Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de
Carne, Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Ing. Agr. Nicolás Iannone. 2005.
Clarín, Supl. El Campo, 12.02.05.
Las
pérdidas por evaporación, que pueden evitarse, son la principal razón de los
malos resultados de las aplicaciones aéreas.
En
relación con las aplicaciones aéreas sobre cultivos de siembra gruesa, por la
época en que éstas son necesarias, en pleno verano, suelen presentarse
condiciones de muy baja humedad relativa en la mayoría de los días. Esto es tan
cierto que para corroborarlo bastaría observar los datos de baja humedad y alta
temperatura registrados el verano anterior, durante parte de diciembre, enero y
febrero.
Esta
baja humedad ambiente produce la evaporación de gran parte de las gotas,
perdiéndose muchas de ellas antes de llegar a la parte superior del cultivo. O
sea, que el resultado de la aplicación ante dichas condiciones resulta obvio:
pérdida del producto por evaporación, lo cual lleva a seguras fallas de
control. Pero, ¿es esto en realidad tan obvio ?
Las
microgotas que salen de los picos de un avión deben "sortear con
éxito" todo el trayecto que tienen que afrontar para poder llegar al
cultivo de soja o maíz sin evaporarse. Somos conscientes que con aplicaciones
en horas de baja humedad relativa, en muchos casos esas microgotas se secan,
evaporan o "desaparecen" a poco de haber salido del pico del avión.
Si
permitimos que nos hagan aplicaciones en horas del día que registran
condiciones de muy baja humedad ambiental demostramos que entonces no nos
importa el resultado de la calidad de la aplicación. En función de lo que suele
ocurrir en realidad, tenemos que plantearnos un sutil cambio en el
cuestionamiento: ¿será éste un tema tan obvio ?
En
un empírico intento de comenzar a respondernos, pensemos si no es normal o
frecuente observar que se hacen aplicaciones entre las 11 y las 16 en días de
verano, con alta irradiación y baja humedad relativa, del 20 al 40 %.
La
respuesta al planteo permitirá inferir, al menos, si los que demandan el
servicio de aplicación "tienen asumido como una real obviedad" el
grave problema de evaporación de las gotas.
Si
bien la aplicación con muy baja humedad ambiente pudo no haber sido el único
factor o causa de fallas de aplicación, preguntémonos qué es lo que pasó con
las fallas de control de la isoca medidora en soja en casi toda la provincia de
Córdoba durante la pasada campaña. O bien, lo que pasó un par de años más atrás
con el control de chinches de la soja en el centro de la provincia de Santa Fe.
Al
menos, resultan casuísticas las aseveraciones sobre "aparición de
resistencia" del insecto, cada vez que éste se presenta con intensidad y
en forma generalizada en una gran región y también aparecen fallas de control.
"El bicho se hizo resistente", es el comentario más divulgado que
justificaría el no control.
Con
similar paralelismo, surgen las dudas sobre la capacidad de control de los
productos químicos utilizados. "Ya no son los controles de antes", se
dice.
Es
muy fácil encontrar las culpas en algo o alguien que no seamos nosotros mismo,
por supuesto, aunque tengamos sólo parte en el asunto. En esa vorágine de
hallar "buenas excusas" resulta tan agredido el aeroaplicador, como
los insectos porque se hacen resistentes, o las empresas que ya no producen el
mismo producto que antes.
Habría
que preguntarse porqué a veces se trata, por todos los medios, de desprestigiar
a la aplicación aérea al dudar sobre su imposibilidad de hacer buenos
controles. Todo lo contrario, siempre que se haga correctamente, la aplicación
aérea es una alternativa tan buena como el mejor tratamiento terrestre. Y esto
quedó demostrado con el control de Diatraea en maíz.
Por
eso es necesario volver al desarrollo anterior. Está claro que la evaporación
de las gotas es el enemigo número uno de las aplicaciones de insecticidas,
fungicidas y otros, cuando éstas se realizan con baja humedad ambiental.
Lamentablemente,
lo dicho es un caso de obviedad que emerge al leer o razonar sobre el tema,
como quizás sucede ahora, pero que no siempre está presente al momento de
actuar.
Por
eso, cabe preguntarse cuál es nuestra actitud al respecto. Es decir, cuando
solicitamos el servicio de aplicación, planteamos algo para evitar el problema
de una grave evaporación o tenemos una actitud completamente pasiva al pedirlo
para tal o cual lote.
Para
decirlo más directamente, ¿quiénes solicitan que se haga el tratamiento con una
humedad relativa mayor al 50-60 %. O que se realicen aplicaciones en maíz o
soja antes de las 10, o mejor aún, después de las 17 en días de sol y alta
temperatura, ya que con estas condiciones hay seguro baja humedad relativa?.
