Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet.,
Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción
Animal,
Facultad de Agronomía y
Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de
Córdoba, República Argentina
Volver a: principal > Pasturas cultivadas: verdeos
de invierno
Amigone,
Miguel A. y Andrés M. Kloster. 1997. Invernada bovina en zonas mixtas. Agro 2
de Córdoba. Capítulo II: 37-56.
INTA,
Centro Regional Córdoba, EEA Marcos Juárez.
II.1.
Introducción
El
déficit invernal de producción de forraje fresco puede ser atenuado o resuelto
mediante diferentes alternativas. La creciente
utilización de cultivares de alfalfa sin latencia y la práctica de confección
de reservas a partir de los excedentes forrajeros de primavera han contribuido
decisivamente a reducir el clásico bache estacional de oferta de forraje.
Sin
embargo, los planteos de tambo e invernada con altas cargas requieren la
inclusión de una proporción de verdeos en su cadena forrajera, para mantener
elevados niveles de producción individual aún en la época invernal.
Por
otro lado, el aumento de la receptividad invernal que puede lograrse con la
utilización de verdeos permite llegar a la primavera con una mayor dotación de
animales, requisito básico para una mejor eficiencia de cosecha de los recursos
perennes de la cadena forrajera.
El
alto costo de implantación de los verdeos en relación a su período de
utilización impone su integración estratégica en la cadena forrajera acompañada
de un cuidadoso análisis del impacto físico y económico de la práctica sobre el
sistema de producción en su conjunto.
Solamente
de esta manera se hará posible presupuestar debidamente la superficie necesaria
de verdeos de invierno, evitando considerar a este recurso como una simple
solución coyuntural a la natural disminución de la oferta forrajera invernal.
En
la elección de una especie o cultivar de cereal invernal no sólo debe tenerse
en cuenta su producción total de forraje sino también las necesidades de cada
establecimiento, los restantes componentes de la cadena forrajera y las
condiciones edafoclimáticas de la zona.
Factores
como la curva de producción, la estabilidad del rendimiento a través de los
años y el comportamiento ante enfermedades y adversidades climáticas son
características varietales que deben valorarse al decidir la inclusión de cada
especie o cultivar en una cadena forrajera.
II.2.
Características de las principales especies y cultivares
En
los últimos años, como producto de la selección de germoplasma de cereales
forrajeros invernales, se han volcado al mercado cultivares mejorados, que se
adaptan a las diferentes necesidades de distintos ambientes ecológicos y
sistemas productivos, los cuales se describen a continuación.
II.2.1.
Avena
Con
casi
La
gran plasticidad de utilización de la avena explica en buena medida su grado de
aceptación por parte de los productores agrícola-ganaderos, dado que admite el
pastoreo directo durante todos sus estados, la henificación o la cosecha del
grano para forraje o con destino a la industria alimenticia.
Sin
embargo, a estas cualidades se contraponen algunas desventajas, como su escasa
resistencia al frío y la susceptibilidad al pulgón y las royas de la hoja y del
tallo.
La
diferencia más notoria entre los cultivares de avena reside en su velocidad de
crecimiento inicial, factor que en gran medida condiciona la oportunidad del
primer pastoreo y la curva de entrega de forraje.
De
acuerdo a esto, puede identificarse un grupo integrado por cultivares de porte
vegetativo semierecto con crecimiento inicial rápido y abundante y otro
compuesto por materiales con menor tasa de crecimiento inicial y una curva de
entrega de forraje mejor distribuida.
Tambera
FA, Don Víctor INTA, Máxima INTA, Boyera FA y INIA LE Tucana son exponentes del
primer grupo.
A
su abundante crecimiento inicial se contrapone una sensible merma de producción
en los sucesivos rebrotes, debido a su baja capacidad de recuperación luego del
pastoreo, en especial si éste se realiza en forma severa o en estados
fenológicos avanzados.
A
excepción de Don Víctor INTA, estos materiales son muy sensibles a las heladas
lo cual acentúa las dificultades de rebrote en inviernos rigurosos.
Estos
cultivares, usados en una baja proporción de la superficie destinada a verdeos,
son ideales como iniciadores de encadenamientos de cereales forrajeros, dada su
buena complementación con materiales de ciclo más largo o con otras forrajeras
anuales.
La
mayoría de los cultivares tradicionales de avena presentan gran susceptibilidad
a las royas, cuyo ataque afecta no sólo la producción de materia seca sino
también su calidad. Afortunadamente, en
la actualidad el mercado ofrece, dentro del grupo, materiales como Máxima INTA
e INIA LE Tucana, resistentes a la enfermedad.
