Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
Volver a: principal > Sistemas de pastoreo
Héctor
R. Pagliaricci, Alfredo Ohanian, Telmo Pereyra y Sergio González. 2002.
Cursos
Introducción a la Producción Animal y Producción Animal I, Cap. 12. FAV UNRC.
Básicamente, las especies forrajeras utilizadas en la región en los sistemas ganaderos de carne y leche están representadas por anuales de invierno (avena, centeno, trigo, cebada, triticale); de verano (sorgo, maíz, moha, mijo común, mijo perla). Dentro de las anuales es muy frecuente el uso de Melilotus spp. como integrante de mezclas, principalmente con anuales de invierno. Las especies perennes están representadas por pasto llorón (Eragrostis cúrvula) y alfalfa (Medicago sativa), como cultivo puro o en consociación con otras especies. También, como cultivos puros o como integrantes de praderas perenne, cabe mencionar otras especies forrajeras, como las gramíneas perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral: festuca (Festuca arundinacea), agropiro (Tynophiron ponticum), pasto ovillo (Dactylis glomerata), falaris (Phalaris acquatica), cebadillas (Bromus spp).
Se han realizado experiencias con trébol blanco ( Trifolium
repens ) rojo o rosado (Trifolium
pratense), pero los resultados no han sido totalmente satisfactorios,
dependiendo de las condiciones climáticas del año y aspectos relacionados con
el manejo. En los últimos años se ha observado un incremento en la superficie
cultivada de algunas gramíneas megatérmicas de los géneros ( panicum, cenchrus
y digitaria). El grado de adaptación de estas especies a estas latitudes
determinará la consolidación final de las mismas a los sistemas de producción
de la región.
Las especies perennes se constituyen en uno de los recursos más eficientes para la protección del suelo, mejorando la fertilidad, disminuyendo los costos al no requerir labranzas y mejorar los rendimientos agrícolas a través de la recirculación de nutrientes por parte del subsistema ganadero. Los cultivos perennes utilizados en los sistemas bovinos para carne y leche de la región son alfalfa y las gramíneas de ciclo otoño invierno primaveral, los que pueden sembrarse como cultivos puros o constituyendo las praderas perennes (Pagliaricci et al, 1997).
La alfalfa es un recurso fundamental para la producción agropecuaria en las regiones templadas del mundo. Su calidad nutritiva, producción de forraje, hábito de crecimiento, perennidad, plasticidad y capacidad de fijación simbiótica de nitrógeno atmosférico, la convierten en una especie esencial para muchos sistemas de producción agropecuaria. En la mayoría de las regiones de Argentina donde las producciones de leche y carne son relevantes, esta especie forrajera es básica en la alimentación. Sin embargo, la dimensión real de su valor surge cuando se considera , además, el papel de esta leguminosa en la sustentabilidad de los sistemas de producción, por su función en la recuperación de la fertilidad y estabilidad edáfica (Pordomingo, 1995).
En nuestro país se cultivó primeramente en la región cuyana (Mendoza y San Juan) y años mas tarde en Córdoba. Su llegada a lo que actualmente es la provincia de Buenos Aires se produjo a mediados del siglo XVIII. En el año 1900 se registraron aproximadamente 1,5 millones de hectáreas y solo dos décadas después la superficie llegó a las 8,5 millones. Desde entonces la evolución de la superficie con alfalfa en Argentina experimentó vaivenes muy marcados con un mínimo de 3.000.000 has en 1972/73 (Hijano y Basigalup, 1995; Romero, 1981). Los últimos datos muestran una superficie en la región pampeana de 5 millones de hectáreas (INDEC, 1993).
La escasa persistencia de los cultivos de alfalfa y sus praderas está íntimamente relacionada con la utilización en pastoreo de esta especie. La normas y las estrategias de uso deben basarse en la dinámica de las sustancias de reserva en sus órganos de almacenaje, asegurando niveles adecuados de las mismas en épocas críticas del año, junto con otros aspectos tecnológicos del cultivo que tendrán que ser considerados.
Varios autores coinciden en que su sobrevivencia y crecimiento posterior dependen, tanto del área foliar remanente, como de los niveles de reserva y que ambos factores están relacionados (May y Davidson, 1958; Good y Bell, 1980; Smith y Silva, 1980; Vickery, 1981).
La importancia de las reservas es bien conocida. Cooper y Watson (1968) citan que ya en 1927 Graber et al enunciaron que: “Las condiciones de las raíces de alfalfa están tan claramente relacionadas con la cantidad de parte aérea, que en prácticas de manejo no se las puede ignorar más”. El estudio del ciclo de acumulación de las reservas de carbohidratos no estructurales totales (CNT) en alfalfa es de gran importancia, pues permite correlacionar características fisiológicas con el desempeño productivo (Costa, Saibro y Riboldi, 1987).
Grauman, Webster, Canode y Murphy (1954) señalaron que en el manejo de alfalfa lo primero que importa es el estado de los carbohidratos de reserva en las raíces, puesto que están directamente relacionadas con la velocidad de recuperación, el crecimiento vegetativo total y la sobrevivencia durante el invierno. Borel (1974) y Lawn y Brum (1974) encontraron mayor cantidad de CNT cuando la defoliación se realizó con intervalos largos y baja intensidad. Generalmente, cortes tardíos, cerca de plena floración, incrementan el vigor del rebrote (Leach, 1967) y mantiene altos niveles de carbohidratos de reservas en las raíces (Reynolds, 1971). Por otro lado, la alfalfa puede tener mas vigor con cortes menos frecuentes, pero esto resulta en bajos valores nutricionales del forraje. Wolf y Blaser (1981) señalan que la frecuencia de corte o pastoreo debe considerarse como un compromiso prudente entre producción, calidad y longevidad de las plantas.
La frecuencia de corte o pastoreo es un factor importante en el manejo de la defoliación. Smith (1962) señala que el momento óptimo de corte estaría determinado por el estado de desarrollo del cultivo. El corte o pastoreo en plena floración permitirá la máxima acumulación de reservas (carbohidratos no estructurales totales) en raíz y corona, elevada producción de forraje, rapidez en el rebrote y mantener una buena densidad de plantas. Sin embargo, este criterio es difícil de aplicar en algunas épocas del año, ya que por condiciones climáticas (luz, temperatura) no se produce la floración. El criterio de días transcurridos entre cortes, aunque con ciertas limitaciones por lo rígido, podría utilizarse para definir la frecuencia de corte (Edmisten, Wolf y Lentner, 1988). Romero (1981) señala que los ecotipos pampeanos de alfalfa pueden ser utilizados con frecuencias de pastoreo de 35 días. Solá, Josifovich y Bertín, (1984) indican que la persistencia es mayor y se mantiene la densidad de plantas cuando se respetan descansos entre utilizaciones de 35 a 42 días durante la primavera-verano..
Otro aspecto importante a considerar en la utilización de alfalfa es el manejo otoñal para obtener buenos rendimientos de forraje en primavera y mejorar su comportamiento productivo (Hernández, 1969; Solá et al 1984). Al respecto, Smith (1962) señala que la alfalfa no debería pastorearse por 4 a 6 semanas antes de las primeras heladas. Romero (1981) sostiene que el período de descanso otoñal debe ser de 3 meses. Sin embargo, la acumulación de sustancias de reservas en especies forrajeras perennes dependen del balance energético de la planta en diferentes estados fenológicos y este es siempre afectado por el ambiente lumínico, hídrico y térmico (Deregibus, Trlica y Jameson, 1982), por lo que los resultado pueden ser válidos para algunas regiones y no para otras.
La falta de forraje durante el invierno es una limitante para la actividad pecuaria en la región pampeana subhúmeda de Argentina. La base de la alimentación para sistemas de altos requerimientos son los cereales de invierno, pero presentan la desventaja de desestabilizar los suelos por laboreo permanente a pesar de que en la actualidad cada vez es mas frecuente el uso de prácticas conservacionistas (rotaciones e incorporación de leguminosas), escasa incorporación de rastrojos (materia orgánica), compactación por pisoteo y sus altos costos de implantación. Las gramíneas perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral [festuca (Festuca arundinacea), agropiro (Tynophiron ponticum), pasto ovillo (Dactylis glomerata), falaris (Phalaris acquatica), raygrass perenne (Lolium perenne)], podrían constituirse en recursos de producción y calidad complementarios y disminuir la superficie sembrada de cereales de invierno. Norris y Thomas (1982) señalan que el pasto ovillo (Dactylis glomerata L.) es una de las gramíneas templadas más resistente a sequías, y es coincidente con lo informado por Larrea (1981), quien indica que esta especie está adaptada a condiciones de baja humedad de suelo y mediana fertilidad, manifiesta resistencia a sequía y marcada latencia estival. Sin embargo es una especie que por otras razones suele ser caracterizada por su corta persistencia, baja productividad y exigente en las condiciones de manejo del pastoreo. También, festuca alta (Festuca arundinacea L.) es una especie que vegeta bien en una gran diversidad de ambientes y mantiene alta estabilidad en la producción de materia seca dentro y entre años (Arostegui et al, 1981; Larrea y Ferrarotti, 1984). En Balcarce, provincia de Buenos Aires, la variedad El Palenque mostró alta tolerancia a pastoreos intensos en verano y capacidad para mantener elevada densidad de plantas con bajos niveles de fertilización nitrogenada (Mazzanti et al, 1992). Por su parte, Volenec y Nelson (1983) observaron una mayor tasa de elongación foliar en los tratamientos con utilizaciones menos frecuentes. Al respecto, Larrea (1981) afirma que el espectro restringido de especies disponibles hace necesario que se explote al máximo las posibilidades de prolongar el período de utilización de las mismas. Las condiciones climáticas adversas, baja temperaturas y escasas lluvias, de nuestra región, condicionan el crecimiento y la producción invernal de estas pasturas.
El conocimiento de los cambios fenológicos y fisiológicos de estas especies en relación a las condiciones ambientales, permitirían adecuar normas de manejo tendientes a maximizar la producción de forraje.
Según Booysen, Taiton y Scott (1963) para el manejo de gramíneas perennes los conceptos básicos que deben ser estudiado son: la época de elevación del meristema apical y el período en que este se hace accesible al corte o pastoreo. La aptitud de algunas forrajeras de mantener sus meristemas cerca del nivel del suelo es uno de los indicadores de su adaptación al pastoreo (Peterson, 1961). Cuando el número de meristemas apicales terminales es alto, el rebrote se inicia a partir de yemas basales, pudiendo esa recuperación ser demorada y poco vigorosa o rápida y satisfactoria, lo que depende de las yemas formadas en la base de la planta y el nivel de los carbohidratos de reserva (Gomide, 1973).
Uno de los objetivos perseguidos en el manejo de la defoliación de especies forrajeras y en particular en gramíneas es la estimulación de la tasa de macollaje y consecuentemente el desarrollo de nuevas hojas, lo cual se logra permitiendo la penetración de la luz en la base de las plantas (Belesky y Fedders, 1994). Davis y Laude (1964) y Washko et al (1967) coinciden con este concepto, y Langer (1963) afirma que la tasa de macollaje aumenta con la severidad de la defoliación. En cambio Bertin (1990) señala que en general los modelos de macollaje siguen un patrón bastante similar, independientemente del régimen de defoliación empleado.
Según Brougham (1956), la acumulación de biomasa en las praderas se ve favorecida por la utilización con menor intensidad y frecuencia. En las plantas forrajeras perennes, los carbohidratos de reserva son importantes para cubrir los requerimientos energéticos durante el período de latencia, el crecimiento posterior a ella y el rebrote después de un corte o pastoreo (Trlica y Cook, 1971; Gardner, 1974). Para Mislevy, Washko y Harrington (1978) la concentración de carbohidratos no estructurales totales almacenados por las gramíneas perennes es un indicador de su condición fisiológica.
Los períodos de almacenaje y utilización de las reservas orgánicas determinan la potencialidad del rebrote después de un corte o a la salida del período de latencia (Smith, 1972) o cuando el estrés que sufre la planta es relevante (Volenec, 1986). También Davidson y Milthorpe (1964) observaron que la velocidad de rebrote de Dactylis glomerata inmediatamente después de la defoliación está relacionada con la concentración de carbohidratos de reserva presentes en el momento de corte.
Algunas investigaciones demuestran que los niveles
de carbohidratos de reserva son una característica debida más a factores
climáticos y normas de manejo que a la especie individual (White, 1973). Los
niveles de reserva de verano y durante el rebrote de otoño son reducidos tanto
por defoliaciones intensas en primavera como por déficit hídrico en verano
(Volaire, 1994)
Tradicionalmente la alfalfa fue una especie que se sembró como cultivo puro. Sin embargo, actualmente en el país alrededor del 70% de la superficie corresponde a siembras con otras especies forrajeras especialmente gramíneas (Romero, Comeron y Ustarroz, 1995). Alfalfa es la principal especie integrante de las praderas, por ser una leguminosa que produce cantidad y calidad de forraje durante gran parte del año y bajo condiciones ambientales variables (Enrique, Becker y García, 1989). Según Jung y Shaffer (1993), en las regiones húmedas de estados Unidos hay un interés renovado en la siembra de mezclas de alfalfa con gramíneas en oposición a alfalfas puras. Ravaglia (1992) señala que la mezcla o asociación de especies tiene una importancia muy grande, ya que es mediante ella como se resuelven o generan problemas desde el inicio de la vida de una pradera.
