desde la que se plantea el presente trabajo.
Partiendo de la realidad del reconocimiento oficial de la categoría taxonómica
subespecífica que es la raza, se pueden plantear dos posibilidades extremas a
las que se da la consideración de hipótesis:
1. La raza es un proceso biológico objetivable.
2. La raza es un artificio del hombre.
De ellas y aplicando el principio de verosimilitud, se inferirá cuál de las
dos es la más apropiada. Las observaciones tenidas en cuenta para ello,
constituyen en sí los objetivos del presente trabajo que se pueden concretar en
los siguientes:
1. Estudiar los distintos mecanismos que afectan a la formación de las razas
y a su conceptualización.
2. Encuadrar a la raza en una cadena de tipo jerárquico en la que su estrato
inmediatamente superior es la especie y el inferior las subrazas, variedades y
estirpes.
3. Resumir y comparar las distintas definiciones de expertos nacionales y
extranjeros.
4. Con todo ello, inferir si nos enfrentamos a las razas considerándolas como
un artificio humano o como una realidad biológica.
Antes de adentrarnos en los mecanismos y agentes del proceso de formación de
las razas, hay que recordar que para que se dé cualquier tipo de evolución
tiene:
♦
que haber variación de los caracteres.
♦
que esta variación se traduzca en variaciones en la eficacia.
♦
que las características en cuestión sean heredables.
También hay que recordar que si bien el proceso más comúnmente utilizado para
clasificar las razas es mediante la comparación de sus semejanzas, lo acertado
sería conocer los orígenes históricos o los troncos comunes para a partir de
ahí construir los patrones raciales de adscripción. Es decir, que la
causalidad y no la semejanza son las claves para la unidad de las razas.
Así pues ya podemos decir que han sido fundamentales en la formación de las
razas los siguientes hitos:
♦
La domesticación de las especies.
♦
La intervención científico-técnica del hombre en los procesos selectivos de
mejora (selección artificial).
♦
El actual control total de las razas por el hombre en cuanto a su gestión y
reconocimiento.
Figura
1. Proceso histórico
de formación de las razas domésticas

En el proceso de formación de las razas se pueden distinguir dos periodos (figura 1): uno previo a la
constitución de la Etnozootecnia y de la clasificación y reorganización de las
razas, periodo en el que se diferencian poblaciones subespecíficas por motivos
naturales y artificiales, y otro posterior, en el que se producen los
reconocimientos administrativos oficiales y técnicos.
Así, dentro de este transcurso histórico, las razas, según Denis (1982) pasan
por los siguientes tipos:
♦
Subespecies geográficas, previas a la domesticación.
♦
Razas primitivas, con limitada intervención del hombre.
♦
Razas naturales, etapa de transición a las actuales.
♦
Razas actuales, intensa intervención humana pero conservando el carácter regional.
♦
Razas mejoradas, que tienen proyección internacional.
Al igual que se ha considerado el proceso histórico de formación de las razas,
en función del protagonismo que tiene el hombre en él, bajo esta misma perspectiva,
los mecanismos que inciden en la formación de las razas se pueden diferenciar
en mecanismos genéticos determinados o no por la acción del hombre y mecanismos
puramente dependientes de la intervención humana (figura 2).
Figura
2. Mecanismos
que tienen alguna influencia en la formación de las razas

Todos los mecanismos genéticos que inciden en este proceso de microevolución
actúan merced, y a su vez contribuyendo, a esa variabilidad heredable que antes
comentábamos.
Los podemos concretar en los siguientes:
♦
Las mutaciones.
♦
El aislamiento sexual.
♦
La divergencia evolutiva de stock génicos distintos.
♦
La selección natural.
♦
La selección artificial.
Hablar de selección natural es hablar de adaptación en el sentido de que aquellos
rasgos más eficaces para un medio geográfico determinado, sea o no su aparición
producto del azar y esté o no el medio controlado por el hombre, aumentarán su
frecuencia en detrimento de los menos eficaces y se producirá la evolución.