Aunque
no es posible hablar de resistencia al pulgón verde de los cereales, cultivares
como Tambera FA y Boyera FA presentan cierta tolerancia.
El
segundo grupo de variedades, de ciclo intermedio a largo, tiene una curva de
producción más estable, producto de un crecimiento inicial moderado que permite
manejar con mayor elasticidad el inicio del primer pastoreo.
Conforman
el mismo Millauquén INTA, Cristal INTA, Buck Epecuén, Bonaerense Payé y
Suregrain. Las plantas son de porte
vegetativo semirrastrero, con macollos numerosos y hojas abundantes dispuestas
en la base de los tallos, que permiten una rápida recuperación luego del
pastoreo.
El
grupo tolera bien las bajas temperaturas, siendo su mejor exponente Millauquén INTA
que, junto con Cristal INTA, soporta severas heladas aún después de pastorees
intensos.
En
general, el potencial de rendimiento de grano de la avena no es elevado. No obstante, cultivares como Bonaerense Payé
y Cristal INTA alcanzan producciones similares a los de otras especies.
II.2.2.
Centeno
Debido
a su rusticidad y volumen de producción, es la especie más utilizada en toda la
región semiárida pampeana.
Es
característica su gran tolerancia a las bajas temperaturas y al estrés
hídrico. El desarrollo de su sistema
radicular le permite explorar el suelo con cierta profundidad y obtener más
agua que otros cereales invernales en períodos críticos, para así tolerar mejor
las sequías prolongadas.
El
centeno crece bien en suelos livianos a franco arenosos, aceptando lotes de
baja fertilidad mejor que otras especies forrajeras invernales.
En
cambio, dada su sensibilidad a altas temperaturas, puede ser afectado por el
llamado "golpe de sol", razón por la cual se aconseja retrasar la
fecha de siembra en relación a otras especies.
Un
aspecto negativo de la especie es la pérdida de calidad durante el ciclo de
crecimiento, debido a la rápida tendencia a encañar que presentan muchos de sus
cultivares, sobre todo los más antiguos.
Como
producto del mejoramiento, este panorama se ha modificado en gran medida y en
la actualidad se dispone de variedades de alta producción y buena calidad de
forraje. No obstante, en sistemas
productivos más exigentes se observa una tendencia a reducir la superficie
sembrada con centeno, reemplazando a esta especie con otras que aseguren
forraje de mayor calidad.
De
acuerdo a la rapidez de su crecimiento inicial, el centeno también admite la
clasificación en dos grupos de cultivares, en general coincidentes con la
ploidía de los materiales.
Los
diploides Manfredi Suquía, Lisandro INTA, Don Enrique INTA y Choiqué INTA son
de ciclo vegetativo intermedio a corto, de rápida entrega de forraje y con
predisposición al encañe temprano, en especial Manfredi Suquía, que presenta el
ciclo más corto del grupo.
El
grupo de cultivares tetraploides, como Don Luis INTA, Tetrabal INTA, Don
Guillermo INTA y Naicó INTA, posee un ciclo vegetativo intermedio a largo con
menor tendencia a encañar, lo cual le otorga mayor elasticidad para decidir el
momento del primer pastoreo.
Estas
cualidades se ven acentuadas en Naicó INTA, que presenta el ciclo vegetativo
más largo. Su porte semirrastrero, con
abundante cantidad de macollos bien provistos de hojas basales le confieren una
estructura de planta ideal para el pastoreo.
II.2.3.
Triticale
Es
un cereal sintético, producto del cruzamiento de centeno y trigo. En un comienzo, por esta vía se trató de
mejorar la calidad harinera del grano de centeno, objetivo en parte logrado.
Posteriormente,
la investigación centró sus esfuerzos en la obtención de cultivares forrajeros,
considerando tanto la estructura de la planta como la longitud del ciclo
vegetativo, ya que ambos definen, en gran medida, la aptitud forrajera de los
materiales.
El
triticale se encuentra en un franco período de expansión, especialmente en las
zonas subhúmedas y semiáridas, donde reemplaza con éxito al centeno. Se le reconoce una rusticidad comparable a
éste para soportar condiciones climáticas adversas, pero con una calidad de
forraje superior.
Recientemente
se han inscripto cultivares con muy buenas características forrajeras. Al igual que en avena y centeno, se pueden
diferenciar dos grupos de materiales, según su velocidad de crecimiento inicial
y la aptitud para el pastoreo.
