Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad
de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto,
provincia de Córdoba, República Argentina
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Ing. Agr. M. Sci. Daniel
Méndez, Méd. Vet. M. Sci. Patricio Davies y Vet. Alicia Dillon.
Los
sistemas mixtos ganadero-agrícolas representan un sector mayoritario de las
empresas agropecuarias que funcionan en el área de influencia de la EEA Gral.
Villegas del INTA. Dentro de ellas, la sub-empresa ganadera presenta un rango
de producción de carne que va desde 200 a 450 kg/ha/año, el cual resulta
sumamente bajo si se lo compara con los más de 500 kg/ha/año obtenidos en
sistemas experimentales y en algunos planteos de avanzada.
Durante
mucho tiempo la mayoría de estos sistemas han ponderado la utilización de la
carga animal como factor para incrementar la producción de carne por hectárea,
siendo la ganancia de peso diaria por animal un factor poco considerado. Las
actuales circunstancias hacen que otros factores como vender hacienda en
épocas muy definidas del año, ofrecer un tipo de animal determinado y en el
momento oportuno resultan sumamente importantes. Esto determina que muchas
empresas para ser competitivas (rentables) deben plantearse nuevos objetivos
en donde los pesos de compra y las ganancias a obtener en cada período de la
invernada constituyen factores claves a considerar para cumplir con las metas
prefijadas.
Los
sistemas de invernada predominantes en la región noroeste bonaerense utilizan
como base de su alimentación pasturas perennes que tienen como principal
componente a la alfalfa.
Dichas
pasturas experimentan cambios cuali y cuantitativos a lo largo del año que
impiden la estabilidad de la ganancia de peso de los animales registrándose muy
bajos valores durante la época estival. En dicho período las ganancias oscilan
desde leve pérdida de peso o mantenimiento hasta no más de 400 – 500
g/animal/día, dependiendo fundamentalmente de las condiciones climáticas. Si
se tiene en cuenta la alta calidad del recurso forrajero del que se dispone,
dicha producción está muy por debajo del potencial, lo que desde el punto de
vista económico regional y nacional ocasiona considerables pérdidas.
Existen
varios factores que determinan la respuesta animal en pastoreo; entre ellos,
los que afectan el consumo directo de forrajes tienen gran relevancia. La oferta forrajera por animal y por día
(nivel de asignación) y la calidad
nutricional de las especies vegetales presentes probablemente determinan
las mayores variaciones en el consumo de forraje, así como en las relaciones
de adición y sustitución cuando se utilizan suplementos. Ambos factores
inciden sobre la calidad de la dieta, al afectar la cantidad y el balance de
los nutrientes consumidos. Un aumento de éstos puede provenir de un incremento
en la selectividad de los animales hacia las partes de la planta con mayor
contenido de nutrientes y mayor digestibilidad.
Al
respecto, Romero y Comerón (1995) muestran, para el caso de vacas lecheras
sobre pasturas de alfalfa, que a medida que el nivel de asignación disminuye
el animal se ve obligado a cosechar los estratos más bajos, los cuales
presentan un material de menor calidad (mayor contenido de FDN y FDA) y con un
componente de tallo proporcionalmente mayor (Gráfico I). Algunos trabajos
extranjeros muestran que es posible lograr diferencias de hasta un 50% en
producción de carne atribuibles a un alto nivel de selectividad en el pastoreo
dado por altos niveles de asignación.
Gráfico I: Calidad por estratos en
una pastura base alfalfa (Romero y Comerón, INTA EEA Rafaela).

