Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
Volver a: principal > pasturas cultivadas: alfalfa
Rossanigo,
Roberto. 1997. Invernada bovina en zonas mixtas. Agro 2 de Córdoba. Capítulo
I: 6-36.
INTA,
Centro Regional Córdoba, EEA Marcos Juárez.
I.1.
Panorama varietal
La
alfalfa ha sido tradicionalmente la forrajera más importante de la Argentina,
llegando en la década del 20 a cubrir una superficie de 8,5 millones de ha. Sin
embargo, los cultivos fueron declinando en su productividad y persistencia
debido a múltiples factores, la mayoría provocados por inadecuadas prácticas de
manejo y por la proliferación de insectos, enfermedades y malezas. Esto determinó que a mediados de los años 70
se registrara la menor superficie de siembra, produciéndose a partir de ese
momento una paulatina recuperación, para encontrar en la actualidad una área
nacional total de siembra superior a 5,5 millones de ha.
Son
numerosos los factores que actúan e interactúan en las diferentes etapas por
las que debe atravesar el cultivo desde la siembra hasta la entrega del
producto final, muchos de los cuales son señalados como causantes de la pérdida
prematura de los alfalfares. En este
sentido, la calidad genética de la semilla es de fundamental importancia y
constituye el aspecto que con mayor preponderancia influyó en la recuperación
del cultivo ocurrida en los últimos 20 años.
La
semilla, además de óptima calidad en cuanto a pureza y poder germinativo, debe
contar con una base genética que le permita adaptarse a determinadas
condiciones climáticas y sobrellevar los ataques de plagas y enfermedades. Un buen cultivar de alfalfa debe brindar
altos rendimientos, excelente calidad forrajera, buena persistencia,
resistencia a las plagas y enfermedades más importantes, competir adecuadamente
con las malezas y estar adaptado a la región ecológica donde ha de utilizarse.
En
general los productores utilizaron semillas comerciales, que normalmente eran
mezclas de diversas procedencias y calidades, cuyo precio variaba según su
aspecto y contaminación con semillas de malezas, otras impurezas, etc., sin tener
en cuenta el componente genético. De
esa forma, el uso de semillas más baratas, sin respaldo alguno en cuanto a sus
características genéticas, llevó a producir el desmejoramiento paulatino de los
lotes de esta forrajera. Históricamente
se ha usado como semilla aquella proveniente de materiales comunes o ecotipos
locales, solamente identificados por el nombre del lugar geográfico o del
productor que los cultivaba. De este
clase de simiente se podían distinguir tres tipos diferentes según su origen:
·
Alfalfas
pampeanas: provenientes de la región pampeana bonaerense, de baja tasa de
crecimiento, plantas con coronas amplias y folíolos pequeños, y marcado reposo
invernal.
·
Alfalfas
cordobesas: cultivadas en el sur de la provincia de Córdoba, poseían mayor crecimiento
que las anteriores y sus plantas se caracterizaban por más suculencia de tallos
y hojas, de mayor tamaño.
·
Alfalfas
"invernizas": también conocidas erróneamente como alfalfas de caña
hueca, se originaban en las regiones bajo riego, tenían menor reposo invernal y
eran frecuentemente utilizadas para cortes.
En
general, todos los materiales anteriormente mencionados no poseían cualidades
sobresalientes de resistencia a las plagas y enfermedades, determinando ello
una prematura e importante pérdida de plantas.
Por otro lado, la capacidad de producción de forraje era apenas
aceptable y sólo se puede rescatar de ellas, como detalle positivo, el alto
grado de adaptación ecológica que poseían, debido al continuo proceso de
siembra y cosecha de la misma semilla.
Las
diferencias de productividad entre cultivares genéticamente mejorados y los
ecotipos regionales son, en la mayoría de los casos, sorprendentes. En la actualidad es frecuente obtener
valores de producción que eran impensados 25 años atrás, superiores en más de
un 50% a los mejores ecotipos, debiéndose considerar también la rápida pérdida
de los mismos, que generalmente no alcanzan el tercer año con un nivel de
persistencia aceptable.
A
partir de fines de la década del 70 comienzan a conocerse las primeras
variedades de alfalfa sin reposo invernal con buenas posibilidades de
producción y, fundamentalmente, mayor persistencia. Con una de ellas, el cultivar CUF 101, proveniente de la zona de
California (EE.UU.), ocurre un fenómeno excepcional, trascendiendo al gran
cultivo y difundiéndose rápidamente, lo que lleva a ubicar dentro de la
historia del panorama varietal un momento puntual que diferencia claramente dos
etapas: hasta y a partir de CUF 101.
Este hecho coincide con el comienzo de un período de recuperación del
cultivo en el país, debido principalmente a que la adopción de esta tecnología
produjo paralelamente una notoria mejora en los sistemas de pastoreo, que
permitieron a los productores la posibilidad de volver a tener alfalfares
medianamente longevos.
Es
también a partir de esa situación que se hace evidente la irrupción de los
nuevos materiales, provenientes de los programas de mejoramiento de las
distintas empresas productoras de semilla, que corroboraban la franca
recuperación que ocurría en el cultivo y las excelentes posibilidades
comerciales que se lograban a través de la difusión y uso de semilla de
variedades definidas. Con el correr de
los años, este fenómeno se fue acentuando, llegando en la actualidad a contar
con aproximadamente 80 a 100 variedades disponibles para los usuarios, algunas
de origen nacional y otras introducidas.
