PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

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Principales enfermedades de la alfalfa en la Argentina

Ing. Agr. PhD Daniel H. Basigalup e Ing. Agr. MSc María del C. Spada. 2003. EEA Manfredi INTA.

Introducción

       La alfalfa (Medicago sativa L.) es atacada por una gran cantidad de enfermedades que atentan contra su productividad y persistencia. En Estados Unidos se han descripto más de 50 enfermedades de la alfalfa causadas por patógenos (hongos, bacterias, nematodes, virus y micoplasmas), muchas de ellas limitando seriamente la producción del cultivo. En la Argentina se han descripto poco más de 25, aunque sólo unas 10 adquieren significancia económica con alguna frecuencia (Hijano y Pérez Fernández, 1995).

       Para facilitar su tratamiento, las enfermedades que atacan al cultivo pueden agruparse según la parte de la planta que afectan. De este modo, pueden dividirse en tres grandes grupos:

1-      enfermedades del FOLLAJE (tallos y hojas);

2-      enfermedades de CORONA y RAÍZ; y

3-      enfermedades del SISTEMA VASCULAR (marchitamientos).

       Por lo general, las enfermedades foliares no ocasionan la muerte de la planta pero reducen su energía total, promoviendo una pérdida de rendimiento y calidad. Aún cuando no produzcan importantes defoliaciones, pueden reducir sensiblemente el contenido de carbohidratos no-estructurales totales y de proteína cruda del forraje. Reducen la capacidad fotosintética de la planta y disminuyen los procesos de translocación. Las defoliaciones severas, especialmente en el otoño, pueden también predisponer a las plantas para el ataque de otros patógenos y contribuir a la muerte de plantas durante el invierno.

Las enfermedades de raíz y corona, al destruir directamente los tejidos, reducen la capacidad de absorción y de anclaje, de fijación simbiótica del N2 y de almacenamiento de reservas. En algunas ocasiones, estas enfermedades son causadas por varios organismos que actúan simultáneamente y a cuyo conjunto se denomina “complejos”, en cuyo caso es prácticamente imposible identificar genotipos resistentes. Comúnmente, las enfermedades de raíz y corona tienen un desarrollo lento y altamente dependiente de las condiciones ambientales y de manejo; cualquier condición de estrés en el cultivo puede acelerar su evolución.

Las enfermedades del sistema vascular o “marchitamientos” atentan primariamente contra el xilema, el principal medio de transporte de agua en la planta. A pesar que la infección ocurre usualmente en la raíz, el patógeno se distribuye sistémicamente a toda la planta y los síntomas de la enfermedad se hacen evidentes en el follaje. Los marchitamientos pueden eliminar plantas y limitar significativamente la producción del alfalfar.

Entre las más importantes enfermedades de corona y raíz detectadas en la Argentina, pueden mencionarse la “podredumbre húmeda”  o “fitóftora” (Phytophthora megasperma Drechs. f. sp. medicaginis Kuan & Erwin), la “corchosis” (Xylaria sp.) y el “complejo de podredumbre de corona y raíz” o CPCR [varios patógenos, entre los que pueden nombrarse: Fusarium oxysporum Schlecht. f. sp. medicaginis (Weimer) Syn. & Hans; F. solani (Mart.) Sacc., F. roseum Link. ex Fr.; Rhizoctonia solani Kuhn; Phoma spp.; etc.].

Dentro de las principales enfermedades del follaje, pueden citarse a la “mancha ocular de la hoja” [Leptosphaerulina briosiana (Poll.) Graham & Lutrell], el “manchón foliar amarillo” [Leptotrochila medicaginis (Fckl.) Schüepp], , el “mildiu” (Peronospora trifoliorum de Bary), la “viruela” [Pseudopeziza medicaginis (Lib) Sacc.] y la “roya” [Uromyces striatus Schroet. var medicaginis (Pass) Arth.].

La principal enfermedad del sistema vascular que en la Argentina alcanza cierto grado de importancia es la “fusariosis” [Fusarium oxysporum Schl. f. sp. medicaginis (Weimer) Syn. & Hans.]. Otra enfermedad, la “antracnosis” (Colletotrichum trifolii Bain. & Essary), que produce marchitamiento de tallos pero que no es estrictamente una enfermedad vascular, puede también adquirir significancia bajo ciertas condiciones.

