PRODUCCIÓN BOVINA DE CARNE

Director: Guillermo Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne, Depto. Producción Animal,

Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina

 

Volver a:  principal > Temas varios

Soja: ¿tabla de salvación o salvavidas de plomo?

Dr. Jorge Solmi*. 2004.  www.todoagro.com.ar

 *Coordinador de Federación Agraria Argentina (FAA) en Bs. As.

Introducción

La discusión si “soja si” o “soja no” es otro de los falsos paradigmas que se nos quieren plantear. Y, hasta ahora, es apenas un vehículo de posicionamiento ideológico o comercial de detractores y auspiciantes del cultivo. Algunos, con clara incoherencia, se aferran a los mandatos del mercado pidiendo que el estado no intervenga, pero no tardan en reclamarle que desarrolle “buenas políticas” sobre la cuestión.

Frente a esto, en primer término, debemos hacernos de la “visión”, tener un panorama muy claro sobre actividad agrícola en general y sobre el rol del cultivo en cuestión en particular. O de la “sojización” de la agricultura.

La década de los 90 enfrentó a los productores a un atraso cambiario creciente, el que, entre otros factores, hizo estragos en el agro argentino: 103.405 productores menos, es decir, un 24 por ciento de las pequeñas y medianas empresas agrarias se vieron obligadas a salir de la actividad. Como contrapartida, quedó expuesta la concentración de la propiedad y/o utilización de la tierra: la dimensión de los establecimientos creció un 28 por ciento, mientras que la frontera del agro se extendió sólo el 5,2 por ciento.

Soja RR, el salvavidas

En éste marco, en la compaña 96/97, se autoriza la soja RR. Un agro ahogado por el atraso cambiario y el creciente endeudamiento, la vio en un principio como la soga de salvación.

La reducción de costos y simplificación de labores con la incorporación del sistema de siembra directa frente al convencional, hicieron que rápidamente los productores la adoptaran de modo tal que en el periodo  1991/2003 la superficie cultivada de soja creció el 135%, pero el fuerte incremento se produjo en el quinquenio 1996/97 - 2001/02, de un 100%.

Ese crecimiento, que continúa, es a expensas de detrimento de superficie destinada a otras actividades y a la de la incorporación de tierras que antes no se dedicaban a la agricultura, fundamentalmente de zonas extrapampeanas.

La incorporación de la soja modificada genéticamente obligó al cambio tecnológico. Se requirió de maquinaria de siembra directa, tractores de mayor potencia y aplicadores, entre otros.  Se produjo así un primer desplazamiento de los pequeños productores que no podían acceder a ellas debido a la prolongada crisis de rentabilidad y endeudamiento. Sí pudieron acceder los productores que estaban mejor posicionados en ese momento, es decir más grandes. Los pequeños que, por falta de capital de trabajo e inversión, debieron debían acudir a contratistas, veían diluidas las ventajas.

El problema social

Así, a fines de la década del 90, el incontenible avance de la soja, indujo fuertemente hacia el “desierto verde”. Las extensiones cultivadas con soja se pierden en el horizonte, mientras desaparecía paisaje de establecimientos mixtos, de tambos, de producciones regionales de alto interés social, entre tantas otras actividades que daban fisonomía a un campo diversificado y con una sólida estructura socio cultural. También el medio ambiente sufre intensamente por el desmonte de miles de hectáreas que fueron y siguen siendo avasalladas por el crecimiento del cultivo, que se expande pero segrega y excluye por sus efectos sociales en el campo y en el interior del país.

Donde hasta los ´80 había familias, con explotaciones mixtas, tambos, cerdos, aves de granja, ganadería bobina, hoy solo hay soja. Los datos son contundentes: entre 1988 y del 2002 se perdió el 37.2% del stock porcino. Entre 1996 y el 2000 se perdieron el 27.3% de los tambos: de 6.000 establecimientos, de 22.000 solo quedaron 16.000.

Este tipo de explotaciones mixtas e intensivas son las que arraigan a los productores a la tierra. La descontrolada agriculturización fue desplazando a los productores e hicieron que abandonaran las chacras y se refugiaran en los centros poblados mudando de actividad, los que pudieron o padeciendo el desempleo aquellos que no tuvieron la oportunidad.

Concentración

El proceso concentrador se da en dos aspectos en la Argentina, la concertación económica y la territorial.

La “misión” de toda actividad económica es generar riqueza y para su mejor distribución se debe también generar trabajo y uno de los métodos es agregar valor.

El complejo industrial aceitero argentino se desarrolló con enorme esfuerzo que significó y significa el diferencial de impuestos a la exportación con que se beneficia a la industria (que hoy es el 3.5%).

Lo que se produce, aceites y harinas, casi no generan trabajo en el país. Vemos que la cantidad de empleados / valor bruto de producción, es decir cuantos  trabajadores se requieren para obtener una unidad adicional de producción, era de 1,87 para la industria aceitera mientras que en la industria alimenticia es de 9,59.

Tampoco se prevé. Estas fábricas están mayormente a la vera de los puertos. El trabajo que se genera con su harina está tras las fronteras y vuelve al país como carne de cerdo, pollos, quesos de ilustres apellidos o jamón cocido en primorosas latitas. Cosas similares ocurren con el aceite.

Políticas de Estado

¿Cuál es la “acción” que podemos sugerir para que la producción de soja enriquezca al país y no pase como una tormenta veraniega, desertifique y se retire generando algunos beneficiados y muchos desplazados?

Indudablemente son imprescindibles políticas de Estado.  Su presencia es una misión indelegable. Para eso pagamos impuestos y votamos. Las  consecuencias de su deserción son evidentes en grandes aspectos de la vida económica nacional. Y en el campo, gravísimas por su proyección hacia el futuro.

Las políticas de planificación del uso y la tenencia de la tierra agrícola son imprescindibles. Se aplican en los EE.UU., la Unión Europea, está en la agenda de la FAO, pero aquí hay quienes dicen que son ideas retrógradas. ¿Tan avanzados somos los argentinos que ya superamos eso?.

El agregado de valor debe pasar de la etapa retórica al proceso activo. Para ello deben revisarse las transferencias de ingresos fiscales, hay décadas de experiencia que nos enseñan que estuvimos equivocados, pero nunca es tarde para cambiar.

Las asimetrías del IVA, fundamentalmente en lo que a semillas y fertilizantes se refiere, hacen torcer la decisión productiva para un solo lado, es sencilla la solución, y sin costos para Hacienda.

Estas son apenas algunas referencias, la esencial es conciliar con todos los actores de la actividad primaria y conexos, una nueva política agropecuaria pensada en función demográfica, social, cultural y económica sustentables. Las consecuencias de la anomia están muy claras y alarmantes, como queda indicado.

Y no hacen falta grandes recursos para que el Estado asuma el rol que le compete. Sólo decisión política.

 

Volver a:  principal > Temas varios > Principio del documento