Actualmente
más del 80% de la semilla de alfalfa que consume el mercado nacional anualmente
corresponde a cultivares definidos y con identidad genética propia. En el Anexo 1, inserto al término de este
capítulo, se presenta la caracterización de los principales genotipos de
alfalfa conocidos, evaluados y difundidos en la Argentina en los últimos quince
años.
I.1.1.
Criterios para la elección de cultivares
Las
condiciones y variabilidad del medio ambiente ejercen una influencia marcada
sobre el cultivo. El clima y todos sus
componentes, fundamentalmente temperaturas y precipitaciones, en combinación
con el tipo de suelos, ejercen una interacción que va a determinar su
producción y persistencia. El medio
ambiente determinará también la incidencia de enfermedades y la presencia de
insectos y malezas que competirán con el cultivo de alfalfa.
La
correcta elección de los materiales de alfalfa a utilizar es un aspecto
importante para los sistemas de producción que basan la alimentación del ganado
en esta leguminosa. Resulta obvia, en
consecuencia, la importancia de conocer con detalle las características de los
cultivares y/o ecotipos, cotejándolos entre sí a través de experiencias bajo
las dos modalidades de aprovechamiento del cultivo: corte y pastoreo. De esta manera, se puede generar la mayor
información sobre las posibles virtudes, eventuales defectos y rango de adaptación
ecológica de cada cultivar, de manera de aconsejar su difusión sobre las bases
más sólidas posibles.
Para
la caracterización de los distintos cultivares, líneas y ecotipos de alfalfa
deben tenerse en consideración los siguientes factores:
I.1.1.1.
Reposo invernal
El
concepto de reposo, latencia o dormancia invernal constituye uno de los
principales elementos que permitieron la recuperación del cultivo en la
Argentina. El reposo invernal es una
característica genética de las alfalfas que les permite mantenerse en estado
latente durante el período de bajas temperaturas y heladas invernales, previa
acumulación de reservas en la raíz y la corona, que facilitarán rebrotar en
primavera, tan pronto como cesen las condiciones rigurosas del clima frío. La
variación genética permite encontrar cultivares de alfalfa que entran y salen
de latencia en distintos umbrales de temperatura y, por lo tanto, presentan
distintos hábitos de crecimiento.
En
función de esta característica, las distintas variedades de alfalfa se
clasifican de acuerdo a la escala de grados de latencia invernal que se
visualiza en:
Cuadro 1. Grados de reposo y cultivares
“tipo” .
Comité Técnico de Forrajeras. INASE. Comunicación personal. Adaptado de Rossanigo, Spada y Bruno, 1995.
Se
pueden establecer características contrastantes entre materiales de diferente
reposo invernal. En general, existe una
relación directa entre latencia y persistencia. Así, resultan más longevos los
cultivares de mayor reposo invernal.
Estos, a su vez poseen mejor comportamiento frente a enfermedades
foliares, siendo además los materiales de origen nacional superiores a los
introducidos.
La
estructura de la planta resulta también marcadamente diferencial: cultivares de
los grados de latencia larga o intermedia poseen mayor tamaño de corona y
número de tallos por unidad que los de latencia corta o sin reposo.
En
los grados 8 y 9, los tallos son de crecimiento erecto y no superan los 65 cm
de altura, mientras que los tallos de las plantas de cultivares de mayor reposo
tienen en sus primeros tramos de desarrollo un crecimiento semirrastrero, para
luego crecer en forma más o menos erecta y superar en algunos momentos de la
primavera los 80 cm de altura, provocando que el forraje producido pueda llegar
a "volcarse". Indirectamente, esta última característica está
determinando otra diferenciación: aún cuando la producción de forrajes es
similar, la distribución del mismo es distinta. Cultivares de los grados 8 y 9 poseen en el rendimiento de
forraje invernal su principal virtud, mientras que los de los grados 4, 5 y 6
concentran la producción en la primavera, por lo que resultan los más
apropiados para esquemas de corte o reserva de forraje.
Si
bien son casi inexistentes las diferencias en foliosidad, aspecto que incide en
la cantidad y calidad del forraje, es preciso destacar que los cultivares de
menor latencia poseen menor cantidad de hojas, pero esta falencia está
compensada con el mayor tamaño de sus folíolos y sus tallos más finos.
Por
último, la notoria diferencia en la tasa de crecimiento determina la necesidad
de sistemas especiales de pastoreo.
Estudios efectuados concluyen que para los cultivares de latencia corta
no son convenientes períodos de pastoreo mayores de 7 días, mientras que en los
productos de los grados 3 y 4 la permanencia de los animales en cada una de las
franjas puede ser de hasta 12 a 15 días, sin incidir en la longevidad de la
pastura.
Sistemas
inadecuados de pastoreo determinan una más rápida degradación en los materiales
de menor latencia que en aquellos de reposo intermedio a largo, aún para el
caso de alfalfas comunes o ecotipos locales.
Materiales
con distinto grado de latencia muestran a la salida del invierno su crecimiento
diferencial.
Reposo
corto (derecha), intermedio (centro) y largo (izquierda).
I.1.1.2.
Resistencia a plagas y enfermedades
Entre
las principales plagas de origen animal y enfermedades, tanto de raíz y corona
como foliares, se pueden mencionar las siguientes:
·
Pulgón
verde
·
Pulgón
azul
·
Pulgón
moteado
·
Pulgón
negro
·
Isoca
de la alfalfa
·
Orugas
cortadoras
·
Gorgojos
de la raíz
·
Nematodo
del tallo
·
Fitóftora
·
Antracnosis
·
Fusariosis
·
Corchosis
·
Marchitamiento
bacteriano
·
Mancha
de la hoja
·
Viruela
·
Roya
La
importancia de estas plagas y/o enfermedades en nuestro país es variable y
depende de las zonas que se consideren o de la época del año que se trate.