Don
Santiago INTA representa a los cultivares de rápido crecimiento inicial y
período vegetativo corto, con tendencia a encañar y fructificar
rápidamente. Debido a sus plantas de
pocos macollos y porte erecto, resulta poco apto para el pastoreo.
Otros
cultivares asimilables a este grupo son Lihuel Calel y Thomas Salado.
Materiales
como Yagán INTA, Tehuelche INTA, Tizné UNRC, Quiñé UNRC y Genú UNRC tienen una
gran plasticidad de uso y no condicionan el momento del primer aprovechamiento.
Yagán
y Tehuelche soportan muy bien un diferimiento del pastoreo inicial, permitiendo
una excelente complementación con materiales de crecimiento más rápido. Así, es posible lograr un prolongado período
de utilización con forraje de muy buena calidad.
En
particular, Quiñé UNRC y Genú UNRC se destacan por una equilibrada distribución
en la entrega de forraje, gracias a su gran capacidad de rebrote luego del
pastoreo y tolerancia a las bajas temperaturas.
Don
Norman y Don Frank son dos cultivares bastante antiguos, que probablemente han
perdido algo de identidad genética. Son de ciclo vegetativo largo y porte muy
rastrero, con abundante cantidad de macollos, pero su productividad total es
menor que la de los materiales precedentes.
II.2.4.
Cebada
En
general, la cebada es poco utilizada en las cadenas forrajeras de la región
pampeana, ya que otras especies la superan en algunas características
productivas. Su sistema radicular
superficial la hace vulnerable a sequías prolongadas, como también al arrancado
de plantas durante el pastoreo. Por otra
parte, su sensibilidad al frío determina una menor seguridad de producción en
las regiones semiáridas marginales.
Sin
embargo, su recomendación de uso puede ser importante en lotes con limitaciones
por salinidad o pH (bajos alcalino-sódicos), dado que prospera bien en este
tipo de suelos.
Asimismo,
como no es afectada negativamente por las altas temperaturas en estado de
plántula, puede anticiparse mucho la fecha de siembra en situaciones donde se
requiera un aprovechamiento temprano de forraje.
El
panorama varietal de la cebada forrajera es muy reducido, siendo Uñaiché INTA
el mejor exponente, por su buena producción y capacidad de recuperación luego
del pastoreo. Estas virtudes, sumadas a
su buena sanidad foliar y tolerancia a bajas temperaturas la convierten en el
cultivar más difundido de la especie.
Otros
cultivares, como Negra Manfredi, Oliveros Litoral y Anguilense INTA, han
perdido participación en la superficie sembrada de cebada forrajera frente al
destacado comportamiento de Uñaiché INTA.
II.2.5.
Raigrás anual
Es
una especie originaria de la región mediterránea de África y Asia. Desarrolla bien en toda la zona pampeana y
sur de la mesopotamia, adquiriendo especial interés en todas las regiones
templadas y húmedas de nuestro país, especialmente en Buenos Aires, Córdoba,
Santa Fe y Entre Ríos.
Tradicionalmente,
el raigrás fue usado en mezclas de pasturas perennes, pero últimamente ha
adquirido importancia como verdeo de invierno, especialmente en sistemas
lecheros, por su resistencia al pulgón y su calidad de forraje.
Su
crecimiento inicial es más lento que el de la mayoría de los cereales de
invierno, pero presenta buen rebrote y resistencia al pisoteo. No es muy exigente en cuanto a calidad de
suelos pero responde muy bien a la fertilización nitrogenada. Posee un sistema radicular superficial, que
lo hace vulnerable a condiciones de sequía.
En cuanto a enfermedades, resulta algo sensible al ataque de royas (P.
coronata y P. graminis).
Si
bien el raigrás anual proporciona forraje más tarde que los cereales de
invierno tradicionales, esto se compensa con un mayor período de utilización,
que se extiende hasta mediados de primavera.
Esto
puede ser muy ventajoso en establecimientos cuyas praderas aún no se han
recuperado plenamente del invierno, o bien como recurso alternativo en el
control el meteorismo.
Tradicionalmente,
se cultivó en nuestro país un raigrás criollo difundido en forma naturalizada
en toda la pampa húmeda.
En
los últimos años se introdujo, especialmente desde Nueva Zelandia, un número
importante de cultivares. Algunos de
ellos tuvieron gran adaptación a nuestras condiciones.
Tal
es el caso de Grasslands Tama, cultivar tetraploide de excelente comportamiento
productivo, con una curva de entrega de forraje estable y extensa, que cubre
bien todo el invierno y principios de la primavera. Estas características le permitieron alcanzar
una rápida difusión.
En
algunos ambientes, este cultivar presenta gran sensibilidad al ataque de la roya
de la hoja (P. coronata).