Carambula (1977) señala que, las praderas temporarias o cultivos forrajeros anuales no deben considerarse como un relicto de antiguas explotaciones, ya que constituyen de por si un elemento fundamental en la producción de forraje. Pretender que un sistema de producción ganadero dependa pura y exclusivamente de praderas formadas por especies perennes, no ha dejado de ser una utopía. Si bien ellas deben ser los principales pilares, también es cierto que las praderas temporarias cumplen exitosamente la misión de reforzar las necesidades forrajeras en las épocas críticas de invierno y verano, cuando las pasturas perennes disminuye su productividad.
· Ventajas
* Son de fácil implantación.
* Simples en el manejo del cultivo.
* Alto valor nutritivo.
* Alta productividad en un corto período de tiempo.
· Desventajas
* Por el escaso tiempo que ocupan el suelo y los elevados índices de cosecha, la reposición de nutrientes es escasa.
* La utilización por pastoreo afecta la estructura física del suelo por pisoteo y escasa incorporación de rastrojos.
* El laboreo anual del suelo para realizar su cultivo también provoca degradación física del mismo.
* Son de elevado costo.
* No siempre se constituyen en forrajes completos, presentando con cierta frecuencia desbalances en la relación energía/proteína.
En la región centro sur de la provincia de Córdoba predominan los sistemas de producción mixtos. La oferta forrajera invernal es escasa y las gramíneas anuales de invierno, los tradicionales “cereales de invierno”, ocupan no menos del 50 % de la superficie y actualmente resultan ineludibles. En los sistemas ganaderos de altos requerimientos, el invierno constituye una etapa crítica debido a que las bajas temperaturas y la sequía condicionan la provisión de forraje. En tales disposiciones, la adaptación y producción de especies perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral es bastante difícil, por lo menos con las variedades y cultivares que se encuentran en los comercios que proveen insumos. Estos materiales se han obtenido en y para otros ambientes diferentes a la región en cuestión. Por ello, la cantidad y calidad de forraje provisto por las gramíneas anuales de invierno cumple un rol muy importante en el planeamiento forrajero de una gran cantidad de establecimientos de una amplia área del sur provincial, especialmente si están dedicados a la producción bovina de carne o leche.
Según el Censo Nacional Agropecuario (INDEC, 1988), en los departamentos que integran la zona centro-sur de la provincia de Córdoba (Río Cuarto, Juárez Celman, Roque Sáenz Peña, General Roca, Tercero Arriba y Calamuchita) se cultivaron mas de 1.100.000 has de forrajeras anuales. La mayoría de las invernales corresponden a cereales de invierno, principalmente avena (469.000 has.), centeno (67.000 has) y triticale, cuya difusión está en auge; no se dispone de estadísticas de otras especies forrajeras invernales.
La inclusión de una proporción de cereales de
invierno es de uso habitual en el planteo forrajero de muchos establecimientos
(Amigone, 1992). Debido a su alto costo de implantación y en general corto
período de aprovechamiento, el empleo de estos recursos debe ser bien
planificado en todos sus aspectos. La fecha de siembra influye directamente sobre
los días a primera utilización y en el aprovechamiento total del recurso.
Alvarez Chaus (1993) señala que siembras tempranas permiten el logro de dos
objetivos claves: iniciar el pastoreo lo antes posible (por ej., a principios
de mayo) y alargar el período de aprovechamiento (pudiendo superar los cinco
meses). Hernández y Funes (1983) destacan la importancia de la fecha de siembra
en los cereales de invierno con
diferentes densidades de siembra en utilizaciones tempranas y tardías.
Dentro de estos cultivos sobresalen: el sorgo (Sorghum bicolor); maíz (Zea mays); mijo común (Panicum mileaceum); moha (Setaria itálica) y mijo perla (Pennisetum americanum). Estas especies se utilizan para pastoreo directo y para la conservación de forraje en la forma de ensilaje (sorgo, maíz y mijo perla) y mediante la henificación en el caso de moha y mijo común. Bruno et al (1992) señalan la importancia de la utilización de los sorgos forrajeros, fundamentalmente en aquellas regiones donde existen limitaciones para el cultivo de maíz. Los sorgos forrajeros comenzaron a utilizarse en Argentina a partir de la década del 60 alcanzando una superficie sembrada superior a las 200.000 has entre 1970 y 1980. También se observó una creciente aparición de cultivares particularmente híbridos de sorgos azucarados, sudan y doble propósito (Scatamburlo, 1981).
Marchi y Giraudo (1973) informan que el sorgo es un recurso ampliamente difundido y utilizado en el engorde de novillos en las regiones semiáridas.
En los sistemas de producción de leche es necesario incorporar una proporción importante de cultivos forrajeros anuales para cubrir los requerimientos alimenticios, siendo el sorgo forrajero un recurso adecuado dado el gran volumen de forraje verde que ofrece y la calidad del mismo para la producción de carne y leche (Nardone et al., 1980).
El maíz es otro de los cultivos anuales de verano usualmente sembrado como forraje. En la actualidad se cultiva también para ensilaje. Se caracteriza por su excelente adaptación a esta técnica con fermentaciones favorables, alto contenido energético y elevados rendimientos por unidad de superficie (Romero et al, 1992). En condiciones de clima subhúmedo y semiárido la productividad del maíz está condicionada por la variabilidad de las precipitaciones (Vigna, 1981). El maíz es un cultivo que tiene la característica de no presentar rebrote por lo que el manejo y la utilización bajo pastoreo son específicos para esta especie.
Entre los cultivos anuales de verano, la moha es una especie interesante por su rápida implantación y precocidad. Se lo puede utilizar mediante pastoreo, pero el uso más común es para henificar, siendo el momento adecuado para hacerlo 5 a 10 días después del panojamiento (Ramos Vértiz, 1983).
Otro cultivo destacable pero de escasa difusión en Argentina es el mijo perla. Presenta características forrajeras para considerar como su facilidad para implantarse, resistente a déficit hídricos y sequías, tolerante a salinidad y plagas, altos rendimientos de materia seca y buen valor nutritivo (Brizuela et al., 1977).
La planificación forrajera es el conjunto de planes forrajeros para el corto, mediano y largo plazo. Consiste en la previsión, en el tiempo, del balance entre la oferta de forraje y la demanda ganadera (gráfico 1). La oferta es expresada a través de la disponibilidad de recursos forrajeros (cultivos forrajeros, pasturas, reservas, suplementos) y la demanda mediante los requerimientos nutritivos del rodeo para mantenimiento y producción (Milligan y col, 1987; Lucas y Thompson, 1990)
En el largo plazo se puede considerar la estructura forrajera; en el mediano plazo, el cálculo de receptividad y la presupuestación forrajera y en el corto plazo, la planificación del pastoreo y balance nutricional (gráfico 12-1)
Gráfico 12-1.- Esquema de presupuestación forrajera
Estos planes difieren en la escala de resolución , en el plazo de aplicación y
en las decisiones específicas que posibilita su análisis (cuadro 12-1). En el
largo plazo es posible modificar la estructura forrajera del establecimiento,
definiendo el esquema de rotaciones, la composición de las pasturas, el sistema
de reservas y el apotreramiento. En el mediano plazo se puede determinar la
carga animal, la época de servicio, de parición, el destete, definir la cadena
forrajera y la necesidad de reservas y suplementación. En el corto plazo no se
plantean modificaciones sustanciales a la oferta forrajera y se tiende a
solucionar problemas coyunturales y a ajustar el balance nutricional en la
alimentación diaria (formulación de raciones).
Es fundamental definir escala de resolución del problema, así como evaluar la calidad (confiabilidad) de la información con que se cuenta, para decidir adecuadamente y manejar eficientemente los sistemas de producción. A menor plazo, mayor es nivel de detalle de la información necesaria. La planificación a largo y mediano plazo se basa principalmente en estimaciones, mientras que en el corto plazo se trabaja con información real (cuadro 2).
Los sistemas de producción de carne y leche de alta productividad en la región, imponen una articulación de recursos alimenticios que atenúe al máximo las diferencias estacionales en el crecimiento de las praderas. La planificación de un calendario forrajero y el manejo del pastoreo se constituyen en las principales herramientas disponibles para compatibilizar la oferta con la demanda de nutrientes de las distintas categorías productivas (Kloster et al,1997). Las especies que integran el calendario forrajero están representadas por praderas, cultivos de alfalfa y distintas especies y variedades de cereales invernales.
Cuadro 12-1.- Modelo de calendario forrajero en la pampa
subhúmeda Argentina
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Ene |
feb |
mar |
abr |
may |
jun |
jul |
ago |
set |
oct |
nov |
dic |
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Referencias
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alfalfa |
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avena |
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Centeno, triticale |
En el cuadro 12-1 se presenta un calendario forrajero para sistemas productivos de altos requerimientos (carne y leche) en la región
Los cultivos puros de alfalfa se utilizan normalmente en la región desde el mes de octubre (inicio de primavera) hasta el mes de mayo. Algo similar ocurre con las praderas, las que pueden ser sometidas a pastoreo desde fines de invierno (agosto-septiembre) y prolongarse el mismo hasta el mes de junio, cuando se inicia el período invernal. Esto es posible, dado que las praderas están integradas por alfalfa y gramíneas perennes de invierno.
Los cereales de invierno son utilizados mediante el pastoreo a partir del mes de junio, alternándose las variedades de avena con diferentes ciclos de producción y otras especies de mayor rusticidad y resistencia a condiciones ambientales adversas, principalmente las bajas temperaturas invernales y la escasa disponibilidad de agua; tal es el caso de variedades de centeno y triticale.
Los
sistemas de recolección de forraje se pueden clasificar:
Mecánico
· Corte y entrega inmediata (soiling o pastoreo mecánico)
·
Corte
y entrega desfasada (reservas de forraje)
Directo
·
Sistemas
de pastoreo (continuo, rotativo, y sus alternativas, diferidos entre otros).
Mecánico de entrega inmediata
También conocido como “soiling”, mal llamado pastoreo mecánico" o "cero pastoreo".
Básicamente
este sistema se basa en una máquina picadora de forraje a la que se le adiciona
un vagón con un sistema incorporado de descarga. También se utilizan maquinas
de tipo integral en la que el mecanismo de corte-picado y carga-descarga esta
integrado a la misma. Esta máquina tiene el problema que disminuye la eficiencia
del tiempo de cosecha al tener que trasladarse con todo el implemento para la
entrega de forraje a los animales.
El corte de forraje se efectúa en forma diaria, generalmente dos veces por día, y la correspondiente entrega a los animales en corrales o pequeños piquetes sobre bateas, comederos o en el piso.
Las características más destacables de este sistema serían su mayor eficiencia de cosecha y producción animal /ha. Algunas ventajas y desventajas de este sistema son:
Ventajas
· Menos pisoteo y disminución de los daños mecánicos.
· No hay contaminación del forraje con heces y orina.
· Mayor utilización del forraje disponible por disminución de las pérdidas por cosecha.
·
Mayor
receptividad.
·
Mejor
regulación de la altura de corte (Intensidad) como así también los días entre
cada uno de ellos (frecuencia).
·
Mejora
en la uniformidad de rebrote.
·
Mayor
producción de forraje.
·
Ahorro
energético por parte del animal.
·
Incremento
en la producción animal por unidad de superficie.
Desventajas
·
Elevados
costos.
· No hay transferencia de fertilidad por las deyecciones de los animales y se debe instrumentar algún sistema recolector y distribuidor de heces y orina.
· Menores ganancias individuales por la imposibilidad de seleccionar por parte del animal.
· La calidad de forraje es muy variable entre el primer y el último día de entrega del forraje.
·
La
necesidad de personal bastante especializado y entrenado.
· Las malas condiciones climáticas pueden afectar el normal abastecimiento de forraje por falta de piso para las maquinarias.
CONCLUSIONES
Si bien los resultados de
trabajos de investigación realizados en el país y en el extranjero, donde se
comparan diferentes sistemas de utilización de pasturas y se analizan los
sistemas de cosecha mecánica, se caracterizan por ser poco consistentes y hasta
contradictorios, los análisis y las conclusiones deberían considerar los
siguientes aspectos:
·
Tipo
de plantas y estado fenológico: Las especies de porte erecto de rápido
crecimiento y en estado avanzado de madurez son mas susceptibles al daño
mecánico por pisoteo de los animales
·
Tipo
y categoría de animales: Al respecto también se especula que el daño mecánico
por pisoteo está fuertemente influenciado por este factor.
·
Carga
Animal: Sobre este factor es importante resaltar lo señalado por Runcie (1960)
indicando que cualquier ventaja comparativa de los sistemas de recolección
mecánica dependerá de la carga animal que se utilice.
·
Sistema
de producción: Prácticamente todos los trabajos se han realizado en vacas
lecheras y muy pocos en sistemas de invernada. Las vacas lecheras son muy
sensibles a los cambios producidos en la calidad del forraje. Además, pueden
ser más afectadas por el pastoreo debido a que diariamente gastan energía para
trasladarse desde el potrero a la sala de ordeño.
Si
bien es cierto, que la producción por unidad de superficie aparece como el
aspecto más relevante al comparar ambos sistemas, no es menos importante el
enfoque nutricional. Según Cireenhalqh y
Runcie (1962) la nutrición de la vaca en un sistema de recolección mecánica
difiere del pastoreo directo en tres aspectos principales:
1.
La
calidad del forraje consumido es más baja por menor selectividad
2.
La
cantidad de forraje consumido también es menor
3.
Las
necesidades energéticas son menores por el ahorro de energía al no tener que
realizar la búsqueda del alimento.
Como
se mencionaba inicialmente los resultados son variables, la mayoría de los
trabajos se han realizado en alfalfa pura o en mezclas.
1.
