Director: Guillermo Alejandro
Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne,
Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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cultivadas: alfalfa
Ing. Agr. Segundo Bobadilla.
2002. Carpeta Técnica Oct./2002, Estación
Experimental Agroforestal Esquel (Patagonia Argentina).
El
cultivo de alfalfa es una de las actividades más importantes de la zona, dado
que es el soporte de la suplementación nutricional en invierno tanto de
hacienda a campo y en cabañas como de animales de trabajo.
Gran
parte de la producción de fardos se vende a otras regiones de la Patagonia ya
que resulta esencial disponer de una buena reserva forrajera en inviernos muy
crudos y nevadores. Por esto es muy importante tener siempre en cuenta todos
los aspectos que influyen en una buena implantación de este
cultivo.
En
la implantación podemos diferenciar dos etapas. La primera implica colocar la
semilla en el lugar y momento oportuno para lograr una adecuada germinación y
la emergencia de los cotiledones. Durante la segunda etapa se inicia el
crecimiento y desarrollo de la planta.
En
los procesos de implantación interactúan numerosos factores tales como
temperatura y humedad de suelo (estrechamente ligados a la época de siembra),
la calidad física y genética de la semilla, la eficiencia de la maquinaria de
siembra (densidad y profundidad), los cultivos acompañantes, la preparación del
suelo y el nivel de fertilidad y acidez del mismo.
La
alfalfa es una especie de gran plasticidad, que puede prosperar en regiones
semiáridas, subhúmedas y húmedas. Tolera sequías pero es muy sensible a la
falta de oxigenación a nivel radicular provocada por el anegamiento del suelo,
por lo que deben evitarse lugares inundables o mallinosos.
Si
bien esta especie tiene un sistema radicular profundo, depende del nivel de
fertilidad de las capas superficiales para satisfacer sus necesidades
nutricionales.
En
cuanto a la época de siembra, en nuestra zona se realiza durante la primavera,
ya que las siembras otoñales se ven severamente afectadas por las condiciones
climáticas, produciéndose una gran pérdida de plántulas debido al “descalce”
provocado por las heladas.
Además
de los cuidados que deben prestarse a la preparación del suelo, debe tenerse en
cuenta la calidad de semilla a utilizar, la densidad de siembra, inoculación de
la semilla y el uso de cultivos acompañantes.
Un
buen cultivo de alfalfa debe contar con un excelente desarrollo de los rizobios
que deben asociarse a sus raíces y que intervienen en la fijación de nitrógeno
en el suelo.
La
ausencia o ineficiencia de rizobios naturales que intervienen en la fijación de
nitrógeno atmosférico, hace que sea conveniente inocular la semilla previo a la
siembra. El método más común es poner en estrecho contacto al inoculante con la
semilla ligeramente humedecida.
La
semilla debe inocularse a la sombra, evitando el contacto con fertilizantes
ácidos como por ejemplo el superfosfato y debe ser sembrada dentro de las 24
horas posteriores al tratamiento ya que de lo contrario se producirá una rápida
disminución en el número de rizobios viables.
En
suelos moderadamente ácidos es conveniente peletear la semilla, lo cual
consiste en adherir a la semilla carbonato de calcio en polvo y el inoculante
de rizobios a través de adhesivos especiales. En algunos casos el peleteado
incluye el agregado de micronutrientes y funguicidas.
La
cantidad de semilla a utilizar dependerá de la calidad de la semilla, la
cantidad y distribución de lluvias, la preparación del suelo y la eficiencia de
la maquinaria sembradora.
En
general las densidades utilizadas en la zona son elevadas (12 a 15 kg/ha) en
relación con la cantidad de plantas necesarias para lograr los máximos
rendimientos de forraje (30 a 70 plantas/metro cuadrado).
De
acuerdo al tamaño de la semilla de alfalfa, y si los demás factores que
influyen sobre el resultado final de la implantación son debidamente
controlados (preparación del suelo, calidad de semilla, maquinaria de siembra
adecuada, control de malezas, fecha de siembra), podría lograrse una densidad
de plantas adecuada utilizando tan solo 4 kg/ha de semilla.
Los
stands inicialmente muy densos pierden plantas en mayor proporción que los logrados
con densidades bajas, presentando en un plazo relativamente corto, un número
similar de plantas
La
inclusión de cultivos acompañantes es una práctica ampliamente difundida, que
se justifica en los siguientes casos:
¨
En
suelos livianos propensos a erosión eólica donde se logra una rápida cobertura
del suelo a través del acompañante.
¨
En
lotes muy enmalezados, en los que el cultivo acompañante reduce sensiblemente
el efecto negativo que ejercen sobre la alfalfa ciertas malezas primaverales.
¨
Para
aumentar la cantidad de forraje logrado el primer año.
Si
bien el uso de un cultivo acompañante se justifica en las situaciones antes
mencionadas, éste compite con la alfalfa por agua, luz y nutrientes.
En
suelos con buena fertilidad y disponibilidad de humedad, la competencia por luz
es la más importante. A medida que se atrasa la fecha de siembra, la
competencia ejercida por los cultivos acompañantes se acentúa, reduciendo la
posibilidad de lograr una buena población inicial de plantas de alfalfa.
Se
ha observado que cuando el cultivo acompañante se destina a la producción de
grano, la producción de alfalfa durante la primera temporada se reduce
marcadamente, por lo tanto es importante cosechar el cultivo acompañante lo mas
rápido posible (pastoreo o corte para henificar).