Concord
es un cultivar diploide de reciente introducción al país. En ensayos de corte, conducidos en la
Universidad de Luján, ha mostrado una mayor producción inicial y total que el
resto de los materiales. Tiene buen comportamiento sanitario y es poco afectado
por las royas.
Otros
cultivares, como Barspectra, Tetragold y Progrow, han mostrado buena adaptación
a nuestro ambiente y están aumentando su difusión.
La
producción de semilla de calidad de estos materiales está en franca expansión,
al igual que la superficie sembrada con semilla fiscalizada.
Cuadro 7.- Resumen de algunas características
de los principales cultivares de cereales forrajeros.
Las
características consideradas son comparativas entre cultivares de una misma
especie.
II.3.
Elección del lote y siembra de verdeos
En
los últimos años, el avance de la agricultura produjo en los sistemas mixtos un
alargamiento de la fase agrícola de las rotaciones, con una importante
disminución de la fertilidad de los lotes ubicados al final de esta secuencia.
Como
normalmente estos lotes son destinados a la siembra de verdeos invernales, el
rendimiento de forraje de los mismos suele verse comprometido.
Por
ello, si se desea maximizar la producción de los verdeos, es aconsejable la
elección de lotes con buena fertilidad natural o recurrir al uso de
fertilizantes, siempre que la humedad no sea un factor limitante.
Para
la siembra existen alternativas diferenciadas, cuya elección dependerá de la
maquinaria disponible, el tipo de suelo, las condiciones de humedad, la
fertilidad y el cultivo antecesor.
a)
La labranza convencional implica el uso del arado de rejas como labor principal
y un número variable de labores secundarias para control de malezas y preparación
de la cama de siembra.
Con
el movimiento del suelo se activa la nitrificación de la materia orgánica,
poniendo en disponibilidad del cultivo importantes cantidades de nutrientes.
La
falta de piso durante el pastoreo, como consecuencia de la remoción del suelo,
puede resultar una desventaja de este sistema de siembra.
b)
La labranza reducida consiste en realizar una labor superficial con rastra de
discos o cultivador de campo, tratando de preparar una cama de siembra con
cobertura.
Este
sistema se adapta muy bien a siembras con un corto período de barbecho.
De
esta manera, sólo una parte de la materia orgánica comienza el proceso de
nitrificación, quedando el resto como reserva en el suelo.
Al
no producirse una remoción profunda del suelo, el riesgo de la falta de piso
durante el pastoreo es menor.
c)
La siembra directa sobre el rastrojo del cultivo anterior, modalidad
ampliamente difundida en cultivos de cosecha, puede emplearse exitosamente en
verdeos de invierno.
En
los sistemas mixtos, donde generalmente el verdeo sucede a un cultivo estival
(maíz, soja, girasol), esta práctica permite anticipar varios días la
implantación del verdeo, además de contar con piso firme en el momento de
realizar el aprovechamiento con animales.
En
casi todos los casos que se adopte la siembra directa habrá que recurrir a la
fertilización nitrogenada, previo análisis del suelo, como así también al
control químico de las malezas antes de la implantación.
d)
La siembra aérea es una técnica que consiste en esparcir la semilla, mediante
un avión especialmente equipado, sobre cultivos de soja o girasol en estado
avanzado de madurez.
Experiencias
realizadas en la EEA INTA Marcos Juárez sobre el cultivo de soja, mostraron
mejor resultado cuando éste comienza a voltear la hoja (estado fonológico R7) y
con cultivares de avena de crecimiento inicial relativamente lento (Cristal,
Millauquén, Buck Epecuén).
Si
se adelantase la siembra más de 25-30 días con respecto a la cosecha de la soja
o se usaran cultivares de avena de rápido crecimiento inicial (Tambera, Boyera,
Máxima, etc.), la acumulación de forraje verde podría llegar a dificultar la
recolección de la soja, si se produjeran demoras por razones climáticas.
También
puede lograrse buena producción con cultivares de trigo de ciclo largo y alta
capacidad de macollaje, como son Prointa Super, Prointa Pincén, etc.
El
éxito de esta práctica depende del uso de semilla suficiente para lograr un
stand no inferior a 200 plantas/m2 y de la ocurrencia de condiciones climáticas
favorables, ya que la germinación masiva de los verdeos comienza luego de una
lluvia.
Cultivos
de soja implantados en siembra directa o con demasiada cobertura del suelo son
poco aptos para este tipo de siembra, ya que el residuo en superficie impide el
contacto de la semilla con el suelo.
