Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Néstor Strizler. 1999. (EEA
INTA Anguil). Forrajes y Granos, Bs.As., 4(44):78-80.
Desde
fines de marzo hasta que prácticamente termina el otoño llegan consultas
relacionadas con la utilización de verdeos invernales, las que podrían
sintetizarse en los siguientes puntos:
1.
Al
echar los novillos al verdeo, estos se hallan muy sumidos y con diarrea.
2.
Se
pesó a los animales al salir del maíz y nuevamente luego de veinte días en el verdeo
y no aumentaron de peso.
3.
Se
realizó encierre nocturno el año anterior y mejoró mucho la ganancia de peso.
4.
Se
realizó encierre nocturno el año anterior y no mejoró la ganancia de peso.
El
problema de la utilización de verdeos en invierno incluye varios aspectos a
tener en cuenta, y el encierre nocturno puede constituir una alternativa
interesante.
Muchos
productores encierran la hacienda de noche por razones que no están
relacionadas con las ganancias de peso.
Es muy común que se encierre para evitar el pisoteo del verdeo en las primeras
horas de la mañana, cuando aún puede estar helando y es grande el daño que
puede hacerse a la pastura. También es frecuente que al saber que está corto de verdeos el productor
intente estirarlos encerrando los
animales de noche para reducir el consumo de pasto verde. Estas decisiones de
manejo, que son correctas, se hallan fuera de la discusión aquí planteada.
El
segundo aspecto por tratar se orienta a si son realmente bajas las ganancias de
peso en verdeos tiernos y por qué. Debe decirse que, en efecto, las ganancias
son bajas aun cuando la cantidad y calidad del verdeo son altas. Esto no es un
problema que se presente solo en la región, ni siquiera es exclusivo del país,
sino que se ha encontrado en numerosos lugares del planeta.
Estas
bajas ganancias de peso, que se limitan al período otoñal, se deben a varias
razones, entre ellas:
1. Ganancias de peso enmascaradas.
Cuando
los animales entran al verdeo, generalmente provienen de potreros con forrajes
de menor calidad; en el mejor de los casos estaban pastoreando una pastura base
alfalfa, pero muchas veces vienen de pasto llorón o rastrojos de sorgo o maíz. Estos forrajes llenan el tracto digestivo
del animal, sobre todo el rumen. Al
entrar al verdeo, el rumen se vacía y le da el aspecto sumido al animal. En
trabajos realizados en la EEA INTA Anguil y en la Facultad de Agronomía de la
Universidad Nacional de La Pampa se demostró que este efecto representa una
pérdida de 10 kg. La caída de peso se
debe solo a la menor cantidad de pasto en el rumen, y no a una pérdida de peso
corporal.
2. Alto contenido de agua en el verdeo.
Los
verdeos tiernos presentan un contenido de agua muy alto (86%), casi el mismo
que el de la leche de vaca. Para que el animal pueda comer 1 kg de materia seca
de verdeo necesariamente debe consumir el agua que contiene el pasto, que es
más de 6 litros. Un novillo que precisa
8 kg de materia seca por día debe ingerir más de 57 kg de verdeo. Como el
novillo no cuenta con capacidad física para consumir tan alta cantidad de
pasto, el consumo cae y con él la producción. En ensayos realizados en la EEA INTA Anguil
Ing. Agr. Guillermo Covas se concluyó que por efecto de la alta cantidad de
agua los novillos reducen la ganancia de peso diaria en 200 g/animal. Este efecto puede corregirse suministrando a
los animales forraje seco en encierre.
3. Desbalance de nutrientes del verdeo.
Los
métodos clásicos de evaluación de la calidad de un forraje son: digestibilidad y contenido de
proteína. Si se miden estos parámetros
en verdeos tiernos, se concluye que poseen una calidad extraordinariamente
alta, difícil de lograr por otros forrajes.
Sin embargo, los verdeos utilizados en otoño presentan desbalances
importantes que influyen sobre las ganancias de peso.
Básicamente,
dos de los nutrientes más importantes, energía y proteína, son los que
presentan problemas: la primera, presente en el alimento en distintos compuestos,
es transformada en el rumen en otros compuestos con una proporción que en el
caso de los verdeos se pierde. Dicho desbalance presenta implicancias
productivas que pueden derivar en una menor ganancia de peso. La proteína, erróneamente considerada como único parámetro
para medir calidad, se encuentra en exceso en los verdeos tiernos en relación
con la energía que consumen. El exceso de proteína también puede provocar
caídas en la ganancia de peso. Los desbalances de nutrientes tienen que ser
corregidos si se pretenden altos niveles de producción. Para ello puede pensarse en el encierre.
El encierre nocturno no implica
necesariamente poner los animales en un corral; pueden pensarse, en efecto,
otras alternativas. Convendría tener en
cuenta que lo que se pretende es solucionar los problemas nutricionales de los
verdeos, además de cuidar dicho recurso forrajero. Por lo tanto, deberá
remplazarse parte del alimento que el animal consume por día por otro que
corrija los desbalances ya mencionados. Difícilmente el animal consuma un
suplemento además del verdeo que ya estaba comiendo. El comportamiento del
animal será, en términos generales, comer menos verdeo y remplazarlo por el
suplemento. Tal proceso se conoce como sustitución,
y puede lograrse a través de:
q
Utilización
de otras pasturas implantadas en un potrero cercano.
q
Suplementación
con distintos tipos de alimentos (henos, granos, etc.).
q
Combinación
de ambas alternativas.