Por
otra parte, durante el verano, resulta dificultoso en condiciones de pastoreo
mantener una alta calidad en los forrajes debido a que la elevada temperatura
acelera el crecimiento de las pasturas y el animal debe consumir una dieta que
pierde calidad rápidamente (rica en fibra). A su vez, la alta temperatura
actuaría directamente sobre el animal aumentándole en un primer momento el
gasto energético de mantenimiento, de manera que disminuye la energía disponible
para la ganancia de peso. El calor estresante también altera el funcionamiento
del sistema digestivo provocando reducción de la movilidad ruminal, baja tasa
de rumiación y mayor consumo de agua. Estos efectos asociados serían en cierta
forma responsables de un mayor “efecto de llenado”, y además contribuirían a
elevar la temperatura corporal del animal, debido a la mayor producción de
calor originado durante la fermentación. La resultante de todos estos procesos
es la suspensión del consumo por parte del animal durante las horas de mayor
radiación, que éste debería compensar a través de una modificación en el
patrón de pastoreo.
Una
mayor frecuencia de pastoreo produciría un aumento en la calidad de la dieta
(digestibilidad mayor al 70%) al acortar el período de descanso de la
pastura. Dietas de alta calidad se caracterizan por producir bajos incrementos
térmicos, lo cual permite disponer de una mayor concentración energética por
unidad de volumen de forraje ingerido para producción. Este tipo de dieta desde
el punto de vista del ambiente ruminal se puede clasificar como “dieta fría”.
Si bien el aumento de la frecuencia de pastoreo aumenta la calidad del forraje
consumido, en una forrajera como la alfalfa acentúa los desbalances entre los
componentes de la materia seca del forraje, presentándose en muchas oportunidades situaciones
similares a las descriptas en verdeos durante la época otoñal (ver F&GAJ Nº
51, pág. 68-70).
Si
al animal se le suministran dietas ricas en proteína de alta degradabilidad,
como lo es la proteína de alfalfas tiernas, éste necesitará energía extra para
detoxificar los excesos de urea que se formaron por el amonio liberado en el
rumen, para lo cual resulta conveniente el aporte de una fuente de
carbohidratos fácilmente fermentescibles, como es el almidón de los granos.
Por
lo tanto la utilización de suplementos energéticos como los granos podría ser
otra alternativa para mejorar de manera significativa la ganancia de peso y la
producción de carne, al permitir aumentar la receptividad de las pasturas,
corregir posibles desbalances y aumentar la concentración energética de la
dieta.
Sin
embargo, la suplementación es una práctica compleja debido a las múltiples
interacciones que se establecen entre el suplemento y la pastura. Al
respecto, en la EEA Gral. Villegas del INTA se han llevado a cabo trabajos para
generar curvas de respuesta, en términos de ganancia individual y producción de
carne, a diferentes combinaciones de niveles de asignación y nivel de
suplementación durante la época estival.
Para
ello se utilizó una pastura de alfalfa y festuca de dos años de implantación,
la que fue pastoreada con novillos británicos con un peso vivo promedio inicial
de 300 kg. Se evaluaron seis tratamientos consistentes en tres niveles de
asignación forrajera (2.50, 3.25 y 4.00 % del peso vivo), dos de los cuales
(2.50 y 3.5%) se combinaron con dos niveles (0.5 y 1.0% del peso vivo) de
suplementación energética a base de grano de maíz.
La
pastura fue utilizada entre diciembre y marzo, con un sistema rotativo con 3 y 4
días alternados de pastoreo y no más de 30 días de descanso. La suplementación
se efectuó una vez por día a la mañana.
Se
utilizó carga variable de manera de mantener constantes a lo largo del ensayo
la presión de pastoreo en todos los tratamientos. Para ello antes del ingreso
de los animales a la parcela, se efectuaron cortes de forraje (por encima de 5
cm) para determinación de disponibilidad inicial en base a la cual se
asignaron los animales correspondientes a cada tratamiento. Posteriormente, a la
salida de los mismos se cuantificó el forraje remanente para poder estimar el
consumo en cada grupo.
En
el Gráfico II puede verse que la ganancia de peso tendió a incrementarse con
un aumento en el nivel de asignación pero no se detectaron diferencias
estadísticamente válidas. Según nuestros resultados, con un nivel de
asignación de pasto equivalente al 2.5% del peso vio es factible obtener una
ganancia de 0.956 kg/animal/día.
Este valor se obtuvo para un rango de receptividades de entre 1700 y 1153 kg/ha,
es decir cargas equivalentes a 5 y 3
animales/ha. Estas diferencias en carga implicaron que la asignación del
4.00% tuviera la menor producción de carne (408.7 kg/ha).
Gráfico II: Nivel de asignación (% del peso vio) y respuesta animal.

En
referencia a la respuesta a la suplementación energética, el suministro de grano de maíz a niveles del 0.5 y 1.0% del peso
vivo no mejoró de manera
significativa la ganancia de peso
en ambas asignaciones (Figura ).
Gráfico III: Nivel de suplementación
y respuesta animal a dos intensidades de utilización de una pastura base
alfalfa
(A: 2.50% y B: 3.25 % del peso
vivo).
A excepción
del nivel de asignación del 4%, que presentó la menor producción de carne
(408.7 kg/ha), no se detectaron diferencias en el resto de los tratamientos
(640.5 ± 7.5 kg/ha).
El
mayor consumo de forraje (2.37 % PV; Gráfico IV) se dio en el nivel de asignación
intermedia, pero no fue diferente del obtenido en dicho nivel con
suplementación baja y tampoco del obtenido con respecto al 4% de asignación
(2.16 ± 0.08 % PV). Para 2.5% de asignación la suplementación no afectó el
consumo de forraje (1.84 ± 0.14 % PV), de manera que pudo comprobarse un
efecto de adición. Solamente hubo sustitución debida a la suplementación a partir
del 3.25% de asignación para ambos niveles de suplementación (0.458 kg de MS
de pastura por kg de grano suministrado), lo cual hubiera posibilitado
incrementar la carga entre un 10 a un 20%.
Gráfico IV: Composición del consumo
para diferentes estrategias de suplementación.

Puede
concluirse que el uso de asignaciones equivalentes o menores a 3.25 % del PV,
solas o en combinación con una suplementación energética de hasta el 1% del PV
son compatibles con altos niveles de producción por ha.
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