Por
lo general, el ambiente húmedo que se genera dentro del cultivo de soja protege
a la avena del ataque de pulgón en los primeros estadios.
La
fertilización nitrogenada, luego de realizar la cosecha de la soja, es una
práctica aconsejable para lograr altos rendimientos de forraje.
Época
y densidad de siembra
Además
de las especies y cultivares elegidos, la fecha de siembra tiene gran
incidencia sobre el momento del primer aprovechamiento.
Crecientes
retrasos en la siembra con respecto al momento óptimo para cada zona demoran el
inicio del primer pastoreo, tanto por efecto directo de la postergación como
por el alargamiento del período requerido para alcanzar el estado de pastoreo.
Este
alargamiento puede ser muy significativo, al punto que, en la región semiárida,
verdeos sembrados en forma demasiado tardía pueden retrasar el comienzo del
pastoreo hasta el inicio de la primavera.
Como ejemplo, un verdeo sembrado tardíamente (mediados de abril)
alcanzará el estado de aprovechamiento 60 días después que aquel que fuera
implantado en una época temprana (mediados de marzo).
Resulta
igualmente importante considerar la densidad de plantas a lograr, teniendo en
cuenta el ambiente, la especie y el cultivar elegido.
Experiencias
realizadas por la EEA Marcos Juárez, en una zona húmeda y en un ambiente
semiárido (centro sur Córdoba), reflejaron que la mayor productividad se logra
con 250 plantas/m2 y 180 plantas/m2 respectivamente.
En
suelos óptimos o en casos que se utilizan cultivares poco macolladores
(Tambera, Manfredi Suquía, Don Santiago, etc.) se podrá aumentar la densidad,
para lograr mayor rendimiento de forraje.
En
lotes más empobrecidos, con poca agua acumulada y precipitaciones limitadas, es
necesario reducir el número de plantas por unidad de superficie.
De
todas maneras no son convenientes recomendaciones rígidas para la elección de
la densidad de plantas, debiendo compatibilizarse la misma con la aptitud del
suelo, el nivel de fertilidad, el agua acumulada en el perfil, la especie, el
cultivar, la fecha de siembra y la calidad de semilla.
Determinar
la cantidad de semilla necesaria para lograr un número de plantas
predeterminado requiere conocer el peso de mil semillas de la variedad y su
valor cultural (poder germinativo x pureza), para luego aplicar la siguiente
fórmula, donde la cantidad de kg/ha equivale a:
Nº
plantas/m2 x peso 1.000 semillas (g)
-------------------------------------------------------
= kg/ha
Valor cultural (%)
En
un cultivar, el peso de mil semillas es variable entre años, ya que el mismo
está determinado, en gran parte, por las condiciones ambientales en que se
desarrolló el cultivo y las imperantes durante la cosecha.
II.4.
Control de malezas y plagas
II.4.1.
Malezas
Las
malezas compiten por agua y nutrientes, alterando el desarrollo del cultivo,
con la consiguiente reducción del forraje disponible, especialmente si
predominan las especies carentes de valor forrajero.
En
rotaciones agrícola-ganaderas, el control de malezas adquiere doble
importancia, porque beneficia al verdeo y a los cultivos posteriores, a través
de una disminución gradual del tamaño del banco de semillas.
En
el mercado existe una variada gama de herbicidas, cuya elección depende del
tipo de malezas a controlar y de su costo.
Así,
el 2,4 D (100% p.a., varios nombres comerciales), aplicado a malezas con menos
de 8 hojas y a dosis de
El
metsulfurón-metil (60%) + dicamba (48%) (Misil I) se recomienda en dosis de
Esta
formulación controla, además de las malezas ya citadas, ortiga mansa,
anagallis, capiquí y manzanilla. El
producto debe aplicarse dentro del período que va de comienzos de macollaje a
principios de encañazón.
En
siembra directa, un control de presiembra de malezas puede realizarse con
herbicidas no selectivos o totales, como el glifosato (48% p.a.), aplicado en
dosis de
Otro
herbicida total que puede aplicarse es el paraquat (27,6% p.a.), a razón de
Con
estos productos se logra eliminar todas las malezas emergidas, facilitando la
siembra, germinación y desarrollo de¡ cultivo.
II.4.2.
Plagas
Entre
las plagas que pueden afectar la producción de los verdeos invernales se
destaca el pulgón verde de los cereales (Schizaphis graminum). Los inviernos
secos presentan condiciones muy favorables para sus ataques, que pueden
constituir una seria limitante en la implantación y desarrollo del cultivo,
puesto que el mayor daño ocurre en el período que va desde la germinación al
macollaje.