Cualquiera
de las soluciones que se implemente debe contemplar el uso de alimentos de muy
alta calidad. De otra manera ocurrirá que el animal directamente no los
consuma, y si lo hace, la ganancia de peso seguirá siendo baja.
En
términos generales se desaconseja el encierre en rastrojos de cosecha fina o
gruesa, que son recursos de baja calidad solo utilizables si la cantidad de
grano remanente o de malezas aumenta sensiblemente la calidad de la oferta
forrajera de aquellos.
La
utilización de pasturas como lugar de encierre es una alternativa viable, pero
conviene conocer su composición. Si la
pastura está formada por alfalfa pura o en alta proporción, no es aconsejable
utilizarla con este objetivo, pues presenta, aunque atenuados, los mismos problemas
que los verdeos. Si la pastura tiene
una buena proporción de festuca o agropiro, entonces el encierre en ella es una
excelente solución. Estas especies resultan en esta época del año forrajeras de
muy buena calidad y con un óptimo balance de nutrientes. Su contenido de agua, además, es mucho menor
que el de los verdeos tiernos.
Una
de las posibilidades dentro de esta alternativa es utilizar henos, muy buscados
por los animales, que tienen una alta preferencia por ellos cuando suplementan
un verdeo con alto contenido de agua.
Para lograr el efecto deseado, el heno debe ser de excelente calidad.
El
uso de silajes no es tan aconsejable como el de henos, debido a su mayor
contenido de agua. Si se opta por este
recurso, lo preferible es emplear silajes de maíz con alto contenido de grano.
Otra
alternativa de suplementación son los granos de cereales. Cualquiera de ellos
puede utilizarse, pero es preferible suministrarlos partidos o molidos y
acompañados por un suplemento proteico de baja degradabilidad (nunca utilizar
urea, pues agravaría el problema de desbalance de nutrientes).
Si
no se cuenta con instalaciones de corrales suficientes, pueden combinarse las
alternativas planteadas y suministrar el suplemento (henos, granos, etc.) en el
potrero con rastrojo o pastura en que se encierre. También es posible combinar
suplementos, por ejemplo granos y henos, cuidando que la proporción en que
ambos intervienen en la mezcla sea similar. En cualquiera de las alternativas,
el alimento sustitutivo del verdeo debe estar permanentemente a disposición de
los animales durante el encierre, y todo el tiempo en que esté presente el
problema de los verdeos. Para ello
deben planificarse previamente las reservas a utilizar.
Dado
que el problema se presenta en el otoño y se soluciona con las primeras heladas
intensas de fin de otoño y principios de invierno, debe considerarse a priori
que se va a utilizar el encierre por aproximadamente noventa días, de acuerdo
con las condiciones climáticas del año.
Si
se estima que cada animal consumirá cerca de 4 kg de suplemento por día, debe
contarse con 360 kg por animal para todo el período. A esto se sumará una pérdida del suplemento -por pisoteo y otros
factores- de alrededor del 20 %, lo cual lleva la cantidad total a
aproximadamente 430 kg por animal.
La
decisión empresarial de corregir las bajas ganancias de peso en verdeos tiernos
debe ser previa al advenimiento del problema; de esta manera pueden
planificarse con tiempo las alternativas de suplementación que aquí se
plantearon.
Aunque
la oferta forrajera de los verdeos invernales es relevante en el invierno,
dicha estación climática se caracteriza en muchas regiones ganaderas del país
por una disminución de las precipitaciones respecto del otoño y por la
presencia frecuente de heladas.
Los
factores mencionados repercuten sobre el ritmo de crecimiento y/o rebrote de
los verdeos. Es común escuchar quejas
de los productores sobre “las avenas que ya no vienen”; si a esto se suma que
un verdeo está compuesto por un gran porcentaje de agua (alrededor de un 80%)
que las heladas congelan, no es difícil imaginarse que cuando las pezuñas de un
animal ejercen presión sobre el verdeo helado, este se rompa como un cubito de
hielo, y se pierda gran parte del forraje ofrecido.
Por
otro lado, es frecuente observar animales totalmente bosteados luego de
consumir forraje helado, lo que sin duda provoca un aspecto deslucido (animales
chumbeados).
Todos
ellos son motivos suficientes para implementar el encierre nocturno en
invierno, con todas las precauciones ya detalladas.
No
obstante habría que sumar que el espacio físico del que deben disponer los
animales debe ser amplio, y que es preferible emplear un campo natural, un
rastrojo o una pradera sazonada vecina, ya que los animales no acostumbrados al
encierre pueden sufrir estrés, el que repercutirá en su ganancia de peso.
Los
encierres nocturnos preventivos en épocas de riesgo timpánico aumentan el
ímpetu ingestivo de los animales en su retorno a la pastura, por lo que pueden
dar lugar a episodios severos. Es preferible que pasen la noche en una pastura
no muy comida que cuente con forraje disponible y se suplemente con silo,
concentrados y/o heno de fibra larga para evitar que los animales al pastorear
la nueva parcela lo hagan con voracidad.
Asimismo, el agua que beben a la noche deberá estar medicada con productos
antiempaste de buena calidad. Si el
riesgo no es muy grande, pueden permanecer en la parcela que pastorearon a la
tarde.
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