Para
la gran mayoría de ellas es factible hallar la solución mediante el uso de
cultivares resistentes.
A
la fecha, sólo restaría desarrollar esa característica de resistencia para el
caso de las isocas desfoliadoras y gorgojos que afectan la raíz y alcanzar, de
esa manera, un nivel combinado de resistencia varietal que prácticamente
proteja al cultivo en forma total.
El
nivel de resistencia, debido a la naturaleza heterogénea de los cultivares, se
divide en diversas categorías: alta resistencia (más de 51 % de las plantas),
resistencia (31-50%), moderada resistencia (15-30%), baja resistencia (6-14%) y
susceptibilidad (5%).
Cabe
aclarar que el término tolerancia no implica baja resistencia y solamente se
emplea en aquellas situaciones donde el mecanismo de resistencia se relaciona
con la habilidad de las plantas para recuperarse de la infestación.
I.1.1.3.
Capacidad de producción y longevidad
La
principal variable de estudio para calificar a los cultivares de alfalfa en los
distintos ensayos experimentales resulta ser su potencial de rendimiento de
forraje.
En
este sentido, es notorio el avance logrado en los últimos años, que permite
disponer de cultivares con excelentes producciones de forraje, que duplican a
las que se lograban a mediados de la década del 70. Así, en condiciones climáticas normales es factible esperar una
oferta forrajera anual de hasta 16 a 18 tn de Materia Seca por hectárea cuando
se hace uso de variedades mejoradas de buen comportamiento.
La
estabilidad de producción a través de los años está influenciada en parte por
las condiciones climáticas, pero fundamentalmente por la persistencia.
El
parámetro persistencia o longevidad es otro de los principales elementos a que
se recurre para la caracterización de las variedades en estudio. Determina la necesidad de continuidad de las
evaluaciones durante un período que en ningún caso será inferior a cuatro años
para extraer conclusiones válidas y contundentes, debido a que las malas
cualidades se manifiestan paulatinamente, provocando un efecto negativo
acumulativo que finaliza por expresarse con la muerte de la planta a partir del
segundo o tercer año.
I.1.1.4.
Características fisiológicas y morfológicas
Se
refieren a aquellas características o cualidades como uniformidad y hábito de
crecimiento, relación hoja-tallo, carácter multifoliado, tipo de corona,
contenido de fibra en los tallos, velocidad de rebrote, distribución de hojas
en el tallo, etc. También es importante
el conocimiento del grado de adaptación y comportamiento frente a condiciones
climáticas extremas, tanto ante las heladas como en sequía.
El
análisis de todos estos factores permitirá calificar más objetivamente las
diferentes alternativas del cultivo y facilitará una toma de decisión adecuada
a las necesidades y características del sistema de producción al cual se
incorporará la pastura.
I.2.
Principales plagas de la alfalfa
El
monitoreo, la bioecología y el control de los insectos es de primordial
importancia para obtener buenos y estables rendimientos de forraje, de
excelente calidad y persistentes en el tiempo. En la Argentina, más del 80% del
daño provocado al cultivo de alfalfa es causado por cuatro grupos de plagas
principales: orugas desfoliadoras y cortadoras, pulgones y gorgojos.
En
el ecosistema del cultivo, las plagas mencionadas conviven con especies
benéficas, que actúan como mecanismos reguladores y de control y que es
necesario considerar al decidir la aplicación de un producto químico ante un
eventual ataque. Igualmente, se deberán tener presentes otros aspectos, que
tienen que ver con la especificidad, toxicidad, restricciones y tipo e
indicaciones de uso de insecticidas.
En
el Cuadro 2 se detalla toda la información referida al control químico para
cada una de las plagas que conforman los grupos indicados.
Cuadro 2.- Características de las principales plagas de la alfalfa y su
control químico.
Fuente:
Ing. Agr. Jorge Aragón, EEA INTA Marcos Juárez
I.3.
Control de malezas en alfalfa
El
potencial productivo de las pasturas de alfalfa es afectado negativamente por
diversos factores que conforman el hábitat en que ellas se desarrollan. Entre esos factores cabe destacar las
malezas, que constituyen una de las limitantes que más afectan la
productividad, longevidad y calidad del forraje. Las malezas producen pérdidas importantes en el cultivo de
alfalfa, porque compiten por recursos tales como agua, luz, nutrientes y
espacio. Esta incidencia se manifiesta en diversos grados, según las
condiciones ecológicas, las zonas, las especies, el período de su aparición y
la densidad de las mismas.
Pulgón negro en alfalfa
Ciertas
especies perennes, como pasto puna (Stipa brachychaeta) y gramón (Cynodon
dactylon) pueden degradar el cultivo tempranamente, antes de los dos años de
implantado.
Otras
especies de plantas nocivas son distribuidas junto con la semilla de alfalfa
durante la siembra del cultivo.
El
ganado se alimenta de ciertas malezas, pero hay numerosas especies que
rechaza. Muchas otras, pese a ser
consumidas, contienen menos elementos nutritivos que la alfalfa.
Algunas
malezas tienen un valor nutritivo relativamente elevado en su estado vegetativo
temprano, pero gran parte de ellas ha superado esa etapa cuando se aprovecha la
alfalfa. Malezas como avena negra
(Avena fatua), pasto baraval (Setaria geniculata) y sorgo de Alepo (Sorghum
halepense) son nutritivas cuando están tiernas y el ganado las come pero, a
medida que maduran, su valor nutritivo declina, los tallos y las hojas se
endurecen y los animales tienden a no consumirlas.