Los
resultados van desde iguales producciones, tanto individuales como por unidad
de superficie. En otros casos se
señalan producciones individuales iguales, pero por unidad de superficie
superiores en sistemas de recolección mecánica, mientras que en gramíneas puras
se han encontrado resultados totalmente opuestas en producciones por unidad de
superficie con respuestas individuales iguales a menores en pastoreo mecánico.
2.
Los
sistemas de recolección mecánica y entrega inmediata se justificaría por cortos períodos de tiempo,
con recursos forrajeros de porte erecto y elevada producción por unidad de
superficie (elevadas tasas de crecimiento). También, tendrían su justificación
en cultivos de alfalfa en plena época de rebrote para disminuir los efectos del
empaste.
MECÁNICO
DE ENTREGA DESFASADA EN EL TIEMPO
Es la forma de trasladar los excedentes de
producción de forraje, mediante técnicas de conservación, desde las épocas de
excesos a los momentos de déficit. Se
identifica a este sistema como métodos de conservación de forraje.
Las crisis forrajeras pueden ser de dos
tipos:
1.
Estacionales: cuyas ocurrencias se deben a
variaciones en las condiciones climáticas provocando alteraciones considerables
en el crecimiento de los forrajes.
2.
Periódicas: también son de tipo estacional
pero con diferente intensidad. Pueden ocurrir sistemáticamente todos los años o
no. Por ej., fenómenos de inundación o
sequías extremas. Para escapar a esos momentos críticos en la producción de
forraje existen las siguientes alternativas entre otras:
I.- Hacer coincidir los
requerimientos del sistema de producción animal con la oferta forrajera.
II.- Variar la carga animal en
función de la disponibilidad de forraje.
III.- Planificar la confección
de reservas de forraje que permitan sortear los momentos de crisis.
RESERVAS
FORRAJERAS
Los
excedentes no pastoreados y/o cultivos destinados a tal fin, pueden constituir una reserva y ser
conservados por cualquiera de los siguientes métodos:
·
Henificación
·
Ensilaje
·
Henolaje
(haylage o "silopaq").
·
Deshidratación
artificial
|
MÉTODO
DE CONSERVACIÓN |
% DE MS PRESERVADA |
|
Secado artificial con calor |
88 -
90 |
|
Secado artificial sin calor |
85 |
|
Henolaje -Haylage- |
80 -
82 |
|
Henificación secado a campo |
76 |
|
Ensilaje |
76 |
|
Henificación con daños por
lluvia |
50 |
En
la elección del método en particular influyen diversas circunstancias, pero el
objetivo es el mismo con cualquiera de ellos: “Conseguir un producto duradero de
adecuado valor nutritivo con las mínimas pérdidas y a un costo razonable de
capital y trabajo”
Reservas de
forraje
Los
sistemas de producción de leche y/o de carne basan la alimentación de los
animales en las pasturas semipermanentes, complementadas en ciertas regiones
con cultivos anuales. La actual
intensificación determina altos requerimientos nutricionales y esto hace
necesario contar con forrajes de alta calidad para no comprometer la producción
de los animales.
Las pasturas, independientemente de las especies utilizadas, presentan una curva de crecimiento con alta concentración de la producción de forraje en el período primavera-verano y una menor oferta en otoño-invierno.
Para mantener producciones estables y continuas durante el año, con cargas medianas a altas, es necesario compensar los déficit con el uso de forrajes conservados y/o granos. Los primeros pueden ser obtenidos con los excedentes de las pasturas o con cultivos sembrados para tal efecto.
Figura N° 12-2.- Curva de oferta y demanda de
forraje a lo largo del año.
Las técnicas de conservación que pueden utilizarse son la henificación, el henolaje y el ensilaje.
Es importante destacar que, cualquiera sea el sistema de conservación utilizado, éste no mejora la calidad del material original. Por lo tanto, la prioridad debe ser transformar un forraje recién cortado (muy inestable), lo más rápidamente posible y con las menores pérdidas, a un estado que permita la conservación prolongada del producto (estable), disminuyendo al mínimo las pérdidas en cantidad y calidad de materia seca (MS).
Existe una diversidad importante de cultivos que pueden ser conservados, difiriendo en rendimiento de MS/ha y en calidad. La elección de un sistema de conservación dependerá principalmente de la especie disponible y las condiciones climáticas imperantes en la región.
Como
ejemplo, se puede mencionar que para la alfalfa la henificación es la técnica
más recomendable, mientras que para el maíz lo es el ensilaje. Además, en el caso de esta leguminosa, si
las condiciones climáticas no son buenas para obtener un rápido secado se puede
recurrir a conservarla como henolaje o silaje.
El
heno es un forraje conservado que se caracteriza por poseer un bajo contenido
de humedad - menos del 15 % -, que le permite ser almacenado sin peligro de
fermentaciones y desarrollo de hongos.
Factores que afectan la calidad del heno
Los
factores que inciden sobre la calidad del heno se pueden clasificar en:
·
Condiciones
climáticas.
·
Especie
forrajera y momento de corte.
·
Proceso
de confección.
·
Almacenamiento.
Condiciones
climáticas
La
calidad del heno está estrechamente vinculada con los factores climáticos:
variaciones
entre zonas o regiones.
la
época del año.
· las condiciones en el momento de corte muchas veces obligan a demorar el mismo, hecho que trae aparejada una cosecha de forraje más maduro.
· las condiciones durante el proceso de secado (dependen principalmente del tiempo de permanencia del vegetal en el campo y de los fenómenos climáticos que ocurren.
El
agua de lluvia es responsable de grandes pérdidas del valor nutritivo de henos
expuestos en el campo, debido básicamente al "lavado" de
nutrientes. Dichas pérdidas no son muy
importantes mientras la planta no haya comenzado a secarse pero sí cuando las células
están muertas, dado que pierden su capacidad de permeabilidad selectiva, permitiendo
la entrada de agua, que disuelve y arrastra los nutrientes solubles y más
digestibles, dejando en el campo un forraje de inferior valor nutritivo.
Especie forrajera
y momento de corte
Si
bien la mayoría de las especies forrajeras pueden eventualmente conservarse
como heno, el valor nutritivo de éste está fuertemente condicionado por el tipo
de forraje del cual fue hecho.
En pasturas mezclas, la calidad final del heno depende de las especies presentes y de su participación. En general, tienen muchas variaciones y los valores promedio no deben ser tomados en cuenta. En estos casos es necesario tener el valor de la muestra puntual para conocer realmente su calidad.
El
momento de corte es, sin duda, un
factor de gran importancia en la calidad final del forraje conservado. Manejándolo, se puede manipular la cantidad
de forraje, la calidad o las situaciones intermedias donde se pretende balancear
cantidad con calidad.
Trabajos
realizados en alfalfa, cortada en tres momentos -10, 50 y 100 % de floración-
mostraron diferencias notorias en el valor nutritivo y en el consumo
voluntario. En el Cuadro 12-3 se
presentan los resultados de un trabajo de Steacy y colaboradores (1983).
Cuadro 12-3.- Momento de corte de alfalfa y su calidad
En
función de los resultados experimentales puede concluirse que, en alfalfa, el
momento de corte más indicado para la cosecha del mayor porcentaje de nutrientes
digestibles es el comienzo de la floración.
En dicho estado, si bien no se logra el mayor rendimiento en MS del
cultivo, la calidad del heno obtenido es superior al de otros estados de
madurez más avanzada.
En
gramíneas también es importante la incidencia del momento de corte sobre la
producción de MS cosechada y el valor nutritivo del heno. En el Cuadro 12-4 se
indican resultados de calidad de henos de moha (Setaria itálica), cortados en dos estados distintos en la EEA INTA
Rafaela.
Cuadro 12-4.- Producción y calidad de heno de moha en dos momentos de
corte (EEA
INTA Rafaela).
Proceso de
confección
En
general, cuanto más favorables son las condiciones para la deshidratación del forraje,
mejores son las características cualitativas de los henos obtenidos,
aproximándose más a la digestibilidad del material de origen.
El
corte puede realizarse con guadañadora, segadora acondicionadora o
cortadora-hileradora de hélice. Las
pérdidas pueden originarse desde el mismo momento de corte del forraje, y son
mayores cuando las maquinarias no cumplen satisfactoriamente este trabajo
(sistemas deficientes, mal acondicionado de elementos cortantes, etc.)
La
manipulación del forraje durante el proceso de secado influye sobre la calidad
del heno logrado, siendo el mal uso del rastrillo (contenido de humedad del
forraje, hora del día, etc.) una de las causas más graves de pérdida de calidad,
principalmente en leguminosas.
En
el Cuadro 3 se muestra el efecto del uso del rastrillo en alfalfa con distintos
contenidos de humedad y densidad de la andana sobre la pérdida de MS.
El
uso de acondicionadores mejora y uniformiza el secado entre hojas y tallos y
reduce el tiempo de permanencia del forraje en el campo. Esto varía según la especie, el estado
fenológico al corte y las condiciones climáticas (temperatura, intensidad del
viento y humedad relativa) imperantes durante el proceso de secado.
Cuadro
12-5.- Pérdidas (%) de MS durante el
rastrillado de alfalfa.
(Buckmaster, 1993;
Klinner y Shepperson, 1975).
En
la EEA INTA Rafaela, con la finalidad de comparar la tasa de secado en alfalfa,
utilizando una segadora acondicionadora en comparación con una cortadora-hileradora
de hélice, se realizaron dos ensayos.
Los resultados mostraron diferencias en la tasa de secado entre ambos
tratamientos, siendo mucho más rápida la pérdida de humedad en la alfalfa
acondicionada.
Estas
diferencias en la tasa de secado determinaron que se necesitaran 84 y 48 horas
de permanencia en el campo para llegar al 20 % de humedad en el primer ensayo
con los tratamientos cortadora-hileradora y segadora acondicionadora
respectivamente. Los valores para el segundo ensayo fueron de 37 hs para la
cortadora - hileradora y de 28 hs para la segadora- acondicionadora.
La
conservación del heno húmedo, usando preservantes químicos aplicados antes de
su enfardado o enrollado, se ha estudiado en el extranjero y también existe
alguna información nacional. Con estos productos se pretende reducir el período
de permanencia del forraje cortado en el campo antes de la recolección,
disminuyendo los riesgos de la acción climática y evitando mover el forraje
cuando las hojas (principalmente en leguminosas) están particularmente
frágiles.
Se
han probado diversos productos, siendo el ácido propiónico uno de los más
efectivos. Los inconvenientes que presentan tienen que ver con la rápida
volatilización de algunos compuestos y la dificultad para su aplicación en
forma uniforme. El uso de estos preservantes en el mundo no es muy grande y los
resultados desde el punto de vista experimental son contradictorios.
Almacenamiento
Cuando
se almacena heno (fardos, rollos, etc.) lo suficientemente seco y se lo protege
de la lluvia, las pérdidas que se producen hasta su utilización son escasas.
El valor límite para el almacenaje, sin
peligro de fermentaciones que produzcan calentamientos capaces de provocar su
combustión espontánea, está en el rango del 20-25 %, pudiendo existir
variaciones según el tipo y la condición del forraje, la temperatura y la
circulación del aire. El aumento de la temperatura del heno almacenado está directamente
relacionado con el contenido de humedad en el momento de la recolección del
forraje o de entrada de agua.
Se
deben extremar los cuidados en el almacenamiento de henos cosechados con un
porcentaje de materia seca inferior al 70% y evitar henificar cultivos con
malezas de tallos gruesos y jugosos, que requieren un tiempo muy superior al
que necesita la especie principal o predominante. Un ejemplo muy común de esta
situación es la henificación de lotes de alfalfa con infestación de sorgo de
alepo.
En
el caso de moha, en estados tempranos de corte el secado no es parejo entre la
fracción hoja y tallo de la planta, produciéndose elevación de temperatura con
combustión al tenerse en cuenta solamente el grado de secado de la hoja en el
momento de su recolección.
Las
condiciones climáticas imperantes en el momento de la recolección (rocío,
humedad ambiente, etc.) y la hora del día influyen sobre el contenido de
humedad del forraje y pueden originar pérdidas.
Por otra
parte, éstas pueden incrementarse notablemente cuando los rollos no son
confeccionados correctamente (normas de manejo de las rotoenfardadoras),
pudiendo alcanzar a más del 50 %, especialmente cuando se trabaja con rollos
livianos de gramíneas, tales como avena o moha.
Otro factor
de pérdida durante el almacenaje es el tiempo transcurrido entre la confección
y la utilización, influenciado, además, por la forma de recolección (fardos y/o
rollos).
En
la EEA Rafaela se realizaron evaluaciones de pérdidas de rollos tapados y sin
tapar, con rangos entre el 9 y el 17 % de MS. Además, se registraron pérdidas
de calidad en la periferia mayores en los rollos sin tapar.
Otro
factor de pérdida en rollos es el que se produce en el material en contacto con
el suelo. Estas pérdidas se pueden evitar si los rollos son colocados sobre
gomas, postes u otros elementos que eviten el contacto con el piso o se almacenan
bajo galpones.
En
una situación extrema, rollos sin tapar y en contacto con el suelo tuvieron
pérdidas de MS del orden del 23 %, mientras que los tapados y sin contacto con
el suelo (sobre postes) tuvieron pérdidas de sólo el 6 %.
La
información presentada pone en evidencia los distintos factores que influyen
sobre la calidad final del heno. En la Argentina es común no tenerlos en cuenta
y normalmente se hace referencia a fardos o rollos de alfalfa, pastura, avena,
moha, etc. como si todos fueran iguales.