Otras enfermedades citadas (Ing. Agr. N. Formento, EEA Paraná, com. pers.) en áreas húmedas son la "mancha foliar” y/o “tallo negro" (Cercospora medicaginis Ellis & Everh.) ; manchas foliares producidas por Stemphylium botryosum Wallr. ; "tallo negro de primavera" (Phoma medicaginis Malbr. & Roum. var. medicaginis  Boerema.) ; y lesiones en paredes del xilema y marchitamiento del tallo principal en forma de bastón causados por el hongo Phomopsis spp.

ENFERMEDADES DEL SISTEMA VASCULAR

FITóFTORA

La fitóftora es un grave problema en áreas de la Pcia. de Santa Fe, Buenos Aires y este de Córdoba, donde existen condiciones de alta humedad y suelos de lenta a muy lenta permeabilidad. También puede ser un problema en áreas de regadío donde no se efectúa un adecuado manejo del agua (riegos excesivos, mala sistematización del terreno, etc.). Los síntomas en la parte aérea de la planta incluyen una reducción del crecimiento y un amarillamiento del follaje. En la raíz se presentan lesiones oscuras, aisladas o coalescentes, que en casos severos originan el seccionamiento de la raíz principal. El hongo causal de la podredumbre húmeda encuentra condiciones óptimas para su desarrollo cuando el suelo permanece anegado, encharcado o excesivamente húmedo por varios días (> 3 o 4).

                                                                                                                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CORCHOSIS Y COMPLEJO DE PODREDUMBRE DE RAÍCES Y CORONA

La corchosis (Xylaria sp) y el CPCR (varios patógenos Fusarium SP, Rhizoctonia solani spp; Phoma spp.; etc) son enfermedades de lenta evolución, cuyos síntomas se hacen conspicuos por lo general en plantas de 2 o más años de edad. En el caso de la corchosis, si bien los síntomas en el follaje son inexistentes, el raleo de la pastura y/o la falta de rebrote o la excesiva lentitud de éste pueden ser indicadores de la presencia de la enfermedad. En las raíces, la sintomatología comienza con la formación de un pequeño cancro seco que destruye las raíces laterales; en la corona y parte superior de la raíz, el hongo causa una típica podredumbre seca, de color marrón claro con sectores blanquecinos que corresponden al micelio del hongo.

 

 

 

 

 

 

 

 

En el caso del CPCR se aprecia una necrosis pardo-oscura en la corona, matizada con sectores rojizos, violáceos o pardo claros, según las especies de hongos intervinientes; externamente, puede observarse un crecimiento desparejo de la planta que se  corresponde con los sectores necrosados subyacentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANTRACNOSIS

La antracnosis puede ocasionar importantes pérdidas de las plantas, en especial en primaveras y otoños húmedos y templados; en períodos de deficiencias hídricas, disminuye la incidencia del patógeno. La sintomatología típica incluye en la base de los tallos unas lesiones ovales y hundidas, que incluyen frecuentemente las acérvulas del hongo y que cuando rodean completamente al tallo, producen su marchitamiento con la característica forma de bastón. La infección de la corona, que es una etapa más avanzada de la enfermedad y que se manifiesta con una necrosis oscura muy característica, puede causar la muerte de la planta.

 

FUSARIOSIS

La fusariosis tiene en la actualidad una incidencia relativamente menor que la de años anteriores; no obstante, al ser su agente causal un componente del CPCR, su importancia no debe descuidarse. La plantas enfermas evidencian un amarillamiento que normalmente afecta sólo algunos sectores del follaje. Cortes transversales de la raíz exhiben sectores necrosados, con tonalidades marrón-rojizas, que en un principio se ubican en el xilema pero que luego afectan a toda la raíz. El patógeno es favorecido por temperaturas cálidas y las plantas pueden morir dentro la de misma temporada de infección. A nivel de predio, la evolución de la enfermedad es usualmente lenta y sólo unos pocos individuos muestran síntomas simultáneamente; sin embargo, al cabo de dos o más temporadas, la mortandad de plantas puede ser muy alta. La humedad del suelo no es un factor crítico en la evolución de la enfermedad.