Existen
otras, como la lengua de vaca (Rumex críspus) y rama negra (Conyza bonariensis)
que tienen tallos ásperos que el ganado rechaza.
Otras
especies, como los cardos, tienen púas y espinas que molestan al ganado y, por
lo tanto, son también rechazadas por los animales.
Se
registran también especies que resultan tóxicas, ya que al ser ingeridas por el
animal producen serios trastornos en distintos órganos, pudiendo provocar hasta
la muerte del ganado.
Las
principales especies de malezas que afectan a la alfalfa, la leguminosa más
sembrada en el mundo, como así también en la Argentina, se detallan en el
Cuadro 3, ordenadas alfabéticamente por su nombre común y agrupadas para cada
momento de incidencia en el cultivo.
Cuadros 3a.- Principales especies de malezas
en implantación y 3b.- Malezas en alfalfares establecidos.
Existen
diferentes alternativas para contribuir a un normal desarrollo y crecimiento de
la pastura de alfalfa, libre del accionar de las malezas, que le permitan
expresar sus virtudes y responder a los objetivos planteados al tomar la
decisión de sembrar esta leguminosa: disponer de abundantes producciones de
forraje de alta calidad y estables en el tiempo, como consecuencia de una
adecuada longevidad de la pradera.
I.3.1.
Control cultural
Es
el conjunto de técnicas relacionadas al manejo general del cultivo y que se
mencionan a menudo como prácticas complementarias del control químico para el
logro del mejor resultado final en la lucha contra las malezas.
Una
adecuada preparación del terreno para la siembra, con labores anticipadas que
permitan un limpiado mecánico de las especies indeseables predominantes en el
lote, como así también la fecha, densidad y sistema de siembra, son prácticas
valiosas para disminuir los efectos negativos de las malezas.
Un
eficaz control integrado de malezas en alfalfa contempla además la necesidad de
utilizar semilla de buena calidad, con elevados niveles de poder y energía
germinativa y libre de semillas extrañas, muchas veces de especies muy
difíciles de erradicar una vez instaladas en el lote, como es el caso de la
cuscuta (Cuscuta spp.), el abrepuño amarillo (Centaurea solstitialis) o el
sorgo de Alepo.
Finalmente,
resulta necesario mencionar también técnicas de manejo del pastoreo, que
debidamente consideradas permiten contar con plantas de alfalfa fuertes, vigorosas
y con los niveles necesarios de reservas en raíces para competir con ventajas
frente a las malas hierbas.
En
este sentido, períodos de descanso adecuados son prácticas ineludibles para
minimizar los problemas de malezas en alfalfa.
Por el tipo de pastoreo que requiere el cultivo, la baja altura de
consumo como un efecto directo de las altas cargas utilizadas para mejorar la
eficiencia de cosecha de forraje es un detalle de real valor, pues muchas
malezas presentes son apetecibles por el ganado y, al ser pastoreadas cerca del
suelo, son afectadas sus yemas axilares, impidiendo nuevos rebrotes. En alfalfa, los rebrotes proceden de yemas
de la corona, ubicada a nivel del suelo, que no son afectadas por los pastorees
intensos y a partir de las reservas acumuladas en la raíz inician un nuevo
crecimiento en forma normal.
I.3.2.
Control mecánico
Es
una práctica tan difundida como necesaria para la pradera de alfalfa: el corte
mecánico mediante desmalezadoras a hélice, cuchillas o martillos. Esta técnica provoca un importante daño
sobre las malezas, actuando como un interesante factor de control, y no afecta
las plantas de alfalfa. Existen
distintos momentos para su aplicación, ya sea como corte de limpieza antes del
primer aprovechamiento o con posterioridad al pastoreo, como suele ser muy
común observar en el sistema de producción tambero.
Este
método es apto para malezas que tienen mayor altura que las forrajeras. Algunas malezas con posibilidades de control
exitoso por la eliminación mecánica son los cardos, nabo, nabón, manzanillas,
quinoa, etc. Si bien no se produce la
muerte de las malezas, éstas se ven sensiblemente afectadas y su crecimiento es
reducido, como así también la producción de semillas reinfestantes.
La
implementación de esta estrategia de control sobre pasturas en plena producción
resulta sumamente beneficiosa en algunas períodos del año, como la primavera y
el otoño, momentos donde los flujos de emergencia de malezas alcanzan los
mayores niveles.
I.3.3.
Control químico
Aún
cuanto el uso de herbicidas en pasturas de alfalfa es muy bajo, se trata del
sistema de control de malezas más difundido y generalizado con que se cuenta,
desde la aparición de los primeros productos hormonales. Se considera que la utilización de
compuestos químicos con criterio ecológico es el principal componente del
control integrado de malezas en el ecosistema de pasturas base alfalfa.
En
las especies cultivadas perennes, como es el caso de la alfalfa, se pueden
observar dos momentos definidos de la problemática malezas: las que invaden
durante la implantación (desde la germinación de la alfalfa hasta el comienzo
del primer aprovechamiento) y las que afectan al cultivo establecido a partir
del segundo año de vida. Esta división
no determina un límite preciso, dado que ciertas especies afectan tanto la
implantación de la pastura nueva como otras ya implantadas.
I.3.3.1.
Control químico en la implantación
La
problemática de malezas es en esta etapa de naturaleza netamente
ecológica. Muchas veces la tecnología aplicada
al cultivo no es suficiente y es necesario encontrar la solución recurriendo al
uso de herbicidas.