Especialmente
en rollos, resulta frecuente que en condiciones de campo no se tenga en cuenta
la información básica que hace a la calidad del heno realizado, para su clasificación
y almacenaje en lugares perfectamente determinados. Contando con la
información, se podría hacer un uso más eficiente de los mismos,
suministrándolos en función de su calidad a las distintas categorías de
animales que componen los rodeos de leche y/o carne.
Como
resumen general, se presenta en el Cuadro 4 una forma práctica de clasificar
los rollos en función de la especie, el estado al corte y las condiciones
durante el secado.
Cuadro 12-6.-
Clasificación de los rollos en función de su calidad para el almacenaje (EEA INTA Rafaela).
En
el caso de las pasturas consociadas hay que tener en cuenta, además del estado
fenológico al corte, la participación de cada una de las especies y la
proporción y el tipo de malezas.
En
estos casos, el responsable del almacenamiento de los rollos tiene que aplicar
un criterio para darles la ubicación correspondiente.
Cabe
aclarar que se producen casos en que en un mismo lote no todos los rollos deben
almacenarse bajo la misma clasificación.
Ensilaje
La
conservación del forraje por fermentación acidificante constituye una modalidad
muy recomendable, particularmente donde las condiciones climáticas impiden la
adecuada confección de heno.
Es
importante destacar el avance de la práctica del ensilaje en regiones de clima
húmedo, como es el caso de los países del norte de Europa.
Especies para ensilar
Los
carbohidratos no estructurales de la planta constituyen el sustrato nutricional
del cual depende primordialmente la acción de la microflora fermentativa del
forraje. En consecuencia, en la medida que el contenido de azúcares del forraje
sea mayor, más rápido y eficiente será el proceso de ensilado.
Entre
las plantas forrajeras, los cereales y las gramíneas son las especies que más
se prestan para la confección de ensilajes, debido a su alto contenido de
carbohidratos fácilmente fermentables y a su baja capacidad tampón, en comparación
con las leguminosas, que son bajas en azúcares y de alta capacidad tampón.
Una
baja cantidad de carbohidratos solubles en la planta, asociada a un bajo
contenido de materia seca, crean condiciones extremadamente propensas al
desarrollo de fermentaciones secundarias. La interrelación entre el contenido
de materia seca, los carbohidratos solubles y la capacidad tampón, determinan
el tipo de fermentación que ocurre en el ensilado. Así, el maíz es la mejor
planta ensilable, por tener alto contenido de carbohidratos solubles, baja
capacidad tampón y contenidos de materia seca normalmente superiores al 30%.
La
interrelación entre el contenido de humedad y el nivel de carbohidratos
solubles parece ser un punto controvertido en la literatura. Hay autores que
atribuyen al contenido de humedad el éxito o fracaso de un ensilaje, mientras
que otros le otorgan mayor importancia al nivel de carbohidratos solubles
disponibles para la fermentación.
La
importancia de los carbohidratos solubles se ve también reflejada en el tenor
de nitrógeno amoniacal (N-NH3) de los ensilajes, indicador de mala
preservación del material. El nivel de N-NH3 se relaciona
inversamente con la concentración de carbohidratos solubles de la planta
original. Es decir, las leguminosas forrajeras y las gramíneas en estados
tempranos de desarrollo y con bajos tenores de azúcares y alto contenido de
proteína producen, al ensilarse, una cantidad de ácido insuficiente para evitar
el desarrollo de clostridios, responsables de fermentaciones secundarias que
transforman el ácido láctico en butírico y degradan proteínas y aminoácidos,
aumentando el nivel de N-NH3. En las gramíneas, el nivel de
carbohidratos solubles aumenta con el avance de la madurez, hecho que no se
observa en las leguminosas. Sin embargo, la digestibilidad decrece
dramáticamente a partir de la aparición de la espiga, en las gramíneas, desde
el 80 % hasta alrededor del 50 % en estados avanzados de madurez. El momento
óptimo de corte de la especie a ensilar se define a través de estos dos
parámetros.
También
deben considerarse las variaciones registradas durante el día en el contenido
de azúcares de la planta, derivadas de la actividad fotosintética durante las
horas de luz y la relación entre ésta y la respiración durante el día y la noche.
El nivel de carbohidratos fermentados llega a su nivel más alto en horas de la
tarde.
Durante
la fermentación se producen pérdidas de energía, eliminada como calor por la
conversión de los azúcares en ácidos, y de proteínas, que resultan en
compuestos más simples, al transformar una fracción de ellas en compuestos nitrogenados
no proteicos.
El
período entre la cosecha del forraje y el término del proceso de fermentación
anaeróbica o estabilización ácida de la masa ensilada constituye, en
consecuencia, un factor clave en la preservación del forraje como ensilaje. Mientras
menos extenso sea este período, menores serán las pérdidas de respiración y
fermentación y también se reducirán las pérdidas por putrefacción.
El proceso de
ensilado
La
fermentación depende de decisiones y prácticas implementadas antes y durante el
proceso de ensilado. Los factores de manejo primarios que están bajo el control
del productor son:
· el estado de madurez del cultivo
al momento de cosecha.
· el tipo de fermentación que
ocurre dentro del silo.
· el tipo de estructura de almacenamiento
utilizadas los métodos de cosecha y suministro.
Teniendo
en cuenta detalles como la velocidad de cosecha, el contenido de humedad, el
tamaño de picado, y la compactación y distribución del silaje, se puede llegar
a ejercer gran influencia sobre el proceso de fermentación y las pérdidas de
almacenamiento. Fermentaciones eficientes garantizan un alimento más palatable
y digestible, lo cual tiende a optimizar el consumo de MS y, por ende, la
performance animal.
Los
microorganismos aeróbicos crecen sobre el forraje durante los estados tempranos
de la fermentación. Las reacciones aeróbicas ocasionan un exceso de calor en el
silo, requiriéndose, por lo tanto, un ensilado rápido y un tapado adecuado,
para excluir lo más pronto posible el aire presente. Al desaparecer el aire del
silo y establecerse las condiciones de anaerobiosis (falta de oxígeno) se
favorece el desarrollo de las bacterias anaeróbicas benéficas. En primer lugar,
las bacterias productoras de ácido acético disminuyen bruscamente el pH e
incrementan la acidez del silaje. Al mismo tiempo, las bacterias productoras de
ácido láctico se multiplican rápidamente y tienden a dominar la fermentación.
Estas bacterias disminuyen aún más el pH (alrededor de 4), inhibiendo así el
crecimiento microbiano y lográndose condiciones óptimas para la preservación
del forraje. Estos procesos llevan de una a tres semanas, dependiendo del
cultivo que va a ensilarse. En este momento, el contenido de ácido láctico
puede llegar a representar el 6% o más de la MS del silo.
Un
silaje de calidad se logrará cuando el ácido láctico predomine sobre el resto
de los ácidos formados, debido a que la láctica es la fermentación ácida más
eficiente y la que disminuye el pH del silo con mayor rapidez. Cuanto más
rápido se complete la fermentación, mayor cantidad de nutrientes se logrará
retener en el silo.
Además
de la influencia del contenido de carbohidratos fermentables y proteínas, existen
otros factores que inciden de forma importante sobre la conservación y calidad
de los ensilados.
a) Madurez y contenido de
humedad del forraje
El
contenido de MS del material ensilado es frecuentemente la principal limitante
de la preservación satisfactoria del forraje.
Niveles muy bajos dificultarán la compactación rápida de la masa
ensilada, mientras que excesos de agua serán un obstáculo sobre el proceso de
fermentación y acidificación del material, diluyendo los ácidos formados y extendiendo
con ello el proceso fermentativo. El lento descenso del pH de una masa ensilada
con exceso de humedad favorecerá la intervención de microorganismos poco
deseables en la fermentación, como las bacterias formadoras de butírico, Clostridium y otras.
Una apropiada madurez asegura el suministro de una adecuada cantidad de azúcares fermentabas para las bacterias del silo y el máximo valor nutritivo para la óptima alimentación del ganado. La madurez también tiene un gran impacto sobre la humedad en los cultivos que no se pre-orean, como el maíz.
Es
esencial mantener una adecuada humedad, para que se logre la óptima
fermentación bacteriana y que, además, permita la fácil exclusión del oxígeno
del silo durante la confección.
Cuadro 12-7.- Momento de cosecha
y humedad recomendados para distintos cultivos
(The Pioneer Forage Manual, 1990).
b) Tamaño de picado del forraje
El
tamaño de las partículas del material cosechado es otro factor que afecta el ensilado,
debido a que un picado más fino facilitará la disponibilidad de los
carbohidratos fermentables celulares del forraje para el medio fermentativo
microbiano. Adicionalmente, la compactación será también más efectiva cuando el
forraje sea finamente picado, en comparación con trozados más gruesos o
forrajes ensilados sin picar.
Cabe considerar, no obstante, que el tamaño del
picado reduce su importancia cuando se trata de ensilajes con bajo contenido de
MS. La longitud de picado más conveniente es de alrededor de 6 a 12 mm,
dependiendo del cultivo, de la estructura de almacenamiento y de la proporción
de silo en la ración. Un tamaño de picado muy grande dificultará la
compactación, quedando de este modo mayor cantidad de oxígeno atrapado en la
masa del forraje, generando finalmente, como resultado, un incremento en la
temperatura y en el desperdicio. A menos que el material a ensilar esté muy seco,
la malla de repicado no es, en general, recomendable, dado que aumenta los
requerimientos de potencia y hace más lenta la cosecha. Picados demasiado finos
pueden producir algunos trastornos en los animales, como menor salivación,
dificultades en la rumia y acidosis.
c) Llenado, compactado y sellado
El
cultivo debe ser cosechado y almacenado en el silo lo más rápido posible.
Es
necesario conseguir una pronta eliminación de aire de la masa ensilada, para
limitar el proceso de respiración inicial y evitar fermentaciones aeróbicas
putrefactivas del forraje, que derivan en pérdida de material por descomposición.
Un
llenado prolongado puede resultar en una excesiva respiración y, por lo tanto,
incrementar las pérdidas del silaje. El compactado debe realizarse
inmediatamente cuando el material es almacenado en silos bunker. Las ruedas del
tractor son las más utilizadas para el pisado, debido a que ofrecen mayor peso
por unidad de superficie en relación a otros rodados. Para una adecuada
preservación del ensilaje durante largos períodos, debe aislarse del ambiente
atmosférico. Esto se consigue procurando la impermeabilidad de las paredes y
colocando cubiertas sobre el mismo. El silo puede ser tapado con una cubierta
que quede en estrecho contacto con el material, para prevenir la penetración de
aire y lluvia dentro del silaje. Un plástico de buena calidad, cubierto con neumáticos
en desuso, provee en general un adecuado sellado. Cuando el silaje se almacena en bolsas, los problemas de llenado,
compactado y sellado, prácticamente no tienen relevancia.
Tratamiento
del forraje para mejorar el ensilado
Es
factible modificar artificialmente el curso del proceso de ensilado, con la
finalidad de conseguir una mejor y más rápida conservación ácida del material.
Entre las técnicas empleadas se encuentran el premarchitamiento y el uso de aditivos.
a)
Premarchitamiento: consiste en cortar y mantener el forraje extendido sobre el
suelo durante algunas horas, con el objeto de conseguir su deshidratación
parcial, para luego recolectarlo y ensilarlo.
Una reducción en el contenido de agua, particularmente en forrajes muy húmedos, contribuirá a obtener una fermentación más favorable, menores pérdidas totales de materia seca en el silo y mejorar, en la mayoría de los casos, su valor nutritivo. Los beneficios son mayores en la medida que la humedad inicial del forraje es más alta.
Esta práctica involucra mayor inversión en maquinaria. También tiene implícito un factor de riesgo durante la etapa de deshidratación a campo, dado que condiciones climáticas muy favorables para el secado podrían elevar el contenido de materia seca del material a niveles muy altos en corto tiempo o, por el contrario, condiciones de alta humedad o precipitaciones ampliarían excesivamente el período de exposición en el campo, con el consiguiente aumento de las pérdidas de nutrientes por respiración y fermentación.
Por otra parte, la contaminación del forraje con
tierra puede producirse en el preoreo, aumentando el contenido de cenizas del
ensilado, con los efectos negativos consecuentes sobre su preservación y la
productividad animal.
b)
Aditivos: el uso de algunos productos agregados al forraje en el momento de su
descarga en el silo constituye una alternativa para mejorar las condiciones de
fermentación y conservación, particularmente para aquellos forrajes que presentan
condiciones difíciles de ensilar.
Forrajes
que tienen bajos contenidos de carbohidratos solubles no logran disminuir
suficientemente el pH de la masa ensilada como para prevenir la acción de
bacterias indeseables. En ello también influye la humedad del material. Las
condiciones de pH requeridas para evitar el desarrollo y la acción de Clostrídium son menores en la medida
que el contenido de agua en el material es más alto. En consecuencia, es
conveniente que la concentración de carbohidratos solubles en estos casos sea
alta. Una deficiencia en tal sentido puede corregirse, en parte, a través del
uso de aditivos.
Existe una clasificación de los aditivos de acuerdo a la forma en que contribuyen a mejorar la preservación de los forrajes ensilados. Los mejores resultados se han obtenido con aquellos que aportan carbohidratos fermentables (tales como la melaza, el suero de quesería deshidratado, los granos, etc.) o con compuestos destinados ya sea a acidificar la masa ensilada (por ejemplo, ácido fórmico u otros ácidos orgánicos) o a inhibir la acción microbiana (por ejemplo formalina, metabisulfito de sodio, etc.). La sal común (cloruro de sodio) no debe ser empleada en la preparación de ensilajes, debido a que ejercerá una acción contraria a la preservación ácida del forraje.