Aunque no se pueda determinar la variabilidad de partida para la
constitución de las razas y todos detalles del proceso de selección natural en
la formación de las mismas (el cómo y el porqué), en los caracteres de las
razas actuales se pueden observar algunos que responden a esas adaptaciones ancestrales
y que nos hablan de su historia. Ante ésto hemos de cuestionarnos tanto la
causa de la variación dentro de cada especie como dentro de cada raza.
Todos los datos referentes a la antigüedad, ponen de manifiesto la
intervención constante del hombre, fundamentalmente a través de la selección artificial
con el fin de mantener o mejorar los caracteres que le sean útiles y beneficiosos.
A pesar de que la intervención del hombre sobre una población,
fundamentalmente controlando el número de individuos, produce un efecto de deriva
genética que se traduce en fluctuaciones de la media y aparición de la consanguinidad
(Ollivier, 1992), de acuerdo con Denis (1982), la variabilidad de las razas
controladas por el hombre (en poblaciones no en peligro de extinción) se
mantiene debido fundamentalmente a que:
♦
El número de efectivos es suficientemente importante
para aproximarse a la ley del equilibrio para genes neutros.
♦
El número de reproductores machos es generalmente
importante.
♦
La totalidad de los individuos que la componen no
están sometidos a selección.
♦
Cuando existen, los criterios de mejora no son siempre
los mismos entre los criadores de la misma raza.
Desde muy antiguo, y aún vigente, se ha tenido en cuenta la relación entre las
características de los animales y las del medio o región donde se han criado
(Lawrens, 1982).
De tal manera que las particularidades del medio y la selección ejercida hacen
que paulatinamente los animales de una región acaben por ser más parecidos
entre ellos que con los de las regiones vecinas, independientemente de su
procedencia, y merced a estas diferencias regionales pueden derivar en razas
distintas.
También este afán de identificar a las razas con su entorno puede ser llevado
a extremos cuando cada localidad quiere tener su propias razas y el más ligero
matiz de su capa es suficiente para justificarlo.
Lógicamente cualquier mecanismo antropógeno que incide sobre la formación de
las razas de las especies que nos ocupan, va desde las primeras domesticaciones
hasta la creación y gestión de los libros genealógicos, pasando por la
constitución de las asociaciones de razas.
La domesticación es un proceso a través del cual el hombre intenta cambiar la
conducta y subsiguientemente la apariencia y la anatomía de los animales de
forma que ellos sirvan a las necesidades humanas bien sean prácticas, estéticas
o emocionales.
Aunque en la domesticación los caracteres conducturales forman parte de
aquellos susceptibles de modificación por selección, también existen una serie
de ellos que previamente han de darse en una especie para que ésta sea propicia
para ser domesticada.
Estos caracteres expuestos por Albright y Arawe (1997) fundamentalmente se
refieren a aquellos que tienen que ver con la estructura social y con las
relaciones de pareja, tanto de tipo sexual como materno-filial y, por supuesto,
con la reactividad frente a la presencia de los humanos.
Los cambios morfológicos, introducidos por la domesticación, afectan entre
otros al tamaño y forma de los cuernos y al tamaño corporal en general (Davis,
1989) expresados por las alzadas, pero muy directamente condicionados por los
usos o destinos de los animales en el área geográfica donde se encuentran, y
así aparecieron las diferentes razas.
El control reproductivo de los animales por parte del hombre al que antes
aludíamos como intrínseco al concepto de domesticación, nos obliga a volver a
considerar los mecanismos selectivos que inciden en la formación de las razas
domésticas.
Los modos en los que la domesticación afecta a los mecanismos selectivos, según
Maijala (1997) son:
1. Aumentando la velocidad y la intensidad
de diferentes factores genéticos.
2. Puede limitar el número de sementales
y aumentar la consanguinidad.
3. Al ampliar el margen de
desplazamientos incrementa las posibilidades de cruzamientos entre razas
distintas.
La alternancia de consanguinidad y amplios cruzamientos ha ayudado decisivamente
a la formación de nuevas razas.