La
densidad del cultivo acompañante debe ser tal que permita lograr establecer
entre 20 y 30 plantas por metro cuadrado. En general, la cantidad de semilla
del cultivo acompañante, dependiendo del cereal utilizado, variará entre 20 y
30 kg/ha.
Se
debe prestar especial cuidado en la preparación del suelo para su siembra,
debido al pequeño tamaño de la semilla. Las labores deben efectuarse con la
anticipación suficiente como para permitir la acumulación de agua en el perfil
del suelo, iniciando el laboreo, de ser posible, durante el otoño
(arada).
Si
bien la alfalfa absorbe alrededor del 70 % del agua en los primeros 30 cm de
suelo, las plantas necesitan desarrollar un sistema radicular profundo, ya que
en los períodos de sequía aproximadamente el 30 % del agua es extraída de
profundidades cercanas a 1,5 metros.
El
cultivo que precede a la alfalfa debe finalizar lo suficientemente temprano
como para permitir humedecer el perfil del suelo con las lluvias otoño
invernales y además dejar un rastrojo poco voluminoso y relativamente limpio de
malezas, que permita hacer un barbecho limpio.
Cuando
se detecte una zona de compactación en el perfil del suelo, será necesario
recurrir a labores tales como subsolado o cincelado, dependiendo del grado de
compactación.
La
profundidad a que se deposita la semilla y el contacto de ésta con la humedad
del suelo son los principales factores a considerar en el momento de la
siembra.
La
profundidad más adecuada varía entre 1,5 y 2 cm, dependiendo de la textura del
suelo (textura más gruesa, más profundidad).
Una
ligera compactación previo a la colocación de la semilla permite un mejor
trabajo del tren sembrador en relación con la profundidad de siembra. La
compactación posterior a la colocación de la semilla reestablece la capilaridad
del suelo mejorando las condiciones de humedad en superficie.
Lo
ideal es que esta compactación sea realizada sobre los costados de la hilera y
no sobre la misma para que no interfiera con la emergencia de plántulas.
Tampoco debe compactarse entre las hileras para no favorecer la proliferación
de malezas. Si se fertiliza al momento de siembra, el fertilizante deberá ser
depositado por debajo y al costado de la semilla.
El
control de malezas comienza durante la preparación del suelo y debe continuar
durante el establecimiento utilizando herbicidas específicos.
En
nuestra zona, es de fundamental importancia el uso de herbicidas postemergencia
para evitar la proliferación de gramíneas, fundamentalmente flechilla (Hordeum
sp) que deprecian la calidad del forraje obtenido.
Si
bien existen en la actualidad un gran número de variedades resistentes a áfidos
(pulgones) que toleran una alta carga de pulgones, en algunos casos y sobre
todo al estado de plántula puede resultar necesario realizar controles
químicos.
Una
característica importante al elegir la variedad de alfalfa a implantar es el
grado de reposo invernal (latencia). Esta es una característica genética que
permite a la alfalfa mantenerse en estado latente durante el período de bajas
temperaturas y heladas invernales.
Antes
de este período se produce una acumulación de reservas de hidratos de carbono
en la raíz y corona, que facilitan el rebrote en la primavera, tan pronto como
las condiciones se tornan favorables para el crecimiento.
Una
variedad de alfalfa con latencia larga es aquella que con los primeros fríos
del otoño deja de crecer activamente (grupos de latencia bajos, ej. 2 y 3),
iniciando el reposo invernal hasta la primavera siguiente.
En
general existe una relación inversa entre grado de latencia y persistencia o
duración del cultivo, resultando más longevos aquellos cultivares con mayor
latencia invernal.
Así
mismo, los cultivares con latencia larga presentan coronas de mayor tamaño con
mayor número de tallos por planta. Por otra parte, los cultivares con distinta
latencia producen la mayor cantidad de forraje en diferentes épocas del
año.
Así,
por ejemplo las variedades de alfalfa de los grupos 8, 9 (poca latencia)
producen forraje preferentemente en otoño-invierno, mientras que los cultivares
de los grupos 4, 5 y 6 (de latencia intermedia a larga, que serían los
recomendados para nuestra zona) concentran la producción de forraje en
primavera, resultando ser apropiados para esquemas de corte destinados a la
conservación de forraje.
Los
siguientes costos están calculados teniendo en cuenta un equipo compuesto por
un tractor de 80 CV mod. 85, una rastra de 40 discos desencontrada, un
cultivador de campo y una sembradora convencional de 24 bajadas. (precios de
referencia julio 2002).
Los
costos están basados en la realización de arada, una disqueada, una pasada de
cultivador de campo, siembra y fertilización con semilla de primera
multiplicación inoculada y 80 kg de fosfato diamónico y la aplicación de un
herbicida presiembra.
Estos
costos, fundamentalmente en lo que se refiere a la preparación del suelo
variarán de acuerdo con el equipo de labranza utilizado.
|
Arada |
68 $/ha |
|
Disqueada |
20 $/ha |
|
Cultivador de campo |
19 $/ha |
|
Siembra |
22 $/ha |
|
Aplicación herbicida |
8 $/ha |
|
Total labranza |
137 $/ha |
|
Semilla e inoculante |
137 $/ha |
|
Fertilizante |
104 $/ha |
|
Herbicida |
36 $/ha |
|
Total insumos |
275 $/ha |
|
Costo implantación |
412 $/ha |
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