La
aplicación de niveles crecientes de ácido fórmico en alfalfa o pasto ovillo se
traduce en mayores índices de acidez de la masa ensilada. Adiciones de
alrededor de 0,5 % base forraje verde permiten conseguir resultados satisfactorios
en la preservación de estas especies.
Trabajos
realizados en el país compararon distintos tratamientos del forraje para
mejorar el ensilado en alfalfa y sus resultados indican que los tratamientos
con conservantes (glucosa o ácido fórmico) o el preoreo ofrecen mayor seguridad
en la obtención de silajes con buenas características nutritivas y
fermentativas, en relación al corte directo.
Pérdidas del
ensilado
Entre
la cosecha del forraje y su utilización como ensilaje para el ganado ocurren
inevitablemente pérdidas, que son particularmente variables y dependen de
diversos factores.
Se
pueden clasificar en:
a)
Pérdida de campo: al cosechar
mecánicamente la pastura, pequeñas partículas de forraje pueden quedar en el suelo.
Esto, sumado al residuo en pie de las plantas cortadas, podría denominarse
"pérdida de campo".
Por
otra parte, si se procede al preoreo del forraje, intervienen tres tipos de
pérdidas: mecánicas; bioquímicas (derivan de la respiración y otros procesos
enzimáticos en la planta después del corte, dependiendo del contenido de
humedad del forraje y el tiempo de permanencia del mismo en el campo); y de
lavado o lixiviación (producida por la lluvia, por lixiviación de los
nutrientes solubles del forraje).
b)
Pérdidas de oxidación: una vez
ingresado el material al silo, la presencia de oxígeno resultará en pérdidas de
oxidación, por los siguientes conceptos: respiración a base de oxígeno atrapado
en la masa (pueden ser mínimas, si se consigue confeccionar los ensilajes
rápidamente y, al mismo tiempo, compactarlos y sellarlos adecuadamente o embolsarlos);
descomposición del material por ingreso de aire (fenómeno que ocurre
principalmente en las orillas y superficie del silo) y acción del aire sobre el
ensilaje ya expuesto, después de abrirlo.
Entre
las pérdidas oxidativas, la descomposición del material por entrada de aire en
los contornos del silo es cuantitativamente la más importante en la mayoría de
los casos.
c)
Pérdidas fermentativas: el nivel de
las pérdidas fermentativas es variable, dependiendo de los nutrientes fermentados
y los microorganismos involucrados en ello. Trabajos experimentales han
registrado pérdidas de MS total por fermentación que podrían fluctuar entre el
1 y el 10 %, siendo en la mayoría de los casos entre el 3 y el 5 %.
d)
Pérdidas de lixiviación: las
pérdidas registradas por eliminación de líquido dependerán principalmente del
contenido de humedad del forraje ensilado, influyendo además el grado de
compactación, el tipo de silo y el pretratamiento del forraje.
Existen
fórmulas para calcular las pérdidas por lixiviado en función del contenido de
MS del forraje, sobre la base de las cuales se puede definir que éstas fluctúan
entre 10 y 0 %, cuando el contenido de MS del forraje es de 14 % o superior a
33 %, respectivamente, lo que corresponde aun rango normal para praderas
ensaladas. No obstante, algunos autores estiman pérdidas menores (alrededor del
3 % para raigrás perenne con aproximadamente el 22 % de MS). Cabe destacar que
el líquido lixiviado arrastra nutrientes de alta calidad, como los
carbohidratos y proteínas solubles, los ácidos orgánicos y los minerales y, por
ello, en términos nutricionales, las pérdidas de lixiviación suelen ser muy
importantes.
Las
pérdidas por fermentación, respiración y lixiviación en forrajes muy húmedos
pueden reducirse a través del premarchitamiento. Sin embargo, es importante
considerar la cuantía de las pérdidas inherentes a ese proceso, debido a que
bajo condiciones climáticas desfavorables podrían ser mayores que las derivadas
del lixiviado de agua del cultivo ensilado.
Como
resumen, se puede decir que las causas que contribuyen a producir pérdidas en
los ensilajes son de diversa índole y la contribución de cada una en las pérdidas
totales es variable, dependiendo de una serie de factores inherentes al forraje
ensilado, la flora microbiana participante, el clima y la tecnología aplicada
en la confección y utilización del ensilaje.
Las pérdidas totales de MS también serán variables, fluctuando desde
valores mínimos (entre 3 y 6 %), para ensilajes preparados en condiciones
óptimas, hasta un 70 % o más, cuando la mayor parte del forraje ensilado se
hace inutilizable.
Silaje de
maíz
El silaje de maíz es uno de los forrajes más importantes en el mundo. Se lo usa ampliamente por las siguientes razones:
· altos rendimientos de MS por ha
de alimento con buen valor energético.
· alta palatabilidad.
· no requiere preoreo, debido a
que posee buenas características para ser ensilado a través del corte directo rápida cosecha.
·
bajos costos de
almacenamiento.
El
silaje de maíz presenta ciertas limitantes cuando se desea suministrarlo como
único alimento.
Posee
una baja proporción de proteína bruta (PB) y minerales (esencialmente calcio),
requiriéndose de una suplementación estratégica cuando es consumido por los
animales.
El
silaje de maíz es un forraje de alta energía cuando contiene entre un 40 y un
50 % de la MS en forma de grano.
Composición
de la planta
La
composición de las plantas cosechadas varía, dependiendo del híbrido usado y
las condiciones ambientales. El Cuadro 6 muestra rangos posibles para los
diferentes componentes de la planta.
Cuadro 12-8. Composición
de la planta en híbridos cosechados para silaje de maíz
(The Pioneer Forage Manual, 1990).
La
porción grano es la que contiene más energía digestible, seguida por las hojas,
chalas, marlo y tallos. El contenido de nutrientes en el silaje de maíz puede
tener un significativo rango de variación, que se muestra en el Cuadro 7.
Cuadro 12-9.- Contenido de
nutrientes en el silaje de maíz.
(1) Valores en base a MS. (Pioneer Forage Manual, 1990)
Existen
pautas de manejo que permiten maximizar los beneficios a obtener con silaje de
maíz. Las más importantes, que influyen sobre la calidad y cantidad de cultivo
que va a ser cosechado, son:
Híbrido
seleccionado: la selección del híbrido
puede influenciar al silaje de maíz a través de tres aspectos:
· el rendimiento del material
cosechado
· contenido de grano al momento de la cosecha
· digestibilidad o contenido de FDA del silaje.
El
rendimiento puede estar influenciado en gran medida por el híbrido elegido, que
debe seleccionarse teniendo en cuenta el ciclo más apropiado para la zona. Si
es de ciclo muy corto, el rendimiento total de MS del silaje de maíz se verá
reducido, aunque ofrece la ventaja de una mayor relación grano/tallo del
material cosechado. Si, por el contrario, se siembra un ciclo muy largo se
pueden obtener mayores rendimientos de MS, aunque la proporción de grano en la
MS total puede ser menor.
El
contenido de grano puede variar significativamente, por diferencias genéticas,
entre híbridos de igual ciclo. Además, se han encontrado diferencias en la
calidad del resto de la planta (tallo, hoja, marlo y chala).
Cuando
se combinan los efectos del contenido de grano y la digestibilidad del resto de
la planta, se pueden encontrar variaciones significativas en la calidad de los
silajes, por las diferencias entre híbridos. Es muy importante tener en cuenta
la relación entre el contenido de granos y la calidad del resto de la planta.
Una baja calidad de la planta, o una caída brusca de la digestibilidad (debido
a una gran lignificación del tallo), pueden enmascarar el efecto favorable que
produce la acumulación de grano en la espiga. Desde este punto de vista, el
mayor contenido de grano es deseable siempre y cuando compense la caída de
calidad del resto de la planta.
El
valor nutritivo del material a ensilar mejora a medida que aumenta el contenido
de grano, hasta que éste representa un 30 % de la MS total. Luego, con el
avance de la madurez, una mayor lignificación del tallo puede reducir o contrarrestar
el beneficio de un mayor nivel de grano de la planta. La selección del híbrido
debe realizarse en función de la calidad y cantidad de silaje producido.
Si
la superficie de maíz a cosechar es importante, se deberán sembrar materiales
de diferente ciclo o hacerlo en distintas fechas, para mantener un estado de
madurez similar durante todo el período de cosecha.
Las
características ideales del híbrido para silaje son:
·
capacidad
de producir altos rendimientos de un forraje de calidad.
·
capacidad
de lograr un porcentaje de grano por encima del 40 %.
·
no
deben producirse caídas de espigas al momento de la cosecha.
·
la
planta debe permanecer verde el mayor tiempo posible.
·
resistencia
al vuelco.
·
buena
digestibilidad del resto de la planta
Densidad
de plantas: la calidad y el rendimiento del silaje se ven afectados
significativamente por la densidad de plantas. Para el caso de silaje de maíz, la
población puede incrementarse entre un 10 y un 15 % por sobre la recomendada
para la cosecha de grano.
Un
adecuado espaciamiento entre plantas es crucial para poder alcanzar el pico en
rendimiento y calidad, y esto maximizará la producción potencial.
Fertilización: una adecuada fertilización es esencial
para obtener el máximo rendimiento y valor nutritivo del silaje de maíz. El
nivel de fertilización debe ser determinado teniendo en cuenta el rendimiento
que se desea obtener, ajustado por factores como la época de aplicación, el
tipo de suelo, los abonos que han sido incorporados al suelo y la densidad de
siembra.
Madurez
a cosecha: la madurez a cosecha
afecta la calidad del silaje de maíz, dado que influye sobre el contenido de
humedad y grano y sobre la digestibilidad del resto de la planta.
El
estado de madurez del maíz para silaje puede ser determinado por medio de la
localización de la línea de leche. Esta es la interfase entre la porción
líquida y sólida del grano (Fig. 12-3). A medida
que el maíz madura, la línea de leche se mueve hacia la parte inferior del
grano y, por lo tanto, la composición y los valores de energía varían cuando se
lo cosecha en estados diferentes de madurez.
Figura 12-3.-
Sección transversal de la mitad superior de una espiga de maíz mostrando
el
desarrollo de la línea de leche.
Cabe
recordar que los cultivos de secano están expuestos a bruscas variaciones
cismáticas, que tienen un importante efecto sobre el rendimiento en grano y la
relación grano-planta.
Esto
determina que no siempre sea conveniente utilizar el criterio de la línea de
leche del grano para elegir el momento de ensilaje. El estado ideal sería aquel
que permita al híbrido acumular la máxima cantidad de MS digestible, considerando
la planta total, pero con un nivel de digestibilidad aceptable para ser
utilizado en animales de altos requerimientos (como mínimo, un 60 % de
digestibilidad).
Si
el porcentaje de grano es bajo (menor al 25-30 %, como consecuencia de una sequía,
suelos de baja fertilidad, malezas, etc.) no sería aconsejable utilizar el
concepto de estado de línea de leche (o sea, basarse exclusivamente en el estado
de la espiga), porque el esperar la máxima acumulación de MS no compensará la
caída de calidad de la planta entera. En este caso, debería ensilarse cuando la
planta todavía está verde (porque esto indica que aún mantiene la calidad o, al
menos, que no ha disminuido sustancialmente). Así, el criterio de línea de
leche debería ser utilizado sólo cuando el rendimiento de grano es elevado
(35-40 % o más).
Manejo
durante la cosecha: La calidad del
silaje de maíz será óptima si se permite el llenado del grano entre 1/2-2/3
línea de leche.
A
partir de entonces, la concentración energética del silo baja, como
consecuencia de la pérdida de digestibilidad del resto de la planta. Estudios
con animales indican que el consumo óptimo de silaje de maíz también se logra
en ese estado de madurez. La cosecha en ese momento generalmente resulta en un
contenido de humedad ideal para el almacenaje de¡ material a ensilar.
Algunos
ensayos demuestran que al comenzar a formarse los granos (antes de la aparición
de la línea de leche), la humedad de la planta entera está entre 73 y 76 %.
Cosechar en este estado de madurez puede resultar en un menor contenido de
granos y pérdida de valiosos nutrientes, como consecuencia de la mayor
producción de efluentes.
Cuando
el grano se halla en el estado de 1/2-2/3 de línea de leche, la humedad de la
planta entera está en un rango de 65 a 70 %. Este estado ofrece un mayor
compromiso entre el contenido de grano, el contenido de azúcar, la digestibilidad
del resto de la planta y el contenido de humedad.
Si
el silaje de maíz se almacenará en silos verticales o embolsado, se recomienda
trabajar con 65 % de humedad. Cuando los primeros granos forman la capa negra,
la humedad de la planta entera está entre el 58 y el 62 %, disminuyendo aún más
en la medida que la planta y granos han madurando. El menor contenido de
humedad aumentará las pérdidas de cosecha y el pisado será mucho más
dificultoso, incrementando las pérdidas de almacenamiento.
Pueden
observarse variaciones en estos valores como consecuencia del uso de diferentes
híbridos, las localidades en que se siembra y las condiciones ambientales.
El
estado de madurez y el contenido de humedad de las plantas de maíz deben ser
siempre monitoreados antes de comenzar la cosecha.
Una
forma de mejorar la calidad de un silaje de maíz consiste en elevar la altura
de corte de la planta, con lo cual se modifica la relación grano/planta.
