Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de
Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional
de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba,
República Argentina
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Juan C. Guevara*, O. R. Estévez** Y E. R. Torres***. 1995.
Multequina, Mendoza, 4:29-35.
*F.C.Agr. U.N.Cuyo, Chacras de Coria, Mendoza.
** IADIZA, Mendoza.
***IADIZA /Dir. Rec. Nat. Mendoza.
El trabajo se propuso estimar la receptividad de
las pasturas naturales de la llanura de Mendoza para ganado bovino. La
producción anual de forraje se estableció en función de la
lluvia anual confiable (p=80%) y el factor de eficiencia de uso de las
precipitaciones (kg materia seca ha-1año-1mm-1).
Se considero que el 80 y 50 % del forraje producido por las especies
herbáceas y leñosas, respectivamente, está disponible para
el ganado. Se tuvo en cuenta un factor de uso del forraje disponible del 30 %.
La receptividad media de la llanura se estimó en
Las tierras de pastoreo de zonas áridas y semiáridas se caracterizan por su fragilidad y si se manejan inadecuadamente se tendrán procesos de erosión acelerada del suelo (Herbel y Pieper, 1991) y consecuentemente una disminución de su receptividad.
La producción de ganado en pasturas naturales de las mencionadas zonas es un negocio riesgoso. El productor debe lograr un balance entre productividad, estabilidad y sostenibilidad. Un sistema de producción que ofrece beneficios medios altos (alta productividad) pero gran variación interanual en los ingresos (baja estabilidad) o que amenaza la productividad a largo plazo (baja sostenibilidad) resulta menos apropiado que otro sistema con una productividad algo menor pero con mayor estabilidad y sostenibilidad. Esto es especialmente importante para sistemas de producción en los cuales (1) el beneficio es tan bajo que el productor no puede sobrevivir más de uno o dos años sucesivos de pérdidas y (2) el tiempo y el costo de recuperación de las pasturas deterioradas pueden ser prohibitivos (Hart, 1991).
La carga animal apropiada es el aspecto más importante para alcanzar un manejo exitoso de las pasturas naturales. Muchos investigadores han mostrado la importancia de una correcta carga animal para lograr una productividad sostenida (Holechek y Pieper. 1992). La carga animal constituye el principal factor que influye sobre el rendimiento animal y los resultados económicos. A medida que la misma se incrementa la estabilidad de la producción decrece (Heitschmidt et al., 1990).
Aunque el ganado puede mostrar buen rendimiento bajo cargas altas durante unos pocos años, finalmente la sequía y el deterioro del suelo y de la vegetación hacen que el pastoreo con carga alta sea ecológicamente insostenible (Holechek y Pieper. 1992). Las cargas animales altas pueden producir varias consecuencias sobre la producción de ganado, incluyendo la reducción tanto de la cantidad como del peso de los terneros producidos y el aumento de las pérdidas por muerte. La disminución del rendimiento individual del ganado bajo pastoreo con carga alta, comparado con el pastoreo con carga moderada, está causada por un menor consumo de forraje, inferior calidad de la dieta y también por un mayor gasto de energía en el traslado que, de otra manera, podría ser canalizada a la producción de carne o leche (Holechek y Pieper, 1992).
Las cargas altas aumentan el riesgo y disminuyen los retornos económicos a largo plazo, comparadas con las cargas moderadas (Holechek y Pieper, 1992). El riesgo financiero creciente surge de la necesidad de descargar periódicamente el campo o proporcionar alimento suplementario en épocas de insuficiente disponibilidad de forraje (Heitschmidt et al., 1990). Los análisis económicos son consistentes en mostrar que las cargas animales altas constituyen un planteo erróneo si el objetivo es la maximización de beneficios a largo plazo (Holechek y Pieper, 1992).
La desfoliación excesiva de las plantas forrajeras conduce, en último término, a una disminución de la infiltración de agua en el suelo y, como consecuencia de ello, al aumento de la probabilidad de erosión. La utilización de una carga animal equivalente al triple de la moderada implica, con respecto a ésta, una reducción de la tasa de infiltración del 65 % y un incremento de la producción de sedimentos del 80 % (Taylor Jr. et al., 1993).
La llanura de Mendoza concentra alrededor del 65 % del ganado bovino de la Provincia.
La disponibilidad de agua es uno de los principales determinantes de la producción de forraje en las regiones áridas y semiáridas (Deregibus, 1988). El factor de eficiencia de uso de las precipitaciones (kg materia seca ha-1año-1mm-1) constituye un indicador válido y útil del tipo, condición y productividad de las pasturas naturales (Le Flouérou et al.., 1988).