En
general, los centenos tienen buena tolerancia al ataque de pulgón, en tanto que
las avenas son bastante más sensibles.
No obstante, se encuentran en el mercado algunos cultivares con mayor
tolerancia a esta plaga, tal como Tambera FA y Boyera FA.
Dado
que el ataque de pulgón puede manifestarse a partir de la germinación, una
alternativa de control recomendable es el tratamiento preventivo de la semilla.
Productos
como carbofurán 35% (Furadan), a dosis de 860 cc/100 kg de semilla y dimetoato
+ antídoto al 0,51 % (Rogor SD), aplicado a razón de 900 g/
Con
imidacloprid 70% (GauchoWS), a razón de 150 g/100 kg semilla, y carbosulfán 25%
(Eltra), en dosis de 600 g/100 kg de semilla, se logra buen control en avena.
Los
tratamientos sobre cultivos ya implantados deben realizarse cuando presentan un
20% de plantas atacadas.
Entre
otros productos, se han logrado buenos resultados con 300 cc/ha de ciorpirifós
al 48% (Lorsban, Bester, etc.) o dimetoato al 37,6% (varias marcas), así como
mediante fenitrothión al 100% (Sumithion 100), a la dosis de 250 cc/ha. En general, se recomienda aplicar estos
productos con
II.5.
Fertilización nitrogenada
En
los sistemas agrícola-ganaderos, los verdeos de invierno generalmente son
asignados a lotes de fertilidad relativamente baja, sucediendo en la rotación a
cultivos estivales de cosecha.
Por
esta razón, la fertilización nitrogenada puede justificarse en lotes de esta
condición o en casos que el objetivo se centra en lograr un importante aumento
de la producción de forraje por unidad de superficie.
El
nitrógeno promueve el crecimiento a través de una mayor utilización de los
carbohidratos producidos por fotosíntesis, destinándolos a la formación de
proteínas, con el consiguiente aumento de la biomasa. En general, este proceso va seguido de
cambios en la composición química del forraje.
La
nutrición nitrogenada es un factor determinante de la productividad de forraje
de cereales forrajeros invernales cuando la
disponibilidad de agua y otros nutrientes, especialmente fósforo, no son
limitantes. Se ha demostrado que
perfiles con
En
la Fig. 3 puede observarse la respuesta a la fertilización nitrogenada en una
zona húmeda, con dosis crecientes de N, en un rango de justificación económica
de la práctica, con dos técnicas de labranza.
Figura 3.- Rendimiento de MS de avena con distintos niveles de fertilización y dos técnicas de labranza.
Experiencias
de fertilización nitrogenada en las regiones semiárida y subhúmeda también
mostraron un aceptable aumento de la producción primaria en verdeos invernales.
En
la Fig. 4 puede observarse la respuesta a la urea en un ensayo realizado en la
zona de Laboulaye (Cba), en un suelo con 50 ppm de nitratos disponibles a la
siembra. Los niveles de fertilización
fueron de 30 y
Figura 4.- Rendimiento de MS de avena con dos niveles de fertilización.
Paralelamente
al mayor volumen de forraje, la fertilización nitrogenada normalmente también
aumenta su contenido proteico. La
diferencia respecto al cultivo no fertilizado es importante en el crecimiento
inicial, pero se atenúa en los rebrotes sucesivos.
Este
efecto puede atribuirse a una creciente depleción del nivel de nitratos del
suelo, justificando el fraccionamiento de la dosis total de fertilizante cuando
se aplican cantidades importantes de N/ha.
Por
otra parte, el forraje del crecimiento inicial del cultivo fertilizado suele
presentar un mayor porcentaje de N soluble.
Este
efecto, que a altas dosis de N podría tener alguna implicancia nutricional
negativa, constituye una razón adicional para la aplicación fraccionada del
fertilizante.
Las
experiencias realizadas, tanto en la EEA Marcos Juárez como en otros ambientes,
permiten señalar que, respetando los criterios básicos de la práctica, la
aplicación de fertilizante nitrogenado en verdeos invernales ofrece un
razonable aumento en el rendimiento de materia seca cosechada, pero la relación
costo/beneficio se encuentra estrechamente vinculada con la eficiencia de
utilización del forraje producido.
II.6.
Criterios para una mejor utilización de los verdeos
1.
Planificación del uso de verdeos dentro de la cadena forrajera
Las
distintas especies y cultivares de cereales forrajeros presentan diferencias
importantes, tanto en su ciclo de crecimiento como en su capacidad y velocidad
de rebrote, determinados en buena medida por su distinta tolerancia al frío, al
estrés hídrico y a las plagas y enfermedades.