Estudios realizados en la EEA Rafaela determinaron que, por cada centímetro de
aumento en la altura de corte por encima de 15 cm del suelo, se pierden 130 kg
de MS/ha, pero se incremento la calidad (66, 69 y 71 % de digestibilidad de la
planta cortada a 15,30 y 45 cm de altura, respectivamente).
Manejo
durante el almacenamiento
Una
vez que el contenido de humedad y la madurez han sido determinados para definir
el momento de cosecha, los principales pasos a tener en cuenta son:
·
cosechar
el cultivo tan rápido como sea posible
·
evitar
la formación de efluentes
·
almacenar
y compactar el silaje de maíz tratando de excluir la mayor cantidad posible de
oxígeno.
Estos
pasos asegurarán una rápida y eficiente fermentación, con pérdidas mínimas
durante el ensilado, almacenamiento y suministro. Las decisiones de manejo
tomadas durante cosecha y almacenamiento son claves para producir silajes de
maíz de la mayor calidad.
Silaje de
alfalfa
En
sistemas de producción donde la base forrajera está constituida por alfalfa se
producen, en determinadas épocas del año, excedentes que pueden ser almacenados
en forma de silaje.
Sin
embargo, las leguminosas no poseen las ventajas anteriormente citadas para el
caso de las gramíneas. La principal limitante es la baja concentración de
azúcares (precursores de los ácidos orgánicos) y un alto contenido de proteínas
y cationes. Estas dos características dificultan un rápido descenso del pH y la
estabilización del silo.
Por
estas razones se generan importantes pérdidas respecto de la calidad original
del forraje, dado que al prolongarse la fermentación se consumen en el proceso
proteínas, hidratos de carbono, etc., además de las pérdidas que por efluentes
(alto contenido de humedad inicial) pudieran producirse.
Por estas
razones es que, para lograr una buena conservación, se hace necesario recurrir
a estrategias complementarias, tales como el pre-oreo y/o la incorporación de
aditivos al material a ensilar.
Como
ya fue mencionado anteriormente, el tratamiento con conservantes (como glucosa,
ácido fórmico y bacterias) de las alfalfas a ensilar o el preoreado del
material ofrecen la mayor seguridad para la obtención de ensilajes con buenas
características nutritivas y fermentativas, en relación al corte directo.
En
el caso del secado del material antes de la realización del ensilado, se
obtiene la ventaja adicional del acarreo de menor cantidad de material del
campo al silo.
De
todas formas, la aplicación de productos conservantes es bastante complicada,
lo cual, sumado a que las respuestas en calidad del ensilaje no son tan
importantes, hace que el productor no las ponga en práctica.
Las
ventajas de esta forma de conservación con respecto a la henificación se
relacionan con una menor pérdida de hojas entre corte y ensilado, escasas
pérdidas de nutrientes por respiración y menor dependencia de los factores climáticos
adversos, dada la menor necesidad de exposición del forraje a los mismos.
Silaje de granos
con alta humedad
El
ensilado de granos (maíz o sorgo) con alta humedad es una técnica de
conservación de forraje recientemente incorporada a los sistemas de producción
ganaderos, razón por la cual se presentan a continuación algunas de sus principales
características.
Las
ventajas que presenta el ensilaje de granos con alta humedad, en relación con
el grano seco, son:
·
desocupación
anticipada de los lotes.
·
disminución de las pérdidas de cosecha.
· eliminación
del gasto de secado, fletes, etc.
Desde
el punto de vista del valor nutritivo, no existen prácticamente diferencias
entre el grano ensilado con alta humedad y el seco. Como desventajas, se
mencionan la imposibilidad de su posterior comercialización y el requerimiento
de una estructura especial de almacenamiento y suministro (en el tambo no es
factible ofrecerlo automáticamente durante el ordeñe). Además, en caso de no
realizar un correcto ensilado, las pérdidas durante el almacenamiento pueden
llegar a ser elevadas.
El
cultivo debe cosecharse cuando el grano alcanza la madurez fisiológica (por
ejemplo, en maíz, grano punta negra) y el contenido de humedad se encuentra
entre el 22 y el 35 %, siendo el óptimo el 28 %.
En
ese estado, la cantidad de nutrientes del grano es máxima y las condiciones para
su preservación son buenas. Si el grano es cosechado cuando está demasiado
húmedo e inmaduro, se verá afectado el rendimiento de MS y se generarán
problemas durante la cosecha. Si, por el contrario, el contenido de humedad es
inferior al 22 % habrá menor posibilidad de lograr buena compactación y
fermentación, debiéndose proceder al agregado de agua para contrarrestar estos
inconvenientes.
Procesamiento
del grano: el grano húmedo puede
almacenarse entero o quebrado/molido. En el primer caso, se aconseja el
agregado de conservantes (ácidos orgánicos o urea).
El
quebrado puede realizarse con una moledora de granos (cuya capacidad de trabajo
debe estar relacionada con la de la cosechadora) o una máquina especial para
ensilado de grano húmedo, que posee una pequeña tolva de recepción y dos
rodillos moledores. Las principales ventajas del quebrado son el mejor
ordenamiento del material dentro del silo (con lo cual se reduce la cantidad de
oxígeno) y la disminución del volumen del material a ensilar.
Almacenamiento: existen dos métodos de almacenamiento
para granos de alta humedad: en silos o en bolsa.
Almacenamiento
en silos: las estructuras de almacenamiento más utilizadas son silos
puente, bunker o de alambre recubiertos en su interior con un plástico. A nivel
práctico existen, dentro de cada uno de ellos, muchas variantes en cuanto a su
construcción. En todos los casos, el grano debe colocarse aplastado y en capas,
para posteriormente compactarse firmemente y, una vez finalizado el silo,
deberá taparse. Se deben extremar las precauciones en la confección, para reducir
al mínimo las pérdidas.
Almacenamiento
en bolsas: en el mercado existen
máquinas de diversas marcas, que posibilitan almacenar el forraje o el grano en
bolsas plásticas.
Las
bolsas disponibles en el país son de 1,2 m de diámetro por 30 6 60 m de largo
(para la maquina que viene con
aplastadora incluida) y de 2,4; 2,7 y 3,0 m de diámetro por45 y 60 m de largo
(para las embolsadoras de forraje y grano). Existen diferentes calidades de
plástico y su elección dependerá del lapso que se desee almacenar el grano.
Las
pérdidas en este sistema son mínimas (menores al 5%) y las condiciones para la
fermentación óptimas.
Extracción
y suministro: la extracción del
silaje de grano húmedo puede ser manual o mecánica. Dentro de esta última, las
más difundidas son la pala frontal y el elevador a tornillo sinfín (chimango).
El suministro se realiza generalmente en gomas de tractor, piletas de cemento o
plástico, comederos media caña, planchadas de hormigón con boyero o, directamente,
en el suelo.
Utilización
de aditivos en granos húmedos enteros: para
lograr una buena conservación de los granos húmedos enteros, éstos deberán
tratarse con conservantes (ácidos orgánicos o amoníaco). Las ventajas que
presenta este sistema con respecto al ensilado de granos húmedos quebrados son:
·
disminución
de las pérdidas del silaje.
·
puede
almacenarse fácilmente en depósitos temporarios.
·
el
grano tratado puede ser transportado.
Trabajos
realizados en maíz indican que, para vacas en lactación, la producción y
calidad de leche y el consumo de materia seca es el mismo cuando se alimentan
con silaje de granos húmedos, granos con alta humedad tratados con ácido o con
granos secos.
Las
mayores desventajas de los tratamientos con ácidos son:
· el grano no puede ser destinado
al consumo humano.
· el grano no puede ser utilizado como semilla.
· los ácidos corroen las estructuras de almacenamiento construidas
en metal u hormigón.
alto costo de los ácidos orgánicos
El mecanismo de acción de los conservantes ácidos no es totalmente conocido, aunque podría en parte ser causado por el bajo pH originado. Sin embargo, no todos los productos que crean condiciones ácidas inhiben el desarrollo fúngico.
La
segunda vía de acción de los conservantes consiste en penetrar en la semilla y
matar el embrión. Como consecuencia, se eliminan las pérdidas relacionadas con
la respiración y la actividad enzimática, y no se produce el calentamiento de
la masa ensilada.
Pueden
utilizarse varios tipos de ácido: propiónico, acético, isobutírico, fórmico,
benzoico o una mezcla de ellos. Sin
embargo, los más comúnmente usados en el mundo son el propiónico o la mezcla de
propiónico y acético (comercializados por diferentes empresas).
Preservación
con urea: la acción de este producto se ejerce a través de su
transformación en amonio (aumenta el pH a 8-9), con lo cual inhibe el
desarrollo fúngico y el calentamiento de la masa ensilada.
Algunos
trabajos, realizados en sorgo con alto contenido de taninos, indican que el
tratamiento con urea (en una dosis de 3 a 4 kg por cada 100 kg de MS de grano),
además de asegurar una buena conservación, produce otras reacciones que
desactivan rápidamente los taninos (aproximadamente en 10 días desde su
aplicación), alteran la cubierta del grano, incrementan la digestión ruminal
del almidón y la respuesta a nivel de ganancia de peso.
Valor
nutritivo de los granos con alta humedad:
la información a nivel mundial indica que no existen diferencias significativas
en el consumo total de MS, producción de leche y porcentaje de grasa butirosa
cuando las vacas son suplementadas con grano de maíz preservado de distintas
maneras (seco, húmedo o tratado con ácido).
No
obstante, algunos trabajos indican diferencias a nivel de porcentaje de grasa,
de eficiencia de conversión del alimento en leche o de sitio de digestión
(mayor degradabilidad ruminal para el grano húmedo).
En
general, los autores sugieren que la clave está en la realización de una
apropiada preservación del grano, más que en el sistema de conservación (cuando
son ofrecidos en la misma cantidad de kg de MS).
Otros
factores que pueden alterar la respuesta animal, tanto en el caso del grano
seco como en el húmedo, son la forma física del grano y/o su combinación con
otros alimentos (pastura, heno, henolaje o silaje). El procesamiento del grano (quebrado o molido) mejora su
utilización.
En
trabajos realizados en el país, cuando se compararon el grano húmedo y el seco
utilizados como suplementos sobre pasturas en vacas lecheras, no se encontraron
diferencias en producción y composición química de la leche, ni tampoco en el
consumo de MS de suplemento.
Henolaje empaquetado
El
henolaje o empaquetado de rollos húmedos es una técnica de conservación que consiste
en cortar el forraje y someterlo a un premarchitado durante cierto período de
tiempo, hasta lograr un contenido de materia seca de aproximadamente el 50 %.
El
tiempo de secado varía según la especie vegetal, las condiciones ambientales y el
acondicionado previo o no del material. El pre-oreo tiene como objeto aumentar
la concentración de azúcares, para lograr un buen proceso fermentativo.
Una
vez que se ha alcanzado el nivel deseado de materia seca, se procede al
arrollado del pasto.
Finalmente,
el rollo es tomado por la mesa empaquetadora y cubierto automáticamente con un
film de polietileno especial que posee la propiedad de contraerse, creando de
esta manera condiciones de hermeticidad dentro del rollo.
Una
vez iniciados los procesos de fermentación, junto con los de respiración del
material cortado, el oxígeno se irá consumiendo rápidamente y se originará un
ambiente de anaerobiosis, en el cual se desarrollarán las bacterias lácticas.
Estas fermentan los azúcares de la planta y los transforman en ácido láctico,
con lo que va disminuyendo el pH hasta valores de 4 a 4,5 aproximadamente.
Así
se obtiene un silo de baja humedad, que no alcanza temperaturas tan altas como
un silo común y que, generalmente, se estabiliza a los 30-45 días.
Ventajas y
desventajas del sistema
Las
mayores ventajas del sistema se relacionan con aspectos agronómicos y
nutricionales, como por ejemplo:
· reduce el riesgo climático (por
menor tiempo de exposición en el campo).
· al trabajar el forraje húmedo,
las pérdidas de material (principalmente de hojas) en la confección,
distribución y suministro son menores.
· no se requieren tractores de
alta potencia.
· se pueden conservar pequeñas
superficies de pastura (a diferencia del silo, que requiere superficies mayores).
· al crearse condiciones de
anaerobiosis, el proceso de fermentación es rápido.
· bajo requerimiento de mano de
obra para la confección.
no son
necesarias inversiones de capital muy grandes.
no se
requieren instalaciones de almacenamiento especiales.
fácil manipulación
para racionar
total
mecanización de las operaciones
se
producen bajas pérdidas de almacenaje (3 al 7%).
Las
desventajas que presenta esta técnica son principalmente de tipo operativo.
Pueden mencionarse:
· el transporte, carga y descarga
se dificultan, debido a la falta de equipos adecuados.
· exige sincronización y
organización en las tareas de campo.
es más
complicado que la henificación.
se
requiere cierta práctica para determinar el nivel de humedad del pasto a campo.
· se presentan dificultades para
mantener la hermeticidad de los rollos almacenados.
· en los casos que se pierden las
condiciones de anaerobiosis (por rotura de la envoltura), las pérdidas son muy
importantes.
· el exceso de humedad genera una fermentación
incompleta (no se crean las condiciones de acidez) y hay una tendencia a la
acumulación de agua en la parte inferior.
· el déficit de humedad no crea
las condiciones óptimas para que se produzca la fermentación.
Corte: deben tenerse en cuenta las mismas consideraciones que para el caso de henificación (momento de corte, tipo de maquinas, etc.)
Hilerado: es importante confeccionar hileras de ancho uniforme, para favorecer la obtención de rollos bien formados, condición deseable para lograr un correcto empaquetado.
Pre-oreo: debe serla el adecuado, hasta que se logre aproximadamente el 50% de MS.