El trabajo se propuso estimar la receptividad de las pasturas naturales de la llanura de Mendoza para ganado bovino, sobre la base de la producción anual de forraje determinada mediante la aplicación del factor de eficiencia de uso de las precipitaciones.
a. Subdivisión de la llanura. Sobre la base de las isohietas (Torres y Estrella, 1988) se demarcaron seis subzonas. A cada una de ellas se le asignó la precipitación correspondiente al promedio de los valores de las isohietas que la delimitaron.
b. Lluvia anual confiable. La precipitación que posee una probabilidad de ocurrencia del 80 % (Le Houérou, 1989, 1990) se estableció en función de los registros de estaciones meteorológicas ubicadas en el área en estudio mediante el cálculo del decil 2 (p = 0,8).
c.
Producción de forraje. Se usaron los siguientes valores del factor
de eficiencia de uso de las precipitaciones: forrajeras herbáceas: 2,15
(Le Houérou y Hoste, 1977; Le Houérou, 1989; Guevara et al--
d. Forraje
disponible para el ganado. En las forrajeras herbáceas corresponde
al 80 % de la producción anual. El resto se localiza debajo de especies
espinosas (Guevara et al., 1996 b). Para las especies forrajeras leñosas
se consideró que el 50 % de la producción anual está disponible
para los bovinos y el resto se encuentra por encima de la altura a la que los
animales tienen acceso (
e. Forraje consumible por el ganado. En pasturas con forrajeras herbáceas perennes y bajo condiciones de carga animal apropiada, entre el 25 y el 30 % del forraje disponible puede ser considerado como consumible por los animales (Kothniann, 1992; Le Houérou, 1993). En este trabajo se utilizó un factor de uso del 30 %.
f. Consumo
de forraje. Se estableció para un equivalente vaca (EV: una vaca de
g. Receptividad de las subzonas (ha EV-1). Surgió de la relación entre el consumo anual de un EV y la cantidad de forraje consumible por hectárea en cada subzona.
h. Receptividad de los departamentos de la llanura. Se determinó sobre la base de la receptividad de cada subzona departamental. Los valores obtenidos fueron comparados con la carga animal correspondiente a 1993, que se estableció en función de la población ganadera existente en junio de ese año (información proporcionada por la Dirección de Ganadería de Mendoza).
i. Relación entre la lluvia media anual y la receptividad. Se ajustó a los valores de lluvia media anual de cada subzona y su receptividad estimada una función potencial.
La producción anual de forraje en la llanura
varía entre 277 y

El 68 % de la producción
anual está disponible para los bovinos. Las forrajeras herbáceas
y leñosas componen alrededor del 70 y 30 %, respectivamente, del forraje
disponible. Estimaciones realizadas en el centro de la llanura en el
período 1990-1993 arrojaron porcentajes similares (Guevara et al., 1996
e).
Las tasas de consumo de forraje, 24 % de la producción anual de las especies herbáceas y 20 % de la forrajimasa total, son coincidentes con los valores encontrados por Le Houérou (1993) en el Sahel africano.
El forraje consumible correspondió, en
promedio, aproximadamente a
La receptividad de la llanura vario entre
La comparación, a nivel de departamento, entre la carga animal correspondiente a 1993 y la receptividad estimada (Tabla 2) indica que, a excepción de Lavalle y San Martín, existiría la posibilidad de incrementar la cantidad de ganado existente, en valores comprendidos entre 88 % en Santa Rosa y 71 % en San Rafael. Sin embargo, dado que las estadísticas oficiales sobre población ganadera constituyen, por lo general, una subestimación de la existencia real de ganado, podría considerarse que en los departamentos de La Paz, San Rafael y General Alvear la carga animal es equivalente a la receptividad estimada. Esta consideración no es coincidente con la creencia generalizada que existe en la llanura mayor cantidad de ganado que el que la misma puede sustentar. El hecho que sí se verifica es una distribución no uniforme del ganado, en función de la disponibilidad escasa de aguadas (Guevara y Bertranou, 1987).
La estimación de receptividad realizada en
este trabajo se sustenta en dos factores de seguridad importantes: a) la lluvia
anual confiable, que asegura que sólo en el 20 % de los años la
producción de forraje puede ser inferior a la estimada, lo cual puede
resultar en sobrepastoreo en caso de mantenerse la carga animal; b) un factor
de uso del forraje disponible del 30 % en lugar del

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