Estas
características, junto con la época de siembra y el manejo del pastoreo son los
principales elementos para modular la curva de distribución del forraje y
planificar un encadenamiento de verdeos que asegure una oferta de forraje en
cantidad y calidad a lo largo del período de utilización requerido.
El
rendimiento total de MS en el ciclo de producción es un parámetro fuertemente
ponderado en la evaluación de las forrajeras anuales.
Sin
embargo, en la planificación de cadenas forrajeras interesa también su distribución
en los sucesivos aprovechamientos, así como la calidad y el consumo que los
animales pueden realizar del mismo, partiendo de una asignación de forraje
dada.
En
general, los cereales forrajeros presentan notables diferencias de oferta de
forraje entre el crecimiento inicial y los rebrotes sucesivos, correspondiendo
al primero alrededor del 50% del producido en el ciclo.
En
las Figuras 5, 6 y 7 se puede observar la producción de forraje por corte
(promedio de 4 años: 1993/1996) para avena, centeno y triticale.
Figura 5.- Avena. Distribución del rendimiento de MS por corte. Promedio 1993/96.
Las
avenas suelen presentar una marcada tendencia a concentrar gran parte de su
producción en el primer crecimiento.
Esta
característica, que resulta poco deseada, se atenúa algo en Millauquén INTA,
que es el cultivar con mayor producción en el segundo y tercer corte, seguido
por Cristal INTA y Bonaerense Payé.
A
diferencia de otras especies utilizadas, la avena mantiene una buena
digestibilidad durante el segundo y tercer aprovechamiento, aunque su contenido
proteico disminuye en el último rebrote.
Figura 6.- Centeno. Distribución del rendimiento de MS por corte. Promedio 1993/96.
Los
centenos, por su parte, presentan una mejor distribución de su producción de
forraje, pero suelen presentar deficiencias de calidad al llegar al segundo y
tercer aprovechamiento, debido a la tendencia a encañar tempranamente de casi
todos los cultivares de la especie.
Sin
embargo, en este aspecto existen notorias diferencias entre cultivares, dado
que Naicó INTA y Don Guillermo INTA, por su prolongado período vegetativo,
minimizan las tradicionales pérdidas de calidad de los centenos, permitiendo un
buen aprovechamiento a la salida del invierno e inicio de la primavera.
Figura 7.- Triticale. Distribución del rendimiento de MS por corte. Promedio 1993/96.
Corno
se observa en la Fig. 7, el rendimiento por corte de los triticales presenta un
comportamiento varietal diferente, destacándose los cultivares Genú y Quiñé por
su buena producción en el segundo corte.
A
su vez, la calidad del forraje de los triticales se mantiene elevada en todos
los aprovechamientos, con la excepción del cultivar Don Santiago, que presenta
una rápida tendencia a encañar.
Una
cadena forrajera comprende la secuencia, duración y estacionalidad de
aprovechamiento de todos los recursos forrajeros destinados a cubrir los
requerimientos animales a lo largo de un ciclo o período de producción.
En
aquellas regiones donde los verdeos invernales representan un componente
importante de la oferta forrajera en dicha estación, suele resultar conveniente
combinar las características de las distintas especies y cultivares, para
estructurar un encadenamiento de cereales forrajeros invernales.
Las
cebadas, los centenos y las avenas de ciclo corto pueden ser el primer eslabón
de un encadenamiento de cereales forrajeros.
Por
su rápida y abundante producción inicial, no conviene que superen el 25% de la
superficie destinada a verdeos, para realizar su pastoreo en el estado óptimo
de aprovechamiento.
Como
componentes intermedios de la cadena se adaptan bien cultivares de avena, del
tipo Millauquén o Cristal, o centenos de ciclo largo, como Naicó o Don Luis, pudiendo
funcionar la mayoría de los triticales como cierre de la cadena.
Encadenamientos
más sencillos pueden lograrse con utilización temprana de centenos y avenas,
pastoreando más tardíamente los triticales.
En
situaciones que se necesite prolongar la utilización del verdeo hasta la
entrada de la primavera, la consociación de cereales forrajeros con
leguminosas, como vicia o melilotus, es una buena alternativa, que combina el
pico de producción primaveral de estas especies con la buena oferta otoño-invernal
de los cereales forrajeros.
2.
Aprovechamiento del verdeo
Entre
los factores que inciden sobre la productividad de carne de los verdeos, el
grado de aprovechamiento del forraje es, seguramente, el más importante.