Un exceso de humedad retarda el proceso
fermentativo y da lugar a la acumulación de jugos en la parte inferior del
rollo. Si por el contrario, la materia seca asciende a valores por sobre le 60%
no estaremos asegurando condiciones adecuadas para que la fermentación sea
satisfactoria, según se pude apreciar en el cuadro 12-10.
Cuadro 12-10.- Características nutritivas y fermentativas de henolajes empaquetados de alfalfa,
realizados con diferentes contenidos de humedad. (EEA INTA Rafaela).
El tiempo de secado dependerá de las condiciones climáticas y de la especie a ensilar.
Empaquetado: debe realizarse la mas pronto posible, dentro de las 24 hs posteriores a la confección de los rollos. Es importante tratar de empaquetar en el lugar donde se almacenaran los rollos, para evitar daños en la envoltura. Tampoco hacerlos con lluvia, pues el polietileno no se adhiere correctamente.
Almacenamiento: no es necesaria ninguna estructura especial. Solo tener algunas precauciones.
La duración de los rollos esta en función del tiempo que el polietileno mantenga sus propiedades, siendo lo normal de 10 a 12 meses.
Importancia de los pastos y el pastoreo directo
Para analizar la situación actual de los sistemas ganaderos pastoriles debiera considerarse el rol y la importancia de los forrajes y la utilización directamente por parte del animal a través del pastoreo. Al respecto Bernardón (1976) señala que los mismos son fundamentalmente fuente de alimento del ganado en sus distintas clases que a su vez proveen de alimentos de alta calidad para el hombre. Por otra parte, la agricultura forrajera es la alternativa tecnológica más económica para mantener y recuperar la estructura y fertilidad de los suelos. Sin embargo, estas características positivas de la producción y utilización de los forrajes, hoy por diversas causas, no son valorados y considerados en su justa magnitud.
Voisin (1994) define a la alimentación del ganado directamente en el pasto como el encuentro entre la vaca y la hierba. Las reglas generales de la utilización de los pastos fueron ciertamente conocidas a partir del siglo XVIII, pero solo desde hace apenas 30 años esta forma de alimentación ha sido racionalmente estudiada y sus resultados divulgados. El pastoreo es hacer que un animal consuma la hierba, lo que implica que en el estudio de los pastos, el animal debe ser muy tenido en cuenta.
El pastoreo constituye la técnica de explotación más natural y difundida por todo el mundo. Comenzó como un sistema primitivo practicado por los animales en su estado salvaje, previo a la domesticación, que se ha ido perfeccionado y adaptando a las circunstancias y condiciones de cada región. De la observación y experiencia de los ganaderos, se han obtenido las bases de los trabajos y modelos de pastoreo mas eficientes y con respaldo científico. Las mejoras en la producción de pastos y praderas solo rinden resultados económicos mediante la intervención del animal. Ninguna pradera puede considerarse independiente del sistema de explotación. El pastoreo tiene un interés económico evidente por la eliminación de gastos en maquinarias y mano de obra. Además, se deben considerar los beneficios del reciclado de nutrientes y la vida mas saludable de los animales (Muslera y Ratera,1991).
Barroso y Lázaro (1999) consideran necesario un mayor reconocimiento y dignificación, en España y los países del Mediterráneo, de una actividad tan importante como el pastoralismo. Este constituye una modalidad de explotación de pastos directamente por el animal a través del pastoreo. La ganadería extensiva genera abundantes beneficios ambientales que a menudo pasan desapercibidas. El pastoreo en las áreas arboladas permite prevenir incendios, gracias al aclarado, y controlar el crecimiento de las malezas. Si bien, la ganadería extensiva podría no ser la económicamente más rentable, tiene razones sociales y ecológicas para justificar su existencia. El beneficio ambiental de este sistema debería ser reconocido por la sociedad y por tanto verse reflejado en los precios de los productos obtenidos.
El pastoreo actúa sobre la riqueza específica de la vegetación, por la selectividad del ganado en su alimentación, modificando las relaciones de competencia y cooperación entre las plantas (Ferrer y Broca, 1999).
La naturaleza pastoril o producción en base a pasto de los planteos ganaderos de Argentina y otros países del mundo, se explican por que el forraje ha sido y sigue siendo, en términos generales, el recurso más económico que se dispone para la producción vacuna. En la mayoría de los ambientes templados, el agua y el nitrógeno y demás macronutrientes, P, K, Mg, son las principales condicionantes de la producción primaria. El nitrógeno edáfico, en condiciones de ser asimilado por las plantas, es un recurso escaso y muy costoso para todos los ecosistemas. La agricultura hace una extracción significativa del mismo, la introducción de leguminosas a las praderas permitirían recuperar parte de los nutrientes utilizados. También se deberá considerar el cambio en las condiciones físicas del suelo que se producen como consecuencia de una cantidad importante de hojas, tallos y fundamentalmente raíces que se incorporan como materia orgánica al mismo La mayoría de los sistemas pastoriles de engorde vacuno y producción de leche en Argentina se basan en praderas de leguminosas y gramíneas (Pordomingo, 1995). Del intercambio de ideas con cualquier productor tradicional de la región pampeana suele surgir una imagen común de la valorización personal que el mismo le asigna a las praderas con leguminosas. En primer lugar, lo visualiza como una fuente de forraje de calidad para sus animales en pastoreo, luego la valoriza por su capacidad de producir reservas de forraje de calidad. En tercer lugar y no siempre con convicción le asigna un papel mejorador a la fertilidad de los suelos (Viglizzo, 1995).
Cuando se piensa en el ganado, no olvidar jamás las necesidades de la hierba y al evaluar esta se deberá considerar los requerimientos del ganado (Voisin, 1994). Mejorar la utilización de superficies destinada a los cultivos forrajeros es importante para la correcta utilización de los recursos naturales, pero la mejora en la producción de pastos y praderas solo rinden resultados económicos mediante la intervención del animal que transforma los forrajes en carne, leche o lana. Los sistemas exclusivamente de pastoreo son empleados en áreas de ganadería extensiva en las que los recursos forrajeros son escasos. Existen zonas en las que los excedentes estacionales de producción de forraje se conservan para épocas de escasez, dando origen a los sistemas mixtos. Con la utilización de cultivos forrajeros se abre la posibilidad de la explotación mediante corte, pero también con el perfeccionamiento de los sistemas de pastoreo se puede conseguir una eficiente utilización de la producción primaria (Muslera y Ratera, 1991).
Ferrer y Broca (1999) le asignan a la introducción de praderas y/o cultivos forrajeros monofitos en las rotaciones agrícolas, al menos cuatro efectos mejoradores: a) mejoran la estructura del suelo, b) enriquecen el mismo en materia orgánica, c) incrementan las concentraciones de nitrógeno y e) protegen los suelos contra la erosión eólica e hídrica.
Los
sistemas ganaderos en Argentina se basan principalmente en la utilización por pastoreo de cultivos y praderas de
gramíneas y leguminosas (Díaz Zorita, 1998). Resulta dificultoso formular estrategias
de aprovechamiento simples y sólidas para una producción eficiente a partir del
pastoreo, debido a las complejas interacciones que existen entre diferentes
ambientes, estaciones del año, tipo y especies de praderas, categorías de
animales y manejos de la defoliación (Chapman. 1992).
Sistemas de pastoreo. Definición
A pesar de que los sistemas de pastoreo producen pérdidas de producción por rechazo y pisoteo, que tienen un valor económico considerable, los sistemas de explotación de praderas y cultivos forrajeros que incluyen, al menos, una fase de pastoreo permiten obtener buenos resultados económicos.
Los sistemas de pastoreo son herramientas de manejo diseñadas para hacer compatibles la conflictiva relación entre la captura de energía y las eficiencias de pastoreo y conversión (Heitschmidt y Taylor. 1991). Ellos están diseñados principalmente para elevar la producción animal en el tiempo, tanto por un mejoramiento y/o estabilización de la cantidad (eficiencia de captura de la energía) y/o calidad (eficiencia de conversión) del forraje producido y/o consumido (eficiencia de cosecha). Es posible mejorar la producción, si el beneficio del diferimiento excede o supera los efectos del impacto negativo del pastoreo.
Un sistema de pastoreo es considerado como una especialización del manejo del pastoreo, en el cual se definen períodos recurrentes de pastoreo y diferimentos para dos o más pasturas o unidades de manejo (Soc. Range Managem., 1989).
Disponibilidad
de forraje: es considerado como cualquier tipo de forraje (plantas o partes
de ella) de especies forrajeras que están disponibles para el pastoreo. Hay
algunas especies que poseen aptitud forrajera, pero que pueden estar presentes
como malezas de una pastura o cultivo forrajero. Se expresa en kg ó t Materia seca/ha en un determinado
período de tiempo ( año, mes, día).
Demanda de
forraje: es la cantidad de forraje
específico requerido para satisfacer las necesidades nutritivas de un animal en
un determinado período de tiempo. Se puede expresar en kg MS, en unidades de energía (Mcal) por animal y en una determinada
unidad de tiempo (día, año).
Carga animal:
es la cantidad de una determinada combinación de clases de animales por unidad
de superficie. Se expresa en número de animales
ó equiv. ganaderas/ha.
Presión de pastoreo: es la relación entre la demanda de forraje y la disponibilidad de forraje para un determinado forraje en algún momento. Se puede expresar en número de animales o equivalencias ganaderas/unidad de superficie y considerando la oferta de forraje.
Se suelen confundir ambos términos, en el siguiente ejemplo se pueden observar las diferencias:
Situación A: 2,5 anim/ha. Forraje disponible: 1800 kg MS/ha
Situación B: 2,5 anim/ha. Forraje disponible; 1350 kg MS/ha
En ambas situaciones la Carga Animal es la misma, pero en la situación B la Presión de pastoreo es mayor
En
general, existen dos grandes grupos de sistemas de pastoereo
·
Pastoreo
contínuo, asociado a sistemas extensivos, grandes superficies y escaso nivel de
control del pastoreo. Muy utilizado en pastizales naturales
·
Rotativo,
también conocido como rotacional, con todas sus variantes, basado en
subdivisiones de los potreros fijos, generalmente mediante el uso de alambrados
electrificados y en el que se destaca un mayor y mejor control del pastoreo. Se
lo observa en sistemas de producción con una mayor grado de intensificación y
para la utilización de pasturas cultivadas.
Este
sistema implica la presencia continua de los animales en la pastura, lo cual no
significa utilización contínua de la misma por parte del animal. En este
sistema, los animales definen las áreas de pastoreo, la frecuencia de uso del
área pastoreada y la intensidad con que pastorean la misma. Sin embargo, tanto
la frecuencia de pastoreo como la intensidad del mismo dependerán de la presión
de pastoreo utilizada.
En
estos sistemas de pastoreo se conocen dos variantes:
a-Pastoreo contínuo de carga fija y
b- pastoreo contínuo de carga variable.
En
el primer caso se realiza una estimación de la carga animal a utilizar,
generalmente basada en el conocimiento empírico y práctico de la carga que
normalmente puede soportar la pastura para condiciones climáticas normales en
la región. Se establece el número de animales en función del tamaño del potrero
y se inicia la temporada de pastoreo para ese lote o potrero. En pastizales
naturales pueden ser entre 3 a 6 meses e inclusive todo el año. En pasturas
cultivadas este tiempo puede variar entre 1 mes a 3 o 4 meses (ej., en
gramineas perennes otoño-invierno-primaveral, la temporada de pastoreo
comenzaría a fines de verano y principios de otoño y se prolongaría hasta fines
de primavera). En el caso de verdeos de invierno este sistema se realiza con
tiempos de permanencia que pueden superar los dos meses.
En
el sistema de pastoreo contínuo con carga variable, períodicamente se realizan
ajustes de la carga animal y la presión de pastoreo, de tal manera que la
disponibilidad de forraje satisfaga los requerimientos alimenticios del rodeo.
La implemntación de esta modalidad de pastoreo puede utilizar como variable la
modificación del número de animales o cambios en la superficie asignada.
A
manera de ejercicio, imagine en la práctica de que manera procedería para la
implemntación de sistemas de pastoreo contínuo y en especial los de carga
varible.
En
este tipo de pastoreo la zona de utilización se divide en un número variable de
parcelas, 5 a 20 o incluso más, y el rodeo o rebaño va pasando de una a otra.
La permanencia del ganado en cada parcela varía de horas, día o varios días,
dependiendo de la intensificación del sistema.
El
cambio de parcela puede ser fijo y estar establecido en función de un tiempo predeterminado o realizarce de acuerdo a
la disponibilidad de forraje, por lo que las variantes de este sistema pueden
ser las siguientes:
·
alta
intensidad y baja frecuencia (pastreo intensos con largos tiempos de
reposo; ej. alfalfa );
·
Baja
intensidad y baja frecuencia (pastoreos suaves con adecuado remanente foliar y
baja frecuencia, aconsajable en el
manejo de gramíneas perennes (otoño-inverno-primaveral).
Excepto cuando se trabaja en condiciones muy extensivas,
en que el movimiento del ganado se controla con la localización de aguadas,
abrigos, sombreaderos y areas de suplementación, la aplicación del manejo
correcto de las pasturas y los animales requieren un cierto grado de
subdivisión de la tierra.
Considerando
que el apotreramiento y la provisión de agua representan una importante
inversión para el ganadero o productor, vale la pena analizar que grado de
subdivisión es necesario.
Los
siguientes puntos ilustran las necesidades básicas que llevan a establecer
alambradas o cercas, dando por descontado la presencia cercas perimetrales que
separan las distintas propiedades.
1.