Se
puede establecer que en el período de establecimiento el control químico se
transforma en una necesidad imperiosa, debido a que las jóvenes plántulas de
alfalfa no pueden competir en forma aceptable con las malezas, se ven superadas
por éstas y, en muchas ocasiones, de no prestarles ayuda puede llegar a
disminuir la productividad y longevidad futura de la pastura.
Los
herbicidas de probado buen comportamiento por capacidad de control y
selectividad hacia la alfalfa y, por consiguiente, recomendados, son los que se
detallan en los siguientes comentarios.
La
aplicación de trifluralina, en dosis de 1,75 lts p.c./ha en presiembra,
incorporada con rastra de discos doble acción o vibrocultivador, es una muy
buena práctica para controlar numerosas malezas, como sanguinaria, ortiga,
verdolaga, enredadera, capiquí, yuyo colorado, quinoa, sorgo de Alepo de
semilla y otras de difícil control posterior, como ortiga mansa y pasto
puna. La incorporación de este producto
debe ser simultánea con la aplicación, para evitar pérdidas por volatilización
y/o fotodescomposición, siendo el poder residual de aproximadamente 50 días.
Otros
productos de similares características, aunque con comportamientos levemente
inferiores, son pendimetalín y EPTC, a razón de 3,5 lts p.c./ha y 4 lts p.c./ha
respectivamente.
Todos
los productos anteriormente mencionados son graminicidas por excelencia, de
manera que no se recomiendan en casos de asociaciones de alfalfa y gramíneas
forrajeras.
Para
controlar malezas de hoja ancha, que escapan a la acción de los herbicidas
residuales hasta ahora considerados, es necesaria la aplicación complementaria
de productos post-emergentes.
El
histórico 2,4-DB, aparecido en la década del 50, es el primero de los pocos
herbicidas hormonales selectivos desarrollados para su uso en alfalfa.
En
dosis de 0,5-0,7 lts p.c./ha, resulta eficaz sobre un amplio espectro de
malezas, principalmente latifoliadas de las familias de las Brassicáceas (nabo,
nabillo, mostacillas, etc.) y Compuestas (cardos).
Además,
otras especies, como quinoa, yuyo colorado, sanguinaria, cardo ruso y
enredaderas, que asimismo podrían estar afectando las pasturas en el caso de no
haber sido utilizados los herbicidas de presiembra, también son eliminadas por
el 2,4-DB.
Existen
además otros productos para controlar malezas latifoliadas, que presentan un
modo de acción de contacto, como bromoxinil y bentazón, que pueden ser
utilizados solos o en mezclas con 2,4-DB, para controlar malezas poco sensibles
o resistentes a este último producto, como, por ejemplo, ortiga mansa,
manzanilla, apio cimarrón y boulesia.
En
tiempos recientes, a partir del año 1993, está disponible para este cultivo un
nuevo herbicida de aplicación postemergente, cuyo principio activo es el
clorimurón etil, del grupo de las sulfonilureas. Tiene un modo de acción que bloquea la síntesis de proteínas,
provocando el agotamiento de las reservas y la muerte de las plantas de las
malezas.
Este
producto, utilizado a razón de 25 g p.c./ha, posee un amplio espectro de
sobresaliente control, que comprende las siguientes malezas: nabo, nabón,
mostacillas, bolsa de pastor, apio cimarrón, manzanilla, mastuerzo, ortiga
mansa, enredadera, rúcula, lengua de vaca, senecio, etc.
En
combinación con 0,4 lts p.c./ha de 2,4-DB, mejora la eficiencia de control
sobre sanguinaria y el complejo de cardos.
En
mezcla con metribuzín a razón de 0,150 lts p.c./ha se alcanza un importante
control sobre una especie en expansión por el mal manejo del rastrojo del
cultivo de soja: el capiquí.
El
clorimurón etil resulta inocuo para el cultivo de alfalfa y las gramíneas
forrajeras que suelen acompañarlo, pero es necesario efectuar las aplicaciones
lo más tempranamente posible, dentro de los 50 días posteriores a la siembra
para escapar al período de fuertes heladas y evitar algún posible daño sobre el
cultivo y maximizar el efecto sobre las malezas.
En
la Fig. 1 se presentan datos de producción de forraje de los dos primeros
cortes, correspondientes a un ensayo realizado en la EEA INTA Marcos Juárez,
donde se pueden corroborar las bondades del herbicida.
Figura 1.- Producción de MS de alfalfa,
tratada con diferentes herbicidas.
Se
han logrado también resultados promisorios con otros productos nuevos, como son
los casos de flumetsulam (a razón de 0,2 lts p.c./ha), imazetapyr (en dosis de
0,8 lts p.c./ha) y prometrina (0,2 lts p.c./ha). Todos ellos pueden ser
aplicados en mezclas con otros productos y, en el caso de flumetsulam, merece
destacarse la selectividad hacia alfalfa y el aceptable nivel de control que
posee. Imazetapyr resulta más eficiente en su capacidad de control, pero su
utilización es limitada a cultivos de alfalfa pura. Prometrina, en mezcla con bromoxinil expresa un comportamiento
sobresaliente frente a muchas malezas consideradas difíciles de controlar.
I.3.3.2.
Control químico en pasturas implantadas
Las
malezas que se presentan en un alfalfar establecido deben ser consideradas en
muchos casos como una consecuencia del mal manejo de la pradera y no como un
problema de origen ecológico. El
pastoreo continuo, la falta de descansos adecuados, el uso de variedades y/o
especies no adaptadas y la ausencia de cortes de limpieza son algunos de los
numerosos factores que estimulan la presencia de malezas en el alfalfar. Un
adecuado manejo del cultivo evita, o al menos reduce a un mínimo, la incidencia
de las malezas, algunas de ellas (como la rama negra, el complejo de cardos,
los senecios, el gramón, etc.) causantes de la rápida degradación de la
pradera. Los herbicidas indicados para
esta situación son los mismos que se mencionan para el control postemergente de
la implantación, aunque también puede recurrirse a otros con igual posibilidad
de éxito.
