Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Ing.
Agr. Eduardo Noailles Bosch. 2002. Técnico del Instituto
de Suelos, INTA Castelar.
Consciente
de la importancia de preservar los recursos naturales para las futuras
generaciones, distintos organismos estatales y privados han volcado gran parte
de sus esfuerzos en mejorar la productividad de los suelos.
Diferentes
regiones del país se encuentran dedicadas a la ganadería de cría, recría y
tambo, muchas de las cuales, no han alcanzado los niveles de producción
esperados, debido a la falta de motivación del hombre de campo en aceptar los
nuevos cambios tecnológicos.
Desde
principios de la década del 70, uno de los objetivos prioritarios del INTA ha
sido incrementar la producción ganadera de la Pampa Deprimida, como
consecuencia de las limitaciones que presentan los suelos para la implantación
de cultivos con labranza convencional.
Los
principales factores edáficos de esta subregión, que afectan las tareas de
preparación de la tierra en la implantación de las pasturas perennes, son el
alto contenido de arcilla en la capa arable, el drenaje impedido que origina
encharcamientos periódicos, la marcada deficiencia de fósforo asimilable, la
excesiva alcalinidad sódica y el pH elevado en todo el perfil del suelo, debido
a la alta concentración de sales solubles.
Estas
limitaciones, unidas al escaso valor forrajero de las praderas naturales y al
deficiente manejo de los rodeos de cría, se traducen en la mayoría de los
establecimientos en una baja producción de carne y leche, que no llega a
superar normalmente los 85 kg de peso vivo y/o 25 kg de grasa butirosa por
hectárea y por año respectivamente.
Conociendo
estos problemas, el Instituto de Suelos organizó un grupo interdisciplinario
con el objeto de planificar una serie de ensayos de mejoramiento del tapiz
natural. Para ello, se seleccionó dentro del predio que ocupa el INTA Castelar,
un potrero en un rea plano aluvial con características semejantes a las
que presenta la "Cuenca del Río Salado", para que los resultados
obtenidos fueran extrapolables a la zona de cría.
Como
primera medida se estudiaron las fotografías a‚reas y el mapa de suelos del
campo experimental. Paso seguido, se recorrió el lote seleccionado y se tomaron
muestras de suelos; las mismas fueron remitidas al laboratorio para su análisis
físico-químico y confirmar as¡ que las condiciones edáficas eran similares a
las buscadas.
Confirmado
el sitio del ensayo demostrativo se instalaron los diferentes tratamientos en
parcelas de 50 m2, con la finalidad de poder comparar cuali-cuantitativamente
la producción de forraje de los lotes intersembrados respecto de los testigos
del campo natural sin mejorar.
Se
probaron diferentes equipos de intersiembra y dosis de fosfatado, eligiéndose
de todos los tratamientos aquel donde los rendimientos de forraje obtenidos
eran mayores.
La
mayor respuesta se obtuvo empleando Superfosfato triple de calcio (0-46-0) granulado,
aplicado en el surco. La dosis necesaria para cubrir la deficiencia de fósforo
aprovechable por el vegetal fue de aproximadamente 76 kg por hectárea de
producto comercial, que corresponde a 35 unidades de fósforo.
Previo
a la intersiembra de las leguminosas, fue necesario cortar al ras la vegetación
existente para facilitar el trabajo de la intersembradora de zapatas. La
siembra se efectuó el 2 de mayo empleando únicamente 2,7 kg por hectárea de
Trébol Blanco var. El Lucero INTA, inoculado con una mezcla polivalente de
cepas de rizobium seleccionadas.
A
partir de los seis meses de sembrada se comenzaron a evaluar los rendimientos
de los testigos y las parcelas fertilizadas e intersembradas por el m‚todo del
cuadrado de corte (1 m2) con diez repeticiones al azar. Los cortes se
realizaron a 7 cm de altura y se repitieron cada 30 días en el período
primavera-estivo-otoñal.
Al
finalizar la evaluación se promediaron los cortes y se calculó la producción
mensual de forraje por hectárea de la parcela testigo respecto de las
intersembradas. Para ello, se consideró indispensable determinar contenido de
materia verde, materia seca y proteína bruta producida por unidad de
superficie, observándose en la comparación una respuesta significativa en
aquellas parcelas mejoradas donde se realizaron prácticas de recuperación del
campo natural (cuadro 1)
|
Cuadro 1 - PROMEDIO DE PRODUCCIÓN MENSUAL DE
FORRAJE POR HECTÁREA |
||||
|
Tratamientos |
Materia verde kg/ha |
Materia seca kg/ha |
Prot. bruta kg/ha |
Materia seca % |
|
Campo natural |
2214,0 |
1028,0 |
112,0 |
46 |
|
Intersembrado |
4586,0 |
2077,0 |
247,0 |
45 |
|
Observaciones:
Estos resultados corresponden al promedio de rendimientos forrajeros durante
seis meses de evaluación. |
||||
Con
la finalidad de lograr una visión más amplia de los diferentes tratamientos se
graficó la Variación de los Rendimientos Relativos de la materia seca y la
proteína bruta, considerando al testigo de campo natural con valor 100.
A
continuación se resumen las principales ventajas que puede obtener el productor
para recuperar los recursos naturales empleando la labranza mínima como
práctica conservacionista:
1.
La intersiembra permite realizar la fertilización y siembra en una sola
operación.
2.
Se emplea donde las condiciones físicas del suelo limitan la implantación de
pasturas perennes con labranza convencional.
3.
La siembra de leguminosas inoculada favorece la incorporación de nitrógeno al
suelo, mejorando la calidad del tapiz natural.
4.
Se puede anticipar el aprovechamiento al no perderse el "piso".
5.
El suelo provisto de cobertura vegetal disminuye los riesgos de erosión
hídrica.
6.
La incorporación en el surco de elementos que se encuentran en deficiencia,
contribuye restituir la fertilidad del suelo.
7.
El empleo de esta práctica reduce los costos operativos en un 55 %, respecto de
una pradera sembrada con métodos convencionales.
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