Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Frasinelli, C.A.*. 2005. Marca Líquida Agropecuaria, Córdoba,
15(138):23-26.
*EEA INTA San Luis.
Si bien la presente nota
se refiere específicamente a la producción ganadera en la Provincia de San
Luis, las similitudes que presenta con grandes áreas de la región central del
país, la hacen muy valiosa a la hora de aplicar la técnica.
La cantidad de lluvia y
más aún la distribución de la misma, es una variable climática decisiva para
producir. Productores y profesionales relacionados con el sector agropecuario
estuvimos preocupados en los últimos dos o tres años por la notable disminución
de las precipitaciones. Pero no es un fenómeno raro. Sobre todo en regiones
áridas y semiáridas, donde se ubica la provincia de San Luis. Aceptamos que hay
ciclos húmedos, secos y transiciones entre ellos. Desde hace aproximadamente 20
años tenemos un ciclo húmedo. Algunos climatólogos afirman que continuaría por
10-20 años más. En tal caso, las sequías serán pasajeras. No obstante, siempre
deberíamos prepararnos para enfrentarlas.
La distribución de las
lluvias en nuestra región es de tipo estival. Por ende, cuando no llueve
durante el otoño y el invierno no estamos en presencia de sequía. Lo
consideramos normal y nos preparamos para ello. Consideramos sequía a la falta
de lluvias durante los meses de primavera-verano. Ahora bien, ¿qué significaría
un ciclo seco? La respuesta es:
1) volver a las isohietas de
2)
3) disminución de
Estos valores
corresponden a promedios anuales y siempre estarán acompañados de grandes
variaciones. Solemos decir, cuando hablamos de clima, que de lo único que
estamos seguros es que no hay dos años iguales. Actualmente se están recibiendo
algunos informes de difusión masiva, a raíz del calentamiento planetario, que
indican que las variaciones serían más pronunciadas. Tenemos que aprender a
manejar la variabilidad.
Aquí el concepto
fundamental es el descanso. Estamos acostumbrados a mirar y preocuparnos por
las reservas corporales de los animales. Esto está bien. Pero, casi siempre
descuidamos o subestimamos las reservas de las plantas. Debemos planificar el
uso de las pasturas de manera que se considere un período adecuado de descanso.
Así, se consigue mejorar considerablemente el sistema radicular de las plantas
haciéndolas más productivas, y competitivas frente a otras especies
indeseables. En el caso de pastizales naturales, dependiendo de la condición
ecológica, además de vigorizar las plantas, se puede mejorar la densidad de
especies valiosas.
En regiones donde la única alternativa forrajera es el pastizal natural éste debe manejarse siguiendo una adecuada secuencia de usos y descansos. Así, según el número de potreros que integren el sistema, los pastos naturales pueden descansar hasta 3 años en una misma época. No se requieren demasiadas divisiones (N° de potreros: mínimo 2 y máximo 4). Además, el alambrado eléctrico puede ser de utilidad para bajar costos. Este manejo se conoce con el nombre de pastoreo "rotativo diferido". Se maneja un rodeo y dos, tres o cuatro potreros según el esquema elegido. En el cuadro 1 se puede observar el esquema de uso con un rodeo y tres potreros.
¿Cuál es la estabilidad de estos sistemas? En la
región del Bosque de Quebracho blanco y Algarrobo negro (nor-oeste de San Luis)
hay ejemplos donde se pudo visualizar una importante estabilidad productiva.
Así, en el establecimiento ganadero "Lomas Blancas" donde se realiza
cría de bovinos en base a pastizal natural como único recurso forrajero, se
aplica un manejo especial del pastizal, desde hace 17 años. Actualmente, este
sistema tiene una receptividad de
En el esquema de utilización se puede observar que el potrero A, utilizado en el primer semestre del año 1, vuelve a utilizarse en la misma época luego de 2 años de descanso.




Al sur de San Luis, en la región fitogeográfica que
denominamos pastizal pampeano con lomas arenosas e isletas de chañar y en zonas
marginales para el cultivo de alfalfa, los sistemas que incorporan una alta
proporción de pasturas largamente perennes como pasto llorón y digitaria
(cuadro 2), han alcanzado una alta receptividad ganadera (
En las regiones que presentan ventajas para el cultivo de alfalfa, ésta
constituye un importante elemento para mejorar la estabilidad productiva, entre
otros beneficios. En la figura 2 se puede observar la estabilidad en la
producción de carne por unidad de superficie frente a importantes variaciones
en las precipitaciones en un sistema productivo del sur de Córdoba. Este
sistema es de producción mixta (carne y grano) y el cultivo de alfalfa
constituye el 60 % de la superficie total. El sistema de rotación es de 5 años
de alfalfa y 3 años de cultivos anuales.
Si las condiciones climáticas de las regiones
áridas-semiáridas son altamente variables, sobre todo las precipitaciones, los
sistemas de producción deben ser flexibles. Aplicando mucha tecnología de
procesos (seguimiento de la disponibilidad de forraje, condición corporal de
los animales, carga adecuada, descanso de pasturas, aplicación del calendario
sanitario regional) y la mínima cantidad imprescindible de tecnología de
insumos (suplementos, herbicidas, semillas, combustible, etc.). Ahora bien,
¿Qué es un sistema flexible?. En nuestra región, donde predominan los sistemas
de cría, las vacas deberían ser la última categoría en suplementar o movilizar
frente a situaciones climáticas adversas, sobre todo de sequía. Esto quiere
decir que si en una determinada zona, donde habitualmente llueven
1) destete normal e inclusive de mayor edad,
2) engorde de hembras de rechazo (vaquillonas y vacas) y
3) engorde de hembras de rechazo y recría de machos.
En esta variante se podrían terminar los novillos con suplementación estratégica o bien en corral propio o en hotelería.
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