Después
de un corte, propizamida (a razón de 0,850 lts p.c./ha), simazina (en dosis de
1,5 lts p.c./ha) y metribuzín (0,750 lts p.c./ha), en siembras puras son
eficientes para controlar gramíneas y latifoliadas.
También
se puede utilizar, después de un corte, paraquat a razón de 1,2 lts p.c./ha,
para quemar la parte foliar de la vegetación indeseable y esperar un nuevo
crecimiento de la alfalfa en forma normal y libre de malezas.
En
el caso de invasión de malezas gramíneas sobre alfalfares puros, ya sean
anuales o perennes, se puede utilizar en forma selectiva herbicidas
graminicidas tipo cletodim (en dosis de 0,6 lts p.c./ha), quizalofop-p-etil (a
razón de 2 lts p.c./ha) y otros, como haloxifop-metil, fluazifop-p-butil o
setoxidim. Se debe destacar que la mayoría de estos productos no están aún
registrados en la República Argentina para ser utilizados en alfalfa, pese a
que su selectividad está debidamente comprobada.
Para
lograr un buen control de malezas como pasto cuaresma, pasto colorado, pasto
baraval, pata de gallina, etc., es necesario que estén en condición de activo
crecimiento y en estado vegetativo temprano en el momento de las aplicaciones.
La
eficacia de control se incremento con el agregado de productos tensioactivos o
aceites, principalmente si las malezas están muy desarrolladas o las
condiciones climáticas resultan poco propicias.
I.3.3.3.
Control químico de malezas especiales
Pasto
puna (Stipa brachychaeta): esta especie, como ya se explicó, se controla bien
con trifluralina, aunque pueden producirse fallas en el control, por errores en
la aplicación e incorporación o por germinaciones tardías que no fueron
cubiertas por la residualidad del producto.
En
estas situaciones se observaron buenos controles, superiores al 95 % con 0,9
lts p.c./ha de cletodim y también con 2 lts p.c./ha de quizalofop-p-etil. Es importante recordar que los productos
deben emplearse cuando la maleza es juvenil y no supera los 5 a 8 cm. de
altura. Asimismo las aplicaciones
tempranas impiden la formación de las semillas de la base de la planta,
llamadas cleistógenas, con las cuales se propagaría más eficientemente en el
futuro.
Los
mejores resultados se logran cuando el cultivo no protege demasiado a la
maleza, permitiendo que esta sea adecuadamente mojada con el herbicida. Por ello, es preferible realizar los
tratamientos algunos días después de un corte o de un pastoreo intensivo.
Gramón
(Cynodon dactylon): es otra especie perenne que merece una consideración
especial, por ser uno de los grandes problemas en muchas regiones alfalferas
del país.
Aunque
es importante considerar estrategias de control cultural como, por ejemplo,
buenas rotaciones de cultivos, control mecánico o disminución y trozado de
rizomas y estolones, los mejores resultados se logran complementando estas
técnicas con prácticas de control químico.
Este
se puede realizar antes de la siembra mediante la aplicación de herbicidas
graminicidas, destacándose el control ejercido con 3 lts p.c./ha de glifosato.
Si
el control es necesario efectuarlo una vez implantada la pradera de alfalfa,
son recomendables aplicaciones otoñales, con los mismos herbicidas graminicidas
selectivos citados para el caso del pasto puna, pocos días después de la
siembra.
La
eficiencia de control está en relación con la cantidad y el tamaño de yemas
viables o guías de rebrotes que ocurren desde los rizomas y estolones.
Cebollín
(Cyperus rotundos): es otra de las malezas importantes y difíciles de controlar
que afectan al cultivo de alfalfa en distintas zonas de la región pampeana.
En
numerosas ocasiones es necesario sembrar alfalfa en lotes muy infectados con
esta maleza. Para estas situaciones, se
aconseja retrasar la siembra hasta fines de abril-principios de mayo, a fin de reducir
la competencia del cebollín, que empieza a debilitarse como consecuencia de las
bajas temperaturas y heladas.
En
lotes ya preparados para la siembra se mencionan buenos controles con 4 lts
p.c./ha de glifosato. En la implantación, retrasan la germinación del cebollín
aplicaciones de 3,5 lts p.c./ha de EPTC. Recientes experiencias evidenciaron
que se pueden alcanzar resultados promisorios usando 1 lt p.c./ha de
imazetapyr.
Cuscuta
(Cuscuta spp.): se trata de una planta parásita que tiene como principal
huésped a la alfalfa. Rápidamente, después de germinar, pierde relación con el
suelo y comienza a vivir a expensas de la forrajera, que se va debilitando,
hasta finalizar con su muerte.
La
principal forma de diseminación de la cuscuta es a través de la semilla de
alfalfa, de la cual es muy difícil de separar porque tiene tamaño y peso
parecidos. Surge, en consecuencia, la
importancia de prestar atención a técnicas de control cultural.
Instalada
en el lote, esta especie puede ser medianamente controlada recurriendo a un
método físico: el fuego. Para ello se pueden cortar los manchones afectados o
aplicar un producto desecante, como el paraquat, y luego quemar, tomando la
precaución de hacerlo antes que la maleza semille.
Químicamente,
los controles sólo son posibles utilizando herbicidas residuales, como
trifluralina o pendimetalín, que no demanden incorporaciones mecánicas.