 

ENFERMEDADES FOLIARES

Las enfermedades foliares anteriormente enumeradas -en especial la mancha ocular de la hoja y el manchón foliar amarillo- han alcanzado en los últimos años proporciones muy altas. Esto se ha visto favorecido por el uso masivo de cultivares sin reposo invernal (GRI 8-9), cuyo germoplasma es en general muy susceptible en la condiciones de relativamente alta humedad de la Región Pampeana y otras áreas alfalferas. Estas enfermedades originan en las hojas, tallos y pecíolos manchas y/o eflorescencias de distinto tipo que disminuyen el rendimiento y la calidad del forraje. En ocasiones pueden originar severas defoliaciones, con pérdidas de hasta un 40% en el rendimiento de forraje

 

Existen otros problemas sanitarios menos generalizados, pero igualmente importantes para ciertas regiones del país. Por ejemplo: los “manchones” originados por Rhizoctonia spp en zonas cálidas y húmedas del NOA; deficiencias en el establecimiento de los alfalfares causados por “damping-off” (principalmente Pythium sp.) en regiones de alta humedad, suelos pesados y bajos valores de pH; problemas asociados a nematodes (Ditylenchus dipsaci, Pratylenchus spp., etc.); enfermedades como la “escoba de bruja” (micoplasma) que constituye un problema en áreas productoras de semillas, como la Pcia. de San Juan, reduciendo el rendimiento de forraje y semilla; en otras áreas, la presencia de virosis (como el virus del mosaico de la alfalfa) en los alfalfares se va haciendo cada vez más notoria.

La práctica más importante para el control de las principales enfermedades es el uso de variedades resistentes. La mayoría de los cultivares actualmente en el mercado presenta adecuados niveles de resistencia a la fitóftora, la antracnosis y la fusariosis. En los Estados Unidos se han desarrollado algunos materiales con moderada resistencia a la viruela, la roya y el mildiu, y existen unos pocos cultivares con baja resistencia a la mancha ocular de la hoja. El método de mejoramiento más comúnmente empleado en el desarrollo de variedades resistentes a las enfermedades es la selección fenotípica recurrente, combinando técnicas de laboratorio, invernáculo y/o campo para la identificación de genotipos resistentes. En otros casos se emplean con éxito el retrocruzamiento y el cruzamiento complementario de cultivares.

La naturaleza perenne de la alfalfa y la elevada supervivencia de muchos patógenos reducen la efectividad de la rotación de cultivos como práctica cultural en el control de las enfermedades. Bajo ciertas condiciones, el mantenimiento del pH del suelo con valores próximos a la neutralidad (6.5-7), junto con un adecuado nivel de fertilidad (especialmente P y K),  pueden contribuir a la obtención de plantas vigorosas, con un alto potencial de tolerancia a los patógenos. El mejoramiento del drenaje del perfil, así como un manejo racional del riego, pueden disminuir los problemas de fitóftora en algunas áreas. El adelanto del corte o pastoreo pueden contribuir a minimizar las pérdidas originadas por las enfermedades foliares y a disminuir significativamente la producción de inóculo para futuras infecciones.

BIBLIOGRAFÍA

BASIGALUP, D. H. 1996. Manejo y Control de las Principales Enfermedades de la Alfalfa en Argentina. In: M. Díaz (ed) Manejo de Enfermedades en Cereales de Invierno y Pasturas. INIA La Estanzuela, Serie Técnica Nº 74, Uruguay.

GRAHAM, J. H., F. I. FROSHEISER, D. L. STUTEVILLE, and D. C. ERWIN. 1979. A Compendium of Alfalfa Diseases. American Phytopathological Society, St. Paul, MN, USA.

HIJANO, E. H. y J. PEREZ FERNANDEZ. 1995. Enfermedades de la alfalfa. In: E. Hijano y A. Navarro (ed) La Alfalfa en la Argentina. SubPrograma Alfalfa-INTA. CR Cuyo. Agro de Cuyo Manuales Nº 11, pp. 125-146.

 

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