El
estado fonológico del cultivo al comienzo del primer pastoreo es uno de los
aspectos a considerar.
En
este sentido, el aprovechamiento debe realizarse en el momento que la planta se
encuentra en pleno estado de macollaje, evitando hacerlo cuando algún nudo del
tallo sea palpable.
Este
aspecto debe considerarse especialmente en materiales definidos como de rápido
crecimiento inicial (Tambera FA, Boyera FA, Don Santiago y otros).
Si,
por alguna causa, el pastoreo se postergara demasiado, el daño puede reducirse
dejando un buen volumen de rastrojo, a fin de evitar que los tallos sean
seccionados por debajo del ápice de crecimiento.
En
general, durante el primer pastoreo el forraje tiene un alto contenido de agua,
que puede llegar al 90% de peso fresco.
Esto, junto con un desbalance de proteína y energía de rápida
disponibilidad ruminal, suele provocar disturbios nutricionales y de llenado
del rumen.
En
buena medida, dichos trastornos pueden corregirse colocando a disposición de
los animales heno de buena calidad o bien pastoreando alternadamente por horas
un recurso con mayor porcentaje de materia seca.
Mejores
resultados aún se han logrado incorporando a la dieta, además del heno, un bajo
nivel de grano (0,5 al 0,7% del p.v./día), ofrecido durante las primeras horas
de la mañana.
Cuando
se recurre al encierre nocturno para proteger al verdeo del daño por pisoteo
durante los períodos de heladas, el heno puede ofrecerse en la misma ensenada o
rastrojo donde se encierra a los animales.
En este caso debe considerarse la calidad del heno, para no provocar
reducciones importantes en el consumo del verdeo por efecto de llenado del
rumen con forraje seco de baja digestibilidad.
La
condición de forraje poco sazonado, sumado a la alta producción del primer
aprovechamiento, puede determinar una baja eficiencia de cosecha del pasto, con
altas pérdidas por pisoteo. Por eso, debe prestarse atención especial al manejo
de la carga animal y al tiempo de permanencia en cada parcela.
En
términos generales, los sistemas rotativos ofrecen algunas ventajas sobre el
pastoreo continuo o alternado. Las
mismas derivan básicamente de la posibilidad de realizar un mejor manejo de la
asignación de forraje diaria, sobre todo cuando se trabaja con altas cargas.
Esto
constituye una razón suficiente para su recomendación e implementación, dado
que la correcta presupuestación de un recurso de alto costo relativo es un
requisito básico para su eficiente utilización.
En
cuanto a la productividad de carne, la información publicada resulta un tanto
contradictoria, dependiendo tal vez del nivel de carga en que se efectuó la
comparación.
En
ensayos realizados con materiales ya en desuso y a cargas muy inferiores a las
actualmente utilizadas, el pastoreo rotativo superó al continuo en receptividad
y producción de carne en el orden del 10 al 15%.
De
todas maneras, existen pocas experiencias recientes que comparen ambos sistemas
a altas presiones de pastoreo.
El
período de descanso entre aprovechamientos puede variar según la especie, el
cultivar, el momento del primer pastoreo, las condiciones climáticas y el
remanente a la salida del pastoreo.
Sobre
la base de experiencias bajo corte y en condiciones de pastoreo realizados en
la EEA Marcos Juárez y en su área de influencia, es posible señalar que el
mencionado período de descanso no debiera ser inferior a los
Este
período de descanso mínimo deberá ser tenido en cuenta al establecer la
planificación del número de franjas y el período de permanencia de los animales
en cada una de ellas.
Respecto
al grado de subdivisión o permanencia de los animales en cada parcela, ensayos
efectuados en la EEA INTA Marcos Juárez no mostraron diferencias prácticas en
cuanto a ganancias de peso diario y productividad de carne por unidad de
superficie entre un sistema que contaba con 8 subdivisiones y 7 días de
ocupación en cada una de ellas, comparado con otro sistema de 28 parcelas, con
cambios de franja cada 48 horas.
En
los dos sistemas de pastoreo ensayados en esa oportunidad se logró una alta
eficiencia de utilización global del forraje.
Esta eficiencia permitió obtener, sin suministrar al ganado ningún tipo
de suplemento, alrededor de
En
conclusión, del conjunto de decisiones que comprende la planificación de la
superficie destinada a verdeos, la elección de especies y cultivares
apropiados, junto con una buena implantación de los mismos y una eficiente
utilización del forraje producido, dependen los resultados de la inclusión de
cereales invernales en las cadenas forrajeras de un sistema de producción de
carne.
II.7.
Bibliografía recomendada
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de invierno > Principio
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