I.3.3.4. Recomendaciones generales
Para
todos los herbicidas mencionados será necesario tener presentes las siguientes
recomendaciones:
·
El
caudal de agua a utilizarse no deberá ser menor a 80 lts/ha cuando se usen
equipos terrestres y 10 - 15 lts/ha para el caso de equipos aéreos.
·
En
todos los casos se deberá efectuar la aplicación trabajando con una presión de
40 Lb/pulg2 y pastillas de pulverización en abanico.
·
Cuando
se trate de herbicidas de presiembra, la incorporación deberá realizarse
mecánicamente a alta velocidad y a una profundidad no mayor de 7 cm.
·
Las
aplicaciones de herbicidas postemergentes se deberán realizar a partir del
momento que las plantas de alfalfa tengan tres hojas verdaderas y con las
malezas en estados juveniles.
·
Efectuar
los tratamientos respetando, en lo posible, las condiciones climáticas más aconsejables
para obtener un buen comportamiento de los herbicidas.
·
Respetar
las indicaciones que, sobre el uso de los mismos, existen en los rótulos de los
herbicidas.
I.4.
Utilización y manejo
Para
lograr un eficiente aprovechamiento de las pasturas de alfalfa debe apuntarse a
obtener la máxima producción en cantidad y calidad de forraje, con la mejor
distribución posible y sin comprometer la persistencia.
Para
diseñar sistemas y criterios de utilización que nos aproximen a estos objetivos
es necesario conocer algunos aspectos relacionados con la fisiología y el
crecimiento de las alfalfas.
Uno
de estos aspectos es la dinámica de los carbohidratos de reserva en las raíces.
Estos son el producto de la fotosíntesis y, por lo tanto, todos los factores de
manejo o del medio ambiente que reduzcan la tasa fotosintética, afectan la
evolución de este elemento de reserva.
Estas
sustancias de reserva son acumuladas en la raíz y redistribuidas cuando las
condiciones de crecimiento de la alfalfa así lo requieren.
Los
carbohidratos son la fuente de energía usada por la planta para iniciar el
crecimiento en primavera y también después de cada período de utilización. Además, proveen la energía necesaria para
que la planta subsista durante el período de reposo invernal.
Como
consecuencia del nuevo crecimiento, el nivel de azúcares en las raíces
desciende después de realizado un corte o pastoreo y comienzan a restituirse
nuevamente a partir de la tercera semana, incrementándose luego hasta la quinta
o sexta.
Es
decir que los períodos de almacenamiento y consumo de los carbohidratos son
cíclicos y pueden ser alterados por los distintos sistemas de uso del forraje.
Por
esta razón, la alfalfa es una de las pocas especies forrajeras que tolera
pastoreos intensos pero poco frecuentes.
En cambio, no tolera pastoreos frecuentes, aunque los mismos sean
livianos.
En
la Fig. 2 se grafica la evolución de los carbohidratos en las raíces junto con
la producción de materia seca.
Figura 2.- Dinámica de la producción de materia seca y de carbohidratos no estructurales en alfalfa (Blaser,1986)
En
consecuencia, la pastura debería manejarse de manera que se mantengan buenos
niveles de azúcares de reserva durante el período de crecimiento, a fin de
asegurar la productividad y persistencia del cultivo.
I.4.1.
Criterios para determinar el momento de utilización
La
composición química del forraje sufre cambios a medida que la planta avanza
hacia la madurez. Las hojas contienen
un alto contenido de minerales, vitaminas y proteínas en relación a los tallos
y, por lo tanto, su aprovechamiento debe ser el principal objetivo de un manejo
orientado a obtener forraje de calidad.
Además,
si bien las hojas sufren pocos cambios en su composición química, el porcentaje
de éstas en la planta declina mientras la proporción de tallos aumenta. Por eso, a medida que avanza la madurez
aumentan los contenidos de fibra y especialmente lignina, disminuyendo la
digestibilidad y, en consecuencia, la calidad del forraje.
Se
ha intentado fijar un criterio práctico que permita detectar fácilmente el
momento adecuado para su utilización, es decir, determinar el momento en que
alcanza la madurez fisiológica.
El
indicador más generalizado para determinar el momento de uso es el inicio de la
floración, que tiene una alta correlación con la acumulación de carbohidratos
en las raíces. No obstante, debe tenerse en cuenta que en determinadas épocas
del año la floración se ve afectada por factores climáticos, con lo cual se
definirían períodos de descanso y de aprovechamiento extremadamente variables.
Se
recomienda tener en consideración también la aparición de rebrotes en la
corona, especialmente a principios de la primavera y durante el otoño, momentos
en que, a pesar de estar las pasturas en condiciones de ser utilizadas, la
floración se retrasa por el efecto de los días cortos.
Es
decir que la combinación de estos dos indicadores es el criterio más adecuado
para definir el momento oportuno de utilización. La misma se refleja en un 10% de floración y 3-5 cm de rebrote
basal respectivamente.
Este
criterio nos asegura, en síntesis, obtener el máximo de calidad junto a una
alta productividad de forraje y asegurando la persistencia del alfalfar. En valores promedio para la región pampeana,
esto implica períodos de descanso de alrededor de 35 días entre pastoreo o
corte.
Aprovechamientos
tardíos aumentan la cantidad de forraje obtenido, pero resienten fuertemente su
calidad y, en consecuencia, la respuesta animal obtenida.
Por
el contrario, utilizaciones tempranas limitan la cantidad de forraje producido
y comprometen la persistencia de la pastura.
I.4.2.