Se
necesitan cercas para separar las tierras destinadas a la agricultura
2.
Es
conveniente contar con potreros seguros para mantener los reproductores machos
separadados de las vacas o en la época de destete, cuando se pretende separar
la madre de su ternero.
3.
Cuando
el rodeo está integrado por animales de diferentes requerimientos nutricionales
a los efectos del manejo es adecuado confinarlos en áreas diferentes de
pastoreo.
4.
Cuando
la cantidad de animales de cualquier categoría es muy grande y se hace poco
práctico manejarlos, conviene dividirlos en rodeos más pequeños, para lo cual
se hace necesario proveer al campo de un mayor número de subdivisiones.
5.
Prever
subdivisiones que permitan manejar pasturas de hábito vegetativo y crecimiento
diferentes, con requerimientos de manejo de la defoliación de acuerdo a las
características morfológicas y su fisiología.
6.
La
necesidad de disponer de alambradas aunque sean temporarias para aislar las
pasturas o potreros que se destinarán a la confección de reservas (heno,
silaje, diferidos)
Aceptando
que estos puntos sean correctos, si se los pone en práctica se habrá llegado a
un grado considerable de subdivisión e inversión en apotreramiento, aún
admitiendo el uso de cercas internas mas económicas como son los alambrados
supendidos o alambrados electrificados.
A
la luz de lo expuesto surgen dos preguntas: “el grado de subdivisión extra aumentaría la producción animal? “ y
“asegura la producción adicional un
retorno económico de la inversión?”
Desafortunadamente
no hay una respuesta clara y definitiva para esas preguntas y a continuación se
discutirá el posible éxito de la subdivisión adicional, con el objeto de
establecer algunas pautas básicas.
Una
de las finalidades de la subdivisión es permitir la aplicación del pastoreo
rotativo o rotacional, que con frecuencia es considerado superior al contínuo.
Sin embargo si examinamos los resultados de la investigación o la experiencia
de los productores, se advierte que la situación no es clara y que es difícil
extraer conclusiones definitivas.
Esto
ocurre por que son muchos los factores que pueden influir sobre los resultados
de uno u otro sistema.
Algunos
de esos factores son:
·
Tipo
de pastura.
·
Grado
de incorporación de mejoras y nivel de manejo.
·
Carga
animal.
·
Objetivos
del sistema de producción.
·
Capacidad
del técnico o productor para manejar correctamente un sistema de pastoreo
rotativo.
·
Tipo
de sistema de pastoreo rotativo.
Con
relación al tipo de pasturas, entre la plantas forrajeras existen diferencias
marcada de acuerdo a la morfología y fisiología de cada una de ellas para
tolerar el pastoreo. Plantean distintas exigencias en cuanto al control de dos
aspectos fundamentales en el manejo correcto de las pasturas, como lo son la
intensidad y frecuencia de pastoreo. Se pueden agrupar la especies forrajeras
en tres grandes grupos y que difieren en las normas de manejo que deberían
aplicarse para cada una de ellas: gramineas,
leguminosas tipo alfalfa y leguminosas tipo trebol blanco.
Dentro
de las gramíneas se encuentran especies que toleran pastoreos intensos y
frecuentes, como las estoloníferas o rizomatozas con crecimiento postrado y
rastrero protegiendo del diente del animal sus puntos de crecimiento (grama
rhodes, cynodon). Otras de crecimiento mas erecto y cespitosas, con una elevada
cantidad de macollos en estado vegetativo con una escasa proporción que se
diferencian a reproductivo. Esto les permite que numerosos macollos permanezcan
en latencia hasta la próxima temporada de crecimiento (gramíneas perennes
estivales y las invernales). La diferencia entre ambas respecto a los sistemas
de utilización es el elevado crecimiento de las estivales (megatermicas –C4) y
el elevado grado de lignificación que hacen que pierdan rápidamente calidad,
por lo que el animal selecciona sectores de pastoreo generando áreas de sobre
uso y subutilización en el mismo lote. Este grupo reequiere de mucho control
del pastoreo para evitar los inconvenientes comentados, con pastoreo intensos y
poco frecuentes a fin de realizar una utilización más homogenea de la pastura
(ej., pasto llorón). En las gramineas invernales, dada su menor tasa de
crecimiento y por su morfología, el pastoreo debe ser orientado a mantener
cierto IAF remanente para el mantenimiento de la tasa de crecimiento y la
promoción del macollaje, principalmente durante la fase vegetativa (fines de
verano hasta principios de invierno). En esta etapa los pastoreos deben se de
baja intensidad y frecuencia.
Leguminosas
tipo alfalfa: su crecimiento cíclico y la dinámica de las reservas orgánicas,
como determinante de su condición fisiológia y responsable de la persistenica
exige un control estricto, principalmente, de la frecuencia de pastoreo,
garantizando un reposo entre pastoreos de 28 a 40 días dependiendo de la época
del año.
Leguminosas
tipo trebol blanco: por sus características de crecimiento, continuo y
postrado, se constituye en el grupo mas resistente al pastoreo, por lo que el
sistema que se implemente estará en función de otros factores de producción y
no estará condicionado por la pastura.
Se
concluye que en función de las especies forrajeras, hay algunas que se adaptan
y requieren la implementación de un determinado sistema de pastoreo, otras son
mas flexibles en la elección del sistema.
Grado de
incorporación de mejoras
La
subdivisión de un establecimiento para permitir la aplicación de un sistema de
pastoreo rotativo implica una considerable inversión. Dado que el recurso
capital es un factor limitante, se deberán analizar las condiciones productivas
que justifiquen la inversión. Si bien, en muchos casos, el nivel de
apotreramiento mejora la utilización de las pasturas, es necesario un ajuste
equilibrado de otras variables que sumada a la inversión o un mejoramiento en
el nivel de apotreramiento permitirá obtener el rédito económico esperado de
una mayor intensificación del sistema de producción.
Carga
animal
Es
el factor determinante a considerar en la implementación de cualquier sistema
de pastoreo. Sobre
este factor es importante resaltar lo señalado por Runcie (1960) indicando que
cualquier ventaja comparativa de los sistemas de utilización de pasturas,
dependerá de la carga animal que se utilice.
Se
puede afirmar con certeza que si la carga animal es baja, no se ganará nada, en
términos de producto animal por medio del pastoreo rotativo; aún mas, es posible
que se reduzca la producción.
Los
siguientes resultados corresponden a un experimento conducido en Irlanda
(Conway, 1963) e ilustran este punto. La pastura usada incluía raigrás perenne,
timote y trébol blanco y fue pastoreada por novillos.
Tanto
en el pastoreo rotativo como en el continuo, se observó que, a medida que
aumenta la carga animal, disminuye la producción individual. Ocurre otra cosa,
cuando los resultados se expresan en producción por unidad de superficie
(kg/ha), como se aprecia en los cuadros.
Cuadro 12-11.-. Ganancia de peso vivo (kg) con dos sistemas de pastoreo y tres
niveles de carga animal (promedio de tres años).
|
Sistema de pastoreo |
Carga animal |
||
|
2,5 |
4,4 |
6,2 |
|
|
Rotativo (10 parcelas) |
188 |
166 |
128 |
|
Contínuo |
204 |
158 |
91 |
Cuadro 12-12.-. Producción de carne (kg/ha) con dos sistemas de pastoreo y tres
niveles
de carga animal (promedio de tres años).
|
Sistema de pastoreo |
Carga animal |
||
|
2,5 |
4,4 |
6,2 |
|
|
Rotativo (10 parcelas) |
470 |
730 |
794 |
|
Contínuo |
510 |
695 |
564 |
En
este último cuadro se observa el efecto notorio que provoca el incremento del número
de animales sobre la producción. El aumento se explica porque hay un mayor
número de animales que producen menos individualmente. Este aumento de
producción de carne por hectárea continúa manifestándose hasta que como ocurre
en el pastoreo contínuo, cuando la
carga es elevada (6,2 anim/ha) el mayor número de animales que se incorpora no
compensa la menor ganancia individual lograda.
En Balcarce se condujo una experiencia en producción
de carne bovina, donde se obtuvieron ganancias de peso similares (tanto si se
expresaban en kg/ha o en kg de PV por animal logrado). En efecto, en un período
de 34 semanas y con una carga de 2,5 cabezas por hectárea se obtuvieron 455 kg de PV/ha y cada animal ganó en
promedio 182 kg. El sistema de pastoreo utilizado fue un rotativo e incluía
cuatro potreros. Por lo tanto, para las condiciones de Balcarce, si se cuenta
con una buena pradera cultivada, 2,5 animales/ha es una carga relativamente
baja; quizás ese mismo resultado se podría haber logrado utilizando pastoreo continuo.
Existen
muchas experiencias nacionales e incluso a nivel regional que reafirman los
resultados presentados. En síntesis, se puede afirmar que si bien un incremento
de la carga animal aumenta la producción por hectárea, ya que se logra una
mayor eficiencia de utilización del forraje, esa ventaja está contrabalanceada
por la reducción de la ganancia por animal. Para el invernador, este hecho
podría ser de vital importancia si debido a las escasas producciones
individuales no se pudieran alcanzar los pesos de faena antes de comenzar un
período de escasez de forraje, o antes que un nuevo grupo de terneros
destetados requieran iniciar el proceso de recría y engorde.
Estos
resultados también, parecerían indicar que un productor que empleara una
pastura similar, con una carga baja y deseara incrementar la producción, no sería aconsejable ni redituable invertir
en subdivisiones para adoptar un sistema de pastoreo rotativo. Dado que, con la
implementación del pastoreo contínuo se lograrían similares producciones y
respuesta animal, en tanto la pastura se adapte a este sistema de pastoreo.
Número de
potreros
Este
es un aspecto importante a tener en cuenta. El grado de subdivisión determina
los días de pastoreo y la duración del
descanso entre cada pastoreo. No hay reglas generales sobre este aspecto y las
opiniones aceca de cuál es el número ideal son variables; algunos aconsejan
potreros pequeños para permitir el
movimiento díario de los animales, mientras que otros recominedan entre 5 y 10.
Si
se utiliza pastoreo continuo y solo se
cuenta con un gran potrero el descanso ordenado de la pastura no se daría; sin
embargo, si este se dividiera en dos potreros es posible pastorear 20 días una
parcela y mantener en descanso la otra durante 20 días. Si este potrero fuese
dividido en 4 parcelas, es decir el doble, podríamos aplicar un rotativo con 10
días de utilización y 30 de descanso y asi sucesivamente tal como se muestra en
el esquema
|
Número de potreros |
1 |
2 |
4 |
8 |
16 |
32 |
|
Días de descanso |
0 |
20 |
30 |
35 |
37,5 |
38,75 |
|
Días de utilización |
|
20 |
10 |
5 |
2,5 |
1,25 |
Se
advierte que los días de descanso
disminuyen rápidamente a medida que se incrementa el número de potreros a
utilizar, llegando a situaciones en que duplicando el número de parcelas de 8 a
16 solo se lograría incrementar en 2,5 días la duración del descanso.
Implementar un sistema de pastoreo rotativo con excesivas sudivisiones, con
todo lo que ello lleva implicito (inversión y mantenimiento de alambradas
electrificadas) es prácticamente mínima la incidencia que tiene sobre la
longitud del descanso. En términos generales podría decirse que, si hay alguna
ventaja a favor del pastoreo rotativo, este solo puede lograrse a através de un
grado de subdivisión moderada ya que, la subdivisión exagerada no se
traduciría en mejoras sustanciales de
los niveles productivos del sistema.
Objetivo
del sistema de producción
La
desición de aumentar la carga animal para aprovechar las ventajas que brinda el
sistema de pastoreo rotativo depende en
parte de los objetivos del sistema de producción.
Si
por ejemplo, el sistema requiere una alta producción individual, se debe
aceptar una baja carga animal o bien elevar la carga pero recurrir al uso de
suplementos.
Otra
opción de ser posible, es clasificar por categorías el rodeo, en función de sus
requerimientos y en el marco de un sistema de pastoreo rotativo lograr
maximizar las respuestas individuales y la producción por hectárea. En
invernada se utilizan animales de punta o cabeza y seguidores (cuerpo) o en
cría ciclo completo la categoría de punta estaría representada por la invernada
y la categoría que haría de seguidora por la vaca de cría.
Conclusiones
El
pastoreo contínuo presenta la ventaja de su simplicidad y menor costo de
implementación. Como principal desventaja,
el escaso y dificultoso control del pastoreo. Su utilización es común en
sistemas extensivos con pastizales naturales.
El
pastoreo rotativo permite un mejor control del pastoreo pudiendo detectar los
momentos de cambios de disponibilidad y calidad de la pastura, haciendo posible
los ajustes permanentes en la utilización de la pastura. Los excedentes de
forraje pueden ser transformados en reservas sin alterar la utilización bajo
pastoreo del resto del potrero.
Se
justifica su utilización en condiciones de moderadas a altas cargas, ya que se
pueden hacer correcciones de manejo en el corto plazo. Hay especies forrajeras
que requieren de este tipo de sistema de utilización, como por ej., alfalfa por
sus características en relación al crecimiento y fisiología de la especie;
perennes estivales (pasto llorón) debido a la pérdida de calidad por la gran
acumulación de forraje dada la elevada tasa de crecimiento estacional y la
selectividad que realiza el animal en pastoreo por las fracciones de mayor
calidad; anuales estivales (sorgos) por su capacidad de crecimiento con
elevadas tasa de crecimiento diaria de forraje, haciendo que sea imprescindible
el uso de este sistema para mejorar la eficiencia de cosecha de estos recursos.
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