Para Sellier y Rothschild (1991), las funciones principales de las
Asociaciones de muchas razas en sus comienzos fueron:
a) Mantenimiento de la pureza
racial para prevenir las importaciones de afuera.
b) Registros de pedigríes.
c) Definición y mantenimiento del
estándar racial.
d) Apoyar económicamente los
concursos y ferias de ganado, basados en las excelencias fenotípicas juzgadas de
visu.
e) Apoyo al ganadero en la
propaganda y en la comercialización.
Aunque en la actualidad, las asociaciones persiguen los mismos objetivos privados,
estos criterios han sido útiles para lograr el mantenimiento de la diversidad
racial.
Las modificaciones de los estándares raciales son en muchas ocasiones el
punto de partida para el reconocimiento de nuevas variedades locales.
Casi al mismo tiempo nació la noción de raza, se iniciaron los libros genealógicos,
motivados tanto por la necesidad de preservar los atributos de una raza frente
a la introducción de otras, como por la de creación de un modelo para el resto
de los criadores.
Pero también por otra doble necesidad: la necesidad de los ganaderos de agruparse
y de organizarse, tanto desde el punto de vista de la selección como de la
comercialización, y la necesidad de las administraciones y de la profesión de
encontrar una base para la organización de los esquemas oficiales de selección.
El libro genealógico aparece como el mejor medio de preparar y mantener la
integridad de una raza.
La raza, desde el punto de vista de la clasificación taxonómica queda
encuadrada, en un orden jerárquico, entre la especie, por arriba, y las
subrazas, variedades y estirpes, por abajo.
Aunque las teorías sobre un nivel superior son autónomas con respecto a las
de niveles inferiores, vale la pena detenerse en lo que representa la taxonómicamente
la especie para el encuadre de la raza.
Una especie politípica puede, mediante un proceso de escisión, dar lugar a
una nueva categoría (raza o subespecie), y al contrario, las razas por medio de
aislamiento emergente pueden diferenciarse en especies.
Hoy día aún persiste el debate sobre si la especie puede ser considerada como
el único grupo sistemático realmente objetivable.
Para algunos, las especies se pueden considerar como entidades históricas y
no como clases naturales, según ellos, los organismos pertenecen a una misma
especie en virtud de sus conexiones históricas y no en virtud de sus
semejanzas, por el contrario, en el concepto genético de especie, ésta es considerada
como un grupo de organismos con un alto grado de semejanzas.
Frente a estas dos opciones se presenta el concepto de especie biológica como
un estatus único dentro de la jerarquía taxonómica.
Los zoólogos, en la noción de subespecies o razas naturales definen el
límite inferior como el grado de distinción mínima exigida entre dos poblaciones
para poder decir de ellas que pertenecen a dos subespecies o razas distintas.
Admitiendo diferentes tipos de límites inferiores.
Dentro de los grupos subraciales habría que diferenciar:
♦
Las subrazas y las variedades producto la primera más de la selección natural,
y la segunda más de la artificial.
♦
Las estirpes, como una población cerrada de animales de una raza que ha sido creada por
algunos ganaderos a base de reproducirla en consanguinidad sin introducción de
material extraño al menos durante cinco generaciones.
♦
La línea, como una subdivisión de la estirpe, originada por métodos de cruzamientos
reproductivos idóneos que exigen un aislamiento de un menor número de
generaciones que la estirpe.
Para Orozco (1995) la estirpe es la base fundamental de la mejora.
CONSIDERACIONES PREVIAS
Frente a la definición de raza existen varias posturas encontradas:
♦
Convencionalismo extremo: cualquier población tiene derecho a ser
considerada como raza.
♦
Realismo extremo: sólo hay una definición correcta.
♦
Posturas intermedias: un concepto de raza para unas situaciones, y otro para
otras.
En consecuencia, existe una falta de uniformidad en la definición de raza.
De lo comentado por Mackechnie y Meyn (1991) acerca de la definición de
raza, se puede interpretar que:
1. Describe la población de un área determinada
2. Describe poblaciones uniformes para un carácter.
3. Significa una población resultante de un
programa de mejora.