Sistema de pastoreo
El
pastoreo directo es la forma de aprovechamiento más difundida en el país. No obstante, existen diferentes sistemas de
utilización, los cuales inciden fuertemente tanto en la productividad como en
la persistencia de la pastura.
En
los últimos años se ha observado que el sistema de pastoreo continuo ha sido
casi totalmente descartado, aumentando consecuentemente el uso del pastoreo
rotativo. Estos sistemas permiten
armonizar una alta eficiencia de utilización de los alfalfares con un adecuado
período de descanso entre un pastoreo y el siguiente. Este ha resultado, entre los factores vinculados al manejo, uno
de los elementos más importantes en el incremento de la productividad y
persistencia de los alfalfares en los últimos tiempos.
Por
otra parte, el pastoreo continuo permite al animal hacer un consumo selectivo
del forraje, por lo que en pasturas nuevas de alfalfa puede lograrse una buena
ganancia de peso. El debilitamientos y la pérdida de plantas afectarán la
producción de forraje en una primera etapa y más tarde se verá comprometida la
persistencia de la pastura. El tiempo
requerido para que se produzca un marcado deterioro de la alfalfa con el
pastoreo continuo está influenciado por factores como el tipo de cultivar, las
condiciones climáticas y de suelo, el ataque de plagas, el largo de la estación
de crecimiento y la carga animal.
Existe
acuerdo en que la alfalfa responde con mayor producción y persistencia cuando
es usada con un pastoreo rotativo, respetando sus ciclos de crecimiento.
No
obstante, la magnitud de la respuesta productiva depende de factores como la
carga animal, el cultivar utilizado, la intensidad y frecuencia de defoliación,
etc.
Los
resultados obtenidos en distintas áreas de la región pampeana son coincidentes
en señalar que la mayor persistencia de la alfalfa se logra utilizando sistemas
rotativos que aseguren entre 35 y 42 días de descanso entre un aprovechamiento
y otro.
También
la duración del pastoreo tiene importantes efectos sobre la productividad
posterior de la pastura.
En
general, existe acuerdo en que los períodos de pastoreo más recomendables se
encuentran entre los 6 y 12 días de duración, reconociendo que los cultivares
de mayor reposo invernal admiten períodos de pastoreo más prolongados.
La
información analizada hasta el momento no muestra evidencias sobre la
conveniencia del uso de períodos de pastoreo menores a los 6 días.
I.4.3.
Utilización durante el otoño
El
otoño es una época clave para la utilización del cultivo de alfalfa. Los cortes y pastoreos inoportunos en esta
época provocan una reducción de la producción anual de forraje y pérdidas
importantes en el stand de plantas.
En
esta temporada es indispensable que el nivel de reservas en la raíz alcance
valores adecuados para permitir a la planta superar el crítico período invernal
e iniciar en forma temprana y productiva el primer crecimiento primaveral. La mayor parte de las reservas almacenadas
hacia fines del otoño son utilizadas por la alfalfa durante el invierno y a
principios de la siguiente primavera.
Altas
temperaturas durante el otoño, que reducen el contenido de carbohidratos en las
raíces, junto con cortes frecuentes han sido correlacionados con una
disminución de la producción y pérdida de plantas, especialmente en variedades
sin latencia.
Por
el contrario, las temperaturas bajas del otoño y el menor crecimiento que
experimenta la alfalfa durante esta estación favorecen la acumulación de
reservas en las raíces.
Por
esta razón, es necesario realizar descansos más prolongados que los
habitualmente utilizados al llegar las estaciones de mayor crecimiento.
En
este sentido, deben tenerse en cuenta la duración de la estación de crecimiento
y el grado de latencia de las variedades de alfalfa en uso, para la
determinación de los períodos de descanso otoño-invernales. Para el centro sur de la provincia de
Córdoba se recomienda prolongar el período de descanso de 35 a 42-45 días.
I.4.4.
Asociación con gramíneas
En
la Argentina, alrededor del 70 % de la superficie de alfalfa corresponde a
siembra con otras especies forrajeras, especialmente gramíneas perennes.
Las
pasturas asociadas han mostrado ventajas sobre las alfalfas puras, reduciendo
los riesgos de meteorismo, aportando dietas más equilibradas y permitiendo una
más efectiva recuperación de la estabilidad estructural de los suelos. No obstante, el pastoreo rotativo permanente
que permiten los materiales con escaso reposo invernal ha resultado un factor
determinante de la pérdida de las gramíneas al segundo o tercer año de
utilización.
Los
resultados obtenidos en la EEA INTA Marcos Juárez indican que la asociación
alfalfa-festuca alta ofrece las mejores posibilidades de lograr una pastura
productiva y estable. Esta mezcla, si
bien no incrementó significativamente los rendimientos anuales de una alfalfa
pura, posibilita una mejor distribución de la producción a lo largo del año,
fundamentalmente al incrementar la oferta otoño-invernal.
También
es razonable esperar un efecto benéfico de las mezclas en cuanto al
enmalezamiento de los lotes.
En
el Cuadro 4 se presentan los resultados de una evaluación de mezclas simples y
alfalfa pura en relación a su contenido de malezas.
Cuadro 4.- Composición de las mezclas de alfalfa pura bajo pastoreo, en otoño y primavera.
Fuente: Bruno et al, 1987.
Si
bien los resultados muestran variaciones entre gramíneas y entre épocas, las
mezclas parecen presentar un menor grado de enmalezamiento que las alfalfas
puras, bajo condiciones similares de pastoreo.
Cuadro 5.- Herbicidas para el control de
malezas en alfalfa
I.5.
Bibliografía recomendada
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