Cada
uno sabrá responderse. Pero al momento de actuar, o mejor dicho al requerir el
servicio, es fácil observar un aparente comportamiento unívoco: "me
preocupo por el producto y dosis, pero a la hora de la aplicación... ¡yo
argentino!", parafraseando la emblemática y vulgar expresión.
Sin
embargo, analicemos cuál es nuestra actitud como asesores técnicos ante el
conocimiento de que ciertos factores productivos (maquinarias, labores,
insumos, etc.) en condiciones inapropiadas pueden tener una incidencia agronómica
negativa o un resultado inferior al deseado.
Nuestra
reacción es siempre la adecuada: se tratará de prevenir, evitar o de solucionar
de inmediato un posible mal resultado. Pero en el caso de tratamientos aéreos,
pareciera no detectarse el mismo buen comportamiento a fin de prevenir o evitar
un resultado no deseable frente a la probable baja humedad relativa al momento
de hacer la aplicación.
Se
remarca la importancia de la humedad relativa mas aún que la temperatura,
debido a que la baja humedad es más determinante del fracaso de una aplicación
aérea por evaporación del caldo.
Por
ejemplo, si se hiciera una aplicación en presencia de elevadas temperaturas
pero con alta humedad ambiente, no habría mayores problemas de evaporación del
producto que se aplica. En cambio, la baja humedad es sinónimo de evaporación,
y por ende debe ser evitada.
Ahora
bien, volvamos a preguntarnos íntimamente: para el control de Diatraea o para
el control de hongos en soja, ¿se tomará el recaudo de solicitar que no se aplique
entre las 10 y las 17 en días de baja humedad relativa?. Recordemos que el
"enemigo" llamado "evaporación" no distingue entre
insecticidas o fungicidas diluidos en agua.
Es muy frecuente la falta
de interés en el problema de la posible evaporación de gran parte de lo que
queremos aplicar. Esta actitud deriva de la costumbre de manejar sólo
"plagas visibles". O por no pensar un instante en la importancia que
tiene el resultado de la aplicación para el control de "plagas no
visibles", ubicadas en la parte inferior del cultivo, como es el caso de
Diatraea en maíz, o de la roya en soja. Por su ubicación y la gran biomasa de
las plantas atacadas, se hace más difícil la llegada del producto.
En algunos casos, no se toma
el mínimo recaudo al solicitar la aplicación contra Diatraea o enfermedades en
soja. Y lo peor es que la deficiencia o falla en el control no puede detectarse
rápidamente, observando visualmente si hay algo vivo o muerto.
Cosa que sí puede hacerse
para saber si hubo fallas en el control de isocas o chinches en soja poco
tiempo después de la aplicación. En cambio, los casos de una mala calidad de
aplicación para Diatraea o Roya se podrán detectar mucho más tarde, cuando los
daños en el cultivo ya sean irreversibles y nos dejen sin posibilidad de
solución.
Entonces, cabe
preguntarse ¿quién pagará las pérdidas?. Aunque todos conocemos cuál es la
dolorosa respuesta.
Habrá que replantearse entonces, el énfasis
negativo e injusto que se suele poner en el "regateo" del precio de
la aplicación, habiendo solicitado un necesario alto volumen para Diatraea en
maíz u hongos en soja, sabiendo que los costos para el aeroaplicador son mucho
mayores al tener que usar alto volumen.
Habría que ver porqué no
se suele poner el mismo énfasis para prevenir una probable pérdida del producto
por evaporación y, adicionalmente, a la consecuente pérdida de producción. Si
quien leyendo estas reflexiones encontró que ya había respondido con antelación
a estas preguntas, nos alegramos porque no son parte del caso y les pedimos
disculpas.
Aquí van algunos consejos para tener en cuenta al solicitar una aplicación.
♦ No aplicar con baja humedad ambiente, porque resultará un fracaso total o parcial de control.
♦ Para días con baja humedad relativa lo que debe hacerse es aplicar antes de las 10 o después de las 17 y agregar aceite al caldo.
♦ En todos los casos, hay que evitar la inversión térmica y el viento porque derivan el producto aplicado.
♦ Los mejores tratamientos contra Diatraea se han obtenido aplicando a la tardecita porque es cuando hay mayor humedad ambiente, y entonces la evaporación es mucho menor. Mejores resultados se obtienen con las aplicaciones nocturnas.
♦ En aplicaciones aéreas, para un buen control de Diatraea se deben lograr más de 10 impactos/cm2 dentro del maíz y a la altura de las espigas.
♦ El caudal a utilizar tiene una importancia extrema para la llegada del producto al interior de un maíz o soja muy desarrollada, por la gran biomasa que obstaculiza la llegada de las gotas. Se recomienda para obtener excelentes resultados usar 2 lts de Aceite más 10 lts/ha de agua.
♦ El agregado del aceite evita o reduce la evaporación de las gotas de la pulverización.
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