Es la misma definición que hacían Baker y Manwell (1983) cuando las clasificaban
respectivamente en:
1. Razas asociadas a un área geográfica.
2. Razas definidas por la pertenencia en su origen
a un pool de genes comunes.
3. Razas modernas con uniformidad fenotípica.
Los mismos autores en 1991 se plantean la cuestión en un sentido parecido a
como aquí se hacía al principio del tema, diferenciando:
♦
Aquellas definiciones orientadas hacia el animal, que reconocen que
las razas difieren en la totalidad de las diferencias medias en muchos
caracteres cualitativos y cuantitativos.
♦
Y aquellas otras definiciones que enfatizan el papel del hombre, ya sea como manipulador
del material genético o como responsable de la asignación del
reconocimiento oficial de que una población constituye una raza.
LAS CONCEPCIONES PERSONALES
Los elementos clave en la definición de una raza, son los siguientes:
♦
Los animales son del mismo tipo y son capaces de reproducir propiedades similares
cuando se acoplan entre sí.
♦
Que hay razones históricas, ambientales y culturales para tales
agrupaciones.
♦
Que para tales tipos idealmente se controla su genealogía para mantener la
pureza y la integridad de la raza resultante.
Los autores españoles
Dentro de los autores españoles, se han escogido como representativas las definiciones
de Cuenca (1950), Jordano (1951), Aparicio Sánchez (1960), Aparicio Macarro
(1968) y Sotillo Ramos y Serrano Tomé (1985). Sus definiciones, aunque muy
claras y muy semejantes entre sí ponen muy pocos elementos en juego (tabla I): la alusión a caracteres
propios determinados genéticamente o heredables, los factores diferenciadores
que pueden deberse a un origen común, las similitudes se manifiestan bajo las
mismas condiciones ecológicas.
Tabla I. Elementos considerados por
los autores españoles en la definición de raza.

Los autores extranjeros
Dentro de los zootecnistas extranjeros (tabla II) se citan a Kronacher (1937), Dobzhansky (1941),
Mayr (1968), Lener y Donald (1969), Johansson y Rendel (1972), Alderson (1974),
Turton (1974), Carter y Cox (1982), Jewel (1985), Clutton-Brock (1987, 1992),
Henson (1992), Scherft (1997) y Ponzoni (1997).
Tabla
II. Elementos
considerados por los autores extranjeros en la definición de raza.

Las primeras definiciones se asemejan mucho a las españolas, pero a partir
de las declaraciones de Lerner y Donald (1969) acerca del convencionalismo en
el reconocimiento de las razas se amplia el rango de consideraciones de las
definiciones y se comienza a hacer alusión a la selección artificial como
mecanismo antropógeno, algunas precisan los objetivos que persigue el hombre y
otras el papel de las administraciones y asociaciones como gestoras.
Existen unos elementos comunes a la mayor parte de las con los que se podría
configurar la siguiente definición que se adopta como la más apropiada:
Las razas son poblaciones que se distinguen por un conjunto de caracteres visibles
exteriormente, que están determinados genéticamente y que se han diferenciado
de otras de la misma especie a lo largo de proceso histórico, teniendo en
cuenta que se han originado y localizado en un área determinada con un ambiente
común.
Frente a esta actitud hallamos las de los contrarios a aceptar las razas como
entidades taxonómicas, que sin negar el reconocimiento de las poblaciones raciales
como entidad oficial, entienden que son consecuencia de un artificio humano que
en muchas ocasiones se corresponde con intereses personales o de grupos (Lerner
y Donald, 1969, Blasco y Santacren, 1992, Orozco, 1995).
De todas las definiciones consideradas, parece común a la mayor parte de
los zootecnistas, un reconocimiento, en el que intervienen facetas biológicas y
culturales, de las razas como unidad taxonómica. De forma que no puede hablarse
de uniformidad en la definición de raza, sino que los parámetros que se
utilicen dependerán de las circunstancias concretas.
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